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4 meses, 3 semanas, 2 días (2007)

4 meses, 3 semanas, 2 días
Trailer
7,2
18.894
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Sinopsis
Rumanía, durante los últimos días del comunismo. Otilia y Gabita son estudiantes y comparten habitación en una residencia en Bucarest. Gabita está embarazada, pero no quiere tenerlo. Las jóvenes acuerdan un encuentro con un tal Mr. Bebe en un hotel barato, para que le practique un aborto ilegal. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
Año / País:
/ Rumanía Rumanía
Título original:
4 luni, 3 saptamini si 2 zile (4 Months, 3 Weeks & 2 Days)
Duración
113 min.
Estreno
25 de enero de 2008
Guion
Cristian Mungiu
Fotografía
Oleg Mutu
Productora
Coproducción Rumanía-Bélgica; Mobra Films Productions / Saga Films / Centrul National al Cinematografiei
Género
Drama Drama social
"Tan austera como sugerente, tan veraz como tenebrosa, tan realista como crítica (...) inteligente y durísimo retrato de la supervivencia cuando todo lo que te rodea te invita a la rendición."
[Diario El País]
"Película curiosísima, distinta (...) atrapa al espectador convirtiéndolo en partícipe más que en testigo. (...) Su modo de engarzar situaciones y tomar curvas narrativas es espectacular. (...) Puntuación: ★★★★ (sobre 5)."
[Diario ABC]
8
El poder del miedo
“4 meses, 3 semanas y 2 días” es una película sobre el derecho al aborto, pero quedarse en solo eso sería limitar el valor de este desasosegante y excepcional film. El ambiente opresivo de la Rumanía de los últimos años de la dictadura de Ceaucescu invita en principio a contar un simple relato de denuncia social (la prohibición del aborto en 1966 elevó los índices de natalidad y llevó a la muerte a más de 500.000 mujeres por abortar ilegalmente). Sin embargo Mungiu utiliza ese contexto para exponer el auténtico tema central del film: el miedo. Ese miedo que flota en el ambiente, que casi se puede tocar, cuyo poder te paraliza y permite al espectador experimentar lo que supone la falta de libertad. Es el miedo a cualquier mirada, a cualquier descuido fatal, un miedo que hace que te sientas atrapado. Elegir la tétrica Bucarest de los 80 como telón de fondo no fue casualidad.
Gran parte de la película está rodada cámara en mano, muy al estilo de los hermanos Dardenne (L’Enfant, Rosetta), lo que sumerge de lleno al espectador en el ambiente de Bucarest y consigue que te identifiques con la protagonista y su particular periplo por la capital rumana. Este recurso se alterna con planos fijos, algunos muy prolongados, que ayudan a crear una sensación de angustia y opresión al más puro estilo Michael Haneke.
El film roza, sin serlo, el melodrama. Se obvian ciertas escenas muy duras, mientras otras se retratan de manera explícita, desagradable y un tanto innecesaria. Se rodó con un presupuesto de 600.000 euros y a marchas forzadas (para llegar a tiempo a Cannes). La protagonista, Anamaria Marinca (una actriz rumana afincada en Londres que se unió al proyecto en el último momento) realiza una actuación sobrecogedora, llevando todo el peso de la película a sus espaldas.
Una película para recordar, de las que te dejan un poco tocado, genial para pasar un magnífico mal rato.
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190 de 215 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Una pesadilla claustrofóbica
No recuerdo ahora mismo ninguna película sobre dictaduras en las que en ningún momento se mencione que hay una dictadura, esta película no sólo lo evita sino que lo relega a un segundo plano, dándole un carácter universal. Tampoco logro recordar alguna película que trate el tema del aborto y no pretenda provocar lágrimas. Aquí las lágrimas se paralizan por el terror y la impotencia que destilan sus perturbadoras imágenes.

Con un guión sencillísimo, Mingiu monta una terrible crónica sobre la opresión y el miedo que esta implica, haciendo elipsis de fáciles detalles escabrosos, y no cortándose en mostrar otros. Ignoro dónde radica la frontera entre qué es más correcto, si mostrar o sugerir, pero desde luego, Mingiu la sortea con una precisión pasmosa, ya que el efecto no puede ser más aterrador.

Sin embargo, al contrario que todas las películas de dictaduras, aquí no se pretende relatar lo mal que lo pasaban los habitantes del país afectado, sino que lo que pretende es que hagas tuya su opresión, su miedo, su dolor. Y conmigo lo consigue de sobra. Pero lo que creo que de verdad hace que estas terribles sensaciones las sintamos en nuestras carnes (aparte de una más que notable habilidad de Mingiu para transmitir éstas) es hacer protagonista no a la que tiene el peligro en la chepa, sino a la que le pilla en segundo plano. Es decir, en cierto modo, el personaje más cercano a la condición del espectador.

Ahora bien, esa tensión, que para mí es su mayor baza, aparece claramente desdibujada debido a la intensiva, y a veces más autocomplaciente que efectiva, descripción de ambientes y de sentimientos a través de planos larguísimos, dejándome fuera las más de las veces. Bien es verdad que aparecen pequeños detalles que mantienen vivo el suspense, así como muchos de estos planos, que consiguen transmitirme esa desolación a la que están sometidos los personajes, pero no logran evitar que el conjunto se me haga un tanto frío.

(Al spoiler, no cuento nada)
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81 de 89 usuarios han encontrado esta crítica útil