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Crítica de Caith_Sith
Gijón, España
9
True Detective (Serie de TV)
True Detective (Serie de TV) (2014)
  • 8,5
    59.218
  • Estados Unidos Nic Pizzolatto (Creator), Cary Joji Fukunaga
  • Matthew McConaughey, Woody Harrelson, Michelle Monaghan, Michael Potts, ...

Carcosa, ese estado mental

154 de 170 usuarios han encontrado esta crítica útil
True Detective llegó por la puerta grande, y por ella se ha ido, dialogando con el infinito y reflejándose en las estrellas. El formato antológico de ocho episodios con conclusión en temporada única ha demostrado poder funcionar como un reloj para una pequeña joya de la televisión, un tótem de ocho horas que se anticipaba como una recuperación de los códigos de Twin Peaks aplicados a la dialéctica de David Fincher; vista la serie completa no quedan dudas de que ésta finalmente adquiere su propia textura, personalidad inquebrantable; se convierte en un referente y no en un cóctel de homenajes. Que los tiene, sobre todo a la literatura, pero los adopta de tal forma que consigue generar algo nuevo con ellos. No revolucionario porque la serie se "limita" a pulir las imperfecciones de modelos recientes del thriller policiaco, pero sí creando un 'todo' compacto y sólido.

El mérito del guión de Nic Pizzolatto es ahondar en sus personajes, utilizando su trabajo y los crímenes a los que hacen frente como simple excusa para desarrollar a los detectives. Lo que muchos criticaron (un ritmo lento, donde 'no pasa nada') es en realidad todo lo contrario, pues ha permitido que sus protagonistas se sientan reales y no puros clichés del género. La técnica no es nueva pero sí está ejecutada de forma modélica, por eso tenemos una suerte de 'buddy movie' extendida en el tiempo en la que Martin Hart y Rustin Cohle funcionan como dos caras de la misma moneda, cada uno con sus problemas y obsesiones, en absoluto negros o blancos, sino repletos de grises. El papel de la mujer (Maggie Hart, Lisa Tragnetti) es igualmente relevante, no limitándose a ser éstas meras comparsas. Cada personaje aparecido en True Detective tiene una razón de ser incluso en los casos de menos texto, pero junto a los dos protagonistas (interpretados de forma brillante, y cualquier otra apreciación es errada) hay que alabar la forma en que se definen los villanos. El guión en una obra cinematográfica (esto se aplica a televisión, por supuesto) no es sólo diálogos, también hay otros aspectos que corresponden a la mímica, a la forma de mirar. Y lo que hace Glenn Fleshler con su personaje es de antología.

Que un buen guión puede acabar siendo destrozado por un realizador sin talento es algo evidente. No es el caso de Cary Joji Fukunaga, que ha pasado de simple promesa a director de nivel AAA con su trabajo en los ocho episodios de la serie. El dárselos todos a él ya es un acierto tremendo porque garantiza un estilo unitario en los mismos, pero que además sea capaz de desenvolverse tan bien en registros diferentes lo hace aún más meritorio. Mucho se ha hablado del plano secuencia que cierra el cuarto episodio, pero no son menos impresionantes sus tomas generales, la forma en que captura el rostro de sus actores, cómo domina la puesta en escena y recursos generalmente mal empeados, como el fuera de campo, para crear una tensión altísima. Fukunaga sigue explorando la realidad desde un punto de vista enrarecido, dejando que la cámara fluya y en algunos momentos incluso parezca movida por alguna extraña fuerza invisible. Algo que ya había explorado en Sin nombre (2009) y Jane Eyre (2011), con esos planos cámara en mano tan salvajes, pero que aquí lleva hasta sus últimas consecuencias, como en todo el bloque de Carcosa.

Las comparaciones con Twin Peaks no iban del todo erradas, no obstante, pero no tanto por el punto de partida (una joven rubia que aparece asesinada en una zona rural) como por esa sensación de irrealidad que empapa cada imagen capturada por Fukunaga. Porque las referencias literarias o místicas de True Detective funcionan de tal forma que pareciera que todo lo que sucede en la serie sea un recuerdo en constante reconstrucción, cuyos cimientos se mueven arriba y abajo. La propia estructura de la serie ayuda a que esto sea así (los primeros episodios nos muestran los hechos del pasado de forma no cronológica, en flashbacks narrados por ellos mismos y con variaciones), quedando los dos últimos como los más tangibles, al ser ya en el presente. Las visiones de Cohle y los devaneos de Marty confluyen en este ambiente pesadillesco y terminan por explotar en un final que (al menos a mí) sorprende por cerrar el círculo de forma perfecta, sin caer en lo previsible. sin abandonar el objetivo principal de la serie: el desarrollo de sus personajes, por encima de la resolución de la intriga. Zodiac de David Fincher perseguía lo mismo (el retrato de la obsesión llevada a sus últimas consecuencias), por lo que entendería que quienes esperen algo efectista o rotundamente épico se sientan decepcionados.

True Detective, en el fondo, es una serie que se alimenta de nuestro subconsciente para ir sembrando ideas y conceptos que terminará por explotar en algún momento de su metraje, que trata al espectador de forma inteligente y no se cree más de lo que es. Que es ambiciosa, sí, que no se limita a ser una más, también. Que el cine en toda su extensión (da igual el formato: películas, series de TV; CINE) avanza gracias a obras que no se conforman con existir, y que buscan ir un paso más lejos, es algo indudable. Y de la misma forma que Ciudadano Kane, 2001, Vértigo o Mulholland Drive, en su medida, pusieron de su parte para que este medio (arte) no se estancase, True Detective está ejecutado de la misma manera que Twin Peaks o Serial Experiments Lain en los 90, o Paranoia Agent en los 2000. Es el siguiente paso, la evolución, de sus referentes directos y contemporáneos.
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