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Críticas de cassavetes
Críticas ordenadas por:
Lyon : quai de l’Archevêché (C)
Lyon : quai de l’Archevêché (C) (1896)
  • 5,7
    77
  • Francia Louis Lumière
  • Documentary
6
Pasaba por allí...
Pasaba por allí y de paso se inventó el primer noticiario de la historia. Aquello que luego se llamó nodo, televisión, telediario. Quería fotografiar Lyon y sus gentes, barcos, tranvías y caballos. Pero la naturaleza le echó una mano y un agua.

Gran oportunidad, de hecho, para demostrar que los Lumiére, aparte de inventores, eran unos grandes fotógrafos. El periodista gráfico de hoy en día lleva una cámara en la mochila. Ellos tuvieron que cargar algo más pesado sobre sus hombros. Nada menos que el peso de la historia del cine.
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Lyon, place Bellecour (C)
Lyon, place Bellecour (C) (1895)
  • 5,5
    84
  • Francia Louis Lumière
  • Documentary
6
A falta de Dollys...
Lyon, 1895. Los hermanos Lumière ruedan de nuevo movimiento, la razón de ser para que su invento tenga salida. Se encaraman a un edificio, permiso en mano, y dan vida a la Place Bellecour de la ciudad francesa. Le toca el turno a un cruce, un carrefour, donde peatones, carros de caballos y un tranvía también con el mismo animal conviven con naturalidad sin semáforo alguno y sin guardia a primera vista.

Hacía sol ese día.

Lo que sí salta a la vista es que esa parada del tranvía remite de manera inequívoca al genial plano de la llegada del tren a la estación de la Ciotat. Aquí, sin embargo, qué añade un plus a la toma, no tan célebre ni conocida: una toma no a ras de suelo, sino desde lo alto de ese edificio, se supone. A falta de Dolly grips, buenas es la toma.

A positivar, Louis.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Todo sobre mi madre
Todo sobre mi madre (1999)
  • 7,1
    72.816
  • España Pedro Almodóvar
  • Cecilia Roth, Marisa Paredes, Penélope Cruz, Candela Peña, ...
8
Sobre Pedro y las madres
Fue el año de Almodóvar, del primer Óscar de Almodóvar, del Almodóvar hasta en la sopa, más aún que cuando Mujeres. A Pedrooooo le llovían los premios. Las unanimidades por banderas. En éstas que en mitad del fragor de una de esas sopas me pregunta mi madre que si tan buena es la última de Almodóvar.

Tardo en responder, un segundo, que ya es suficiente para saber que es de esas veces en que o algo o alguien te ha dejado descolocado. Sí, sí, es muy buena, digo por puro compromiso con la corriente de corrección cinematográfica imperante en el momento almodovariano del fin de siglo, sin poder esgrimir, en realidad, argumentos tan sólidos y contundentes como aquella inesperada, casi atroz pregunta. Porque la pregunta no era si la película es buena. Fue ese matiz del "tan", tan impecable como certero, lo que me dejó descolocado a mí y al que se creyera el más pintado.

De nada valía decir que Cecilia Roth tiene en esa película el más maternal acento argentino jamás suspirado; o que Penélope Cruz no ha conseguido estar jamás tan contenida en su posterior carrera; o que cuando Eloy Azorín vive con su madre en los primeros cuarenta y cinco primeros minutos de la historia se rompe el techo del cine Almodóvar; o que hasta las coñas almodovarianas que otras veces chirrían o que sencillamente molestan o sobran, aquí (Antonia Sanjuán, Carlos Lozano) no hace falta ni ser engrasadas: molan.

Podría haber dicho éstas y otras cosas, incluso podría haberle contado de la última de Almodóvar de pe a pa todo a mi madre. Pero no consistía en ello la cuestión. Incluso podría haber sido ciudadano Kane la película sobre la que. La cosa es que si una madre te hace una pregunta hasta cierto punto descarnada y fuera de entusiasmos y apegos por una obra artística, cualesquiera que fueran (sí, el ejemplo de la Capilla Sixtina también vale) te queda la sensación de qué sería del cine, del arte o de la literatura si nos dejáramos alguna vez de tanta pamplina, de tanta crítica pretenciosa y de tanta gilipollez rancia e interesada. Que me gustó muchísimo la última de Almodóvar en 1999, que destruyó su tejado, que aunque los edificios que construyó luego tampoco desmerecen su cine, ya no fueron lo mismo. Pero eso no quita a que nada habrá nunca en el mundo que te haga pensar tanto y tan descolocado como una pregunta impecable y contundente de tu madre.
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Las herederas
Las herederas (2018)
  • 6,5
    666
  • Paraguay Marcelo Martinessi
  • Ana Brun, Margarita Irún, Ana Ivanova, Nilda González, ...
7
Las cosas del otro querer
No será una crítica interminable pero sí generosa para ensalzar en su medida justa los valores de Las herederas. para ensalzar una película a veces no hace falta que aparezca el scroll.

En el Paraguay la cinematografía no suele exportar. O llega poco o se produce apenas. Las razones que sean y que no se desean. Aprovechemos, pues, que llega una como ésta dirigida por Marcelo Martinessi. La trama va de mujeres, la trama desliza suave y delicadamente, sin estridencias, una historia de lesbianismo. Podría decirse, quizá, que en el Paraguay hay un Almodóvar, pero si lo hay lo es sin esa estridencia. No es peyorativo el comentario, sólo describo lo que veo, y lo que veo es una cuestión de estilo y forma. Porque es otro rollo y otro tipo de firma.

Porque también podría decir que en el Paraguay hay un Bergman, aquí sí con características comunes, cual es el uso del plano secuencia, o actores (perdón cuasi-spoiler, sólo mujeres, aquí los señores se cotizan y son caros de ver) con drama en las neuronas y su proceder. Pero Bergman era sueco y Martinessi, autor a la par del guión, un señor al que el diálogo casi le duele en el alma.

Así las cosas, Las herederas, valiente a la hora de abordar un tema como el del amor a la edad post-madura, lo es más cuando en ese querer tercia la atracción por el mismo sexo. Soterrado, dicho sea con permiso del señor spoiler.

Me entran ganas de continuar, primero recordando que Ana Brun añade a su currículum un oso de Plata a la mejor actriz gracias a un contenido y reprimido papel de mujer en busca de una respuesta. O para premiar por mi parte un guión invisible y que habla en imágenes. Pero corto aquí para recomendar que os hagáis por vosotros mismos una y mil ideas de Las herederas disfrutando del buen cine del Paraguay.
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1 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
True Detective III (Serie de TV)
True Detective III (Serie de TV) (2019)
  • 7,0
    4.846
  • Estados Unidos Nic Pizzolatto (Creator), Nic Pizzolatto, ...
  • Mahershala Ali, Stephen Dorff, Scoot McNairy, Carmen Ejogo, ...
7
La serie fetén
Quizá el último episodio de True Detective 3 no esté a la altura del resto, si exceptuamos acaso al cuarto y al sexto.

Porque esos tres, sobre todo el octavo, sí están a la altura de los que destacan.

Y deseada. La lástima de esta tercera entrega de True Detective no es Mahershala Ali, una vez más convincente y acaparador de los elogios, y aunque sí hay un menor Stephen Dorff, tampoco es por él mi lamento. Ni por esos buenos secundarios-complementarios. Desde luego que no. Y tampoco me quejo del nivel general, sólo que a la temporada tercera de la serie le cuesta arrancar. O, mejor dicho, progresar. En ocasiones, se queda en puerto muerto.

La gracia está en ese octavo episodio en el que la trama perece de forma liviana y natural, sin aspavientos y con una inteligencia suprema. Y de otra manera. Los hilos que se trazan en las anteriores entregas, desde la primera hasta la séptima, cobran vigencia y desenlazan la historia de forma liviana, natural, etc etc. La memoria, la enfermedad. Los datos sueltos, los cabos sin anudarse y que nosotros por influencia de las dos anteriores True Detective pensamos que hay que atarlos y desembocarlos de cierta manera (conspiranoica, sí), sólo responden a una sencilla explicación que nada tiene que ver con nuestros fatuos intentos detectivescos por esclarecer el enigma. De todas formas, hay que leer el spoiler, mejor.

Es que si me dan a elegir, prefiero Fargo.

Pero esto es Pizzolatto, así que nos desviamos.

Nick Pizzolatto empezó fuerte con Woody Harrelson y con McConaughey. Pinchó casi con Farrell y una trama profusa y débil. Y remonta aquí. ¿Cómo?

Volviendo a los orígenes, con una pareja Buddy Movie aunque con el añadido racial y con una historia similar. Tras Farrell y compañía tocaba modificar y fue al valor seguro que cinco años atrás le rentó. Así que la vuelta a los orígenes no significa, pues, historia original.

El resto lo cuento en el spoiler.
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6 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
El sol del membrillo
El sol del membrillo (1992)
  • 7,4
    5.194
  • España Víctor Erice
  • Documentary, Antonio López
10
Amarillo es
Persona cabal que no tendrá acceso a internet, pierdo consecuente y afortunadamente mi fe: no le llegarán unas cuantas palabras de admiración.

Bendigo que sea así.

Usted siga filmando. No hace falta que diga que esa boca es suya.

Pero señor Erice, ¿lo suyo es cosa de la Escuela de Cine o de Truffaut? Su mirada, Teresa Gimpera, Fernán Gómez, la niña Torrent, el ferrocarril, la caseta y la guerra civil, los monstruos de los sin vox, el blanco y negro en color, el sur, otra niña que después fue Icíar Bolláin, el cuerpo humano de Laly Soldevilla, la miel, el membrillo.

No, no se haga de rogar. Ahí van los raudales de entusiasmo y de admiración. Es usted culpable. Déjeme unas líneas más. Présteme un plano secuencia. Antonio López, mientras, seguirá intentando captar al sol entre las ramas. Aún sigue hoy. La banqueta que ustedes dos compartieron meses, el patio, la paciencia. La madre de la ciencia ayudando plasmar ese rey de los astros. Antonio López sin ser un artista gilipollas (visto en televisión: López guía a un grupo de gente en el Prado y le preguntan “qué puede hacerse al observar las Meninas”, y López contestando “admirar”. Simplicidad o simplismo.

Antonio canturreando con Enrique Gran el Ramito de mejorana. El plano secuencia continúa, que no lo he dicho. Dar por imposible una tonalidad no es frustrante. Alienta. En ésas estamos, los vinicos que rondan y se ruedan. Ni siquiera hace falta que usted diga “Rodamos”. Todo es una secuencia, para eso le pagamos al de montaje. Yo ruedo; tú, casa; él pinta. El artista es Antonio. Ver(o no ver)lo un poco más imposible ese amarillo hasta puede llegar a satisfacer. La perfección existe, pero también el camino que lleva hacia él. Y también el sol que juega y luego la encrucijada que llega para agotar las opciones. El tiempo que no conoce a nadie. Tic y tac. El fruto no se vende.

Caballete y acción.

Hiperrealissssssssssssssmo
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3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Duck Soup
Duck Soup (1933)
  • 8,1
    38.582
  • Estados Unidos Leo McCarey
  • The Marx Brothers (spanish: Los Hermanos Marx), Groucho Marx, Harpo Marx, Chico Marx, ...
9
Quiero una sopa
Normal que si juntamos el genio creador del colectivo marxista más importante del siglo XX con el talento y el ingenio que imprimía a sus comedias un tal Leo McCarey, estallara una obra magistral del cine cómico: Sopa de ganso. Me viene a la mente esta película (ya de 1933) porque en el documental que Jean-Luc Godard El libro de imágenes, una de esas imágenes cinematográficas del aquellos collages compuestos por Godard a base de planos y secuencias míticas del universo del celuloide, se encuentra esa escena de Sopa de ganso en la que el pueblo del utópico e irrealista país de Freedonia celebra que estalle la guerra con la archirival y vecina Sylvania de una manera que hasta los más acérrimos antibélicos celebrarían con jolgorio.

¿Celebrar el declarar la guerra a otro país? ¡Hey, Donald!

Si la guerra no es una cosa para risas y en cambio aquí se celebra con festín y desmadre es que algo sí funciona.

Quién si no un atajo de portentos como los arriba citados para que cuadre el círculo: Groucho y sus hermanos y el director que poco más tarde haría notoria su fama como uno de los maestros de la comedia distinguida y sofisticada, Leo McCarey.

McCarey, que venía precisamente del mudo, ya conocía bien los entresijos del humor casi slapstick: el Gordo y el Flaco también conocían bien a don Leo, así que tampoco es de extrañar que entre estas películas al servicio de unos comediantes principales y su posterior carrera de militante cine elegante se diese el gusto de dirigir a cuatro, en este caso, hermanos tan dispares en sus comportamientos como únicos en un redondo unísono “Todos para uno”. O un All together now.

Ahora bien, si es cierto que a los Marx Brothers se les achacó no pocas veces de imponerse al guión, al director y por ende al público, qué cuota de poder tuvo Leo McCarey detrás de la cámara. ¿Es Sopa de ganso la menos descontrolada y a la vez más irresponsable película de los hermanos de Harpo?

A pares las culpas. Hay elementos que… ¿La escena del espejo? Voto por Leo. La batalla final, el desmadre de aquella celebración de la declaración musicada… Los diálogos con la Dumont son cosa de Groucho. Pero… ¿las otras que he dicho?

Hay guión en los Marx, el que les aconseja su improcedencia. Me sentaría con ellos para leer el script pero eso no garantizaría que la reunión hubiera llegado a buen puerto. Ya que estamos con los Beatles, You say goodbye, I say hello.

Lo esencial, que si McCarey les consintió, la historia del absurdo lo agradeció.
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Le Livre d'image
Le Livre d'image (2018)
  • 6,8
    389
  • Suiza Jean-Luc Godard
  • Documentary
5
Por qué no te callas
Quién si no conoce a Jean-Luc Godard que aquél que haya visto sus películas y pueda decir “Yo odio a JLG”. Célebres siglas por las que, dicho sea de paso, se conoce sólo a unos cuantos privilegiados. Poco más: al franco-suizo, a JCVD o a JR. Quién no conoce, de este modo o de cualquier otro, al bueno de Godard, marca más que registrada. Porque para decir “Yo odio a JLG” se ha tenido que ver al menos una de sus películas. O desvaríos. Puede usarse este último término para bien o para mal.

Qué sería de la Nouvelle Vague si no. Sería nueva por igual, pero algo más que vaga. Y si por algo se rompió la ola fue ya se sabe gracias a qué. Y Él la rompió. Consideraciones técnico-formales al margen, mayo del 68 aparte, asimismo con las ideologías posteriores todo lo cuestionables o no que se quiera, Jean-Luc se hizo el hueco hasta dentro de la propia Nouvelle Vague aunque fuera a codazos y sin dolerle prendas. Sin dejar de lado las incomodidades de crítica y público, que en un momento dado incluso viró (gradualmente) hacia el ostracismo su entusiasmo y que le olvidó como quien se olvida y abandona a un tipo de malas pulgas o de trato imposible a quien se le han dado todas las oportunidades de reinserción.

¿O fue él quien nos abandonó a nosotros?

Gran parte de su último cine (llamémosle así, para enterdernos y porque al fin y al cabo Godard comenzó haciendo aunque a su manera trabajos convencionales) se circunscribe a esa especie de sub-género propio caracterizado por imagen y sonido. O sea, lo que de siempre ha venido siendo el cine. Si eso ya lo sabemos, con todo, qué nos puede sorprender. Pues quizá lo que para muchos es un sufrimiento vital: su voz en off desgranando ininteligibles disquisiciones filosófico-político-sociales, argumentos en pro de la revolución social permanente (estar al lado de los que ponen bombas lo es; o eso o el mundo no es redondo), defensa de los oprimidos, resucitación de los explotados (o sea, y en definitiva, de todos nosotros).

Ah, y la forma.

Godard huye de nosotros y lleva encasillado en su cuartel general (ese su hogar en el que enclaustrado no quiere recibir a la amiga Agnes Varda que va a visitarlo en el documental Rostros y lugares) desde el cual y en mitad de una nube de humo y toses juega con la moviola de su estudio para casar en imágenes planos variopintos que componen un collage visual de lo más heterogéneo habido y por haber. Encasillado, se puede decir, en estas manera de ¿rodar?, JLG se prohibe prohibir.

Pero qué hacemos hablando tanto, cuando el título de su última película es El libro de imágenes.

Pues con todo lo dicho, Godard sigue estrenando en salas. Una semana, recaudación paupérrima si se quiere, pero. ¿Llena?, ¿acaso le importa? ¿es feliz Jean-Luc Godard?

Las palabras que puedan usarse para definir su última película sobran, por cuanto El libro de imágenes, como en tantas otras de su puño, letra, voz y firma, no encaja dentro del sentido tradicional de análisis y sí mucho de la interpretación que cada cual quiera darle a un cuadro en blanco.

Desde la primera parte del film inspirado en su Histoire(s) du cinèma (muy interesante aunque ya vista revisitación de clásicos del cine) hasta los pasquines libertarios (Hommage à la Catalogne) o vivamente revolucionarios (media hora de disquisiciones en torno a la realidad musulmana), el que parece que nunca será último documento fílmico de un director a las puertas de llegar al centenariazo con Clint Eastwood responde a las expectativas tanto de quien se apresta a ver con ilusión otra de Godard, quizá porque ya nos tenga acostumbrados, como de quien prepara antes de verla incluso sus mejores armas repletas de vitriolo para decir una vez más “Yo odio a JLG".
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2 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Roma
Roma (2018)
  • 7,1
    20.408
  • México Alfonso Cuarón
  • Yalitza Aparicio, Marina de Tavira, Marco Graf, Diego Cortina Autrey, ...
7
México 70
Puede que suenen discordantes las palabras que vienen después y que escribí escasas horas antes de la entrega de los Oscars de las películas nominadas estrenadas en USA (aunque no en cines, contradicción otrora y hoy nuevos tiempos. No diga cine sino Netflix) en 2018. Por lo tanto digo antes de nada que Roma del mexicano Cuarón es una buena película.

No modifico mi crítica si no le han dado los mayores y mayoritarios premios

Roma es el Fellini revisitado y dramatizado con la d de drama y la m de México. Recuerdos del Alfonso Cuarón niño y que el hoy reputado y ya ganador de Óscar fotografía en blanco y negro convirtiéndose así en la película que todo realizador consolidado rueda al menos una vez en la vida. Así las cosas, el color del blanco, el negro y los grises del pasado le aporta a la historia el tono nostálgico y evocador buscado. Porque un drama en B/N es más drama (Schindler) y es más efectivo. Y en este caso casa con la historia de Roma.

La historia de Roma empieza en un patio interior de un edificio en el que una familia de clase media alta acoge a una empleada del hogar de origen más que humilde que habla mixteco en el México que acoge el Mundial de fútbol de 1970 en medio de un convulso clima de revueltas sociales. La empleada-chacha-chica para todo se embaraza. Y el marido de la familia es un picos-pardos. End of the Story.

No.

En Roma lo que se cuenta, que son dos o tres cosas, no importa. Por lo menos a mí me resulta hasta visto. Lo nunca visto no aparece por aquí. Ni siquiera los planos secuencia, principal atractivo visual y técnico. Puede que hasta haya un poquito de pedantería. Soy Cuarón, tengo un Óscar y mira lo que puedo hacer. A guapo no me gana nadie.

¿Me voy quedando más solo ya?

Claro que la escena del parto; no voy a negar que sea algo escalofriante. Y el novio y todos los momentos en que ese chico aparece. Sería absurdo ignorar o hacer el vacío a esos planos desgarradores y desnudos. Como lo que cuenta es el cómo, y ese cómo es esteticista a más no poder, el grado de irritación cuando te das cuenta de la jugada eleva el mercurio del aguante.

Acabo ya. Tan abruptamente como Roma. El mismo mutis por el foro, porque es precisamente eso, un buen plano final y teatral. Roma podría ser una buena obra de teatro.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
If Beale Street Could Talk
If Beale Street Could Talk (2018)
  • 6,4
    1.975
  • Estados Unidos Barry Jenkins
  • KiKi Layne, Stephan James, Regina King, Diego Luna, ...
7
This is Style
Preciosa estilísticamente, cinematográficamente, Barry Jenkins ahonda con El Blues de Beale Street en el método que le dio el Óscar a la mejor película por Moonlight un par de años ha, y consigue a las claras lo que pretende desde que visualiza en sus guiones la correspondiente película. Un storybook digamos espiritual que no necesita de un croquis mental de distribución de personajes en una libreta (al estilo de Álex de la Iglesia o Alfred Htichcock, para que se me entienda) y que da por ese motivo a luz una película más personal y espontánea si cabe y que, al igual que Moonlight (aunque ganara el Óscar) no busca, más que otras que sí, un reconocimiento generalizado. Y tampoco lo tuvo hace dos años.

Hay una frase en la película en boca de su protagonista, un aficionado a la escultura que, más que escultor, quiere ser artista a su manera, que viene a decir:

“No me gusta la palabra artesano, nunca me ha gustado y no sé qué demonios significa. Soy alguien que trabaja desde sus entrañas con sus manos”.

Si hay directores que intercalan en sus películas trocitos de su manera de entender el mundo, de explicar su obra y su pensamiento, su forma de justificarse, dicha sea esta última afirmación muy gruesamente, casi como si defendiera su trabajo ante un tribunal universitario (no deja de tener ese aroma su cine, de primeriza oposición, de tesis doctoral que no se ha despojado todavía de ciertos posos de experimentación) o, más pertinente y procedente incluso aquí, como si expusiera sus argumentos ante un jurado popular; si ha habido y habrá este tipo de hacedores de mise en scène, Barry Jenkins hereda de no tantos directores en el pasado esta iniciativa para insertar ideología acerca de lo que quiere decir lo estético y lo eficaz en el séptimo... arte.

Se vale para ello de la materia prima de un grande (Baldwin), que le sirve para una nueva denuncia de una historia que en cambio sucedió ayer (¿los años de la novela son o no los mismos de la película, ecuación espacio-tiempo?). Banda sonora hermosísima de Nicholas Britell (merecidísima nominación al Óscar y a horas de otorgarse las estatuillas, ojalá la ganadora; da igual si no, es una música estupenda), sus notas basculan entre el lirismo, esa denuncia soterrada y esa manera de filmar los sentimientos que, a Dios gracias, se empeña en mantener Mr. Jenkins.
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The Toxic Avenger
The Toxic Avenger (1984)
  • 5,5
    5.401
  • Estados Unidos Michael Herz, Lloyd Kaufman
  • Andree Maranda, Mitchell Cohen, Jennifer Baptist, Cindy Manion, ...
4
Hors catégorie
Hay varios, habría muchos, bastantes posibles títulos para la crítica de esta película, El vengador tóxico, de este maravilloso despropósito, de este delirante disparate, un dislate sin pies ni cabeza ni forma al servicio de aquellos entrañables efectos Troma que inundaron de horror y risas un tipo de películas ya cutres en la década de los ochenta.

Hablar de sensatez cinematográfica (subproducto de video le llamaría Pumares) en El vengador tóxico sería como pretender que todo el cine consiste en un “abc” (claro que existe la letra Z). A veces con cuatro duros surge Cassavetes y a veces con cuatro duros nace un superhéroe. Todo tiene su lugar y sus motivos y el de Lloyd Kaufman, el alma mater de la productora de Troma junto a Michael Herz, ambos co-directores de la película, era el de hacer eso y de esa manera. Que jóvenes universitarios, dotados de una lata de cerveza y en una mano y el mando a distancia del video en la otra pudieran rebobinar las que consideraran memorables escenas de estas películas, y pasaran una vez al mes espachurrados en un sofá las más entretenidas veladas de sábado noche lejos de una discoteca.

Por eso hay que (ad)mirar de vez en cuando (¿películas?, ¿historias?… o) desmadres como éste, que inspiraran a tantos aprendices de cineastas en sus años mozos (me imagino a Amenábar, vg) y que acompañaron en la vigilia como cinéfilos a tantos y tantos imberbes aficionados a lo cutre-pulp que se iniciaron viendo cine con el VHS de las cintas de video.

Y Deadpool no existiría.
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La esposa
La esposa (2017)
  • 6,4
    2.643
  • Reino Unido Björn Runge
  • Glenn Close, Jonathan Pryce, Christian Slater, Max Irons, ...
6
¿Glenn es nombre de mujer?
The wife es la verdadera estrella de la película. Habrá que obviar el subrayado título en español (La buena esposa, ay).

The wife es Glenn Close, la esposa, la mujer detrás o al lado del gran hombre. Peligro de spoiler constante si continúas.

Así que seremos parcos y directos.

Si The wife la hubiera dirigido Ingmar Bergman… quizá ya lo hizo, y por eso lo digo, en Secretos de un matrimonio.

El director es sueco también y se llama Björn Runge, pero no es lo mismo.

Glenn Close es la esposa, the wife y la estrella. ¿Y si le dieran un premio a Glenn Close? Por la película, digo.

Quizá no tardemos mucho en comprobarlo. Ojo, que Pryce también está de price.

El talento de Runge, el director sueco de la película, se nota. Para darnos cuenta de que hay momentos folclóricos (reyes de Suecia, cómo presenta al personaje, buen personaje, de Christian Slater, niñeras, y otras esposas…). Va, que en su haber (o en el del guionista, casi) le adjudicamos en personaje catalizador de Elizabeth McGovern (breve pero intensa y reveladora aparición).

Bueno, venga, que Pryce también es estrella. Consorte.
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2 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Misión: Imposible - Repercusión
Misión: Imposible - Repercusión (2018)
  • 6,7
    13.394
  • Estados Unidos Christopher McQuarrie
  • Tom Cruise, Rebecca Ferguson, Henry Cavill, Simon Pegg, ...
6
A quién le importa
El meollo de la crítica está más abajo, en la zona spoiler.

Mientras tanto, para rellenar, podríamos copiar y pegar veinte veces que Tom Cruise es muy guapo, Tom Cruise es muy guapo, ad aeternum, para que esta primera parte de la crítica sin spoilers no quede vacía (casi casi como la primera parte de la película). Por ello diremos:

1- Que Mission Impossible: Fallout, versión 2018, carece de sentido hasta el momento en el que Tom Cruise (misión imposible me resulta decir Ethan Hunt, es él, ¡Tom!) dice algo que escribo en la zona spoiler. A veces la zona spoiler me parece una discoteca en la que hay barra libre para dar rienda suelta y con desenfreno a lo que de verdad pensamos de una película, o todo aquello que siempre queremos decir antes y que FA no nos deja decir. Y me gusta.

2- Que Mission Impossible es farragosa, farragosa, que no se sabe quién es quién ni con el juego de MB.

Dicho lo cual…

3- Qué guapo es Tom Cruise.
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Sicario: Día del soldado
Sicario: Día del soldado (2018)
  • 6,4
    7.587
  • Estados Unidos Stefano Sollima
  • Benicio del Toro, Josh Brolin, Matthew Modine, Catherine Keener, ...
6
Sicario no es fútbol
Válgame e el símil futbolístico, a Sicario: El día del soldado le ocurre como a esos equipos que se dedican a marcar al contrario (un Barça, un Madrid, un River, un boca, un Manchester City) a toda cancha, con una presión constante, sin dejar aliento al rival ni tiempo para que piense, pero que llegada la segunda parte, por falta de fuerzas, ese equipo que en la primera mitad parecía una fuente inagotable de energía y de lucidez, se convierte en un conjunto al que le flaquean las piernas porque no se puede mantener ese ritmo, en definitiva; seguir con esa fortaleza (incluso marcando a su mejor jugador al hombre) no es humano y todo queda en manos o de la fortuna o de las manoplas salvadoras del cancerbero que guarda la portería bajo sus palos.

Eso le pasa a la secuela de Sicario de 2015. En 2018 deslumbra en su primera parte con una acción que supera a la primera de la saga (parece que va a ser trilogía), hasta el punto de que esa primera hora es superior a la dirigida por Dennis Villeneuve. Bravo por Stefano Sollima, acreedor de dirigir este segundo Sicario por prestigiosas series producidas en su tierra natal como Gomorra o Roma criminal. Pero la segunda parte de Sicario: El día del soldado se desinfla un poquito, un poco mucho. Aunque al final, y volvemos al ejemplo del balompié, logre empatar o salvar el partido. Eso sí, Josh Brolin está espléndido a lo largo de todo el encuentro y Benicio del Toro no le anda a la zaga. Digamos que Brolin actúa de manera eficiente de cerebro organizador y Del Toro se muestra como un más que convincente delantero centro. Así pues, el partido resulta más que entretenido en conjunto, aunque hubiera sido preferible que el entrenador italiano, que en absoluto practica el catenaccio, hubiera administrado mejor los esfuerzos y para que el equipo del sicario hubiese tenido un poco más de punch final. Que alguno de sus chicos por poco se mata en el intento.
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2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Avengers: Infinity War
Avengers: Infinity War (2018)
  • 7,6
    34.357
  • Estados Unidos Anthony Russo, Joe Russo
  • Robert Downey Jr., Chris Hemsworth, Benedict Cumberbatch, Chris Evans, ...
6
No se vayan todavía...
¿Puede un final grandioso no sólo salvar y subir la nota a una película sino hacerla todavía parecer mejor de lo que es? Eso es lo que ocurre con Avengers Infinity War, que pasa de ser una película ramplona, hasta el punto de ser la peor (hasta ese final) de toda la serie Avengers, a una película que te atrae como un imán de superhéroe por culpa de un infalible, estudiado y seguro as en la manga que se tenía guardado el productor para rematar la historia, un final pensado para epatar y sorprender y que te deja, obviamente, con un buen sabor de boca y la sensación de que has visto una mejor película de lo que realmente es. Porque eso es lo que me parece a mí esa película, si salvamos la traca final: la peor película de todos los Avengers (un aspecto que la relaciona con tantas otras películas: Rocky la del 75, la tercera de El Señor de los anillos).

Evidentemente que te quedas con la sensación de haber visto un final extraordinario y por ende se borra o desvanece o desintegra el resto. Pero ese truco no vale. O sólo vale para el final, de hecho. Tras quedarte embobado con esa parte postrera y quedarte con todas las ganas del mundo de una continuación (hábil la treta, humana la adrenalina), decir que lo que acabas de ver es plano parecería sacrilegio. Y no lo es, tal sacrilegio. En definitiva, que cuentas con todas en tu contra para que te señalen.

Y sí, los efectos son sublimes.
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3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
The Old Man and the Gun
The Old Man and the Gun (2018)
  • 6,3
    2.309
  • Estados Unidos David Lowery
  • Robert Redford, Sissy Spacek, Casey Affleck, Danny Glover, ...
7
A la vejez... ¡viruelas!
Tal vez Robert Redford haya finalizado su carrera como actor efectuando la película más autobiográfica de su carrera.

Aunque sea simbólicamente.

Hechos:

Robert Redford es, en The old man and the gun, Forrest Tucker, un ladrón de bancos que casi llega a los ochenta años (aunque en la película digan setenta y cuatro. Todos sabemos tu edad, Robert). Es decir, Robert roba. Y engaña, oculta, esconde, hasta se disfraza. ¿Acaso no es lo que ha venido el bueno de Redford, no sólo aquí, sino desde sus inicios: actuar, ser otra persona, disfrazarse de mil y un personajes variopintos pero rubios? Visto desde otro prisma: ¿acaso el bueno y el guapo de Robert (nunca fue malo, ni asaltando bancos, y que se muera el feo) no nos ha conquistado, robado y usurpado corazones en cada plano de sus historias (Robert no protagonizaba películas, protagonizaba historias)? Que diga si no Sissy Spacek, su última víctima. O, mira, Meryl.

