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Inch'Allah (2012)

Inch'Allah
Trailer
6,3
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Sinopsis
En un campo de refugiados palestino de Cisjordania, Chloé, una joven canadiense, cuida a mujeres embarazadas. Su relación con personas que se hallan a ambos lados de los muros y puntos de control del campo, hará cambiar sus creencias y convicciones. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Canadá Canadá
Título original:
Inch'Allah
Duración
101 min.
Estreno
7 de junio de 2013
Guion
Anaïs Barbeau-Lavalette
Música
Lévon Minassian
Fotografía
Philippe Lavalette
Productora
Coproducción Canadá-Francia; micro_scope / ID Unlimited / July August Productions
Género
Drama Conflicto árabe-israelí
2
Tema interesante, película fallida.
Precedida por el éxito en la Berlinale, donde ha alcanzado el Premio de la Crítica (haciendo buena esa fama de que cuanto más aburrido seas, más fascinación despertarás en los críticos) nos llega esta película sobre el conflicto árabe-israelí filmada por una activista y documentalista canadiense. Tema interesante, actual, duro, y que cinematográficamente da juego, pero que en manos de Barbeau-Lavalette se queda en un batiburrillo a medio camino entre el docudrama (que es lo suyo) y el drama psicológico de una médica atrapada entre dos mundos opuestos, enemistados y desiguales debido a la aplastante superioridad militar de uno de ellos. Con una visión occidental al fin y al cabo, y políticamente correctita, nos quedamos con un montón de estampas, algunas de ellas muy repetitivas, sin entrar a analizar un montón de historias y personajes que seguramente habrían interesado más que las idas y venidas de la médica.

A pesar de lo impactante de las imágenes del basurero en que sobreviven los palestinos al pie de ese infranqueable muro de la vergüenza israelí, o del abusivo control militar israelí sobre la vida cotidiana de la gente, la película es soporífera y presenta varios problemas. El principal es un guion malísimo, casi de boceto, donde se presentan escenas, se apuntan historias y se detallan costumbres, pero no se desarrolla ni traba historia alguna salvo al final, donde el drama de la chica palestina enfrentada a la pérdida de su hijo y su relación de amor-odio con la doctora despierta por fin el interés no por el tema de referencia de la película, sino por la película en sí. Las relaciones entre los personajes se quedan esbozadas, sin desarrollar sus posibilidades, y no vale la excusa de la sugerencia: la atracción entre la médica y la soldado israelí con la que convive, por ejemplo, pedía mucha más sustancia.

El segundo problema es la desacertada elección de Evelyne Brochu para llevar, en primerísimo primer plano, todo el peso de la película. Es una actriz con presencia, muy guapa, pero expresiva cual bloque de hormigón, aunque a veces abra los ojos un poco para demostrar sorpresa. No sucede así con el resto de actores: Sivan Levy está muy interesante como la soldado israelí obligada a compaginar su deber y sus sentimientos, y Sabrina Ouazani borda el papel de la palestina mártir a pesar de las deficiencias del guion.

El tercer gran problema es esa irritante, mareante y falsamente realista moda de utilizar el primerísimo primer plano y la steady cam para todo, aunque el personaje se ate las zapatillas y le estemos viendo la nuca mientras la cámara sufre de tembleque. Podría funcionar si los directores aprendieran un poco de Dreyer o Eisenstein, pero tener el rostro glacial de Brochu en ppp cada dos por tres sin venir a cuento no es la mejor manera de interesar ni emocionar al espectador. No ocurre así, sin embargo, en el plano simbólico de cierre, sin duda lo mejor de la película.

