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Un ladrón en la alcoba (1932)

7,7
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Sinopsis
Lily (Miriam Hopkins), una carterista que se hace pasar por condesa, conoce en Venecia al famoso ladrón Gaston Monescu (Herbert Marshall), quien a su vez se hace pasar por barón, y se enamoran. Gaston roba al aristócrata François Fileba y huye con Lily antes de que le descubran. Casi un año después, en París, Gaston roba un bolso con diamantes incrustados a la viuda Mariette Colet, pero se lo devuelve y la cautiva de tal forma que lo contrata como secretario. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
Trouble in Paradise
Duración
83 min.
Guion
Samson Raphaelson, Grover Jones
Música
W. Franke Harling
Fotografía
Victor Milner (B&W)
Productora
Paramount Pictures presenta una producción Ernst Lubitsch Production
Género
Comedia Comedia sofisticada Comedia romántica Robos & Atracos
8
Lubistch el orfebre.
Lubitsch es un director plenamente respetado que, sin embargo, no parece estar en cuanto a reconocimiento popular entre los más grandes del séptimo arte.

Quizás sus comedias, tan sofisticadas y refinadas como ésta que nos ocupa, dan normalmente una apariencia de frialdad o cínica frivolidad que, siendo indiscutiblemente entretenidas, no acaba de conectar totalmente con lo “emotivo” sino más bien con la “inteligencia” del espectador. Y luego que es un director de interiores, sin grandilocuentes fotografías... (parece una chorrada pero influye, a D. Lean se le mete constantemente en listas de los mejores directores prácticamente por Lawrence..., y sí, estoy de acuerdo, pero no olvidemos el juego de puertas de Lubitsch).

Esta película es un buenísimo ejemplo (sin ser la mejor de su filmografía desde luego) de su elegancia, sutileza, agilidad y precisión.

La historia acaba siendo un romance con más intensidad de lo que de su tono casi displicente puede desprenderse, una muestra de la melancólica visión de Lubitsch sobre el amor efímero, sobre la magia de un romance y sobre los dos protagonistas que prefieren dejarlo antes de que ese apasionamiento cegador (ambos están cegados claramente, si continuaran juntos las cosas inevitablemente no terminarían bien) acabe con la fugacidad amorosa. La película va, por tanto, más allá de la comedia y de una planificación visual extraordinaria; tan magnífica que puede hacernos olvidar que también hay algo de “corazoncito” en ella.

Como digo, esta bonita historia de amor está camuflada bajo un ejercicio de ingenio y estilo tan abrumador que puede acabar provocando cierta sensación de asepsia, cierta separación con el espectador. Y es que nuestro ojo no está entrenado para que el cine nos tome en serio. Para que (Miguel Marías) se nos otorgue un papel activo en lo que se nos cuenta y se dirijan directamente a nuestra inteligencia (los directores que buscan la emoción por encima de todo parecen tener más aceptación, ya no hablo de los que se dirigen al imbécil que todos llevamos dentro y que Hollywood pelea por sacar en cada estreno).

En esta película la imagen hace avanzar la trama. No es un virtuosismo técnico, es un virtuosismo narrativo. Desde ese punto de vista Lubitsch me parece uno de los directores más precisos que han existido. Sus soluciones visuales son de un ingenio constante, una obra de auténtica ingeniería visual.

Gran uso del montaje, de la composición de planos y, sello de fábrica, de la elipsis y de todo aquello que queda en off (detrás de una puerta, el fuera de campo...), la sucesión de planos-viñeta, la importancia de los objetos para hacer avanzar la historia sin la palabra, las transiciones (que no son meros recursos para acelerar una parte poco interesante y que sirva de nexo, sino que se le da la vuelta para que tengan también un punto de comedia) etc. ¡Es que hasta la forma de presentar a los personajes es mucho más moderna que cualquier cosa que se haga hoy!

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74 de 78 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
¿OBRA MENOR?: TAL VEZ...PERO MERECE LA PENA
Si usted dispone de una hora y media de su tiempo desocupada considere seriamente ver esta película. Encontrará en ella suficientes elementos altamente atractivos y acabará reconociendo que no ha perdido su tiempo. Y sobre todo encontrará a Ernst Lubitsch. Bueno..., no se trata de To be or not to be ni de Ninotchka pero el sello Lubitsch se estampa claramente sobre esta comedia. ¿Obra menor? Quizás. Tal vez. Pero aun así merece la pena.
Aunque el tono de la película sufre algunos altibajos el inicio es francamente genial (no se pierdan detalle de la elección del menú) y en general nos mantiene alerta a los diálogos y con una sonrisa en los labios en todo momento.
Las comedias de Lubitsch hacen un guiño al espectador inteligente, a aquel que es capaz de leer entrelíneas. No recurre al humor fácil. No nos desternillaremos con él pero sonreiremos con complicidad.
Me gusta este tipo de humor. Como me gusta encontrar a actores de la talla de Edward Everett Horton, secundarios a la sombra, pero que dan un brillo especial a las obras en que participan.
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30 de 34 usuarios han encontrado esta crítica útil