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El enemigo público número 1 (1934)

El enemigo público número 1
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6,8
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Sinopsis
Dos niños que han perdido a sus familias en un accidente son adoptados por el mismo padre. Sin embargo, el destino los llevará por caminos muy distintos y hará que se enamoren de la misma mujer. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
Manhattan Melodrama
Duración
93 min.
Guion
Oliver H.P. Garrett, Joseph L. Mankiewicz (Historia: Arthur Caesar)
Música
William Axt, Domenico Savino
Fotografía
James Wong Howe
Productora
MGM / Cosmopolitan Productions
Género
Drama Romance Crimen
7
“Joven, observa el futuro y huye del mal”
La última peli que vio John Dillinger antes de que el FBI lo friera a balazos a las puertas del Biograph Theater de Chicago no es, como su oportunista título en castellano podría hacernos creer, una historia de gangsters en la línea de “Scarface” o “Los violentos años veinte” (el original, “Manhattan Melodrama”, se ajusta mucho más a su contenido), sino un algo esquemático y deslabazado combinado de drama con ribetes folletinescos (huerfanitos, curas redentores y demás), comedia romántica e intriga criminal, bastante maltratado por el tiempo y cuya principal dolencia reside, precisamente, en la indefinición del tono empleado por el competente pero algo anodino Van Dyke en su narración. Y es que del mismo modo que buena parte del cine actual tiende a convertir cualquier asunto, por nimio que sea, en una “tragedia griega”, con todo lo que ello, al menos según sus autores, conlleva (argumentos epilépticos, música estridente, sobreactuación histérica), algunos directores de los años 30 eran especialistas en justo todo lo contrario: pulían las aristas del guión, por desaforado que este fuera, enfundaban a los protagonistas en un bonito smoking, ponían en sus manos un dry-martini y en sus bocas ingeniosas y chispeantes frases, y todas las desgracias del mundo parecían de este modo simples inconvenientes, no más fastidiosos que un charco en la acera o una chinita en el zapato, que no pudieran resolverse con algo de conversación civilizada y bien macerada en alcohol.
A Van Dyke la cosa le salió más que bien en la deliciosa serie de pelis de “El hombre delgado”, también con Powell y Loy, en que mezclaba con gran habilidad la intriga detectivesca con la comedia sofisticada, pero aquí..., no sé, algo no cuadra. El ritmo es ágil y los diálogos no están nada mal, se notan la profesionalidad de su director y la mano de Mankiewicz en el guión, pero falta energía en las escenas supuestamente más tensas y sobra envaramiento en las que tendrían que ser más ligeras y desenfadadas. La cosa entretiene sin más, pero apenas deja huella. Da la impresión de que las piezas no acaban de estar bien ensambladas. No ayuda, desde luego, la moralina que empapa la historia y condiciona negativamente tanto la construcción de unos personajes algo acartonados, que se sostienen tan solo en el enorme carisma de su extraordinario e irrepetible trío protagonista, como una trama pensada únicamente como un vehículo para la consabida y falaz tesis de que el mal no compensa y el bien siempre triunfa, que tiene su clímax en el alegato de Powell ante el jurado y las escenas finales en la penitenciaría, tal vez las más logradas de la película, y que aspiraría a ser, me imagino, el mensaje oficial de la sociedad americana de época ante el crimen organizado. Un mensaje, por cierto, que Dillinger pilló a la primera. Vaya si lo hizo.
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17 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Los caminos del bien y del mal
W. S. Van Dyke fue uno de los directores más versátiles con que contó la industria en los primeros años del cine sonoro, se podía dedicar con igual efectividad a dramas, comedias, westerns o musicales, muchas de sus películas fueron clásicos y muy rentables para la taquilla como "Trader Horn", "Tarzán de los monos" y "María Antonieta" entre otros, en "El enemigo público número 1" su dirección es muy acertada, retomando la vieja historia del angosto camino del bien y el ancho camino del mal, son dos amigos de la infancia, unidos por una tragedia, cuyas vidas adoptan diferentes rumbos, uno ejemplo de ética y honestidad y el otro un delincuente, pero ambos enamorados de la misma mujer, William Powell, Clark Gable. y Myrna Loy interpretan la trilogía, un verdadero lujo para aquel tiempo, las palabras del chico "malo", personaje que interpreta Gable, en la parte final de la película: "Si no puedo vivir como quiero, por lo menos déjeme morir cuando quiero" sería un perfecto epitafio para un inadaptado de la sociedad.
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14 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil