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El camino más largo para volver a casa (2014)

El camino más largo para volver a casa
Trailer
6,0
575
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Sinopsis
Una mañana Joel encuentra a Elvis, el perro de su mujer medio moribundo y sediento. Esto le obliga a salir de casa, algo que lleva evitando desde hace tiempo. Al dejarse las llaves dentro, pasará el día intentando desesperadamente volver a su casa, su refugio. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
Año / País:
/ España España
Título original:
El camí més llarg per tornar a casa (El camino más largo para volver a casa)
Duración
85 min.
Estreno
29 de mayo de 2015
Guion
Sergi Pérez, Eric Navarro, Roger Padilla
Música
Àlex Sardà
Fotografía
Julián Elizalde, Bet Rourich
Productora
Niu d'Indi / No Hay Banda
Género
Drama Perros/Lobos
7
Notable, intenso y prometedor debut de Sergi Pérez tras la cámara
Notable debut cinematográfico el del catalán Sergi Pérez. La intensidad, la obsesión y la agudeza de su planteamiento escénico nos hace afirmar que nos hallamos frente a una “opera prima” de esas que permiten atisbar la irrupción de un creador audiovisual de fuste. Realizador de vídeo-clips (para Manel y Mishima, entre otros), de spots publicitarios y estimulantes cortometrajes, Pérez pertenece al grupo de profesionales de lo audiovisual que han ido gestando su carrera al amparo de la ESCAC (Escola Superior de Cinema i Audiovisuals de Catalunya). EL CAMINO MÁS LARGO PARA VOLVER A CASA se ha financiado mediante “crowdfuding” y su rodaje, debido a esa singularidad de producción, se tuvo que dividir en tres etapas durante unos dieciséis días. Lejos de perjudicarle esos parones, el realizador ha confesado que fueron aprovechados en beneficio del resultado final pues tuvo tiempo de subsanar algunos errores e incluir rectificaciones no previstas.

Desde luego, una vez visto aquel cabe referir que tales dificultades previas no se notan en absoluto. Si hubiera que destacar una sola virtud de entre las numerosas que acumula, esa, sin duda alguna, sería la densa cohesión que acumula desde el primero hasta el último de sus planos. Las características temporales que definen su entramado argumental exigían un esfuerzo por parte del realizador a la hora de trazar con aplomo tan progresivo como inquietante el devenir emplazado para con su protagonista. Seri Pérez logra estar a la altura del difícil reto planteado. La implicación acuciativa de su cámara se torna dispositivo ejemplar y necesario para la consecución de ese logro.

EL CAMINO MÁS LARGO PARA VOLVER A CASA nos presenta, en su primer plano, a un joven acostado en la cama. La apariencia denota que la noche previa ha distado mucho de ser pacífica. El polvo acumulado en la habitación hace pensar que el cuidado último de las obligaciones caseras no ha sido cumplido. De pronto, el joven comienza a pronunciar un nombre propio. Al no recibir respuesta se levanta, va hacia el baño y allí se produce un descubrimiento, en principio, bastante sorpresivo para el espectador: el protagonista halla a un perro desmayado, exhausto, sin fuerzas. Rápidamente llama por teléfono a un veterinario. Al serle comunicado que debe ser él quien lleve hasta el centro al animal, aquel sale con apremiante celeridad del hogar con el (voluminoso, pesado) animal entre sus brazos. Al cerrar la puerta, vemos cómo las llaves caen de la cerradura dentro de casa. Éste será el primero de los súbitos incidentes que deberá solventar este hombre con perro abatido entre las manos, al que volver a casa se le va a convertir en un esforzado, continuamente irresoluble calvario, que, poco a poco, dramáticamente, irá desvelando otro de orden muy superior.

Así pues, nos hallamos frente a un film rabiosamente moderno, de marchamo claramente “indie”, que cuaja una estimable personalidad sin detenerse a cumplir con el protocolo de esta clase de ejercicios, y en el que deviene mucho más importante la siembra de incertidumbres, enigmas y claroscuros que la narración de unos hechos linealmente encadenados. De este modo, la gradación y el tino en lo referente al suministro de ciertos datos se convierte en el principal objetivo tanto del guión escrito como de la puesta en escena pergeñada para solventarlo.

El seguimiento al protagonista (un impresionante, perfecto Borja Espinosa), en ese sentido, es tan adhesivo como intrigante. Sus reacciones ante los hechos sobrevenidos van a ir revelando sugestivas y trágicas informaciones acerca de su pasado más rabiosamente inmediato. El realizador asfixia con eficacia el retrato sorpresivo e incompleto a consciencia (el espectador deberá hacer sus propias suposiciones) de ese personaje central: un hombre que debe hacer frente al día más triste de su vida, que no tiene fuerzas para enfrentarlo, que tratará de evitar su deber y que, por ello, irá sumiendo sus segundos en un caótico precipicio emocional. En definitiva, un estimabilísimo debut de un director que, ya, hemos de tener muy en cuenta.
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10 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Pienso, luego existe (cogito perro sum)
Escribía yo, el otro día, en referencia a El mundo del silencio (1956), que la película naufragaba a ojos de alguien sensible y delicado como el que suscribe, especialmente por su explícito vandalismo animal (¿a la postre constructivo?). Las recuerdo, mis palabras, porque se avecina una crítica similar.

El camino más largo para volver a casa no maltrata a ningún ser vivo, eso que quede claro, como mucho la espalda del actor protagonista (un más que correcto y creíble Borja Espinosa); sin embargo, determinados espectadores sentirán lástima por el perro que aparece y que durante el inicio del film será trasladado por el bípedo a una clínica veterinaria. Otros tantos ni siquiera entenderán una actitud humana que, durante ciertas partes de la trama, resulta bastante descabellada e inaceptable. Pacma. Elvis, el perro y Joel, el humano (¡hora de aventuras!), viven un viaje paralelo, uno es la metáfora del otro. Mientras Elvis agoniza de hambre y sed, Joel lo hace de afecto y cariño. Casi se diría que el can es su ‹Daimonion›, y todos sabemos qué pasa cuando nosotros, los humanos, nos alejamos de ese trozo de nuestra alma que se muestra como animal; si le golpeas a él, es como si te golpearas a ti mismo, duele igual. En cualquier caso, o se entiende la alegoría al contemplar los actos llevados a cabo por Joel, o se abandona la película.

Cuando esto ocurre, la versatilidad técnica del director, el buen hacer de su actor o el nivel de la producción quedan en un segundo plano. Pienso, mientras la veo, en cómo le podría contar el argumento de El camino más largo para volver a casa a cualquier amigo o conocido, y en cuál sería su reacción, sobre todo. Pacma. No tengo ninguna duda, me dirían que pasan de verla, la mayoría. Y entonces pienso, otra vez (tuve un buen día), que la película merece la pena, que se nota el esfuerzo y que se vislumbra a un buen realizador de cine (este es su primer largometraje). Cuando acaba la película, intentas entender, pues la irracionalidad racional del personaje principal ha hecho que nos caiga mal; pasamos de compadecerle a odiarle, de odiarle a compadecerle y así durante gran parte de la historia. Pienso -estaba a tope ese día, está claro- que el director se puede estar arrepintiendo, a día de hoy, de haber usado un cánido para contar su intriga, pues al final la cinta es eso, un drama que crea sensaciones más cercanas al thriller, sin serlo en absoluto, pero que, más allá del animal a cuatro patas, juega con la baza del desconocimiento casi total de los antecedentes e incidentes acontecidos en la vida de Joel antes de nosotros conocerle, de ahí el misterio; todo se deja a la imaginación del público.

Pienso necesitaba el animal, y un poco de agua, Joel, ¡maldita sea!

Le pregunté, a Sergi Pérez (el director de El camino más largo para volver a casa), a qué hacía referencia el título provisional que tuvo su obra –Els morts (Los muertos)- y me dijo que tenía que ver con James Joyce, pero que al final se arrepintió por sonar demasiado afectado; yo le dije que el guión me recordó, en cierto modo, a la llamada “Literatura Bartleby”, al vacío existencial, a esa forma de actuar contraria a la correcta, pero a sabiendas. Si me preguntaran, nada más terminarse, si recomendaría a otros ver El camino más largo para volver a casa, respondería que «preferiría no hacerlo»; si me preguntaran si Pérez tiene potencial para hacer grandes cosas, diría que sí, y así se lo deseo.

Aviso importante: Esta reseña no incluye ningún mensaje subliminal y ha sido realizada bajo la supervisión de los validadores de críticas de Filmaffinity. Durante la redacción de la misma, ningún animal fue dañado, aunque tuve que rellenar el bol de comida a mi gato y mirar cómo comía, ya que si no le miro, no come. Una persona sin ‹Daimonion› equivale a un ser sin alma, y yo prefiero ver cómo se alimenta.
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7 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil