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10
Insuperable
Una de las críticas que con más frecuencia se hacen -o al menos yo escucho- al cine mudo en general es la simpleza de los personajes. Hay muchas obras maestras de esa etapa del séptimo arte que la rebaten plenamente, y "El viento" lo hace con técnicas de guión que incluso hoy día se imitan, aunque con mucha torpeza en la mayoría de los casos. En el planteamiento de la película los personajes pueden parecer de una pieza, pero conforme se va desarrollando la trama se van evidenciando sus contradicciones, sus virtudes y sus miserias con tanta maestría que llega a parecerse al proceso mismo de ir conociendo poco a poco a una persona en la vida real. Y lo que es más difícil, uno de esos personajes que van mostrando más y más capas de complejidad según avanza la cinta es el propio viento.

Me cuesta creer que a alguien le pueda parecer visualmente torpe una película como esta, donde sobra imaginación y la ejecución es apabullantemente eficaz. Supongo que algunos ven títulos de esta época como quien va a ver el último estreno, cuando hay que hacerse a la idea de que el cine mudo tiene otros códigos y se rodaba con otros materiales. No acordarse de eso es como leerse un cantar de gesta medieval con la misma actitud que se emplearía en una novela de Saramago. Como en "Amanecer", "El último" o "Y el mundo marcha" hay un afán por jugar con las imágenes que ha influenciado a muchísimos directores desde entonces. Y quienes dirigen sin conocer esta primera edad de oro del cine -que los hay- se creerán que inventan algo con imágenes ignorando que otro hizo eso mismo 80 años antes, y seguramente mucho mejor que ellos. Supongo que por eso, entre otras cosas, Clint Eastwood me parece uno de los grandes y Baz Luhrmann me carga tanto.
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56 de 61 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
LO QUE
Soberbia creación de Sjöstrom en su período americano, "El Viento" es un perfecto ejemplo de cómo el cine puede sugerir y generar atmósferas partiendo de la sola imagen. Ya desde el comienzo, con las secuencias del tren, se puede apreciar que el verdadero protagonista del filme es el viento, que se nos presenta cargado de significados, símbolos y amenazas. De hecho, una de la constantes de la película es el enclaustramiento al que este fénomeno natural -aquí transmutado en fuerza dramática- somete a los personajes, obligados a resistir ante su furia, que les acosa constantemente. El viento viene a ser, por tanto, como el destino, una fuerza superior y sobrenatural a la que nadie escapa, y muy particularmente la protagonista, una torturada Lillian Gish.

Como bien han sugerido otros usuarios, el viento interactúa con Letty, subrayando sus temores e inseguridades, rasgos por otra parte lógicos en su personaje, que al fin y al cabo es el de una forastera llegada a una inhóspita región del Oeste (Texas) en la que no acaba de encajar. En efecto, el hogar que esperaba encontrar le resultará hostil (por los celos que suscita en la esposa de su primo), y cuando trate de formar uno propio, lo hará sobre una base estéril (un matrimonio sin amor), aumentando así su zozobra personal.

La realización es muy brillante, como ponen de manifiesto multitud de secuencias, desde la llegada nocturna a la desolada estación, pasando por la tormenta de arena en la que se desata el drama, e incluyendo el último y hermoso plano de cierre. Sin embargo, yo destacaría, por la sutileza y claridad con las que se plasman los sentimientos de los personajes, la secuencia de Letty con Lige, en el interior de la humilde cabaña de éste, cuando acaban de contraer matrimonio; la facilidad con la que la secuencia transita desde un ligero tono cómico al más desolador drama (ilustrando así la amarga decepción de Lige, sinceramente enamorado) es maravillosa.

Si al conjunto añadimos una adecuada música y unas interpretaciones excelentes, con una Lillian Gish portentosa, sólo cabe reconocer la maestría del filme, cuyas únicas debilidades expongo seguidamente en spoiler.
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24 de 24 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Viento y arena
Película muda dirigida por el realizador sueco Victor Sjöström (1879-1960). El guión, de Frances Marion, se basa libremente en la novela “The Wind” (1925), de Dorothy Scarborough. Se rueda en California (Bakersfield, Mojave Dessert …). Producido por Victor Sjöström para MGM, se estrena el 23-XI-1928 (EEUU).

La acción dramática, que en la novela tiene lugar en 1880, la película la traslada a la época actual (1927-1928). En la novela y en la película los hechos suceden en el rancho imaginario Sweet Water de Texas y alrededores. Letty Mason (Gisch) es una muchacha de Virginia que al quedar sola en la vida se traslada a vivir en el rancho de su primo Beverly (Earle), casado con Cora (Cumming) y padre de 3 hijos. Lige Hightower (Hanson) reside en el rancho vecino al de Beverly y se dedica a la captura de caballos salvajes. En el tren que la lleva a Texas Letty conoce a Wirt Roddy (Love). Letty es joven, atractiva, ingenua, delicada y luchadora. Lige es fuerte y rudo. Wirt es violento y mujeriego.

El film pertenece al grupo de obras (literarias, plásticas, cinematográficas, etc.) que se inspiran en concepciones que consideran la naturaleza como fuente de fuerzas hostiles, opresivas y destructivas. En los años 20 proliferaron concepciones de este tipo, que hallaron en el movimiento modernista un espacio de acogida, apoyo y afirmación. La película que comentamos constituye un ejemplo elocuente de una visión inhóspita y trágica de la naturaleza, de su influencia sobre la psicología, el carácter y la conducta de las personas y de los extremos a los que pueden llegar sus fuerzas devastadoras y ciegas. Por otro lado, la obra constituye también un exponente de las concepciones que postulan la belleza de los aspectos más duros y perturbadores de la realidad que rodea al ser humano. El film se esmera en jugar con delicadeza y sumo cuidado con la ambigüedad de un viento enfurecido, capaz de crear adicción y de aportar, a la vez, cosas buenas y malas, problemas y soluciones, penas y alegrías.

El viento, incesante y agobiante, que envuelve la acción se comporta como un elemento que el realizador emplea para crear atmósferas y para reflejar estados de ánimo. En el film el viento cumple varias funciones a la vez y todas las cumple de un modo que en mi opinión es impecable y soberbio.

En línea con otras obras de la época (últimas manifestaciones del cine mudo), el film aporta un conjunto de sugestiones sonoras que sorprenden al espectador. Sustituye en ocasiones la ausencia de sonido mediante la visión gráfica de sus efectos sobre las personas y su entorno. Por otro lado, el realizador, para resaltar los aspectos inquietantes y perturbadores, hace uso de toques de dulzura, candidez, ternura, etc. También recurre al humor, un humor sencillo y obvio, socarrón e irónico, fresco y directo. Al respecto el realizador se muestra ocurrente y eficaz.
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19 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
El viento como magistral antagonista
En un clásico tan magistral como éste es difícil diferenciar cuál es el aspecto o aspectos que verdaderamente destaquen por su acercamiento al concepto de perfección cinematográfica así como a su increíble originalidad e innovador aporte al séptimo arte.
Igualmente me permitiré destacar dos valores clave: el uso del espacio y la dirección de actores.
Por ello, los fuertes vientos que sufren los personajes influyen sobre ellos de manera inevitable en función de su experiencia o falta de experiencia ante dichas condiciones.
Así comprobamos cómo el personaje que refleja una mayor inquietud es el interpretado por Lillian Gish, Letty, con papel protagonista. Pero el viento no sólo es el fruto de su inquietud, es además la proyección de su estado psicológico respecto a sus circunstancias personales, a su conflicto interno e interpersonal. Magistralmente, el viento ejerce como elemento espacial antagonista para la protagonista; pero que, a su vez, se verá enriquecido a nivel literario por un arco de transformación que acompañará a Letty en el desarrollo de su adaptación al medio y superación de sus conflictos.
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20 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
La tormenta de aire y de pasiones.
181/08(15/05/09) Maravilloso melodrama mudo, realizada por el sueco Victor Sjostrom, con escenas espectaculares, en el que el omnipresente viento es el hilo conductor en esta historia de tormentas de sentimientos. El argumento es simple, un mujer llega a una región donde el viento reina día tras día y en el que la dureza de la vida cala, en un momento dado ella tiene que escoger marido a la fuerza para no quedarse en la calle y lo escoge sin amor, pero el tiempo le hará ir enamorándose de él, lo dicho simple, lo que eleva a este film es su forma de rodarla, pues posee escenas portentosas donde el viento marca la pauta para lo bueno y para lo malo, como dicen en un momento dado <el viento es siempre hace justicia>, las escenas de las tormentas resultan prodigiosas, quedándome con su colosal final, los dos amantes abrazados frente al viento, disfrutando del aire en sus caras, insultantemente magnífica, dicen que había un final alternativo, no se como sería pero no puede superar a este. La interpretación de la gran musa del cine mudo Lilian Gish resulta impresionante, sabiendo transmitir sin histrionismos fáciles lo que siente, con un dominio gestual tremendo y por supuesto con una belleza que traspasa la pantalla, para comérsela. Recomendable a los que gusten de cine mudo del bueno. Fuerza y honor!!!
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6 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Épica
Vista ahora puede parecer insulsa, pero si se tiene en cuenta cuándo se rodó, uno entiende por qué muchos consideran "El viento" como un hito de la Historia del Cine. Yo he de reconocer que esperaba más de esta película, quizá estaba demasiado influenciado por los comentarios y críticas que había leído de esta obra. De todos modos, se le tienen que reconocer todos y cada uno de sus indudables méritos. Lillian Gish hace una gran interpretación, en uno de los mejores papeles femeninos que yo recuerdo en películas de cine mudo, por sus numerosos matices y por su evolución durante la trama.

Sjöstrom salva con nota el reto de filmar el viento como un dios que lo domina todo y determina la peripecia vital de los personajes, haciéndolos evolucionar. Sin duda, ésa es la gran aportación de la película. Los personajes son inusualmente ricos, la tensión de cada escena está muy bien conseguida, y Sjöstrom sabe jugar en todo momento con las subjetividades y los puntos de vista. Tanto en el plano corto, como en los grandes espacios, la película funciona. Por lo demás, "El viento" es el relato de una mujer débil que se ve obligada a crecer para sobrevivir en un mundo hostil, tanto por el dominio del varón como por los agentes atmosféricos. El argumento, como tal, recuerda a los novelones de época. El final resulta forzado y quizá ése sea el mayor hándicap de la película.

De todos modos, hay que verla. Fue un film innovador por muchas cosas, y con la irrupción del cine sonoro no se planteó el hacer películas así, la senda abierta por Sjöstrom no se siguió recorriendo hasta bastantes años después.
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5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Glande...
Animado por Monsieur, y espoleado por Motta, que también la encumbró, me lancé a pecho descubierto hacia el huracán. Y no me sobrecogió tanto como la estratosférica He Who Gets Slapped, pero se confirma la sospecha; el fresón salvaje es uno de los cineastas de la fase muda más infravalorados que existieron.

Lillian Siamese Dream, aunque quizá menos arrebatadora de lo que pensaba, refulge sin discusión en mitad de esta historia perturbadora, casi espectral, donde los demonios fálicos y la desubicación en el mundo la ponen a prueba de principio a fin. La encuentro más equilibrada y mejor medida que el tour de force de Chaney, admito, pero esas consideraciones me importan menos que la sonrisa lacerante de un payaso, comprendedme, camaradas.

Más que emocionarme, me asombró, me transportó a este angustioso ciclón de amenazas y penurias. El simbolismo de He Who Gets Slapped aparece aquí nuevamente, con personajes que más que personas parecen fuerzas malignas de la naturaleza. No nos engañemos; Fresón Salvaje no dirigía películas, dirigía fantasmas.

Y por último, y como si mal no recuerdo reivindicó nuestro trekkie madridista favorito, efectivamente la banda sonora tiene una capacidad de sugerencia fascinante, con gran finura y precisión para jugar con mil y un tonos, para pasar de la melodía celestial a la trompeta del infierno.

Glande.
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7 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
UNA OBRA MAESTRA DE VICTOR SJÖSTROM...
... o "Seastrom", que así es como se hacía llamar Victor Sjöstrom durante su etapa americana (1923-1928).

"El viento" narra la historia de una joven de Virginia que se va a vivir a la granja de su primo en Texas durante la época de los tornados. "Tenga cuidado con el viento, suele enloquecer a las personas... en especial a las mujeres". Y, en efecto, el viento es un personaje más si no el principal. Magistral la escenas del caballo desbocado: el propio huracán. "Dicen los indios que el Viento del Norte es un caballo fantasma que vive en las nubes; de ahí que los caballos huyan en estampida". Huracán que no es si no también el "huracán" que vive ella entre el amor de dos hombres, el recelo de la mujer de su primo y las costumbres del lugar...

Porque estamos ante un western, sí; pero se podría decir que también ante una película de terror, pues los 20 minutos finales son sencillamente antológicos. De lo mejor que he visto en muchos años. Te atrapa e incluso te pone nervioso... Ese viento, ese principio de locura de la protagonista... Esa mirada de ella... Parece mentira que esta sea una película de hace 80 años y que no haya perdido ni un ápice de su fuerza (en especial la interpretación de Lilian Gish; que es de chapeau-chapeau). Una maravilla.

Destacar también lo que aparece en casi todas las películas de Victor Sjöstrom: personajes secundarios o escenas visuales que dan un toque de humor a la trama. Muy del estilo que luego haría John Ford. Un toque de humor, que quizá sea para conseguir dar más dinamismo a la historia y no dejarse llevar demasiado por el melodrama. Lo consigue.

Y destaco también los efectos especiales de la escena del tornado durante la fiesta; nada que envidiar a payasadas estilo Twister... Flipante que sea de 1928

Y sí, es una película muda, pero a diferencia de otras obras maestras del cine mudo, esta tiene la peculiaridad de que no parece que sea muda. Y eso es obra de Sjöstrom, al dotar a cada escena del protagonismo y de los detalles necesarios para que hablen por si mismas. Que detalles y escenas memorables los hay en esta película y muchos (el tren adentrandose en el viento, el viento destapando "algo"(no diré qué), la música durante la escena final, la bofetada del crío... etc)

Un atentado al cine es no verla...
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4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
Tremendo.
Cuando uno ve el desborde de talento, la imaginería que fueron capaces de crear algunos de los primeros cineastas, se pregunta si somos nosotros, la época, la que ha matado la creatividad.
Porque la manera en que el personaje invisible y soplador del viento se hace presente en esta película, es para aplaudir con las orejas.
Algún día deberían hacer ver estas películas en las escuelas, antes de que la farfolla audiovisual de este mundo nuestro les embote y les impida advertir cuándo están ante una imagen con valor, evocativa, ambigua, fundacional...
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3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Un film magnifico de un cineasta magnífico.
“El viento” (1928) es la sexta película americana del gran Victor Sjöström, director sueco que tras llegar a Hollywood, convocado por Louis B. Mayer en 1924, desarrolla una corta carrera bajo el nombre de Victor Seastrom. Considerada con toda justicia como una de las cimas del cine mudo, justo es señalar que en esa élite del séptimo arte la mirada de Sjöstrom supo aportar una singularidad al mismo tiempo cercana con los mejores modos expresivos de aquellos años grandiosos para el cine, y al mismo tiempo una mirada personal de lejanos ecos europeos. En cualquier caso, “El viento” es –y el paso de los años lo viene ratificando-, una auténtica obra de arte del cine mudo. Es decir, el de siempre.

La película es una clase magistral, donde se combinan de forma soberbia la técnica fílmica con la narración. El guion fue escrito por Francés Marion -una de las grandes guionistas del siglo veinte-, basada en una novela de Dorothy Scarborough; La historia de Scarborough presentaba las condiciones idóneas para que Sjöström hiciera de ella una pieza memorable que recordara aquellas primeros filmes daneses y suecos, donde los elementos naturales parecen planear oscuramente sobre los grandes amores: rayos, incendios, arenas movedizas, protagonistas de esos primeros dramas mundanos. Sjöström es capaz, a través de un gesto, de una escenografía, de la pobreza, de los ropajes, dotar a sus personajes de una vida interior, de una profunda caracterización sin perturbar el desarrollo de la narración, enriqueciendo infinitamente el contexto subyacente del filme, en el que, además, maneja elementos de carácter surreal y localista, como las leyendas de los Injuns –nombre peyorativo que se le daba a los nativos americanos-, según los indios, el viento del Norte es el fantasma de un caballo que vive en las nubes, una bestia blanca y salvaje que da coces entre las nubes, versión que se expresa a través de una sobreimpresión que alcanza grandes grados de lirismo.

No sería posible dejar de mencionar el curioso hecho de que este filme se pusiera en marcha inicialmente gracias a la iniciativa de la propia Lillian Gish, cuando la fémina artista se encontraba próxima a abandonar los estudios de la Metro Goldwyn Meyer, fue de ella de quien nació el primer esfuerzo para que el proyecto fuera tomando forma, consiguiendo posteriormente la colaboración como director de orquesta del titán cineasta sueco. Y la legendaria actriz, muestra las razones por las que fuese considerada por no pocos años por la otra luminaria del cine, ícono del cine yanqui y mundial, el mítico David Wark Griffith, como su fiel musa. La Gish, curtida, hermosa, plena, nos deja una actuación memorable, uno de los pilares del filme, una entrega a la cámara, a Sjöström, y al cine, conmovedora, una de las actrices referentes del cine mudo nos deja otra de su actuaciones para el recuerdo.

Un film magnifico de un cineasta magnífico, formidable obra de arte de un director formidable. Cine del mejor, cine de los albores, una pieza de arte de cuando el cine era sólo imágenes.
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3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
1 .- El viento: filmar lo invisible
(Primer artículo del Ciclo de Cine Mudo)

No es exagerado catalogar El viento como una de las películas claves de la era del cine mudo, especialmente hoy en día cuando se pone de manifiesto que esta posee un valor añadido: el de proponerse mostrar lo invisible en un momento en que los recursos visuales eran todo lo que el cine tenia para hacerse entender (es cierto que la película posee una fantástica banda sonora cuya presencia contribuye a dar forma al viento, pero por el momento nos centraremos únicamente en la narrativa visual). De la propuesta resultan, al menos, dos interesantes aspectos a los que merece la pena prestar atención: el primero es que, por asumir el reto de mostrar aquello que no se ve, este film representa la culminación de los recursos narrativos visuales que nos trajo el cine mudo. El segundo es el acertado uso de la metáfora y la bien aprovechada oportunidad que ofrece el viento para mostrar un personaje simbólico con el amplio abanico de imágenes sugerentes que este propone.

Centrándonos en el primer punto, la presentación de personajes es impecable. En uno de los mejores planteamientos de protagonista y antagonista que nos haya dado la historia del cine, Lillian Gish (cuya interpretación es igualmente exquisita) es víctima de la fuerza del viento (que en el mejor de los casos propina ráfagas de arena a su ventana en una de las más bellas imágenes del film) cuando se encuentra en el tren de camino a Texas. Con ello queda entendido el objetivo del personaje principal en contrapunto al del antagonista: una mujer se propone encontrar algo de paz mediante el aislamiento social cuando choca con la inesperada compañía de las violentas sacudidas del viento del norte. Entienda cada uno a su manera la metáfora, las imágenes describen a la perfección el conflicto de nuestro personaje. Y no termina aquí la función: el bien escogido actor que interpreta a su acompañante de (aparentemente su salvador) y las acertadas imágenes en las que descubrimos a los dos personajes que llevaran a la mujer hasta la casa de su primo (atención a las competiciones de tiro como método para tomar todo tipo de decisiones) son otro ejemplo de brillante caracterización.

Por lo que respeta al segundo aspecto, el viento puede ser entendido como una personificación del mundo en el que vivimos, del mismo modo que la evolución de la protagonista puede verse como el proceso de adaptación por fases del ser humano en el mismo. Nos encontramos ante lo desconocido y sentimos miedo (Lillian Gish cierra temerosa la ventana del tren), nos resignamos a la realidad al sufrir nuestras primeras decepciones ante la ante la misma (Lillian Gish se casa por obligación al conocer el verdadero carácter del hombre que fingía ser su salvador), luchamos para hacernos respetar (Lillian Gish planta cara a la sociedad, primero a su marido y a su supuesto salvador después) y una vez lo logramos aprendemos a convivir con nuestra vida e incluso a apreciarla como algo bello (Lillian Gish abre la puerta de su casa y permite que el viento le acaricie el cuerpo en la imagen más elegante de toda la película). Una historia de auto-encuentro hermosa tanto por su belleza visual como por su contenido.

Lo más sorprendente de El viento es que los recursos usados por Victor Sjöstrom para dirigirse a un público acostumbrado al lenguaje mudo resultan hoy igual de eficaces e impresionantes que en su momento. Aquí es donde encontramos el valor de lo original y la huella de los recursos inmortales que deslumbran incluso cuando su lenguaje ha caído en el olvido. La explicación de todo ello tal vez sea, como se apuntaba anteriormente, haber abordado con éxito la difícil misión de mostrar lo invisible únicamente mediante imágenes. Probablemente, lo más cercano que nunca estará el cine de filmar las emociones.
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Bella y creativa
Reconocido film mudo, de Victor Sjöström, sobre una tímida joven que se va a vivir a una zona desolada y muy ventosa con familiares, donde luego se ve obligada a casarse.
Este film me recuerda un poco a ‘Atalante’, de J. Vigo, por lograr un film creativo, de cierta belleza y muy personal a partir de una historia muy pequeña. Sorprende que gran protagonista aquí es el viento, que parece conspirar contra los mejores deseos de la joven. Es excelente el perfil de los protagonistas, que con su histrionismo le dan intensidad y fuerza a la historia.
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3 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
Lo que el viento trajo
Victor Sjöström arma con pocos personajes y prácticamente sin palabras (salvo algunas garabateadas en tosco inglés a modo de cartelas con diálogos) una bella fábula oscura y melancólica. Nunca con tan poco se había dicho tanto. Sorprende sobre todo la evolución de los personajes y la capacidad de simpatía u odio que despiertan éstos en los escasos noventa minutos de metraje.
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3 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Intenso drama bajo un viento intenso
El viento como metáfora de los obstáculos que nos depara la vida. Una cándida joven cambia de vida y se traslada a vivir con un primo y su esposa. Un lugar del oeste, árido, con un viento permanente que forja el carácter de los lugareños. Su presencia provoca los celos en la mujer del primo y se ve obligada a casarse con un hombre que no ama, después de seguir a otro, embaucador y lascivo.

Las imágenes que compone el director son toda una lección de economía narrativa e imaginación visual, de gran belleza. Consigue imprimir intensidad en la evolución de los personajes, produce sensación de agobio en los interiores al amparo del viento, un elemento casi orgánico en todo el metraje y sus encuadres poseen enorme vigor emocional en la sencillez de su argumento.

Mediante gestos y miradas que transmiten con nitidez la variedad de emociones que van transformando a los principales personajes, sobretodo Lilliam Gish (que borda su papel sufrido, temeroso y posteriormente resuelto y decidido) la película nos sumerge en una vorágine de pasiones humanas bajo la fuerza de una naturaleza inhóspita cargada de simbolismo.

Verdaderamente ciertos cineastas del cine mudo, como Sjöstrom, poseían la llave de la imaginación a la hora de manejar un cámara y construir historias con sus imágenes. A día de hoy las buenas películas funcionan cuando se es capaz de hacer lo mismo, más allá de los avances tecnológicos.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
La Magia del Cine mudo
The Wind (El Viento, 1928), es seguramente la obra maestra por la que es reconocido el sueco Victor Sjöstrom. La película está rodada durante el periplo del cineasta por los Estados Unidos, después de haber triunfado en Europa. A pesar de ser una de las obras maestras del cine mudo, la película no tuvo un gran éxito de público, y Lilian Gish, la estrella principal del filme, decidió retirarse del cine (temporalmente), y de hecho no volvería hasta varias décadas más tarde a la interpretación. Por cierto, fue la propia Lilian Gish la que después de leer la obra en la que está basada, propuso a la productora, la MGM, que se rodara el proyecto[1], además de también llamar a Sjöstrom, con quien ya había trabajado anteriormente, en The Scarlet Letter (La Mujer marcada, 1926). El rodaje fue ciertamente complicado, especialmente por los adversos efectos atmosféricos (una terrible calor se cernía durante las horas de rodaje) con la que hubieron de enfrentarse tanto el reparto como el personal técnico.

La obra adapta la novela de la escritora contemporánea Dorothy Scarborough, quien fue célebre en su momento por tratar en los temas de sus obras las costumbres cotidianas de Texas, además también desde un punto de vista femenino. En este sentido, hay que señalar que Sjöstrom, a pesar de ser un extranjero (o quizá precisamente por ello) capta muy bien la esencia del sur norteamericano, eso sí, con una visión personal muy intimista y diferente a la de otras películas Western que posteriormente vendrían y con las que El Viento comparte algunas características (aunque ni de lejos podríamos suscribir el filme a dicho género). La película nos presenta a una joven que se traslada a Texas para vivir (el filme arranca con la llegada de la muchacha en tren, en una secuencia preciosa y perfectamente dirigida). Dicha joven, interpretada por Lilian Gish, pronto empieza a darse cuenta de que el territorio que le espera es totalmente hostil. No sólo por la acogida de su familia, sino también por el propio clima, un viento demoledor que hace la vida del pequeño pueblo un infierno. Además, varios pretendientes tratan de ganarse su amor, aunque la joven no parece inclinarse por ninguno de ellos.

El elemento natural resulta un punto imprescindible para la comprensión del filme. Pero esto no es algo nuevo, sino más una constante que se puede rastrear no sólo en el cine Sjöstrom, sino también en el de su compatriota, Mauritz Stiller (otro director escandinavo clave en el cine mudo). Ambos cineastas fueron los primeros en introducir la naturaleza como si se tratara de un personaje más del filme, en obras como Berg-Ejvind och hans hustru (Los Proscritos, 1917). El propio título de la película ya hace referencia al elemento, el viento, que en la película aparece ya desde la primera secuencia, en la que nuestra protagonista llega hacía el pequeño pueblo. Además hemos de poner en contexto la película, que transcurre en las tierras áridas norteamericanas. El Viento, agresivo y voraz no deja de ser una representación del mismo pueblo, que acoge de manera violenta a nuestra protagonista. Por otra parte, esa conquista del hombre blanco de los territorios que antaño habían pertenecido a los indígenas queda reflejada en la propia película, mediante diversos simbolismos. Uno de ellos es el caballo blanco, puro, que simboliza la potencia desatada de esa propia naturaleza indómita, y que la película muestra poéticamente en varias ocasiones. Finalmente pero, nuestros protagonistas consiguen sobreponerse a sus miedos.

Técnicamente la película es una muestra magistral del buen hacer de Sjöstrom. A pesar de que la película es muda, puede presentirse el golpe del viento en las ventanas y el soplido chocando contra la casa, como si el espectador las sintiera de manera directa. Y es que El Viento tiene una atmósfera especial. Sjöstrom lo consigue mediante numerosos recursos, como planos magistrales rodados desde situaciones insólitas, pero sobre todo con la majestuosidad con la que Sjöstrom consigue rodar la propia fuerza del viento y los elementos más ultraterrenales (recordemos de nuevo el caballo cabalgando por las nubes).


Que Lilian Gish es una de las mejores actrices de la historia lo demuestra con El Viento. Gran parte de la película se sustenta en su interpretación. Gish cumple a la perfección con el perfil que exige la película, de joven asustadiza e incapaz de entregar su amor a su marido. Por este motivo, grandes momentos del metraje están basados en primeros planos de la actriz, que es capaz de sintetizar todo el personaje sin apenas hablar una palabra.

Quizá la única pega que se le pueda poner a la película es la facilidad con la que la protagonista acaba enamorándose del hombre al que en un primer momento rechaza. De hecho, la película había de finalizar con un final mucho más trágico, pero por imposiciones de la productora, se acabó escogiendo un final más feliz. A pesar de ello, la película se cierra considerablemente bien, y no da la sensación el cierre de ser un simple pegote.

[1] FLORIN, Bo, Transition and Transformation: Victor Sjöstrom in Hollywood, 1923-1930, Ed. Amsterdam University Press, Amsterdam 2013, p. 79.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
EJEMPLAR
Menos mal que este director hizo muy pocas películas en Hollywood, porque el único defecto en esta película es el final feliz forzado típico de chorrilandia. Seguro que los productores de la Warner se lo impusieron. Los directores se equivocan al ir a trabajar a Estados Unidos. Menos mal que hay algunos que han rechazado ir a ese lugar desastroso para el cine. Tenemos el ejemplo de Angelopoulos y el de Almodovar. Ninguno de los dos ha querido ir a Estados Unidos porque sabían que estropearían su cine.
No recuerdo una mejor interpretación en toda la historia del cine que la de LILIAN GISH en esta sensible película.
Muy imaginativa, llena de ternura y visualmente perfecta. Maravilla de maravillas.
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6 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Grandes momentos
Tengo mucha intriga por saber si existe ese lugar, un lugar donde el viento no para de soplar.

La vi por primera vez el 29 de agosto de 2011 y le dí 8 puntos. Me impresionó mucho cuando la vi. Pero hoy no tanto.

Me repito que Gish está genial. Hace un papelón, que no entiendo porque ni tan siquiera la nominaron a un Oscar.

Esta película, es una historia de una mujer, en un mundo muy machista. De como una pobre mujer, que no tiene a donde ir, se va adaptando a diferentes situaciones que la vida le pone por delante. Quizás lo que no me ha gustado, es como ve la teoría de que con el tiempo acabas queriendo a una persona. Yo creo que si desde el principio no hay amor, ya puede pasar el tiempo que... es otro punto bastante machista.

Es la última película muda de la MGM y de Gish, eso influyó en la taquilla, ya que cuando se estrenó, las películas sonoras ya empezaban a salir.

Hay un momento en la película que se deja entrever una violación. Cuando ella cae inconsciente y la recoge el hombre del tren. Se nota que ha pasado algo pero no queda explícitamente explicado. En la novela sí.

El enfado de Gish y del director por el final....

2 de 4 usuarios han encontraron mi otra crítica útil.
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7
¿Qué hace un sueco dirigiendo un película del oeste?.
Pues no es ninguna adivinanza, pero la realidad es que vemos a Sjostrom (rebautizado por los americanos como Seastrom) dirigiendo con solvencia un film ambientado en el viejo oeste. En donde un joven Lillian Gish acaba de establecerse, para ello ha de luchar en contra de las adversidades, metafóricamente representadas con el violento e incesante viento reinante en la zona.
De este modo el director sueco, a la cabeza, en su país natal, en varios títulos claves en la historia del cine como: "La carreta fantasma", parece afianzarse definitivamente en la meca del cine.
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3 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
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¿Alguna vez has tenido miedo del viento?
Victor Sjöström (no intentes pronunciarlo) es sin duda uno de los directores que configuraron la narración cinematográfica, y El Viento es su mejor ejemplo. Es la primera película que tome una situación climática como situación crítica. Será imitado por John Ford en El Huracán, o en la actualidad por Twister, o cientos de películas cuya única actualización frente a ésta, son los efectos especiales. Sjöström será la base de posteriores directores; los suecos le tomarán como modelo (Ingmar Bergman...). En el desierto de suecia, se utilizaron hélices de aviones para crear el intenso viento, que sumado con el tremendo calor, supuso un duro rodaje. Se cuenta que Lillian Gish se quemó una mano al apoyarla sobre un pomo, del calor que producía el viento. La bella musa del cine mudo está sóla ante el acecho de los hombres (un "unlucky ugly clown" y un "lucky good looking boy" y al acecho del viento, que se le compara con la fuerza de un caballo indomesticable. Los viejos valores suponen hoy guiños pseudohumorísticos y las técnicas de cámara son muy pobres. A veces los personajes no están bien centrados, los problemas de iluminación juegan una mala pasada al largometraje y fallan algunos hilos narrativos (tras 40 minutos en una cabaña, descubrimos que hay un perro, que aparece de la nada). Sin embargo no pongo en duda el valor histórico-documental de El Viento. Inteligentes tomas a los piés, primeros planos y mucha subjetividad inteligente. La tensión del final de la película es grandiosa, gracias a los caretos de Lillian Gish, aunque con un final encajado y pegado a la fuerza (el final original era muy dramático. Al público gustó más este, y es el que se distribuyó).
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