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El doctor Mabuse (Dr. Mabuse, el jugador) (1922)

El doctor Mabuse (Dr. Mabuse, el jugador)
Trailer
7,9
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Sinopsis
La primera versión cinematográfica del Dr. Mabuse consta de dos partes: “El gran jugador” y “El infierno”. El doctor Mabuse es un villano que no se siente atraído por los bienes materiales, sino por el placer que le proporciona jugar con el destino de los hombres. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
Año / País:
/ Alemania Alemania
Título original:
Dr. Mabuse, der Spieler
Duración
272 min.
Guion
Thea von Harbou, Fritz Lang (Novela: Norbert Jacques)
Música
Película muda
Fotografía
Carl Hoffmann (B&W)
Productora
U.F.A.
Género
Thriller Drama Crimen Policíaco Expresionismo alemán Cine mudo
Grupos  Novedad
Dr. Mabuse
Obra maestra del expresionismo alemán.
[FilmAffinity]
"Genial obra negra"
[Diario El País]
8
El manipulador de las masas
No deja de ser significativo que en la década de los veinte, con dos años de diferencia (1920 y 1922), dos directores de cine alemanes dedicaran sendas películas a la temática de la gestación de la semilla totalitaria y fascista. Uno fue el pionero del expresionismo, Robert Wiene, con “El gabinete del doctor Caligari”, de guión original. El otro, el fructífero Fritz Lang, con su primera entrega sobre el maquiavélico doctor Mabuse, basada en la novela de Norbert Jacques.
No creo que sea coincidencia que en ambas obras los protagonistas sean hombres enigmáticos, de naturaleza despiadada, que odian y desprecian a la humanidad, con poderes sobrenaturales para la hipnosis y la manipulación psicológica de sus víctimas. Los devora una ambición desmedida por dominar, someter, controlar y eliminar los estorbos, pasando por encima y asesinando a quien oponga resistencia, o a los que catalogan como demasiado insignificantes para merecer la vida. Su plan último consiste en hacerse los amos y señores del mundo e instaurar su régimen de terror, sirviéndose de sus vasallos, los cuales han de obedecerle incondicionalmente (a lo que contribuye el don persuasivo y coaccionador del líder). El objetivo final es borrar de la faz de la tierra a todos los disidentes y los que no entran en la categoría de raza superior. El líder jamás establece relaciones de igualdad. A su alrededor, todas las personas sin excepción están muy abajo en la jerarquía. Sus secuaces son herramientas prescindibles que usa como medios para conseguir sus fines. Cuando dejan de serle útiles, fallan o se rebelan, se deshace de ellos. Tampoco tiene facultades para amar. Lo más que siente es deseo de posesión, el capricho morboso de hacer suyas las voluntades, de rendir por la fuerza o por su implacable poder para convertir a los demás en peleles. Cuando desea a una mujer, por ejemplo, la consigue a cualquier precio, y su máxima satisfacción íntima es arrastrarla por el fango, pero no saboreará la plenitud hasta que ella ame el fango que traga, hasta que adore la mano que la estrangula. Para el monstruo, tiene que ser algo similar a una sensación orgásmica ver cómo ella cae en lo más bajo por él, cómo besa la mano de su torturador y asesino. Ya tiene a su autómata perfecta, a su seguidora más leal.
Al tirano le atraen los retos, claro. Las misiones fáciles no lo seducen. Planifica los cometidos más retorcidos y enrevesados sólo por placer, por puro juego, para probar su inteligencia y para despistar a la policía, burlándose de las autoridades.
Le gusta abatir una voluntad fuerte, una inteligencia aguda o una valentía firme. Se regocija por dentro cuando alguien le planta cara, pero no por respeto hacia su adversario, sino porque su vanidad se alimenta vorazmente cuando lo derrota.
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26 de 33 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
El mafias del cine mudo
El director Robert Wiene había firmado tres años antes la famosa El gabinete del dr. Caligari, considerada por los críticos cumbre del expresionismo alemán. Siguiéndo esa línea Fritz Lang rodó El doctor Mabuse con la intención de ser fiel reflejo de su pensamiento hacia la República de Weimar.

Mabuse es un ilusionista, un telépata, un embaucador, un jugador, un asesino, un terrorista, un enfermo. Y dependiendo del día que toque también es un transformista: reputado psiquiatra, director de hotel, miembro de la nobleza, tahur... A día de hoy no pasaría de ser un pelagatos que te sacaría la pasta por leerte las líneas de la mano y con menos peligro que la delantera del Alcoyano.
La atmósfera de los años 20 tenía una predisposición por la sugestión, el espiritísmo y las emociones fuertes. Terminada la guerra la gente de buena alcurnia optó por el desenfreno. Y el dr. Mabuse es una especie de Lucifer que quiere acabar con todos ellos. Sus subordinados le temen por creerle una encarnación del mal. Al final es el aburrido bien quien se impone tras casi tres horas de película.

Dividida en dos partes, en la primera la banda sonora es más alegre y rítmica. En la segunda se nos prepara para el triste final del puto loco en que se convierte Mabuse. A veces puede resultar algo pesada pero tiene momentos de gran interés. Buena.
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39 de 63 usuarios han encontrado esta crítica útil