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El Hobbit: Un viaje inesperado (2012)

El Hobbit: Un viaje inesperado
Trailer
7,0
81.775
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Sinopsis
Precuela de la trilogía "El Señor de los Anillos", obra de J.R.R. Tolkien. En compañía del mago Gandalf y de trece enanos, el hobbit Bilbo Bolsón emprende un viaje a través del país de los elfos y los bosques de los trolls, desde las mazmorras de los orcos hasta la Montaña Solitaria, donde el dragón Smaug esconde el tesoro de los Enanos. Finalmente, en las profundidades de la Tierra, encuentra el Anillo Único, hipnótico objeto que será posteriormente causa de tantas sangrientas batallas en la Tierra Media. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Nueva Zelanda Nueva Zelanda
Título original:
The Hobbit: An Unexpected Journey
Duración
170 min.
Estreno
14 de diciembre de 2012
Guion
Fran Walsh, Philippa Boyens, Peter Jackson, Guillermo del Toro (Novela: J.R.R. Tolkien)
Música
Howard Shore
Fotografía
Andrew Lesnie
Productora
Coproducción Nueva Zelanda-Estados Unidos; WingNut Films. Distribuida por New Line Cinema / Metro-Goldwyn-Mayer (MGM) / Warner Bros
Género
Fantástico Aventuras Acción Fantasía medieval Espada y brujería 3-D Precuela
Grupos  Novedad
El Señor de los anillos El Hobbit
7
«Las grandes historias merecen estar adornadas»
NOTA: En vista de los formatos / opiniones / opciones para ver esta película considero que cualquier crítica a la misma debería ir acompañada del formato en el que se ha visto y si al autor le gustó o no la trilogía de LOTR. -> En mi caso: [3D HFR 48fps / SÍ]

De acuerdo, es cierto que los 48 fotogramas ni es el invento revelador del siglo ni va a cambiar la historia del cine…

De acuerdo, es cierto que el Peter Jackson macarra de “El delirante mundo de los Feebles”, “Mal gusto”, “Braindead” y “Agárrame esos fantasmas” nunca volverá.

De acuerdo, es cierto que nadie se acuerda ya de “King Kong”, que “The Lovely Bones” era un ñordo envuelto en algodón de azúcar y que nunca volverá a repetir una pequeña genialidad documental como “La verdadera historia del cine” e incluso su cima académica-dramática-fantástica en “Criaturas celestiales”.

De acuerdo, es cierto que la banda sonora de Howard Shore vive de rentas pasadas.

De acuerdo, es cierto que Guillermo del Toro podría haber sacado un diferente jugo tanto visual como narrativo a la propuesta.

De acuerdo, es cierto que cuando aparece Elijah Wood muchos pensábamos que iba a saltar Wilfred a escena fumándose un canuto.

De acuerdo, es cierto que le han hecho un feo tremendo a Jordi Hurtado no incluyéndole en los títulos de crédito finales como asesor de maquillaje y efectos visuales-photoshopianos de Cate Blanchett, Christopher Lee y Hugo Weaving…

Y, sí… de acuerdo, no sabemos lo que habrá hecho Ian McKellen a Peter Jackson (o Peter Jackson a Ian McKellen) para estar por encima del absoluto protagonista de la historia en los créditos: Martin Freeman.

De acuerdo… en todo… pero aquí la crítica internacional, que ha puesto la película a bajar de un burro de La Comarca, se está equivocando. Habían dicho que era aburridísima, insoportable, que los enanos no sabían ni cantar y que nunca editarían un disco para radio-fórmulas, que los personajes se movían como Benny Hill, que el look visual de la cinta era de telefilme barato e incluso que Peter Jackson era un pésimo director… Inesperadamente me he encontrado con una película entendidísima de aventuras impresionante a nivel visual en la que no sobra ni falta nada.

Emocionante de principio a fin y con sus acertados momentos pro-consumo de marihuana y setas alucinógenas, sus habituales guiños filogays en esas proposiciones de provectos magos a jóvenes hobbits para tener ‘una aventura juntos’ y con sensacionales instantes que me han hecho saltar lágrimas y mojar mis bragas de pelo de pony (Ojo, 100% originales y firmadas por Sean Astin). “El Hobbit: un viaje inesperado” es el comienzo de una nueva aventura y un clásico popular por encima de ojos sauronianos y espadazos de trolls de críticos resabiados y mari-sabidillos. Sí, nosotros somos su sol y acabarán convertidos en piedra porque seamos sinceros: la cuestión es quejarse por todo. Nuestra aventura ha vuelto a comenzar con un viaje inesperado, con una inesperada sorpresa para acabar el año y con un formidable regalo para ‘adornar’ nuestras estanterías junto a la trilogía de LOTR. Como Gandalf explica a Bilbo «Las grandes historias merecen estar adornadas» y “El Hobbit” justifica sus múltiples adornos y cameos para engrandecer y expandir el universo Tolkien.

P.D.: Espero que la versión extendida dure, como poco, ocho horas e incluya unas setas cosecha de Radagast.
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377 de 536 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
LA PELÍCULA DE ORCOS, ENANOS Y MAGOS QUE HUBIERA FIRMADO DAVID LEAN
Casi diez años después de la multipremiada The Return of the King, por fin nos llega The Hobbit, donde se narra la misteriosa aventura que Bilbo, Gandalf y trece enanos protagonizaron sesenta años antes de la ya mítica historia. Me alegro profundamente de que Peter Jackson haya podido hacer el film como le ha dado la real gana, ya que en su día entendió y adaptó de manera soberbia The Lord of the Rings. Tal vez ese haya sido el mayor impedimento al que Jackson haya tenido que hacer frente:el recuerdo del gran público de la exitosa trilogía. De hecho, algunos críticos americanos se han quejado públicamente de que The Hobbit y The Lord of the Rings son diferentes, que no comparten ese gusto por la oscuridad que si poseían las películas protagonizadas por Elijah Wood, Viggo Mortensen y compañía. La respuesta es bien sencilla:mientras que una es un relato épico lleno de muertes gloriosas y espectaculares batallas, otro es un cuento infantil que trata sobre el complicado proceso que atraviesa un niño (o adolescente) hasta que se convierte en un hombre. Las novelas referentes al Anillo Único están repletas de duro belicismo, del triunfo de la oscuridad sobre el bien (en un principio), del esfuerzo sobrehumano que la naturaleza nos exige para mantener el orden de las cosas. En cambio, en The Hobbit prevalece la aventura, la fantasía y el humor sobre los grandes conflictos armados (ojo, que también los hay). Por lo tanto, aunque ambas tengan mucho que ver entre si temáticamente, compartan personajes, tramas y mundos, hay que dejar claro que el tono es algo diferente, cada una en su estilo, aunque nunca olvidando que el director es el mismo y es justamente eso lo que les otorga a ambas un sabio y justo equilibrio de género. Sin embargo, habrá discusiones entre los lectores apasionados del libro y los que no han leído una sola página de la magna obra de Tolkien. Jackson construye su film como un excitado homenaje a sus fans y a él mismo, cosa que no ocurría (al menos no de forma tan rotunda y descarada) en The Lord of the Rings, mucho más abierta a todo tipo de público. En The Hobbit, quien no se haya leído las novelas o, por lo menos, no tenga frescas las tres películas anteriores, se sentirá perdido por momentos ante la avalancha de relatos antiguos, fechas, nombres y lugares a los que se hacen referencia. Por otra parte, los enamorados de las líneas escritas hace más de setenta años por el autor de El Silmarillion, se encontrarán completamente en su elemento, disfrutando cada referencia, broma privada o detalle como si fuera el último.

Y es que quien haya leído The Hobbit sentirá la misma ilusión, emoción, peligrosidad, riesgo y sensación de aventura en el film de Jackson, que ejecuta la novela original a modo de storyboard narrativo, convirtiendo la literalidad en una de sus armas más poderosas. De nuevo acierta el orondo realizador al plasmar su visión poética, preciosista y detallista hasta la extenuación, como ya hiciera años atrás. Tanto él como Fran Walsh y Philippa Boyens, dan con la tecla visual adecuada otorgando a Andrew Lesnie un bello material sobre el que lucirse. Lesnie vuelve a demostrar un dominio de la luz apabullante, con una combinación de luminosidad casi cegadora en Rivendel para contrarrestarlo posteriormente con la oscuridad y el aire viciado de las montañas de los orcos. Ver el film parido por Jackson guarda cierta similitud con volver a ver a un viejo y buen amigo del que hace años que no sabías nada de él, todo resulta familiar pero novedoso a la vez, con esa sonrisa tonta en la boca (reconozco que era la mía durante la proyección) del que no sabe que decir ni que hacer ante lo que le están mostrando. Volver a ver a Gandalf, a Bilbo, a Frodo (brevemente, eso si), a Gollum (genial, como siempre) la Tierra Media, la Comarca...si hasta produce risa tonta reencontrarse con el malvado Saruman! En este aspecto cabe destacar el gran acierto en la elección de Martin Freeman como Bilbo. El Watson de la maravillosa Sherlock de la BBC dota a su Bilbo de un humor y comicidad británica muy infantil y desastrosa, dando fe de que para el personaje supondrá un verdadero reto dejar atrás la niñez para entrar de lleno en la madurez y el mundo de las responsabilidades individuales. En este sentido, es interesante el punto de vista que tanto Tolkien como Jackson (y estoy seguro que del Toro también) comparten sobre la adolescencia, la timidez y el temor patológico al exterior que roza la agorafobia. Para Bilbo, la Comarca es su hogar y no ve más allá de ello. Tiene su vida resuelta y disfruta de siesta, comida, bebida, libros y buena hierba. ¿Para qué salir al exterior a vivir aventuras si puedes leerlas cómodamente desde el salón de tu casa y dejar volar tu imaginación? Muchos de nosotros nos hemos visto en esa situación a menudo (en otros ámbitos, obviamente) y en un mundo donde una gran parte de la población vive esclavizada por sus consolas, la motivación es un elemento clave. Nada motiva, nada parece lo suficientemente importante en un lugar donde se va de mal en peor, donde nunca ocurre nada destacable. Bilbo experimenta lo mismo, una continua hibernación casera en donde corre el riesgo de que un trastorno puntual en su vida pueda transformarse en una ansiedad y un malestar crónico de larga duración. Tolkien nos dice que solo la pura aventura aleatoria y sin sentido puede sacarnos de nuestras aletargadas existencias, solo el riesgo, la curiosidad por lo desconocido, un acercamiento a tierras extrañas. Y Bilbo, como hará Frodo años después, cae en las redes de la locura por el misterio para introducirse de lleno en ella, para nuestro total disfrute.
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