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La vía láctea (1936)

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Sinopsis
En una pelea callejera Sullivan (Harold Lloyd), un humilde lechero, derriba de un puñetazo a un boxeador profesional. Ante el posible escándalo el manager del púgil contrata a Sullivan para pelear. Es una oportunidad para alcanzar la fama y hacer fortuna. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
The Milky Way
Duración
88 min.
Guion
Grover Jones, Frank Butler, Richard Connell (Obra: Lyn Root, Harry Clork)
Música
Tom Satterfield, Victor Young
Fotografía
Alfred Gilks (B&W)
Productora
Paramount Pictures
Género
Comedia Deporte Boxeo
6
BUENA COMO TELONERA
El género cómico es, sin ningún género de dudas, el más difícil en lo que a cine se refiere. Hacer reír es francamente complicado y si además transcurren sus buenos 70 años desde que la película se estrenó pues, no me negaran que hasta sonreír ya es un mérito.

La vía láctea de Leo Mc Carey y Harold Lloyd (para no confundir con la de nuestro Buñuel) es una comedia que tenía elementos mue interesantes para conseguir el favor del público en los años 30 como así fue, pero su tipo de humor es de esos que se va difuminando con el tiempo lo cual también ha sucedido. Muchos gags que pudieron ser originales hoy son repetitivos e historias que tenían su gancho y su atractivo hoy se amontonan por docenas en las estanterías de los video clubs.
No obstante, siempre intento tener las miras más amplias y que mi campo de visión abarque más allá. Hacerlo así me ha permitido descubrir a Harold Lloyd, uno de esos cómicos pioneros al que siempre imaginamos colgado de un reloj y al que relegaron a segundos planos genios como Chaplin o Keaton. Y me ha gustado encontrarme con un buen profesional del humor, como también han sido de mi interés algunas secuencias del film (no demasiadas, debo reconocerlo), entre las que destacaría el regreso de Lloyd de su gira pugilística en olor de multitudes.
La película, con dos tiempos bien definidos en lo que a la calidad del humor se refiere (la parte final gana a los puntos al resto) fue incluso objeto de un remake años después con otro de los cómicos por excelencia: The kid from Brooklin, con Danny Kaye y Virginia Mayo, pero sin mayores éxitos.
Una idea: En aquellas sesiones dobles de nuestra juventud sería una película ideal como complemento. Vamos, algo así como la telonera de Casablanca ó de Extraños en un tren. ¿Qué les parece?
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15 de 24 usuarios han encontrado esta crítica útil
5
El hombre que "dominaba" el arte de la Esquiva
La Vía Láctea no se refiere aquí a esa galaxia espiral que contiene nuestro sol y los millones de estrellas que envuelven nuestro hogar… aunque al estar nosotros aquí, en tal sentido podría relacionarse. Tampoco alude al camino que conduce a Santiago de Compostela, al cual el director Luis Buñuel le dedicaría una de sus más cáusticas e interesantes películas… pero, en todo caso, alude a un camino.

Esta es la historia de un repartidor de leche y su vía láctea es aquella que recorre cada día con su yegua Agnes, para entregar las botellas con el blanco líquido de Lácteos Sunflower. Nuestro hombre se llama Burleigh Sullivan y tiene una linda hermana llamada Mae a la que mal-pretende un boxeador de peso mediano conocido como “Speed” McFarland. Defendiendo un día a su hermana de las pesadezas del campéon y de su colega, “Speed” termina con un ojo morado y en el piso, y la prensa da como noticia de primera plana que “un humilde lechero noqueó en la calle al campeón de boxeo”.

Pero el arte de Burleigh no se relaciona con la fuerza sino con la Esquiva (a fuerza de defenderse cuando era chico aprendió a esquivar los golpes y todo aquello que le lanzaban). Demostrada su eficacia, el manager del campeón se interesa por su destreza, y el amigo Sullivan parece condenado a meterse a los cuadriláteros.

Todo bien hasta aquí. La historia engancha. Tiene situaciones divertidas. Harold Lloyd parece sentirse cómodo en el cine sonoro. Quienes lo secundan: Menjou, Stander, Mack y demás actores de reparto, encajan en lo suyo. El ambiente, con toda su simpleza, funciona como historia de un hombre del pueblo… pero, la esencia del personaje, aquel Arte de la Esquiva que parecía tan prometedor, se queda en los pañales y la historia se difumina perdiendo su rumbo y desencantándose por completo.

Sólo los directores Newmeyer, Taylor, Wilde y Bruckman supieron captar la fuerza, la poesía y el virtuosismo del gran Harold Lloyd, un hombre que, definitivamente, pertenece sólo a una época: los años 20. Lo que siguió luego (con alguna excepción), se doblegó ante el sonido, y poniendo en primer plano las palabras, dejó en segundo término los gags, la poesía de la imagen pura y la virtud extraída del movimiento. Y así, el cine cómico perdió su magia, porque abandonó aquel sustrato que lo hizo grande.

La vía láctea, con sus mágicas estrellas, no consigue verse en un filme como éste. Nos deja en tierra, con la cabeza baja, caminando con una de aquellas antiguas botellas de leche con rumbo hacia la casa. Quizás un vaso de la blanca bebida con unas cuantas galletas, nos calme el hambre de diversión que nos ha dejado.
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5 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
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