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Eighth Grade (2018)

Eighth Grade
Trailer
6,6
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Sinopsis
Kayla, una niña de 13 años, tiene que lidiar con las inseguridades y terremotos del inicio de la adolescencia en la última semana de colegio, tras un año desastroso, antes de empezar el instituto. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
Eighth Grade
Duración
93 min.
Guion
Bo Burnham
Música
Anna Meredith
Fotografía
Andrew Wehde
Productora
A24
Género
Comedia Drama Adolescencia Cine independiente USA
8
Parecías menos Cool desde tu Instagram
No estoy familiarizado con la cultura Youtuber.
Sé poco más de lo que ocasionalmente veo, pero me cuesta pensar en el hecho de que un puñado de personas enseñan qué hacer o qué decir a miles de adolescentes en todas partes del planeta.
Tal vez por eso Bo Burnham elige empezar con un vídeo de Kayla destinado a su canal, todo lo enteramente largo e incómodo que es, dándole así empaque cinematográfico a una recopilación de torpes reflexiones, y por el camino despierta una ternura desconocida: ¿cómo puede alguien crecer cuando cada día es inundada por ejemplos de lo que nunca podrá ser?

'Eighth Grade' habla de entrada con la pura sinceridad, y no tiene problemas en asumir que es bastante jodida.
Los niños hoy en día crecen sin referentes claros, bombardeados a estímulos pobremente superficiales, y blindados más que nunca ante padres que están a generaciones de distancia de lo que les gusta.
Su vocabulario es una mezcla de risas nerviosas y balbuceos apresurados, heredado de vídeos infinitamente editados que nunca paran suficiente tiempo en nada, y el adjetivo "cool" (guay) es halago, estado mental, descripción para todo o meta a la que aspirar.

Me es muy fácil sacar la vena de abuelo cebolleta viendo el panorama, decir "en mis tiempos bla, bla, blá" y distanciarme de las preocupaciones de Kayla.
Pero ahora entiendo por qué Burnham pagó sesiones de su propia película a cualquier adolescente debajo de 16: porque les habla en su propio lenguaje, ese que sabes que es real y ves por la calle.
Y a la vez, de ese continuo balbuceo, Kayla va desgranando su verdadera persona, cuajada de inseguridades o arrepentimientos, pero perfectamente comprensible en sus preocupaciones y anhelos.

La he juzgado como la juzgan sus compañeros, y es solo al pasar tiempo con ella que se ve un fuego en sus ojos, una necesidad de expresarse y aceptarse que transpira en los vídeos de su canal, pero no encuentra el camino adecuado para salir cuando lo necesita.
Es, de hecho, muy revelador que todos los momentos en los que se queda sin palabras sean ante la nula consideración que le prestan los demás, cuando debería hacerse valer pero su poco ejercitada autoestima la quiere hacer invisible: en orden ascendente, están el incómodo silencio del regalo hecho con la mejor intención, la estúpida confirmación de que el chico de sus sueños es un salido descerebrado (esta incluso con apagón repentino de peli de terror) y la otra, esa, la final, la que te hace sentir como mierda porque a algunos mal llamados "adultos" la madurez nunca les llega.
Kayla solo recibe e intenta asimilar, es imposible que sea de otra manera, porque tiene demasiado miedo a no ser ni siquiera la mitad de esas diosas de lo "cool" filtradas por Snapchat que ve cuando navega por internet.

Lo más tierno, esperanzador, y a la postre hermoso de esta historia suya es ver, poco a poco, como los únicos adultos honestos de su vida intentan acercarse a ella, y le dan pistas.
Cosas como que no dejas de ser un lío por pasar al instituto, tienes que cuidarte siempre ante lo que te intenten lanzarte otras personas y (mi favorita, la mejor) la única persona que nunca te debería faltar como aliada/animadora eres tú misma.
Verdades sencillas, evidentes, que toman tiempo en comprenderse: ese que no tenía, porque no paraba de hacer vídeos para gustar a otra gente.

Pero lo mejor, lo que es verdaderamente lo mejor, es que Kayla recorre todo este camino ella sola.
Ayudada quizás, pero llevada de la mano nunca.
Aprendiendo a quererse y no callarse, sin miedo a dejar de ser el ídolo de nadie.
Sin cambiar demasiado, pero sintiéndose "cool" en esa particular manera que tienen los adolescentes de expresarse.

Como todos, sin una pantalla delante, ella también es más interesante.
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23 de 27 usuarios han encontrado esta crítica útil
3
Lenta y tópica.
Para variar, la protagonista es una adolescente no precisamente guapa que quiere ser aceptada tanto social como virtualmente.
Para variar, el padre no la comprende y, al mismo tiempo, no pone límites (con lo fácil que es decir que a la hora de la cena, los móviles están prohibidos) e intenta ser guay. O cool.
Para variar, las compañeras guapas son todas tontas. No se libra ni una.
Para variar, está enamorada de un guaperas.
Para variar, la marginada al final nos demuestra sus verdaderas motivaciones y su rico mundo interior.
Para variar, las guapas y los guapos no lo tienen. Les basta con el móvil y con ser guapos.

Veréis, me vais a perdonar. Como profesor que trabaja con adolescentes (y seguro que otros profesores tienen una impresión distinta), no veo reflejada a la adolescencia salvo en algunos escasos momentos. Nuestros adolescentes tienen sus grupos de amigos (incluso los feos con granos) y, salvo excepciones, siempre los han tenido. Otra cosa es que los vayan cambiando. Los guapos y guapas también tienen inquietudes (salvo algunos). Y son tan o más listos que los feos. Están pegados al teléfono, sí, pero cuando hablan con nosotros no lo hacen mirando a una pantalla, entre otras cosas porque los móviles están prohibidos en la escuela. La inmensa mayoría de ellos no tienen canales de Youtube y se mueven sobre todo por Instagram y Whatsapp (ya cambiarán en breve). Y además, salen con sus padres, en familia y se divierten como hacíamos nosotros. Y ven mucha tele y mucho Youtube. Y luego, además de videos de gatos y de tortazos, ves que guapos y feos ven contenidos relacionados con el manga, sexo, superhéroes, sexo, moda, sexo, cine, sexo, series, sexo. música, sexo, videojuegos, sexo...

O sea, como siempre. Y tengo 50 años.

Y sí, son millenials, pero en esta película hay muchos momentos que se mete de lleno en el cliché, y por eso nunca me llego a creer lo que me cuenta. Y resoplo. Por supuesto que ahora valoran mucho más los "me gusta" de una red social y el número de visionados, pero al final del día a lo que más importancia dan es al amigo real que tienen al lado.

Pues como ese detalle, muchos más.

Y además, el rtimo es lentísimo. La chica lo hace muy bien, de verdad, pero en ningún momento empatizo con ella debido al guion y a la dirección.

En fin, que espero que a muchos les guste más.
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27 de 40 usuarios han encontrado esta crítica útil