La historia atrae por el tema, pero no basta. Hay que saber contarla.
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12 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Buen ejemplo de cine comprometido
En una de las escenas más significativas de Inch'Allah Chloé sugiere a su amiga Rand que abandone su puesto de militar en Israel, a lo que ella responde “no se trata de algo que sencillamente se deje”. En aquel momento Chloé no puede comprenderla, pues ella tan solo es una joven ginecóloga recién iniciada no implicada en la causa. Pero el caso es que su alojamiento se encuentra en territorio israelita, siendo ella trabajadora voluntaria en un campo de refugiados palestino; de modo que para llegar a su trabajo debe cruzar diariamente el muro que separa ambos territorios. Y no se trata solamente de un asunto laboral, pues una de sus pacientes es al mismo tiempo una gran amiga suya, resultando del hecho que casi terminará por pasar más tiempo en territorio Palestino que en Israel. Como es de esperar, Chloé empezará a sentir empatía hacía la causa palestina y a identificarse con su actitud reivindicativa, pero pronto chocará con un duro aprendizaje: identificarse con un conflicto no implica poder resolverlo.

Por lo que respecta a la amiga de Chloé, Ava es una joven en estado que vive con su madre y sus dos hermanos, uno adulto y el otro niño. Su marido está en la cárcel; por lo demás se trata de una familia como cualquier otra... salvo por la intensa nube de terror que planea por encima de su cotidianidad: en cualquier momento, un repentino conflicto militar mal resuelto puede poner fin a su existencia. Este es, de hecho, uno de los grandes logros de Anaïs Barbeau-Lavalette: la directora canadiense nos proporciona una magnífica reproducción del ambiente de inseguridad que se vive actualmente en Palestina, una situación de desigualdad social y nerviosismo constante en donde hasta la persona más pacifista puede terminar por convertir su cuerpo en una arma explosiva, temeroso de que otros le saquen una utilidad peor. Y lo más grabe, como refleja la fantástica secuencia en que Chloé juega con los niños en un deteriorado vertedero (en realidad, el espacio que toca con el muro), es que no existe forma alguna de alejar a los niños del conflicto.

Chloé respira diariamente este ambiente de miedo e impotencia, esta angustiosa sensación de sentir que la vida de un pueblo se encuentra en manos ajenas. Su deseo de ayudar sin implicarse se ve obstaculizado por la triste realidad que la rodea, que parece convertir en cómplice a todo ser inactivo. Por eso es comprensible que en dicha situación uno acabe por creer que la única vía de escape sea el alzamiento armado. Y es el saber que en un contexto semejante cualquier persona actuaría de la misma forma lo que hace que la joven voluntaria caiga en una profunda crisis de identidad, pues de repente puede sentir cómo esta tendencia occidental de creerse capaz de solucionar todo conflicto ajeno es dinamitada en mil pedazos. En determinado momento Ava dice a Chloé tiernamente: “no eres superior a nosotros, no resolverás el conflicto”. En esto consiste precisamente la tesis de la película: en una lección de humildad para los occidentales que tiene como objetivo demostrar que, por desgracia, no todos los conflictos se solucionan fácilmente y mucho menos de manera diplomática.

La identificación con la causa, las acciones extremas que uno jura no hacer hasta encontrarse ante la situación y la pedantería occidental que pretende resolver los conflictos ajenos son los tres temas que trata Anaïs Barbeau-Lavalette con su interesantísima Inch'Allah. Y lo hace con toda humildad y siempre (por imposible que parezca) rehuyendo imponer su discurso. De hecho, su película se presenta ante nosotros como una fiel reproducción nada maniquea de una situación tan creíble como triste. Nos encontramos ante una bien empleada cámara en mano que captura lo justo para hacernos entender sin recrearse en la miseria pero también sin obviar la tragedia; una cámara que, por cierto, no necesita ayuda musical para expresarse. Como detalle interesante, es curioso cómo una película en la que jamás vemos un solo cadáver ni se nos muestra explícitamente ninguna situación violenta puede llegar a dibujar tan detalladamente la angustia de sus protagonistas. No me es nada difícil creer que en Palestina se viva un día a día muy parecido al que nos describe la prometedora cineasta Anaïs Barbeau-Lavalette.

http://cinemaspotting.net/2013/06/05/inchallah-anais-barbeau-lavalette/
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9 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil