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Río negro (1957)

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Sinopsis
Nishida, un estudiante pobre, se instala en una miserable pensión, situada cerca de una base aérea americana. La casera es una viuda acostumbrada a la vida de los bajos fondos. La prostitución y el mercado negro son las constantes de la zona y de la vida de sus habitantes. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Japón Japón
Título original:
Kuroi kawa (Black River)
Duración
114 min.
Guion
Zenzo Matsuyama (Historia: Takeo Tomishima)
Música
Chuji Kinoshita
Fotografía
Yuuharu Atsuta (B&W)
Productora
Shôchiku Eiga
Género
Drama Pobreza Prostitución Yakuza & Triada
7
Los bajos fondos
"Río negro" era la novena película que Masaki Kobayashi realizaba en apenas cinco años. Tras este film sobre los bajos fondos japoneses, Kobayashi realizaría sus obras más reconocidas.

Al igual que Akira Kurosawa, Kobayashi también se sumergía en el Japón más pobre y miserable. "Río negro" está ambientada en el Japón posterior de la Segunda Guerra Mundial, y de hecho la película se localiza en una barriada pobre situada al lado de una base aérea norteamericana. En "El ángel borracho", también ambientada tras la guerra, Kurosawa nos mostraba incluso un paisaje mucho más desolador lleno de pobreza y enfermedad, mientras que en "Los bajos fondos" Kurosawa nos ilustró con las mayores bajezas del Japón feudal.

En este film Kobayashi no va tan lejos, ya que la miseria más que el eje central de la película, parece el escenario donde se desarrolla. Y lo que se desarrolla no es más que una historia dramática de amor. Nishida (Fumio Watanabe) es un estudiante con pocos recursos que se muda a una pensión pobre donde convivirá con varios vecinos en situación tan precaria como la suya. Nishida conocerá en el barrio a Shizuko (Ineko Arima), una hermosa joven que parece corresponderle. Pero en su camino se topará con Jo (Tatsuya Nakadai), el matón de barrio, quien forzará a Shizuko a amarle impidiendo así que el estudiante y la joven puedan estar juntos. Además entre la propietaria de las viviendas pobres, el matón y un constructor, intentará desalojar a todos los vecinos de Nishida para derruir las viviendas.

De "Río negro" me quedo con una última secuencia memorable y con el uso de la música, acertadísima en toda la película. El gran final del film hace que te vayas con un muy buen sabor de boca, Kobayashi ha acertado con un desenlace exquisito que da muestras de buen gusto y exquisita técnica.
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16 de 18 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Sálvese quien pueda
Durante la ocupación aliada en Japón, el tráfico ilegal, los sobornos y la prostitución germinaron cerca de las bases militares. Se creó, como un sub-país de lengua anglosajona que nada tenía que ver con el Japón de post-guerra que intentaba volver a salir a flote. Las oportunidades en estos lugares eran formas de ganarse el sueldo de manera más o menos heterodoxa. La película, fue prohibida durante la ocupación aliada porque más que señalar a EUA como el culpable, Kobayashi (siempre crítico con el gobierno japones de aquellos años) a quien culpa era al sistema japonés que permitía esas conductas ilegales. Quedan patentes, estas intenciones, en la escena en que los inquilinos buscan en la Municipalidad, la solución para no ser desalojados.

Preocupados por el mercado negro, la pobreza, la opresión de los distintas clases sociales, y sobre todo la carga de una guerra por culpa de un imperialista emperador, “Río Negro” continuó con la temática humanista que se estableció en los años 50 de Japón. Dentro de este mundo de exclusivo blanco y negro maniqueísta (buenos y malos), Kobayashi examinó al individuo en un contexto histórico, y la tensión que surgió por ello. Retrato que seguiría en la trilogía de “La condición Humana.” (1)

A pesar de los personajes arque típicos que el director usa, no podemos negar que dichos personajes están llenos de matices. Incluso un joven Jo (Tatsuya Nakadai) típico yakuza matón - chulo de putas, llega a mostrarse ambiguo en ciertos momentos del metraje. Como haría poco más tarde el director en la trilogía antes citada (1), es el amor (imposible e ingenuo) la dinamo que da luz a esta película. Para ello, sólo necesita un libro, una sombrilla y la hermosa Ineko Arima.

En sólo una escena el director resume el trío amoroso de la película. Nishida (Watanabe Fumio) se topa con la pareja en el vagón del tren. Entre plano y contra-plano los tres nos hablan con miradas y gestos. El tren, como en ciertas películas de Ozu, es una metáfora no sólo del cambio cultural, sino una posibilidad de escape hacia la búsqueda del amor idílico.

Se percibe un tono crepuscular, como de fin de una era sin saber a ciencia cierta si existía el inicio de una nueva. Y los personajes, líricos y cínicos, intentan sobrevivir a cualquier precio.

(Abrónchense los cinturones porque esto continúa).
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13 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil