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Cradle Will Rock (1999)

Cradle Will Rock
Trailer
6,8
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Sinopsis
Crónica neoyorquina de la dura década de los 30, durante la cual numerosos artistas -como Orson Wells o Diego Rivera-, miembros de la alta burguesía y obreros se aliaron para luchar contra la censura y en defensa de la libertad de expresión, en una revolución cultural sin precedentes. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
Cradle Will Rock
Duración
132 min.
Guion
Tim Robbins
Música
David Robbins
Fotografía
Jean-Yves Escoffier
Productora
Touchstone Pictures / Havoc
Género
Drama Teatro Historias cruzadas
9
Una de esas joyas por reivindicar
Desde que la ví por primera vez en su estreno, me parece una de las peliculas más valientes, originales y dignamente herederas del cine de Welles que se han hecho en los últimos años. Creo que con el tiempo, como ha sucedido con tantos títulos que pasaron desapercibidos en su momento y ahora son consideradas obras maestras, acabará ganando una fama más proporcionada con su calidad. Tim Robbins logra (en mi opinión, con más acierto que en la tampoco desdeñable "Pena de muerte") sacar el máximo partido al montaje, los actores, la fotografía y las posibilidades de un guión escrito en estado de gracia.

Un guión complejo pero repleto de una especie de realismo mágico que se plasma perfectamente en la pantalla. El hedor de las calles del Manhattan de la Depresión y la alegría de vivir que se refugia en el arte se entretejen con una naturalidad pasmosa. Para mí, esa escena final de la actuación en el teatro es uno de los momentos más sublimes de esa mezcla (por no hablar del último plano, que pone todo lo que hemos visto en su sitio en un instante), y desde luego no me pareció estirado ninguna de las tres veces que la he visto de momento. Al contrario, es una de esas obras en las que en cada visíonado descubres algo nuevo y relevante. Supongo que su orientación política, nada ambigua, molestará a algunos, aunque no creo que eso le reste un ápice de su alcance artístico. John Ford o Nabokov no transmiten un mensaje de izquierdas precisamente y también los puedo disfrutar.

Si todavía no la has visto y te gusta el cine con aliento clásico que no deja de ser arriesgado, hazte con ella como puedas. No sé si te gustará tanto como a mí, pero no creo que te arrepientas.
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25 de 28 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Fotogramas que desprenden vida y lucidez
La confirmación de que estamos ante uno de los más importantes autores del cine norteamericano actual. Tim Robbins, tras una heterogénea carrera como actor, debutó tras la cámara con la excelente opera prima Ciudadano Bob Roberts y confirmó su talento con la concienciada, aunque algo plúmbea, Pena de muerte. Con estos dos títulos dejo clara su ideología progresista, sin duda influenciado por su compañera sentimental y excelente actriz Susan Sarandon.

Como todo gran artista que se precie, su siguiente reto tenía que ser todavía más atrevido. Sin duda alguna, poner en pie este gran fresco histórico situado en la Norteamérica de la Gran Depresión no era tarea fácil. Unir en una misma cinta (sin caer en la confusión o en la pretenciosidad más absoluta) a Nelson Rockefeller convenciendo a Diego Rivera para que le pinte un mural en el vestíbulo del Rockefeller Center bajo la atenta mirada de Frida Kahlo, a Orson Welles y John Houseman montando para el incipiente y sin futuro teatro nacional norteamericano el primer musical defensor de la lucha sindical, a fascistas italianas vendiendo obras renacentistas a magnates como Hearst y un sinfín de historias entrelazadas más, era un tour de force del que Robbins sale airoso.

Y lo hace gracias a varios motivos: un punto de unión de todas las historias que es el montaje de la obra Cradle Will Rock – no es casualidad que el film tenga el mismo título, ya que tampoco es un proyecto que la América que votó a Bush vea con buenos ojos –. La sensación de realidad que produce la convivencia de personajes reales y famosos con otros inventados y anónimos , la brillante definición de personajes que a la vez sirven como lazos que conectan cada una de las historias, la identificación que el espectador puede tener con temas universales como la prostitución vital, la lucha por la libertad, un entonado guión que salva milagrosamente lo farragoso de la historia con un casi invisible pero efectivo hilo argumental y por supuesto unas excelentes interpretaciones de un reparto de campanillas.

Pero por encima de todo la calidad de la cinta proviene de la dirección de Robbins ( al que se le puede acusar – no sin razón - de didactista, parcial y obsesionado con declarar a los cuatro vientos Hollywoodienses su condición de izquierdista) que alcanza su cima en la épica representación final de la obra montada paralelamente a la solución final de Rockefeller para el problemático mural de Rivera y –como siempre en sus películas- en el terrible último plano de ambivalente interpretación. No se la pierdan.
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11 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil