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El vicio del poder (2018)

El vicio del poder
Trailer
7,0
5.911
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Sinopsis
Explora la historia real sobre cómo Dick Cheney (Christian Bale), un callado burócrata de Washington, acabó convirtiéndose en el hombre más poderoso del mundo como vicepresidente de los Estados Unidos durante el mandato de George W. Bush (Sam Rockwell), con consecuencias en su país y el resto del mundo que aún se dejan sentir hoy en día. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
  Ver reparto completo
Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
Vice
Duración
132 min.
Estreno
11 de enero de 2019
Guion
Adam McKay
Música
Nicholas Britell
Fotografía
Greig Fraser
Productora
Gary Sanchez Productions / Plan B Entertainment / Annapurna Pictures. Distribuida por Annapurna Pictures
Género
Drama Comedia Biográfico Años 60 Política
9
Crítica de El vicio del poder por Cinemagavia
Puntuación: 8,5

Verdades y mentiras

Antes de dirigir películas lo suficientemente serias como para recibir premios, el escritor, productor y director Adam McKay nos trajo comedias tan disparatadas como La leyenda de Ron Burgundy, Hermanos por pelotas y Pasado de vueltas.

La gran apuesta, donde trató un tema tan serio como la crisis económica de 2008 con gran dosis de humor, llevó a Mckay a hacerse un hueco en la primera división de la industria. Todo parece indicar que no tiene prisa por volver atrás. Y con razón. Si La gran apuesta le valió el Óscar a mejor guion adaptado, con El vicio del poder, McKay podría llevarse más de una estatuilla, incluyendo a mejor guion original. Y es que el retrato que el director hace del que fue el hombre más poderoso del mundo es tan despiadado como divertido.

La realidad que McKay comparte con nosotros supera con creces a la ficción. La película abarca, en solo dos horas, tanto el panorama político del país a lo largo de tres décadas como la vida privada de los personajes principales. Se sirve para ello de una imaginación desbordante a la hora de conectar historias y eventos entre sí. Y tal vez sea ese estilo tan ingenioso y osado el que haga difícil creer que todo lo que Adam McKay nos cuenta es verdad.

Grandes interpretaciones

Cuando Christian Bale recibió el Globo de Oro a mejor actor interpretar a Cheney, el actor galés agradeció a Satanás el haberle servido de inspiración a la hora de dar vida a su personaje. También lo podríamos hacer nosotros, los espectadores, afortunados de poder disfrutar de una interpretación certera, trabajada y, en resumidas cuentas, impecable.

Sus compañeros de reparto no se quedan atrás. Amy Adams interpreta a Lynne Ann Vincent, la esposa de Cheney y su hacedora. La actriz dota a su personaje de tanta personalidad que bien podría ser protagonista de su propio biopic.

Steve carell y Sam Rockwell tienen papeles mucho más pequeños pero no por ello fáciles de olvidar. El primero se pone en la piel de Donald Rumsfeld, un hombre arrojado e inteligente y el mentor perfecto para un hombre decidido a llegar lejos. Sam Rockwell, por su parte, da vida, literalmente, a George W. Bush, el presidente que dio a Cheney el poder para liderar el mundo desde las sombras.

Encajando las piezas

Tan importante como cada uno de los personajes que protagonizan El vicio del poder es el montaje a manos de Hank Corwin, quien ya trabajó con McKay en La gran apuesta, Como si se tratara de un juego, y con la intención de quitarle un poco de hierro a una historia tan demoledora, Corwin hilvana escenas que discurren en un mundo imaginario, falsos finales y momentos alejados entre sí con una agilidad asombrosa.

Conclusión

El vicio del poder es una película sin pelos en la lengua que cuenta una historia digna de toda nuestra atención. Con unas actuaciones estelares y una gran puesta en escena, McKay juega con el espectador de la misma forma que lo hizo Dick Cheney con los ciudadanos estadounidenses pero sin causar estrago alguno.

Escrito por Esther Alvarado
https://cinemagavia.es/el-vicio-del-poder-critica/
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45 de 68 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Cuando las cabezas visibles mandan menos que aquellas que no vemos
Probablemente sean muchas las personas que quieran evitar ver una película sobre el mundo de la política, ya que desde hace tiempo uno puede sentirse sobrecargado de tantos programas y noticias que hablan de nuestros políticos, de lo que hacen bien, de lo que hacen mal, de lo que se gastan de su bolsillo o a cuenta del contribuyente. Sí, a veces los ciudadanos se merecen un respiro y desconectar de la política viendo, por ejemplo, una película.

Por eso, “El vicio del poder” llega en un momento delicado, porque no todo el mundo está dispuesto a visualizar una historia de más de dos horas sobre un personaje político. Pero pensar así puede ser un error, pues “El vicio del poder” no solo habla sobre un individuo implicado en diversos acontecimientos que afectó a todo un país (y al mundo), sino que posee la virtud de narrar los hechos con tranquilidad, sin fatigar al espectador, hablando de muchos sucesos como el escándalo Watergate, la teoría del Ejecutivo unitario o los atentados del 11-S, pero sin profundizar mucho en ellos. Se trata, más que de contar la historia de Estados Unidos a partir de los años 60, hacerlo de aquellas personas que estaban en los despachos. Y aquí entra en juego Dick Cheney, interpretado magistralmente por Christian Bale y que le ha supuesto volver a realizar otra de sus múltiples transformaciones físicas. Desconozco si lo que se cuenta de él es más verdad que mentira, pero lo que sí sé es que la película funciona tanto en su faceta política como familiar, donde también está el personaje de Amy Adams, quien vuelve a demostrar que es una de las mejores actrices del momento.

Lo que más me gusta y valoro de “El vicio del poder” es que, tratando temas que no tienen ninguna gracia, es capaz de provocar en el espectador una permanente sonrisa gracias a su continuo humor, introducido inteligentemente y en el momento oportuno y que no todos podrán apreciar. Algo parecido pasa, por ejemplo, con el cine de los hermanos Coen. No todo humor debe gustar a todo el mundo. Y el de esta película es especial, cosa que los realizadores saben y dejan claro que es así (no se vayan de la sala segundos después del final de la película). Observen, por ejemplo, la memorable escena protagonizada por Alfred Molina, cómo se elige a un equipo de gobierno o el momento en el que se piensa “profunda y minuciosamente” en tomar “la difícil decisión” de atacar a Iraq. Todo ello con un montaje absolutamente dinámico y atractivo para deleite del espectador, quien no debería tener motivos para aburrirse con esta historia que merece ser vista, al menos, una vez.
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25 de 34 usuarios han encontrado esta crítica útil