Autobiográfica ya no simbólicamente: si Robert roba, pues ahí están El golpe, Sneakers, Un diamante al rojo vivo (si se me permite la licencia y no miro a nadie, El candidato), ¿Una proposiciòn indecente?. Y también huye, hacia adelante y de las prisiones, porque el hobby de Forrest después del robo es volver a robar tras fugarse de las cárceles. Aquí ya la película, de la cual evidentemente es el productor, entra en un guiño-coña-bucle absoluto: Brubaker, La jauría humana, La última fortaleza, Spy Game, El valle del fugitivo, Sundance Kid… ¡Corre, Forrest, corre!

Y Robert además sabe dibujar caballos. Sonríe con sorna y/o educadamente, aunque no susurre.

Ah, pero ahí estriba la diferencia. Al contrario de cómo robaba y huía en todas aquellas películas de antaño, hogaño The old man Smiles. A quien roba a un ladrón le entra la sonrisa en la boca. Y si encima es tu última interpretación, pues ya suena a sonrisa-suspiro.

Quizá por eso sea todo la gran coña, la gran película aglutinadora.

(Paréntesis número 1: ¿Soy el único (y si es así ya lo digo: soy el único) que piensa que el papel que hace Casey Affleck fue subastado también para Mark Ruffalo? ¿Alguien dice me too?).

(Paréntesis número 2: dos peros cinematográficos: el final quizá se alargue y que no salga más Sissy Spacek).

Acaso pues sea tu edad de lo único de lo que podamos estar seguros, pero en definitiva… ¿nos han estado engañando o no todo este tiempo y nos has estado contando, Robert, una sarta de pamplinas tipo "si hago películas para financiar Sundance"? Robert, queremos la verdad. Porque para rematarlo, lo que cuentan en la película es una historia real.

Habla ahora o sonríe para siempre. A mí al menos cuando entras en el último banco la sonrisa me la dibujas.
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22 de 26 usuarios han encontrado esta crítica útil
Portrait of Jason
Portrait of Jason (1967)
  • 6,9
    37
  • Estados Unidos Shirley Clarke
  • Documentary, Jason Holliday
7
Imprescindibles
Portrait of Jason es el retrato de Jason Holiday, un homosexual afroa-americano amigo de jazzmen y jazzwomen; Mae West lives, Scarlett O'Hara en negro, anti-Mammy. Todo es Jason. Blanco y negro, grano, años 60, desconocidos los directores. De hombres y de mujeres. Y viceversa. Shirley Clarke, la desconocida directora, retrata a Jason, que se ríe (no he visto a nadie descojonarse mejor de todos nosotros) del pasado con ¿es bourbon lo que hay en el vaso? y un señor canuto.Repito, un homosexual afro-americano que lo tuvo que vivir en los años del B/N más clásico.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Qolga (C)
Qolga (C) (1967)
  • Unión Soviética (URSS) Mikheil Kobakhidze
  • Gia Avalishvili, Jana Petraitite, Ramaz Giorgobiani, Baadur Tsuladze
8
Un paraguas para dos
Qué cosa más bonita puede ser un paraguas. Qué cosa más bonita puede ser el blanco y el negro. Qué cosa más bonita pueden ser dieciocho minutos. Qué cosa más bonita es que un paraguas origine una historia. Qué cosa más bonita es bailar con un paraguas. Qué cosa más bonita es ver pasar un tren como si fueras Buster Keaton mientras tocas la flauta de Tchaikovsky mientras te sobrevuela un paraguas mágico mientras te escucha una chica bonita. Qué bonito puede ser que alguien te regale un paraguas. Qué bonito es que te dejen sin palabras. Qué bonito es que te regalen una sonrisa. Y una flor.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Proyecto Florida
Proyecto Florida (2017)
  • 7,1
    11.273
  • Estados Unidos Sean Baker
  • Brooklynn Prince, Willem Dafoe, Bria Vinaite, Caleb Landry Jones, ...
8
Somewhere, ¿over the rainbow?
No es una película agradable The Florida Project. Lo cual no quiere decir que sea una película desagradable. Es necesaria, es potente. El cine independiente es el dado a mostrar las crueles (des)virtudes de la América outsider, de la América alternativa, de la América que sólo aparecerá en los Oscars con películas cómo ésta. Para entender The Florida Project hay que entender el boato, hay que entender la primera plana de la tontería mediática, hay que entender por qué un actor semi-olvidado (y totalmente desaprovechado ya) como Willem Dafoe es la máxima estrella de esta película, la única estrella. El único actor reconocible. Los demás, todo lo que tendrían en cualquier película de Hollywood sería una frase o dos. Pero aparte, dejamos para darles de comer a los seis años.

Niños recién sacados de la calle, que habrán pasado un casting evidentemente pero que bien podrían ser unos aprendices de qinqui a la edad prematura en la América invisible de hoy. Unos niños filmados en ese plan documental de la clandestinidad, pero en un permanente estado de prodigio. No parece que haya dirección ni puesta en escena sino que el director, Sean Baker, parece que haya puesto la cámara para que nos dejemos llevar por la visión del mundo desde los ojos de un niño, ese tópico tan cinematografico, pero que en esta ocasión ofrece un resultado más que stimulante. Niños que construyen su propia realidad, porque el presente no lo captan del todo, más allá de que es un lugar hecho para dar rienda suelta a sus travesuras (las que, por otra parte y en mayor o menor medida, todos hemos perpretado en alguna opcasión de nuestra más tierna infancia). Y ese futuro que es algo que para ellos es ciencia ficción y que ni les preocupa, es para los ojos del espectador, los ojos corruptos propios de otras edades, francamente preocupante. Hay, pues, otras estrellas en la cinta, esos niños que, como verdaderas estrellas cubren un cielo de un verano gélido de sentimiento, a excepción de una excelente escena en la que se asoma un arco iris “uninvited”.

Con qué nos quedamos además de The Florida Project. Pues con un final como pocos (spoiler), con un Willem Dafoe minimalista, convincente y premiable, con una realidad poco agradable pero que está ahí a la vuelta de la esquina o, mejor, a la vuelta de una fantasía, de la magia de un Disneyland acartonado y poco veraz, de un mundo tan cercano para la vida de sus protagonistas (ellos viven en Orlando, tierra del Disney mágico) como lejano y futil.
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4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
The Disaster Artist: Obra maestra
The Disaster Artist: Obra maestra (2017)
  • 6,9
    16.028
  • Estados Unidos James Franco
  • James Franco, Dave Franco, Seth Rogen, Alison Brie, ...
6
¿Cómo se hizo? ¡Cómo se pudo hacer!
The disaster artist es Tommy Wiseau, un aspirante (y tanto) a actor que decide poner en marcha lo que muchos anhelan pero pocos consiguen: dirigir una película. En Los Ángeles, en la cuna del cine moderno. Lo que pasa es que Tommy Wiseau es un director (¡persona!) de aspecto extraño, peculiar, friki, extravagante. Enigmático, y por ende atrayente. ¿También borderline? Lo dicho, alguien a quien si te presentan te quedas mirado durante unos segnudos antes de reaccionar y soltar palabra.

Sin tener experiencia alguna, sin poseer el más minímo conocimeutno tyécino ni de la industria, en resumidas cuentas, la película se realizó. Tommy Wiseau la tituló The room y se pudo estrenar Y fracasó. Ahora bien, hoy en día The room pasa por ser una de las películas de culto por autonomasia de los útlimos tiempos en USA, y su director, jaleado por los amantes más combativos del cutre-film. Que ríete de Jess Franco.

Aquí quien se ríe es James Franco.

James Franco, el actor que ha intentado por todos los medios salirse de la imagen de niño guapo con la que Hollywood le ha querido etiquetar desde el primer momento, dirige la que no es precisamente ya su primera película como realizador. Y en su empeño por demostrar que es más que una cara bonita, James Franco ha jugado ahora con la historia de este otro director norteamericanmo, ya decimos, de culto, que es Tommy Wiseau. Una especia de antítesis de Franco, por cierto. Cuando menos, físicamente. Y en ese empeño Franco ha protagonizado también la cinta, en una caracterización de Wiseau a mitad de camino entre paródica y homenajeadora. No podría haber elegido el bueno de Jimmy, si su intención era romper con aquella imagen, mejor camino para ello.

Y James Franco se ríe: de Hollywood, de la manera de hacer cine imperante, del proceso con el que un actor o director se encuentra si quiere hacer cine al margen de los cauces oficiales. Un ejemplo: JJ Abrams bien podría ser el productor que en The disaster artist casi ridiculiza James Franco en determinada escena de la misma, un productor que habla para mal de la nueva entrega de Strar Wars (insoportable, viene a decir). Un JJ Abrams que sí es elegido por Franco, junto a otros nombres reconocidos del cine de hoy, para introducir a modo testimonio la leyenda y las consecuencias de una película del cariz que ha adquirido con los años The room.

Y hablar de The disaster artist es más fácil que si tuviera que hacer crítica de The room. Porque The room, considerada como una de las peores películas de la historia del cine, es imposible de argumentar. O sea, que por fortuna hablamos de The disaster artist, aunque hablar de ella, en el fondo y por mucho que nos neguemos, es hablar impepinablemente de The room.

Cine dentro del cine, James Franco ha dirigido The disaster artist, menos delirante que The room, para tratar de explicar cómo diantres puede llevarse a cabo una película (The room) mala de solemnnidad y cómo esa misma despierta carcajadas (involuntarias) y pasiones en pases nocturnos (¿involuntarias?) desde su estreno en 2003.

En ese sentido resulta de lo más curioso y relevante el visionado de The disaster artist, la cual, dicho sea de paso, entretiene. Y lo dicho, informa. Un making off hecho largometraje que homenajea a los artistas que se quedan al margen del camino desde la primera desviación, porque un desvío es el que toma quien dirige como lo hace Tommy Wiseau. ¿Ed Wood de los 2000? No hablamos de marcianadas ni de travestismos, pero gracias a James Franco podemos tener más claro por qué Tommy Wiseau se ha labrado el hueco que con letras gruesas ha inscrito en la historia bizarra del cine. Ahora bien, el truco puede residir en el misterio nunca resuelto del origen de los seis millones de dólares con los que Wiseau pudo acabar tamaña empresa.
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6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil