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El beso mortal (1955)

El beso mortal
Trailer
7,1
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Sinopsis
El detective Mike Hammer recoge en la carretera, en plena noche, a una muchacha que huye de un peligro mortal. Poco después son interceptados por los acosadores, unos despiadados matones que, tras torturar y matar a la muchacha y pegar una paliza al duro detective, les arrojan por un precipicio. Hammer logra salir indemne, y se dedicará a investigar este misterioso caso... (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
Kiss Me Deadly
Duración
106 min.
Guion
A.I. Bezzerides (Novela: Mickey Spillane)
Música
Frank De Vol
Fotografía
Ernest Laszlo (B&W)
Productora
United Artists
Género
Cine negro Intriga Policíaco Crimen Película de culto
7
Sexo, violencia, amoralidad y paranoia nuclear
No quisiera pasar por el típico aguafiestas que se dedica a desmotivar cinéfilos por amor al arte pero me veo en la obligación de advertir, ante todo, que “Kiss me deadly” no es una peli cuyo guión pueda tomarse demasiado en serio. Y no sólo porque su desenlace sea digno de la más delirante y paranoica peli de ciencia ficción, sino porque todas las pistas que va siguiendo Mike Hammer (Ralph Meeker) a lo largo del film -a pesar de mantenernos considerablemente intrigados- dejan demasiados cabos sueltos y rozan, en muchos casos, el surrealismo puro y duro. Algo que, tratándose de una peli de cine negro de mediados de los 50 no deja de ser una atípica circunstancia únicamente justificable por el estado de relativa inquietud permanente que, hasta cierto punto, propiciaba la guerra fría.

Aún así, si somos capaces de liberarnos de las férreas tenazas de la verosimilitud argumental y conseguimos zambullirnos de lleno en ese turbio universo fuertemente impregnado de sexo, violencia y amoralidad que tanto la novela de Spillane como la peli de Aldrich nos proponen, disfrutaremos -sin lugar a dudas- de una de las joyas del cine negro de la serie B más interesantes de la historia del cine.

“Kiss me deadly” es, por consiguiente, una de esas pelis que merece la pena ser degustada –fundamentalmente- por los sentidos. Por eso mismo me gustaría hacer especial hincapié en ese amplio repertorio de recursos visuales (planos bajos, angulaciones insólitas, logrados claroscuros, cámara subjetiva) y sonoros (sobre todo esa música efusiva e intimidatoria) que emplea Aldrich para cogernos de la solapa, darnos un par de sopapos y obligarnos a acompañar al violento y antipático Hammer en su periplo investigador. Un periplo al que ningún adepto al género podrá ni querrá negarse. Seguro.
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50 de 52 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
El detective
Película de culto producida y dirigida por Robert Aldrich (1918-1983). El guión, de Albert I. Bezzerides, se basa en la novela “Kiss Me Deadley” (1952), de Mickey Spillane. Se rueda en escenarios reales de L.A., Calabazas y Malibú (CA) y en los platós de Sutherland Studios (L.A.) a lo largo de tres semanas escasas y con un reducido presupuesto de 410.000 USD. En 1999 es premiada con la inscripción en el Nacional Film Registry. Producida por Parklane Pictures y distribuida por UA, se estrena el 18-V-1955 (EEUU).

La acción dramática tiene lugar en L.A., Hollywood, Malibú y localizaciones cercanas, a lo largo de varios días del comienzo del invierno de 1955. El detective privado Mike Hammer (Meeker), mientras conduce su Jaguar deportivo blanco de dos plazas camino de L.A., se ve obligado a detener el coche para recoger a la joven Chrystina Bailey (Leachmen), que huye asustada, descalza y cubierta solo con una gabardina. Hammer es aficionado a las apuestas, se relaciona con personas de la mala vida, es codicioso, amoral, mujeriego, despiadado, vanidoso, machista y sumamente egoísta. Su figura fue creada en 1947 por el novelista Mickey Spillane. Carece de principios éticos a diferencia de lo que ocurre con otros detectives privados de la época, como Philip Marlowe o Sam Spade. La egolatría de Mike se ilustra a través de los coches deportivos que maneja. Su buen nivel cultural se evidencia a través de la costumbre que tiene de hablar con metáforas.

Se relaciona con una galería de personajes extraños, en la que no faltan asesinos, malvados, matones, sádicos, pervertidos, etc. Trabaja para individuos oscuros y turbios relacionados con el submundo de las apuestas ilegales. Se mueve en escenarios lúgubres, misteriosos y agobiantes, sucios y decadentes, saturados de ruidos callejeros estridentes y poblados por personas extravagantes. La violencia es abundante y se concreta en escenas, algunas fuera de plano, sobrecogedoras y perturbadoras.

La obra presenta una progresión dramática absorbente que lleva al ánimo del espectador la sensación de que se halla inmerso en un viaje imparable hacia el desastre o el Apocalipsis. Se imponen sentimientos que llenan el ánimo de sensaciones de sometimiento al dictado de la fatalidad o, peor aún, del reino del mal. Lo corroboran algunas alusiones relacionadas con experiencias devastadoras y siniestras, muy vivas en la memoria de todos en los primeros años 50.

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30 de 31 usuarios han encontrado esta crítica útil