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No estamos solos (1939)

6,4
36
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Sinopsis
El médico David Newcome (Paul Muni) es un hombre generoso y brillante que está llevando una vida difícil con su fría e improcedente esposa Jessica (Flora Robson), razón por la que su hijo Gerald (Raymond Severn) vive temeroso y en un ambiente de inestabilidad emocional. Cuando la joven refugiada Leni Kraft (Jane Bryan), llega a su casa como aya, las cosas cambian para el niño y también para el atribulado esposo, pero empeoran para Jessica quien, al enterarse del pasado de la chica, la verá como un peligro para su familia. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
We Are Not Alone
Duración
112 min.
Guion
James Hilton, Milton Krims (Novela: James Hilton)
Música
Max Steiner
Fotografía
Tony Gaudio (B&W)
Productora
Warner Bros. Pictures
Género
Drama Cine negro Crimen
7
Valiente película
No, no se trata de un título despreciativo: creo que hay que ser valiente para hacer una película de tono antibelicista como ésta en el año 39, sobre todo si se es británico como Goulding y se es crítico con el propio país como lo son él y el autor de la novela (británico también) en la que la cinta está basada. Ignoro si la razón de realizar una película como ésta en semejante momento obedecía a los deseos de neutralidad de EE.UU. en Europa o a algún tipo de filonazismo por parte del estudio, pero se agradece tanto que por una vez los personajes germanoparlantes no sean nazis "avant la lettre" ni cabezas cuadradas en una película de Hollywood... Hay que ver qué cosas: ¡Si resulta que la xenofobia y la envidia pueden surgir hasta en el más idílico de los pueblos de la campiña inglesa!
Pese a todo creo que la película es mejorable: no se comprenden ciertas relaciones entre los personajes, alarga demasiado el final y hay alguna subtrama innecesaria metida con calzador. Muy recomendable pese a todo.
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3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
Hay cosas que parecen justas… pero no lo son
David Newcome es un médico de película… o bueno, de aquellos que había en otros tiempos, que llevaban la profesión en la sangre y la dignidad en el alma. Cobraba cuando se podía, y cuando no, atendía con el mismo empeño y con la misma entrega a cualquier paciente. Esto le convirtió en un hombre respetable en Calderbury, Inglaterra, donde, en la segunda década del siglo XX, se avecinaban tiempos difíciles para la sociedad.

Pero Newcome no era feliz en su hogar, su esposa era una mujer demasiado rígida y poco formada, y esto llevaba a que, su pequeño hijo Gerald, viviera nervioso y marcado por el miedo. Pero un día, por sugerencia de su propia esposa, el médico lleva a su casa como niñera de su hijo a Leni Kraft, una joven bailarina de origen austriaco que él auxiliara en un momento de crisis.

James Hilton, el mismo escritor que nos diera: “Horizontes perdidos” y “Adiós Mr. Chips”, entre otras grandes obras llevadas al cine, es también el autor de la novela homónima y del guión de “NO ESTAMOS SOLOS”, película que se enmarca en ese estilo de exaltación humana y de justicia suprema, que ha caracterizado a gran parte del cine clásico que ahora tiene el sello de la perennidad.

Funciona aquí la historia como una plasmación verídica y contundente de como, en esta apocada sociedad, se puede ser un gran hombre y ser víctima de grandes injusticias; y también es un reflejo muy solvente, de lo corta que suele quedarse la llamada justicia contra hechos de amplia apariencia que perfectamente pueden no ser verdad. Hilton da varios ejemplos en este sentido, y por eso, en boca de su personaje y en un momento preciso, pondrá una frase de enorme peso: “Es extraño como las palabras pueden parecer justas sin ciertamente serlo”.

Se redondea así un firme alegato contra la pena de muerte, pues en cada caso de ejecución, se está denegando la ocasional posibilidad de que, a futuro, resulten nuevas pruebas que demuestren que el reo es inocente. Y por cada hombre limpio que la arrogante “justicia” condene, es la sociedad entera la que pierde, pues de esta manera se retrasa el camino hacia la paz.

Con gran brillantez narrativa, y con convincentes interpretaciones de Paul Muni (“Scarface” “La buena tierra”…), la angelical Jane Bryan (muy notable en “La solterona”), la siempre eficaz Flora Robson y la polifacética Una O’Connor, el director Edmund Goulding logra aquí otros de esos filmes para sentir muy dentro, pues apunta al alma y al entendimiento desde perspectivas tan sabias y valientes, que es imposible permanecer insensible ante esa prístina sustentación de la historia.

¡Y cuán tristemente cierta la argumentación del médico en que se apoya el título del filme!… ¡Todavía seguimos en pañales en lo que al ejercicio de la Justicia se refiere!

“NO ESTAMOS SOLOS” es una película imprescindible.
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3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil