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Fétiche (1933)

Fétiche
Trailer
7,5
488
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Sinopsis
Historia sobre juguetes que cobran vida propia, paralelamente al deseo de un niño por obtener una naranja. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
Año / País:
/ Francia Francia
Título original:
Fétiche
Duración
26 min.
Guion
Wladyslaw Starewicz
Música
Edouard Flament
Fotografía
Animation, Wladyslaw Starewicz (B&W)
Productora
Gelma-Films
Género
Animación Fantástico Muñecos Stop Motion Mediometraje
9
Joya del cine de animación
Si Georges Méliès fue un pionero, el iniciador del género fantástico con personajes reales en la historia del cine, Starewicz sería su más cercano homólogo en el apartado de cine de animación.

Wladislaw Starewicz (1882-1965), realizador de esta deliciosa película, está considerado el primer maestro en el dominio del género llamado stop-motion, sinónimo de cine de animación con figuras tridimensionales accionadas fotograma a fotograma. Tanto en Rusia, su país natal, como en Francia -donde se radicó en 1920- realizaría la mayor parte de su obra, extendiendo desde allí su merecida fama de gran artista al resto del mundo.

Apasionado de la entomología, sus primeros trabajos los realizó con auténticos insectos disecados -presumiblemente articulados con algún tipo de goma- y en ellos aunaba, por un lado, su inicial interés por el estudio de los insectos con las hasta entonces inexistentes técnicas de animación en base a ejemplares naturales articulados.

A partir de 1915, Starewicz fue abandonando sus experimentaciones con insectos reales, dedicándose a la construcción de muñecos de gran expresividad. Fruto de esta nueva orientación técnica “La mascota” (Fétiche, 1934) figura como uno de los últimos trabajos del artista soviético (hoy en día sería lituano). Posiblemente también como su película más importante o, al menos, mejor estructurada, emocionante y compleja al mismo tiempo. El principal protagonista es un perrito simpático y entrañable, tierno y conmovedor -una maravilla de cuidadísima elaboración artesanal para su época- que se ve sometido a las peores pruebas (¡incluso ultraterrenas!) cuando se encuentra perdido en la calle en el intento de favorecer a su pequeña dueña.

El cortometraje (no llega a los 30 min.) es un singular compendio de diversas técnicas, con animación de muñecos y objetos de todo tipo, intercalando breves apariciones de seres humanos e incluso ambientes callejeros de acción real. Aquí no existe nada que pueda dejar indiferente: el más mínimo de los detalles –y la película no es más que un extenso cúmulo de ellos- puede adquirir, de golpe, un papel relevante: hasta unas hebras de paja arrastradas por un endiablado viento pueden cobrar vida y caminar como si tal cosa… En definitiva, “La mascota” es una maravilla de película, una indiscutible obra maestra absolutamente recomendable.

Starewicz, en su faceta técnica, fue el prototipo de paciente artesano, individualista y solitario. Tanto es así que nunca aceptó las repetidas y suculentas ofertas de los estudios norteamericanos: el material con el que fabricaba aquellos figurines tan realistas continuó por ello siendo un enigma. Añadir por último que en su trabajo tuvo como principales ayudantes a su mujer, France, y, sobre todo, a su hija Irina: el secreto del maestro quedaría celosamente guardado tras la puerta del domicilio familiar.
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28 de 32 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
Le doy gracias a mi suerte
El azar, a veces, coge caminos caprichosos. En la edición USA de un DVD con la famosa ”Vampyr”, a alguien se le ocurrió meter un cortometraje de uno de los genios olvidados del cine de animación. Un pionero del stop-motion y el hombre que transformó los trucos de Melies o Chomón, sobre animación de objetos en entornos reales, en verdaderas obras de arte. Su nombre, Wladyslaw Starewicz.

Lo más grande es que, a principios del XX, usara sus conocimientos de entomología para crear unas marionetas que parecen vivas al ser animadas, con un despliegue de imaginación y estética similar, en aspecto, a lo realizado ahora con un ordenador

Como decía, el azar es tremendo. Hace ya años, me “conseguí” una copia de “Vampyr”, que no he tenido el aplomo de ver hasta hoy. En este cuento animado, a ver si os suena, un grupo de juguetes vuelve a la vida en el momento cuando son llevados a una tienda de juguetes para ser vendidos. Cada uno de ellos, con su propia personalidad, tan bien animados que parecen vivos. Nuestro héroe, un perro de trapo, será el único que intentará regresar a su viejo hogar.

Tras una principio aparentemente nimio, comenzará una bacanal mágico-fantástica totalmente impresionante. Demonios, animales en descomposición, todo tipo de formas y figuras tocarán instrumentos, bailarán, correrán, se pelearán, etc. Una enorme coreografía perfectamente acompañada de música.

En este cortometraje tiene cabida la magia de obras como Toy Story, el tema de los viajes iniciáticos a mundos fantásticos, como en el “Viaje de Chihiro”, cuentos onírico-terroríficos, como en “Pesadilla antes de Navidad” y hasta un trasfondo de crítica social, en forma de metáfora, por la terrible crisis económica de la época. Sin duda, una obra maestra planificada hasta el más leve detalle.

Obligado a continuar con su obra, le doy gracias a la suerte (y al tipo que se le ocurrió meter esta obra maestra junto al coñazo de Dreyer) por haberme regalado tan magníficos minutos.
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16 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil