arrow

Humanidad y globos de papel (1937)

Sinopsis
Un samurai sale adelante haciendo globos de papel pero un buen día su vida da un giro cuando es perseguido debido a un altercado en el que se involucra por casualidad. La película está considerada como una de las mejores de Sadao Yamanaka y una de las más plausibles del cine japonés. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
Año / País:
/ Japón Japón
Título original:
Ninjo kami fusen (Humanity and paper balloons)
Duración
86 min.
Guion
Shintarô Mimura
Música
Tadashi Ota
Fotografía
Akira Mimura (B&W)
Productora
P.C.L Co. Ltd. / Toho Company / Zenshin-za
Género
Drama Pobreza Japón feudal Siglo XVIII Samuráis
8
Honor y Dignidad (Un Talibán en la esquina de los oradores)
La esquina de los oradores del londinense Hyde Park es el escenario de uno de los recuerdos más extraños de toda mi infancia. Allí se dan cita toda clase de tarados que, normalmente subidos a un cajón a modo de púlpito, imprecan a una ficticia multitud sobre las más variadas materias.

Yo tenía unos ocho años y me fascinaba tanto el apasionamiento de los oradores, como, sobre todo, la indiferencia de los paseantes. Tan sólo los niños, los perros y los árboles permanecían absortos en mitad de esas ráfagas de fogueo verbal.

Había un tipo que hablaba en español. Prometía un inminente fin del mundo, por lo que creí entender, a todos los que nos encontrábamos en el parque. “Si al menos hubiese 500 justos, habría salvación”. Pero no parecía que los hubiera, por lo que bajó el listón. “Si al menos hubiera 50 justos…”. Tampoco. Finalmente: “Si al menos hubiera un justo, uno sólo, habría salvación”. Hasta unos años después no identifiqué la cita bíblica.

“Es de una secta”, me explicó allí mi padre. “¿Cuántos miembros tiene esa secta?”, pregunté, preocupado por la aritmética apocalíptica del sujeto. “Sólo uno: él”.

¿Cuántas personas han visto “Humanidad y globos de papel” en filmaffinity? Trece, contándome mí. Es una película japonesa de 1937, nunca editada en España en ningún formato, aunque sí estrenada en un canal de TV. Sólo puede conseguirse en el extranjero y en otros espacios virtuales que no pueden mencionarse aquí. Su director, Sadao Yamanaka, hizo 23 películas antes de morir a los 29 años de malaria a poco de ser movilizado en la guerra chino-japonesa. Sólo se conservan ésta, que él nunca pudo ver, y dos más.

Está claro que esas trece personas, que hemos otorgado una media de 8,3 a la película, formamos una secta y por esa razón me siento autorizado a subir al púlpito en la esquina de los oradores. Sigo en spoiler, pero no revelo nada importante
[Leer más +]
52 de 53 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Humanidad y humildad
La última película de Yamanata es un trabajo sobre los conflictos de género y clase en el Japón del siglo XVIII. E igual que su compatriota y amigo Ozu, la película respira, muestra y ofrece humanidad y sencillez por los cuatro costados.

Los personajes son el eje fundamental. A través de una comunidad en un barrio de las afueras de Edo, Yamanata se centra en el conflicto de clases y en los abusos de poder. Sólo con la cámara, nos dibuja unos personajes marginales, un barrio empobrecido y la corrupción de las casas de empeños que atemorizan a los habitantes de la comunidad.

La película tiene un inicio muy poderoso. Un suicidio (otro más, nos informan) de un samurai en horas bajas sirve de presentación a una comunidad que además de por las deudas, tiene que lidiar con sus vecinos y patrones. Los ex-vecinos, echan en cara al samurai su muerte, a la que tachan de vergonzante, por preferir ahorcarse a hacerse el harakiri (aunque su espada fuera de bambú debido a las deudas). Sólo la muerte (el velatorio, más concretamente), da felicidad a la comunidad. Todos estos rasgos, que poco a poco vamos obteniendo, dan como resultado una construcción de personajes creíble y veraz. Son personajes con muchos matices, que enriquecen la historia minuto a minuto.

La película representa los bajos fondos como un lugar donde irremediablemente vas a fracasar. Entre todos los personajes, existen diferentes actitudes ante este panorama. Tomando la actitud de Matajuro y la esperanza de escapar a través contactos con clases superiores o la de Shinzo donde sabe que su destrucción es inevitable. La diferencia es que Matajuro acepta este fracaso mientras que la autodestrucción de Shinzo es debida a su lucha por salir de su situación. El mensaje es evidente, la acción no justifica los medios y el no tomar iniciativa alguna también se paga con la misma moneda.

La fotografía es tremendamente contundente: bella y dura. Podemos escuchar la lluvia, que en pocos lugares en tan hermosa como en el cine, podemos oler la humedad, las casas a medio destruir, los caminos de barro y polvo y oler las velas cuando se apagan.

Existe una cercanía muy palpable a esta gente, a sus costumbres, como cuando el vendedor ambulante pasea con su carro y sus voces anuncian los peces de colores; y aunque nunca he visto vender peces de colores por las calles, no dejaba de pensar en el afilador que de pequeño silbaba por mis calles con la moto y su piedra de afilar.


Esta cercanía a un mundo tan extraño y alejado como es el oriental, es sólo posible si detrás de la cámara se encuentra una persona con la firme voluntad de “hacer buenas películas.” Directores que nos mostraban lo cotidiano, lo simple, lo humano y lo hacen con humildad.

(Abrónchense los cinturones porque esto continúa).
[Leer más +]
23 de 24 usuarios han encontrado esta crítica útil