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El signo de Leo (1962)

6,9
437
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Sinopsis
Pierre Wesselrin es un músico bohemio y sin dinero que vive en París. Un día, recibe un telegrama en el que se le notifica la muerte de su acaudalada tía. Como ella sólo tenía dos parientes vivos, Pierre piensa que él recibirá, al menos, parte de la herencia, así que celebra una fiesta para celebrar la noticia con sus amigos. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Francia Francia
Título original:
Le Signe du Lion
Duración
102 min.
Guion
Éric Rohmer, Paul Gégauff
Música
Louis Saguer
Fotografía
Nicolas Hayer
Productora
Ajym Films
Género
Drama Pobreza Comedia dramática Nouvelle vague
6
El Rohmer más visual
En su ópera prima, Éric Rohmer nos muestra su faceta más visual al encontrarnos con una historia sobre la progresiva decadencia de un desheredado por las calles de París.
El aroma a “nouvelle vague” se respira en esos continuos paisajes urbanos filmados por una cámara con libertad de movimientos, mostrándonos la forma de vida de la capital francesa.
Es muy curioso que un director que se puede definir como “la prosa en imágenes” –por el protagonismo de las conversaciones en sus films– cuente en su primera película con que los diálogos brillan por su ausencia y lo que predominan sean las escenas de un hombre en soledad acompañadas de una música muy tolerable aunque un tanto agobiante.
El primer largometraje de Rohmer fue un fracaso. Seguramente su ritmo es algo complejo para un “novato” y el actor principal, Jess Hahn, no es francés y no deslumbra como sí hacían en aquel momento Jean-Paul Belmondo, Jean-Pierre Léaud o Jean-Claude Brialy.
Eso sí, con una carrera tan brillante como la de Rohmer, cualquiera firmaría un inicio desafortunado.
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9 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
Destino inexorable
Siempre había creído que para poder ver "una de Rohmer" necesitaba acercar la tele unos cuantos metros la televisión de mi salón para no quedarme ciego leyendo tanto texto, pero, este tempranero filme del director francés nos demuestra su inmensa capacidad de comunicación, solamente con el poder de la imagen. Y es que esa espiral hacia la indigencia que vive el protagonista es mostrada con increíble maestría; con esas obsesivas y reiterativas escenas de París, que nos fatigan y enloquecen despojándonos de nuestra dignidad más y más, metiéndonos en el mismísimo traje raído del personaje.
Respecto al tratamiento de cuento de la película tan presente en la filmografía de Rohmer, creo que le da una dimensión de moraleja, de reflexión curiosa que si bien nos deja con un buen sabor de boca y le da unidad a la historia, queda eclipsada por la excelente forma de contarlo. Claramente, como se suele decir, la forma supera al fondo. Y es que así es Rohmer.
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7 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil