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Críticas de RickDeckard'82
Críticas ordenadas por:
¡Huye!
¡Huye! (2017)
  • 6,7
    37.752
  • Estados Unidos Jordan Peele
  • Daniel Kaluuya, Allison Williams, Catherine Keener, Bradley Whitford, ...
7
Adivina quién viene a sufrir esta noche
Protagonizada por Daniel Kaluuya y Ashley Williams, la ópera prima del escritor y humorista Jordan Peele cuenta la historia de Chris y Rose, una pareja interracial que viaja un fin de semana a la casa de los padres de ella. Abrumado por tan cálida bienvenida, Chris comienza a sospechar del comportamiento de los criados negros contratados para la manutención de la casa familiar y pronto se dará cuenta de que tras la fachada de bondad y respeto se esconde una verdad escalofriante. Con un tono similar al de La invasión de los ultracuerpos y Las esposas de Stepford, Déjame Salir pasa de la comedia ácida al terror con sorprendente habilidad; el director debutante demuestra una habilidad innata para sumergirnos en este mundo de locura y desenfreno que ha creado. Teniendo en cuenta la fuerza con la que ha irrumpido en la cartelera americana y el éxito de taquilla que ha cosechado –casi 200 millones de dólares recaudados sobre un presupuesto irrisorio de cinco millones-, ¿podemos incluir Déjame Salir entre los grandes títulos de terror de los últimos años?

La productora Blumhouse, una de las referentes del género en la actualidad, fue la encargada de llevar este peculiar proyecto a buen puerto y lo consiguieron con creces, creando una pequeña joya que hará el deleite del cinéfilo que tenga la oportunidad de echarle un vistazo. Junto a A24, estas dos productoras nos han traído algunas de las mejores historias de los últimos años como Whiplash, La habitación o Langosta y continúan haciéndolo gracias a una filosofía de hacer mucho con poco. Anteponiendo el argumento sobre todas las cosas, ambas se han ganado el respeto de la industria y la confianza de los espectadores y esta película es un claro ejemplo de ello: aún sin estrellas reconocibles ni un director de renombre, la película arrasó haya donde se estrenó. Por supuesto nada de esto hubiera sido posible sin la visión de Peele, que empleo un tema candente de actualidad para incomodarnos en la sala…¡y todo ello sin hacer uso de recursos baratos! Ni sangre ni violencia desproporcionada, sino la construcción de una atmósfera que te atrapa y te asfixia a medida que la tensión va in crescendo. Con una facilidad pasmosa para pasar de cero a cien en instantes, Peele muestra gran dominio del pulso narrativo asó como maestría para mantener el equilibrio entre la comedia negra y la ambientación opresiva. El guión está tejido para mantenerte en suspense y sorprenderte con sus numerosas situaciones inverosímiles. En cuento al uso del humor, éste me recuerda vagamente al que visto en Marte; si bien giraba entorno a un eje dramático, la historia de Ridley Scott tenía ciertos tintes humorísticos que aligeraban la experiencia. Mi único pero es que es demasiado previsible; a la media hora ya intuía lo que ocurría y cada escena no hacía más que confirmar mis temores. Lamentablemente esto le resta impacto al último acto.

En cuanto a las actuaciones principales, tanto Kaluuya (Chris) como Williams (Rose) desempeñan su papel a la perfección. El primero ejerce como espejo del espectador y la segunda como medio para hacer avanzar la narración; ¿qué ocurriría si fueras a casa de tus futuros suegros y comenzaras a sospechar de su comportamiento? Puede que no te alarmes demasiado al principio pero cuando la locura vaya en aumento, sentirás lo mismo que nuestros protagonistas. ¿¡Qué demonios está pasando aquí!? Es más que probable que el espectador haya resuelto el misterio antes que Chris y Rose pero eso no impide que empaticemos con su situación y ello se debe principalmente a su química en pantalla. Ambos se complementan como una pareja haría si atravesara este tipo de problema; ella aporta la lógica y el raciocinio al asunto, mientras él sólo piensa en protegerla a ella y a su relación. Por otro lado tenemos a los padres de Rose, fantásticamente interpretados por Catherine Keener y Bradley Whitford; ellos son los encargados de ponernos de los nervios y vaya si lo consiguen. Tan pronto entran en escena sabes que algo están maquinando y ese algo no envuelve nada bueno. Además, ambos tienen ese punto carismático que convierte a un villano corriente en uno con personalidad.

Otro aspecto muy cuidado es la fotografía, que se inspira en la obsesión simétrica de Stanley Kubrick en El resplandor. Hay algo en la perfección de la imagen que perturba al ojo del espectador. En este caso, el director de fotografía Toby Oliver otorga una cualidad casi fantasmal a la casa y al entorno rural en el que vive la familia Armitage que me recordó a la ambientación de El bosque de M. Night Shyamalan. Además, si hay una imagen que se queda en nuestras cabezas esa no es otra que la de Chris mirando perplejo a la cámara mientras llora. Los primeros planos en este filme son muy efectivos.Por último, la música basada en chirriantes acordes de violín se asemeja a otras bandas sonoras del género pero esto no le resta eficacia. Sobretodo al principio y al final, cuando se apoya en un coro hipnótico que marina perfectamente con la temática de la cinta.

Si hay alguna candidata que se postule seriamente a película revelación del año es esta, por el momento. Déjame Salir está bien ambientada e interpretada pero sobretodo cuenta con una historia original como pocas que te atrapará y te mantendrá a la expectativa desde sus impases iniciales. ¿Conseguirá sorprenderte con giros inesperados? No ¿Podría haber explotado más su vertiente racial? Sí. Pero sabe crear tensión con miradas, diálogos y situaciones que se escapan a la lógica. Si a eso le añadimos alguna que otra nota cómica espontánea, nos encontramos ante una de las mejores cintas de terror más redondas de los últimos años.

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7 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
Alien: Covenant
Alien: Covenant (2017)
  • 5,6
    22.755
  • Estados Unidos Ridley Scott
  • Michael Fassbender, Katherine Waterston, Billy Crudup, Demian Bichir, ...
7
Ingeniero, Hombre, Androide…todos al servicio del creacionismo
¿Recordáis aquellas declaraciones en las que Scott repetía como un mantra que Prometheus no pertenecía al universo Alien y rehuía todo paralelismo con la saga? Bueno, pues en algún momento después de su estreno cambió de opinión, abrazando la idea de unir esta serie de películas con la cinta original del ’79. Uno de los problemas principales del filme es su falta de inspiración; el realizador británico no nos da un motivo para creer en su visión. Continúa alimentándonos con un sinfín de conceptos filosóficos, referencias literarias y guiños teológicos pero al final termina dándonos más de los mismo. Quizá por eso Covenant se siente como un Frankenstein cinematográfico que busca incesantemente una razón para existir, si bien sus partes están muy bien diferenciadas: una primera centrada en la presentación y desarrollo de los protagonistas y una segunda que hace lo posible –aunque no lo suficiente- por entretejer esta entrega con Prometheus e incluso proyectarla más allá con vistas a futuras secuelas.

El problema que le veo a esta nueva aventura de terror es que se sustenta demasiado en muy pocos elementos y puebla el resto del metraje con relleno y clichés; si sé que los personajes van a terminar cometiendo los mismos errores en los mismos lugares y por los mismos motivos que en películas anteriores, ¿por qué te molestas en desperdiciar tan valioso tiempo en presentárnoslos? Lamentablemente, esto lastra al filme de manera que cuando llega la mejor parte, ésta se siente apresurada e inconclusa. Aún así, la creatividad visual de Scott basta para mantenerme abrumado al menos con sus imágenes y cruzar los dedos para que lo bueno empiece. Llegados a este punto, cuando el terror se apodera de la cinta y la nueva tripulación se encuentra con un protagonista crucial de Prometheus, la cinta adquiere el propósito de su existencia: desatar los corsés en los que se habían ceñido Fincher, Jeunet y cía. y conocer más no sólo sobre la criatura xenomorfa sino sobre el patógeno que nos habían presentado en la entrega anterior. Una vez más, vuelvo a recalcar que esta parte es la que debió potenciarse en detrimento del desarrollo de los nuevos –e insulsos- personajes; no porque carezcan de potencial, sino porque no hacen nada con ellos. Si el propio Ridley sabía que ésta era una secuela directa de Prometheus, ¿por qué no ceñirse a esa idea?, ¿acaso no merecía la Dra. Shaw continuar su expedición en busca de respuestas sobre los orígenes de la humanidad? Sin embargo, los guionistas sí aciertan de pleno a la hora de exponer la dicotomía entre los dos androides (¿o replicantes?) que aparecen en la trama; esta parte es de lejos la línea argumental más intrigante en vistas al futuro de la franquicia.

En cuanto a las interpretaciones, lo cierto es que todas están a la altura; quizá por ello resulta aún más frustrante que sus personajes sean tan finos como el papel de fumar. Katherine Waterston me obnubiló en Puro Vicio (2014) de Paul Thomas Anderson y aquí se limita a ser un clon de Ripley…¡y ya he perdido la cuenta de cuantos llevan! Danny McBride cumple el mismo rol cómico que Yaphet Kotto y Harry Dean Stanton en la original, Bill Paxton o Idris Elba más recientemente. El resto sirven de carnaza para las despiadadas bestias; no conseguí empatizar con ninguno, de forma que cuando morían el sentimiento de pérdida era nulo. Al final, Alien: Covenant se limita a ser el show interpretativo de Michael Fassbender, el cual encarna a dos androides concebidos con propósitos opuestos.

Otro grave problema de la cinta es la edición y el montaje. Aquí sobra metraje y faltan escenas que hubieran aportado mayor peso narrativo a la historia y más profundidad a los personajes. Se siente demasiado inconexa, como si faltasen piezas del rompecabezas. Además, la banda sonora de Jed Kurzel echa en falta un tema propio que se complemente con el original de Goldsmith y el más reciente de Harry Gregson-Williams. Sin embargo y pese a no conseguir insuflarla con personalidad propia, Kurzel logra crear tensión cuando le toca y rendir homenaje en ciertos compases del filme –y creedme cuando os digo que hay muchos guiños que complacerán al fan acérrimo-. Por lo demás, los efectos especiales están bien hechos, salvo contadas excepciones en las que se les va la mano en escenas gore.

Normalmente concluiría aquí el análisis, pero esta vez haré una excepción porque no puedo dejar de criticar un elemento que puede destrozaros el visionado y que curiosamente no forma parte de la obra en sí: la campaña publicitaria. Este tipo de obras están diseñadas en Cinemascope para verse en la pantalla más grande posible y resulta una blasfemia para el séptimo arte desnudarla en los vídeos promocionales; es lo más cercano a prostituirla. Por eso guardamos en nuestro subconsciente el recuerdo de la primera vez que vimos aquella obra maestra (o cualquier otra), porque sabemos que esa magia es irrepetible. El hecho de que ya hayas visto casi la totalidad del filme en la pantalla de tu ordenador o de tu teléfono le resta emoción y el cine se basa principalmente en transmitir eso. Para mi ese es el gran problema de Alien: Covenant, por encima incluso de su ritmo irregular o de sus fallos de guión.

En definitiva, Alien: Covenant promete más de lo que da; es una pieza que podría ser magistral de contar con los acordes y con los músicos apropiados. No me malinterpretéis, esta nueva incursión del Sr. Scott en el género de la ciencia ficción-terror es ampliamente satisfactorio y cuenta con las dosis de tensión y adrenalina necesarias para ser una más que digna secuela. Lo que pasa es que digna ya no nos vale. No cuando estamos ante la sexta entrada de la saga –sin contar las de Alien vs Predator-y los signos de fatiga hace tiempo que se evidencian; a estas alturas nos esperamos más, porque el propio creador está empeñado en convencernos de que aún le queda una última gran sinfonía por componer.
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12 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil
Ghost in the Shell: Vigilante del futuro
Ghost in the Shell: Vigilante del futuro (2017)
  • 5,7
    19.067
  • Estados Unidos Rupert Sanders
  • Scarlett Johansson, Takeshi Kitano, Michael Pitt, Pilou Asbæk, ...
7
Homenaje a una obra maestra
The Host, Snowpiercer, Oldboy o Toni Erdmann…¿qué tienen todas en común? Que nadie las vio en el mercado norteamericano. ¿La razón? Porque verlas requiere que el espectador esté dispuesto a leer los subtítulos. Y por ello obtenemos innumerables remakes de películas extranjeras que, en su momento, pasaron inadvertidas en la taquilla estadounidense. Ghost in the Shell es un claro ejemplo de esto; película demasiado inaccesible para atraer al gran público que, sin embargo, consiguió un selecto club de adeptos al cual se unirían más cinéfilos al cabo de los años. Pese a todo, aún hay muchos críticos de cine que a día de hoy no están al corriente ni del manga de Masamune Shirow ni a las películas de Mamoru Oshii. Por eso cuando se da a conocer el casting de Scarlett Johansson en el rol de la Mayor, ese ejército de críticos se lanzan cual depredador. Porque en la sociedad actual estamos demasiado acostumbrados a prejuzgar y hundir las posibilidades de la cinta antes incluso de haberla visto. Ambientada en una urbe distópica similar al Los Angeles de Blade Runner, la gira entorno al nacimiento de la cyborg conocida como la Mayor; un híbrido que aúna las habilidades físicas de un cuerpo robótico con la capacidad cognitiva de un ser humano. Un año después, la Mayor trabaja como operativo para la Sección 9, un grupo dedicado a detener el ciberterrorismo, que se expande por los entresijos digitales de la sociedad. Este es el contexto en el que se desarrolla este thriller de ciencia-ficción retrofuturista y cyberpunk, que intenta dar a conocer la calidad del material original entre la audiencia occidental.

Me decepciona que tanta gente haya vapuleado el film, acusándolo de tener un ritmo lento y poca acción (sí, eso lo he escuchado de críticos profesionales) ya que ninguna de las películas de Oshii cuenta con un ritmo acelerado ni acción explosiva. Más bien todo lo contrario. Otro punto negativo que han alegado es que resulta demasiado monótona y que cuenta con unos personajes hieráticos, pero parecen hablar sin conocimiento de causa, ya que este universo se centra básicamente en explorar nuestra humanidad en tiempos en los que nuestro ADN se está viendo alterado por los implantes cibernéticos y las mejoras tecnológicas. Pretender banalizar personajes como Batou, Aramaki o la Mayor para convertirlos en caricaturas “carismáticas” en línea con las películas de superhéroes, eso sería sería prostituir la visión del manga/anime y no la elección de Scarlett Johansson en el papel protagonista, como muchos dicen. Y es que esta fue una de las grandes bazas que emplearon para criticar la cinta, alegando que un remake de una película japonesa debe contar con una protagonista japonesa. No obstante, a nadie le importa que Marvel lleve 10 años produciendo películas protagonizadas por varones caucásicos (Iron Man, Thor, Hulk, Capitán América, Ant-Man, Doctor Extraño y próximamente Spider-man) porque el año que viene estrenarán Pantera Negra que como el propio nombre indica…es negra. Ahí tendrán la oportunidad de ¿redimirse? incluyendo a todo el Hollywood de color en el reparto. Por cierto, un dato importante: Takeshi Kitano, la leyenda del cine japonés, compelta el reparto y sus diálogos están íntegramente en japonés, al menos en la versión original.

Este remake dirigido por Rupert Sanders es, de lejos, una de las mejores adaptaciones de un anime que jamás se hayan hecho; cuenta con un diseño de producción espectacular –os recomiendo que le echéis un vistazo al making of-, una ambientación calcada a la original y una fotografía que consigue la ardua tarea de replicar algunas de las tomas más recordadas de la cinta del ’95. Todos los detalles están cuidados al más mínimo detallo, demostrando todo el equipo la enorme dedicación y el respeto que le guardan a este vasto universo. Las actuaciones están a buen nivel, salvo alguna excepción, sobretodo la de dúo fomrado por la Mayor y Batou, todo un referente en la saga anime. En cuanto al argumento, podría decirse que toma como referencia a la serie Stand Alone Complex; su narración está más simplificada, con la intención de mantener la atención del espectador. De esta manera, los fans echarán en falta aquellos elementos filosóficos, metafísicos y políticos que hacían de tan compleja a la original. El villano tampoco supone un desafío intelectual tan grande para la Mayor; en cambio, se explora más en profundidad su arco personal, algo que creo apreciarán los seguidores como yo porque nunca llegamos a conocer nada de su pasado. Este remake juega más con las emociones de los perosnajes, con el concepto de familia y con la búsqueda de la identidad individual y menos con las ideas filosóficas sobre qué significa ser humano. La acción también está limitada, lo cual es algo bueno teniendo en cuenta la tendencia que tiene Hollywood de sobrecargar la pantalla con enemigos y fuegos de artificio. Hay alguna pelea un tanto confusa por culpa del trabajo de edición, que a veces puede ser frustrante, pero las coreografías son excelentes –el coreógrafo trabajó previamente en Mad Max: Furia en la carretera, Hasta el último hombre o la trilogía de El señor de los anillos, entre otras- y el ritmo es el adecuado para una historia de intriga.

En definitiva, el remake de Ghost in the Shell nos entrega un producto lo suficientemente fiel como para ganarse el título que sostiene y cambia lo necesario para hacerlo accesible a una mayor audiencia. Todos aquellos que piensen que van a ver un calco de la original, les invito a que piensen detenidamente en el significado del remake: nueva versión de una obra. Yo lo veo de esta manera: si quiero escuchar Knocking on Heaven’s door de Bob Dylan, no pongo la versión de Guns ‘n’ Roses; pero si quiero disfrutar de buena música, entonces escucharé las dos. De la misma manera, el Ghost in the Shell de Johansson guarda la melodía sintética y le añade sus propios acordes y tendrás que juzgar por ti mismo si es buen cine o no.
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200 de 245 usuarios han encontrado esta crítica útil
Café Society
Café Society (2016)
  • 6,4
    21.280
  • Estados Unidos Woody Allen
  • Jesse Eisenberg, Kristen Stewart, Steve Carell, Blake Lively, ...
7
La seductora trampa del amor
Café Society es la última película del incansable genio neoyorquino Woody Allen que, en esta ocasión, utiliza como lienzo el Hollywood de los dorados años 30 y emplea a actores como Steve Carrell, Jesse Eisenberg y Kristen Stewart para recitar sus magníficas líneas. Una vez más, la historia vuelve a cobrar protagonismo por encima de las actuaciones, que nos expone la crueldad del amor y retrata el inconfundible existencialismo del realizador/guionista. En ella encontramos cada una de sus críticas a la religión, la familia y otras facetas de la sociedad. Sin embargo, en esta ocasión, regresa al amor imberbe y novicio y a las estocadas que éste nos depara. La narración arranca con un joven que deja su hogar en Nueva York en busca de fama y qué mejor que Hollywood para alcanzarla. Para ello decide reunirse con su tío, un reputado productor de cine, quien le abrirá las puertas de la Meca del cine y le brindará la oportunidad de entablar amistades así como de encontrar a su amor verdadero. Lástima que a veces, el amor, no nos corresponda.

Me duele decir que Café Society comete un fallo garrafal que es el de otorgar buen material a dos actores (Stewart y Eisenberg) que no lo saben ni apreciar ni interpretar con los matices oportunos. Obviamente yo no puedo hacerlo mejor -sino no estaría escribiendo estas líneas- y tampoco digo que estos actores no tengan talento. Lo que digo es que para interpretar el exquisito diálogo de Allen, hace falta sintonizar con su forma de ver el cine y la vida. Hace falta cierta sensibilidad de la que Kristen Stewart y Jesse Eisenberg aún carecen -nótese el aún-, ya que su temprana edad juega en su contra. En contraposición tenemos a un Steve Carrell magistral, que imparte una lección a estos dos novicios de la que seguro aprenderán. El actor nominado al Oscar por Foxcatcher hace gala de un rango soberbio interpretando al magnate de Hollywood dividido entre el amor febril y su responsabilidad marital. ¿Qué cuál de las dos vence? Bueno, la respuesta parece clara a juzgar por la trayectoria de Allen pero, no os confiéis, porque Café Society esconde un as en la manga: un sentido deliciosamente maquiavélico que podría clasificarse de la tragicomedia teatral. Como decía, el dúo protagonista conformado por Eisenberg y Stewart muestran una frustrante falta de emotividad que, junto a su falta de química y lo limitado de sus registros dramáticos, lastran el filme y consiguen lo imposible: aburrir a las piedras. ¡Vaya par de maromos! Eso debió gritar para sus adentros el bueno de Woody, viéndose incapaz de sacar nada mejor a estos dos actores. Por un lado tenemos a Eisenberg, también conocido por ser el actor que repite el mismo papel en todas las películas; antisocial, raro e hipocondríaco. Es decir, una marca blanca de Woody Allen. Por el otro está Stewart, cuyo único trabajo decente fue en Viaje a Sils Maria apoyada por Juliette Binoche, que aquí vuelve a poner esa expresión que está a caballo entre la indiferencia y el asco. Entiendo que Allen quiera apostar por la juventud, ya que la historia se presta a ello, pero teniendo a actores como Oscar Isaac, Domhnall Gleeson, Alicia Vikander, Saoirse Ronan, Rooney Mara o Brie Larson entre otros que morirían por colaborar con él, no comprendo muy bien el por qué de sus elecciones.

Tras exponer lo negativo, toca deleitarse con lo positivo de Café Society. Empezando por la historia, que me enganchó desde el primer minuto y me entretuvo hasta el final, gracias al inconmensurable talento de Woody como narrador. Hablando de narrador, el propio cineasta interviene en forma de voz en off. Un añadido que le viene muy bien al filme, dada su naturaleza emocional. Probablemente no me equivocaría al decir que ésta es su película más humana desde Match Point (2002), con la que curiosamente guarda ciertas similitudes como la vengativa idea del amor y las consecuencias que éste acarrea en nuestras vidas. Allen deja entrever las mismas reflexiones y nos propone de nuevo un debate interesante centrado sobre la difusa línea que separa el deseo del amor verdadero. Podríamos hacer una disertación entera sobre este tema pero, para qué liarse la cabeza con ideas metafísicas cuando el bueno de Woody ya te las sirve en bandeja de plata, para una mejor digestión. También me gustó la amplia paleta de personajes que presenta; desde el exitoso hombre de negocios sumido en una crisis existencial hasta la pobre señora judía chapada a la antigua, malviviendo en un humilde apartamento en el bullicioso Nueva York, pasando por una pareja de jóvenes que, embriagados de amor, viven ajenos a la realidad que les rodea. El jazz vuelve a hacer acto de presencia y en Café Society, por razones obvias, más que nunca. Los dorados años 30 vieron nacer a uno de mis géneros musicales favoritos y como enamorado y músico de jazz, Woody se cerciora de que ocupe el lugar que se merece.

En definitiva, Café Society es una obra que me dejó un regusto amargo porque algunos de sus fallos tenían fácil corrección y el casting me pareció que estuvo terriblemente desacertado. Desde Roma con amor fue la primera participación de Eisenberg, donde ya desentonó, pero aquí Woody vuelve a entregarle los mandos de su obra y una vez más vuelve a decepcionar. Resulta aún más frustrante porque la obra resulta ampliamente satisfactoria en todo lo demás; la ambientación y el vestuario es sensacional, el metraje es el correcto -aunque no dejo de pensar que algunas subtramas podrían haberse cortado más- y la historia recuerda más a una obra de teatro, por lo cercano que resultan sus situaciones. Por eso, guardo la esperanza de que algún día este guión pueda ser reinterpretado y podamos ver versiones más redondas que ésta. Sin embargo, los adeptos del artista neoyorquino -entre los cuales me encuentro- se alegrarán de ver que su ídolo sigue encandilando al público con sus historias.
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6 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
Jason Bourne
Jason Bourne (2016)
  • 5,9
    15.187
  • Estados Unidos Paul Greengrass
  • Matt Damon, Alicia Vikander, Tommy Lee Jones, Vincent Cassel, ...
6
El declive de Bourne
Jason Bourne es la cuarta entrega de la saga protagonizada por el famoso agente amnésico, interpretado por Matt Damon y basado en las novelas de Robert Ludlum. Tras el jarro de agua fría que supuso El legado de Bourne de Jeremy Renner, película que perdía la esencia de la trilogía original, la noticia del regreso de la dupla Greengrass-Damon bastó para suscitar mi interés. Si además le añadimos un reparto de lujo, entre los que destacan Tommy Lee Jones, Vincent Cassel y la flamante ganadora del Oscar Alicia Vikander, entonces estaríamos ante lo que debiera ser una fórmula ganadora…¿o no? La historia arranca más de una década después de los hechos ocurridos en El ultimátum de Bourne. El ex-agente de la CIA ya ha juntado todas las piezas del puzzle y tiene plena consciencia de su tenebroso pasado aunque, lejos de vivir en paz, continúa escondiéndose. Sin embargo, cuando Nicky Parsons, una vieja conocida de la trilogía original, reaparece en su vida se verá obligado a salir de su escondite y acabar con una nueva amenaza, bajo el nombre de Iron Hand, a la vez que destapa más secretos de su pasado.

Arrancaré con un aspecto primordial en cualquier thriller que se precie: el guión. Mientras hacían el tour promocional, los coguionistas Paul Greengrass y Matt Damon prometían haber encontrado una forma convincente de traer de vuelta al célebre espía. Una promesa que parecía difícil de cumplir, sobretodo tras el efectivo cierre de la trilogía, que zanjaba todas las dudas sembradas a lo largo de la trama. Mis peores presagios se hicieron realidad cuando por fin me senté a verla; eché en falta aquella sensación de asombro que me transmitían las originales. Sólo logré vislumbrar atisbos de originalidad, aunque se quedaron rascando la superficie. La trama parecía cansada, le faltaba chispa. Sutileza. Como si, más allá de las espectaculares escenas de acción, no encontrara un motivo para justificar su existencia. Jason Bourne no guarda nexo de unión con sus predecesoras, quedando recluida y arrinconada del resto, cual oveja negra. Es la prueba palpable de que cuando la maquinaria funciona a la perfección, ni un tornillo cabe en el diseño de su estructura. El MacGuffin -término que designa a un elemento de la trama que hace avanzar a los personajes- inventado por Damon y compañía no seduce ni siquiera al propio Bourne, que parece más un héroe de acción al uso afin al Ethan Hunt de Tom Cruise, en lugar del personaje complejo y abrumado con el que simpatizábamos. Aquel era un amnésico ex-agente que buscaba respuestas, no un superhéroe sin mayor motivación que el lucimiento personal. A pesar de sus esfuerzos por modernizar el género con la incorporación de las redes sociales y la violación de la privacidad mundial, todo se queda en una mera protesta política, en lugar de un instrumento para crear un buen argumento con el que enganchar a la audiencia.

Pasando a la faceta interpretativa, donde Matt Damon al igual que su personaje recuerdan muy bien como rodar una cinta de acción y ofrecer entretenimiento de calidad. No obstante, el hueco que dejó la actriz Joan Allen (Pamela Landy) no encuentra aquí un sustituto digno en Alicia Vikander, que desentona y queda fuera de lugar. Su personaje es interesante pero siempre va un paso por detrás de Bourne y sus acciones siempre quedan al descubierto. Tommy Lee Jones, por su parte, tiene poco que hacer con un personaje simplón, predecible y vulgar. Más de lo mismo podría decirse de Vincent Cassel y Riz Ahmed que, pese a tener un amago de subtrama, ninguna llegó a desarrollarse y frustró sus escasas oportunidades de protagonismo.

Si tuviera que resumir Jason Bourne en una palabra sería frenética y buena parte de la culpa la tiene el realizador Paul Greengrass, un genio a la hora de embellecer el caos y dominar la cámara en mano, técnica criticada en la mayoría de películas del género. Esta es de lejos la entrega más enérgica de todas. No te deja un minuto para pensar en la historia, con lo que logra enmascarar gran parte de sus defectos. Y es que de no ser así, peligra la lucidez del espectador. Llegada la acción, no apartarás los ojos de la pantalla. Cuando dialogan tampoco lo harás, pero del lento avance de las manecillas del reloj.

En conclusión, Jason Bourne es una víctima más de la desmesurada ambición hollywoodiense que, cegada por el color del dinero, rescata a una franquicia querida del ostracismo, la maquilla un poco, le da un chute de adrenalina y la vende al mercado. Disfruta de un gran reparto pero lo desperdicia con unos personajes planos y una historia genérica. Mantiene todas las señas de identidad de la saga pero la esencia de Bourne ha desaparecido. Se le nota demasiado cómodo. Notas que tiene todo bajo control, lo que perjudica gravemente al suspense. Pese a todo, si me preguntan si recomendaría esta película diría que sí, ya que la disfrutarás aunque puede que pronto la olvides. Indudablemente, éste no es el glorioso regreso que muchos esperábamos ni querríamos y me temo que este supondrá el punto final de las andaduras del agente que puso en jaque a todo un complejo sistema corporativista norteamericano. Quizá la jubilación sea su mejor opción.
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3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Dos tipos peligrosos
Dos tipos peligrosos (2016)
  • 6,2
    17.842
  • Estados Unidos Shane Black
  • Russell Crowe, Ryan Gosling, Angourie Rice, Matt Bomer, ...
8
No se preocupe, tarde o temprano, resolveremos su caso
Dos buenos tipos es una comedia detectivesca realizada por el inclasificable director Shane Black y protagonizada por Russell Crowe y Ryan Gosling. La secuela espiritual de Kiss Kiss Bang Bang -del mismo director- nos retrotrae al Los Ángeles de finales de los 70 y nos presenta una “buddy film” de acción, intriga y toneladas de diversión. La historia comienza con el aparente suicidio de la actriz porno Misty Mountains. Sin embargo, algo esconde la industria ya que lo que parece ser un incidente aislado terminará por convertirse en un embrollo de dimensiones bíblicas. ¿Qué quién lo solucionará? La verdad es que no hay nadie capacitado pero, entre tanto, lo intentará una pareja de “investigadores” privados poco ortodoxa formada por Holland March (Gosling) y Jackson Healy (Crowe). La pregunta del millón es; ¿pese a su evidente falta de profesionalidad y su incalculable torpeza, podrán resolver el caso de una vez por todas?

Me gustaría arrancar con la sublime ambientación que le insufla el director al filme. Es ostensible que le guarda mucho respeto y mimo a esta época y a esta ciudad en especial. Es tanto el nivel de detalle que te transporta al ambiente de aquellas calles, garitos y fiestas. Los coches, looks y guiños al cine y a la cultura de los 70 son elementos que nutren a Dos buenos tipos de nostalgia y carisma. Por supuesto, como olvidarse de la banda sonora, que cuenta con artistas como Earth, Wind & Fire, Kool and The Gang, The Temptations o los Bee-Gees. Todos estos pequeños detalles funcionan como un perfecto engranaje para sacar a relucir la nostalgia del público. El guión elaborado por Shane Black con tremendo esmero y meticulosidad durante años es una auténtica joya, no tanto por su historia que quizá pueda resultar algo estereotipada sino por sus situaciones inolvidables e ingeniosos a la par que divertidos diálogos. Tampoco se olvida de darle cierta profundidad a sus personajes, sobretodo al de Ryan Gosling, cuyo arco narrativo fue el más completo de todos. Al término de la cinta, mientras los créditos finales salen y suena el tema “Love and Happiness” de Al Green, no pude evitar esbozar una sonrisa, evocando los mismos sentimientos a los cuales el propio Green dedica la canción. Pero, sin lugar a duda, lo que más brilla en esta historia son sus personajes especialmente el carismático dúo protagonista que pasan desde ya a ocupar un espacio entre los grandes. Sin embargo tampoco está exenta de errores y muchos de ellos vienen precisamente por lo ambiguo e impreciso de un guión que en ocasiones divaga mucho. Nada que no pueda pasarse por alto pero que probablemente haga que Dos buenos tipos no sea del gusto de todos. Es una historia tan atrevida que no gustará a los más puritanos pero, en mi opinión, ahí reside su mayor fortaleza. El director y guionista no tuvo reparos a la hora de plasmar su historia en el celuloide, no tuvo que ser políticamente correcto ya que tampoco pretende caer bien a todos. Habrá algunos que no entenderán su humor y habrá otros -entre los que me incluyo- que se lo pasarán en grande. Otro inconveniente que le encuentro es que no me pareció que el humor y el drama o la intriga estuvieran suficientemente balanceados y, aunque hay momentos profundos en la cinta, son tan aislados y están tan fuera de lugar que la balanza termina irremediablemente decantándose por la comedia. Pasando a las actuaciones de unos irreconocibles Crowe y Gosling que han sorprendido a propios y extraños con una relación de colegas, archiconocidos por encarnar a personajes dramáticos. Su tira y afloja, apoyado sobre el trabajo creativo de Shane Black, es perfecto y se agradece mucho en el apesadumbrado panorama cinematográfico actual. Es muy evidente que ambos actores están riéndose de sí mismos y de sus trayectorias profesionales, complementándose a las mil maravillas, como si de un dúo cómico se tratase. Pero, si bien el show les pertenece, hay un tercero en discordia que en ocasiones les hace sombra y no, no estoy hablando de Kim Basinger, cuyo peso en la cinta es prácticamente nulo. Estoy hablando de la hija de Holland March, una chiquilla muy entrometida con un intelecto y un desparpajo superior al de su padre. Entrañable y dulce interpretación de la joven Angourie Rice, la cual además cuenta con suficientes minutos para demostrar el talento que posee. Un nombre que oiremos mucho en el futuro, no me cabe duda. Continúo hablando de otro aspecto esencial como es el estilo de fotografía que, como no podría ser de otra forma, abunda en colores llamativos y está acompañado por unas tomas aéreas de L.A. que hacen su vez de homenaje a las películas de acción de los 80. Por último en el apartado musical, donde el Funk y la música Disco de los 70 cobran mayor peso, he de reconocer que habría preferido que fuera algo más variada y sorprendente. Muchos estarán de acuerdo en que aquella década supuso una revolución musical y pienso que un poco de Jimi Hendrix, Jefferson Airplane, Bob Dylan o incluso Carlos Santana habrían encajado muy bien con el tono desenfadado y psicodélico del filme y habrían aportado mayor diversidad a la que ya de por sí es una gran banda sonora.

Sin duda alguna si tuviera que recomendar una película para estas vacaciones sería Dos buenos tipos, ya que ofrece el paquete completo; originalidad, una historia y unos personajes llenos de carisma, gran música y diversión a raudales en compañía de estos dos detectives “sui generis” ¿Estáis cansados del género de superhéroes? ¿Añoráis los viejos tiempos, cuando las películas no tenían miedo de arriesgar, de ser diferentes? Pues aquí viene un torbellino dispuesto a agitar la cartelera mundial, a reírse de la formalidad imperante y amenazar a todos los productores conservadores con el regreso de un estilo cuya única norma es ofrecer diversión desenfadada sin necesidad de grandes efectos especiales ni escenarios fastuosos.

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80 de 113 usuarios han encontrado esta crítica útil
Steve Jobs
Steve Jobs (2015)
  • 6,1
    18.079
  • Estados Unidos Danny Boyle
  • Michael Fassbender, Kate Winslet, Seth Rogen, Jeff Daniels, ...
7
Un humano defectuoso
Steve Jobs es el segundo intento de hacer un biopic hollywoodiense a la altura del mito que, en esta ocasión, cuenta con grandes figuras de nuestro cine como el guionista Aaron Sorkin, el cineasta Danny Boyle y el actor Michael Fassbender para borrar de nuestras memorias la mediocre JOBS. Como digo, el talento implicado en este proyecto es estelar y junto a los mencionados debo añadir a actores -y actrices- del calibre de Kate Winslet, Jeff Daniels -asiduo colaborador de Sorkin-, Seth Rogen y Katherine Waterston entre otros. La historia cuenta cosas que probablemente los más aficionados a la tecnología ya conocierais, como el lanzamiento del Macintosh en 1984 o el iMac en 1998 pero no es ese el principal aliciente de ver este filme. El verdadero propósito es ver a la persona detrás de la leyenda, al individuo que se esconde detrás de la imagen más revolucionaria de nuestros tiempos, ese es el sujeto que intentarán destapar.

Cualquier cinéfilo que se precie conocerá a Danny Boyle o al menos, alguna de sus obras como Trainspotting, Slumdog Millionaire o Sunshine. Un respetado director británico ganador del Oscar que se encarga de trasladar a la gran pantalla la ajetreada y parcialmente exitosa vida de Jobs. Personalmente, creo que hace un gran trabajo en acercar al espectador toda la jerga informática, así como seleccionar los momentos más trascendentes de su vida, tanto profesional como personal. Maneja muy bien los tiempos, manteniendo nuestro interés constante durante su metraje. También consigue equilibrar el apabullante diálogo -presente a lo largo del filme-, con imágenes rompedoras, evitando caer en el tedio, Boyle juega a su vez con el movimiento de la cámara y su seguimiento a los personajes que conversen con Jobs. La fotografía es gran culpable de este dinamismo, además de una gran belleza. Ésta sorprende especialmente en los grandes salones en los que el fundador de Apple presenta sus invenciones al mundo. También observé el cambio de película en el que filman, siendo más notable entre el primer y segundo acto de la cinta. El guión de Sorkin -autor de La red social o The Newsroom- es brillante, quizá demasiado. Digo esto porque la estructura de esta obra es muy particular; abandona el método tradicional -comienzo, desarrollo y final- para entregarnos algo mucho más arriesgado, en forma de tres actos independientes, tres presentaciones esenciales para comprender la evolución de su figura: desde un joven ambicioso y arrogante hasta un curtido hombre de negocios. Esta paulatina transición tendrá a Joanna Hofmann (Winslet) como escudera incondicional y a Lisa, su hija, como epicentro emocional del personaje interpretado por Fassbender. Crissane, Wozniak, Hertzfeld y John Scully vienen y van pero éstas dos mujeres continúan a su lado, pese a su evidente mal genio y su personalidad algo acomplejada. Carácter descrito a menudo como déspota que aquí tratan de explorar -no respaldar- con hechos trascendentales en su vida, que le marcaron desde muy chico. Ese es la mejor faceta de la narrativa, porque todo el mundo conoce los acontecimientos esenciales del Steve Jobs adulto y mucho saben que nadie aguantaba mucho tiempo junto a él, pero poca gente se pregunta por qué. Entre invento e invento, Sorkin trata de desvelar ese secreto de la manera más humana posible. No obstante, un diálogo bien redactado no es nada sin un grupo de actores que se empapen de ese conocimiento, algo que este reparto se asegura de que ocurra. Mención especial para Fassbender, Jeff Daniels, Seth Rogen y Kate Winslet, personas claves de su éxito entre la crítica. Sus conversaciones están magistralmente ensayadas y coreografiadas, resultando en numerosos duelos dialécticos que te dejarán sin palabras. Mis problemas llegan por su densidad, su verborrea incansable, que puede resultar difícil de seguir. Tiene un ritmo muy acelerado, por momentos demasiado y eso perjudica su disfrute. Su final tampoco transmitió suficiente, lo que degrada la efectividad emocional que su guionista nos construye desde sus inicios.

En conclusión, Steve Jobs se acerca más al biopic que todos queremos ver sobre su persona. Describe con certeza sus mejores y sus peores momentos, sus éxitos y fracasos y lidia con la difícil tarea de mostrarlo ni bueno ni malo, más bien, limítrofe entre ambos polos. Pero, más allá de eso, había una persona frágil y desconsolada, alguien que se volcaba en sus productos para demostrarle al mundo su valía, aunque luego no podía compartirla con nadie porque no confiaba en nadie. A él le daba igual caer mal o bien y aunque en su fuero interno deseaba que alguien le comprendiera, su carácter iracundo y vanidoso complicaba esa tarea a sus allegados. No es una obra maestra, es imperfecta como su protagonista, pero entre diálogos y observaciones encierra algo más profundo, la complicada mente del hombre que cambió nuestro estilo de vida.

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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
45 años
45 años (2015)
  • 6,6
    4.638
  • Reino Unido Andrew Haigh
  • Charlotte Rampling, Tom Courtenay, Geraldine James, Dolly Wells, ...
7
Una vida para conocerse
45 años es una película independiente británica protagonizada por dos figuras del cine sajón como Charlotte Rampling y Tom Courtenay. Este drama narra la convivencia de un matrimonio, el cual prepara una fiesta para su 45º aniversario a la que acudirán todos los amigos y familiares que vivieron junto a ellos sus más de 40 años de historia. Una mañana cualquiera, a una semana de la esperada celebración y con todos los preparativos concretados, el marido recibe una carta que le comunica haber encontrado el cadáver de su primer amor en los Alpes suizos. A partir de ahí comienza una obsesión por su parte, desconfianza por parte de ella y con el tiempo llegan las revelaciones. Revelaciones que harán tambalearse los cimientos de su relación.

Comienzo hablando de las actuaciones de la pareja protagonista, ya que tanto Rampling como Courtenay son dignos de mención. Cuando vi las nominaciones a los Oscar y observé que, entre las Jennifer Lawrence y Cate Blanchett habituales, se encontraba esta veterana actriz pensé que muy buena actuación había tenido que otorgar y así es. La británica ofrece una interpretación honesta, descarnada y profundamente consternada por los hechos que se van lentamente desvelando. Y es que en todo momento sientes esa tristeza en su actuación y comprendes la inestable situación que atraviesa, no solo su matrimonio sino también su persona e identidad. Porque irremediablemente, llega un momento en la vida de cualquier ser humano en la que todo son recuerdos, memorias de una vida que para ella se intoxican al temer la verdad detrás de la historia del primer amor de su marido, Geoff. Hablando de él, Tom Courtenay tampoco debe ser olvidado ya que, pese a tener el papel secundario, no desmerece a Rampling manteniendo siempre el listón a la altura de su compañera de reparto. Digo que la cinta se centra en ella porque es el centro moral alrededor del cual gira la historia, vemos a través de sus ojos e ignoramos lo que ella ignora. La historia es simple aunque paulatina en su resolución, mantiene el interés en sus personajes aunque resulta algo predecible y es por esto que la atención del espectador pueda desviarse de tanto en cuanto. Aquí son las actuaciones las que elevan al filme no la historia, dando ésta demasiadas vueltas para acabar en su inevitable final, relatándonos poco sobre el pasado de ambos protagonistas, complicándonos la tarea de simpatizar con ellos y finalmente hiriendo la efectividad de su matrimonio en pantalla. Desconozco si esa fue la intención del director Andrew Haigh, pero me habría gustado comprender algo más las emociones que atraviesan tanto Geoff como su mujer, conocer más el nivel de su unión -o desunión-, de su amor porque a veces parecen témpanos de hielo, completos desconocidos que por alguna razón comparten el mismo techo. La fotografía es genial, ofreciéndonos numerosos planos más que interesantes de su casa, donde pasan gran parte del día. Cabe distinguir dos tipos de escenario: aquel fuera de la casa o en la ciudad y aquel dentro de ella. Digo esto porque en el transcurso de la película, los instantes donde uno o ambos han salido son momentos de dudas e incógnitas para el público -¿qué estarán haciendo a espaldas del otro?-. Este halo de misterio que envuelve a Geoff acrecienta, desde una inofensiva carta hasta la mayor de las paranoias, y todo se sucede en la apacible vivienda.

En definitiva, 45 años es un título sólido de una bella factura, parca en palabras y llena de sentimientos encontrados. Dos grandes actuaciones la llevan a la categoría de película llamativa, culminando en una más que merecida nominación al Oscar para Charlotte Rampling que podrían haber sido más si el personaje de Geoff y la historia en general no hubiera sido tan conservadora y rutinaria. Me quedo con las expresiones de sus actores, con un gran fotografía que de no haber coincidido con tantos grandes títulos este año habría sido más reconocida. Las ideas que nos plantea sobre las relaciones humanas -o la carencia de ellas- son estremecedoras, tristemente realistas y es que, al final de una vida, no hay nada peor que admitir que tu matrimonio ha sido un rotundo fracaso, reconocer ese gran vacío llamado soledad y sentirte solo en tus últimos días.

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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Spectre
Spectre (2015)
  • 5,9
    22.834
  • Reino Unido Sam Mendes
  • Daniel Craig, Christoph Waltz, Léa Seydoux, Ralph Fiennes, ...
8
Algunas cosas nunca cambian
Spectre es la vigésimo-cuarta película de James Bond, la cuarta para Daniel Craig y si habéis visto sus anteriores entregas, sentiréis como si cada una de ellas estuviera construyendo un momento, éste momento. Sam Mendes regresa, a su vez, tras el inmenso éxito que supuso Skyfall en 2012 -recaudando más de un billón de dólares- para poner el ¿punto final? Como no podía ser de otra manera el reparto es estelar: Christoph Waltz, Monica Bellucci, Ralph Fiennes, Léa Seydoux, Ben Whishaw y Naomie Harris entre otros acompañan a Daniel Craig en su nueva aventura. La trama nos muestra a un Bond en búsqueda de una organización fantasma, que tendrá que derrocar antes de que sus malévolos planes se hagan realidad. Franz Oberhauser (Christoph Waltz) lidera esta corporación que actúa en las sombras, moviendo los hilos de la sociedad contemporánea a su favor. Para ello, Bond deberá hacerle frente a los fantasmas de su pasado y desenmascarar al villano que ha estado moviendo los hilos de su vida todo este tiempo. Personajes como Sr. Blanco o Vesper Lynd serán traídos de vuelta, algunos física otros psicológicamente ya que todos ellos conforman al James Bond que vemos en Spectre. De alguna manera, éste es el capítulo final, la cuadratura del círculo que muchos estaban pidiendo.

