Haz click aquí para copiar la URL
España España · Madrid
Voto de Charles:
7
Drama Elizabeth Sloane (Jessica Chastain) es una implacable y ambiciosa lobbista que intenta que fructifique una legislación a favor del control de armas en Washington DC. Para ello intentará usar todos los recursos a su alcance. En las altas esferas del mundo político y empresarial Sloane tiene una reputación formidable. Conocida por su astucia y sus éxitos sin parangón, siempre ha hecho lo que fuera necesario para ganar. Pero cuando se ... [+]
7 de febrero de 2017
57 de 70 usuarios han encontrado esta crítica útil
Elizabeth Sloane nos mira fijamente, hablando de cómo los lobbies deben siempre guardar una ventaja sobre sus rivales, un as en la manga con el que poder anticiparse a todas las jugadas que se les haga.
Ella misma pertenece a uno, y por eso conoce perfectamente su funcionamiento, pero lo que en el fondo nos está diciendo con esa directísima confesión es algo más sencillo: ella es una ganadora, a cualquier coste, a cualquier precio.
Es la mejor en lo que hace, y va a continuar siéndolo, no importa lo que pase.

'Miss Sloane', con ese inicio, deja claras sus cartas a la hora de definir a su protagonista, y lejos de quedarse ahí mira el mundo a través de sus ojos: como una selva de intereses y oportunidades que aprovechar, que solo se llega a ver cuando la preparación es perfecta y metódica.
Algo que no se hace difícil de creer cuando el constante flujo de información asalta al espectador, sumergiéndolo en un océano enmarañado de conversaciones donde gana el más rápido y el que más labia tiene, donde se deja atrás a los pobres de ambición y de ganas, o donde las victorias deben conseguirse mucho antes de que nadie sepa qué hay en juego.
La única, incorruptible, monolítica Sloane es la capitana de un barco que debe compartir con otros, pero donde vemos que solo ella sabe navegar, y Jessica Chastain, con una capacidad sobrenatural, clava cada gesto, cada palabra y cada frase, cargando una afilada ironía que demuestra la ignorancia de los demás o imponiendo respeto con una simple carcajada.

La clave, creo yo, es un apenas un minúsculo y diminuto momento, casi imperceptible si se pasa de largo, en que ella se permite reposar en un cubículo del lavabo su infaltable ración de pastillas para mantener el ritmo: la banda sonora se detiene, Chastain relaja su tensa figura, y el maremágnum de conversaciones falsamente informales ha quedado atrás. Apenas un segundo, en la que ella debe recordarse que sigue siendo la ganadora.
Es entonces cuando le llega la oportunidad de probar si realmente lo es: tomando el control de una campaña contra una ley de armas, yendo contra sus antiguos jefes, tratando de ganar en lo que según una de sus nuevas asociadas es "una batalla que hay que perder lo más lentamente posible". Ese último escenario no se contempla, porque ella es Elizabeth Sloane.
Y siempre ha ganado.

Sus progresivos triunfos en dicha campaña revelan más sobre su persona de lo que podría hacer cualquier diálogo: Sloane no quiere solo convencer, quiere derrotar totalmente a sus rivales.
Quiere matar, partir, hacer sangre de los que intentan desafiarla, usando para ello todos los métodos que sean necesarios, a costa de pasar por encima de cualquier persona, porque para ella la causa lo vale. Las fronteras en si lucha por su ego o por una verdadera reforma de la ley armada pronto se difuminan.
Tan hondo llega su uso de las personas que contrata a un escort para encuentros sexuales, el único agradecido oasis de ligereza en su exhaustiva odisea por despachos, asociaciones feministas y reuniones de ocio donde se marca conversaciones informales que poder usar.
Ella dice que cada acción, cada frase, debe ser una cita memorable, y lo que se puede concluir es que su vida es una cita memorable continua: todo por los demás, su vida al servicio de demostrar que ella va a ser siempre la reina de esa jungla.

Lo brillante de 'Miss Sloane' es que durante sus tres primeros cuartos se construye una ladera de conveniencias, protocolos y métodos... que después revela una naturaleza emocional, por donde Sloane no tiene manera de descender.
Ella solo sabía de lo primero, y cuando le toca usar lo segundo se paraliza: su maraña se vuelve contra ella, revelando fallas humanas que nunca se habrían podido predecir. Las causas son así, hay seres humanos detrás de ellas, y son tan volátiles como rabiosas y fugaces.
La decepción más grande, sin embargo, viene porque Miss Sloane ha traicionado su propia humanidad, negándose ser igual que los demás, cayendo en errores que nunca se le habrían aparecido si pudiera desprenderse de la máscara de perfección que se ha visto obligada a vestir. Y Chastain, en un alarde de talento, hace bueno cada mínimo momento de duda en su gesto, cada angustiada mirada llamando a un teléfono con el que ella misma cortó comunicación.

De todas maneras, esto no es una historia de auge y caída. La ley de Estados Unidos intenta echar abajo a Elizabeth... y falla.
Porque ella misma conoce sus entresijos, sus intereses, sus podridas ambiciones. Conoce su necesidad de alzar a una ahorcada para que el pueblo pueda pagar sus errores golpeándola.
Por eso siempre hay que tener un as bajo la manga, para anticiparse a la jugada: Sloane se convierte en una justiciera necesaria, sacrificando todo lo personal y emocional, aceptando orgullosa ser la cara visible de un sistema que mueve el mundo.

Y no pagan justos por pecadores, sino una valiente por millones de cobardes.
Siempre queda la sensación de que su historia podría haberse escrito de otra manera.
Pero ella ya dijo que iba a ganar, no importa cuál sea el precio.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Charles
¿Te ha resultado interesante y/o útil esta crítica?
arrow