Me gustaría comenzar diciendo que probablemente ésta sea la entrega de Bond con mayor y mejor factura hasta la fecha. Con Skyfall, Roger Deakins dejó impronta y elevó a Bond a otra categoría, con Spectre establecemos dicha calidad como una constante. La franquicia del personaje de Ian Fleming jamás se ha prodigado por ser visualmente apabullante y es que, si bien siempre cumplió en este ámbito, nunca hemos asociado a Bond con una fotografía excelsa. Fue en Skyfall que la fotografía cobró mayor peso en el conjunto del filme. En Spectre ocurre algo similar con Hoyte van Hoytema (Interstellar, Déjame entrar, Her), el elegido por Eon para filmar la cinta. Cada fotograma deslumbra, cada localización que nos muestran se retrata bellamente y cada conversación queda grabada en nuestras retinas. Van Hoytema nos promete, desde el plano-secuencia del preludio, que presenciaremos una obra de arte fílmica y hasta los créditos finales mantiene dicha promesa.
El director Sam Mendes, acérrimo fan del agente británico, se decanta en esta ocasión por la espectacularidad y el derroche de recursos prácticos, así como una gran lista de lugares repartidos a lo largo y ancho del planeta y pese a que huye de la sobriedad, seriedad y solemnidad que hicieron tan exitosa a Skyfall a Mendes no le sale mal la jugada, proporcionándonos un sublime producto de entretenimiento. Porque Spectre es sinónimo de diversión, si buscas algo más profundo puede que te decepcione. Teniendo en cuenta que contó con un presupuesto aproximado de 350 millones dólares -en comparación con los 200 que costó su predecesora- convirtiéndose en la cinta de Bond más cara en sus 53 años de historia, era de esperar algo más bombástico y exagerado.
Dicho esto, la trama sufre un tanto de dicho espectáculo pirotécnico, convirtiéndose más en una premisa para justificar explosiones, persecuciones y peleas que en un argumento elaborado como fue el de Casino Royale. Aquí Bond es “El increíble Bond”, enfundándose el traje de superhéroe y repartiendo estopa al que se le interponga. Llevábamos desde 2006 sin ver al Bond invencible -exceptuando Quantum-, ese que salía airoso de cualquier embrollo, por difícil que fuera y personalmente creo que la franquicia necesitaba una vuelta a sus orígenes, sin descuidar el tono cimentado estos 9 años. Mis problemas con Spectre llegan en su tercio final, donde tengo la impresión de que los guionistas no sabían como superar las cotas de acción auto-impuestas durante el metraje y terminaron por convertirlo en una comedia accidental, tirando la casa por la ventana y cerrando los ojos esperando que todo saliera bien. El otro problema es la subtrama que crean complementaria al viaje personal de Bond, que carece de desarrollo y cae un tanto pesada por momentos. La película dura dos horas y media y no es que se haga larga pero sí siente desaprovechada, pudiendo haber empleado más metraje en algunos aspectos principales de la historia a costa de los colaterales. De esta forma, habrían explotado mejor el carisma de Christoph Waltz en pantalla u otorgado más peso a la evolución de odio en amor de Swann hacia Bond logrando que no resulte todo tan abrupto. Los diálogos, por otra parte, siguen siendo tan irónicos y ocurrentes como siempre, un sello de calidad que la diferencia de otras franquicias de espías como Misión Imposible. Los actores y actrices son absurdamente carismáticos y atractivos: Craig aporta experiencia, Bellucci misterio y sensualidad, Seydoux magnetismo e ingenio y Waltz sarcasmo made in Tarantino.
La música compuesta por Thomas Newman sigue el estilo de Skyfall, tomando incluso algunas piezas de ésta. En cuanto a la introducción, visualmente aprueba con nota aunque, desafortunadamente suspende con el single Writing’s on the wall de Sam Smith, el cual no pega en absoluto ni con la película ni con el personaje de James Bond y queda a años luz de Skyfall de Adèle.

En definitiva, Spectre es una muestra de que el Bond del siglo XXI sigue guardando algo de aquel inmortalizado el siglo pasado, constituyendo un gran homenaje a su pasado sin olvidarse de su prometedor futuro. Regresan los gadgets, las chicas, los villanos excéntricos y todas esos icónicos ademanes que conforman al más sexista, polémico, conflictivo y pese a todo ello al personaje más apreciado de la historia del cine. Connery, Lazenby, Dalton, Moore, Brosnan o Craig, da igual quien lo encarna porque él es Bond, James Bond y ahí sigue en su 53 aniversario para recordarle al mundo por qué sigue siendo el mejor de todos los espías.

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4 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Sicario
Sicario (2015)
  • 6,9
    29.170
  • Estados Unidos Denis Villeneuve
  • Emily Blunt, Benicio Del Toro, Josh Brolin, Victor Garber, ...
8
Persiguiendo fantasmas en un mundo de lobos
Sicario es la nueva película del realizador canadiense Denis Villeneuve, reconocido por sus sólidos trabajos en Prisoners y Enemy entre otros, que regresa para mostrarnos otra historia oscura y pesimista -como nos tiene acostumbrados- durante dos trepidantes horas en las cuáles todo pasará a segundo plano para sumergirte en el brutal mundo de los cárteles. El filme lo protagoniza Emily Blunt (Al filo del mañana, Looper) acompañada por dos de los mejores actores de reparto del momento como son Josh Brolin (No es país para viejos, W., Puro vicio) y Benicio del Toro (Traffic, Sospechosos habituales). Además de los ya mencionados, también colabora el genial director de fotografía Roger Deakins -¡denle ya su Oscar!- que ha filmado tantas obras maestras y ha colaborado con tantos reputados directores, de estilos tan diferentes como los hermanos Coen o Martin Scorsese, que cualquier calificativo sobra. La historia de Sicario no divaga, sabe lo que quiere y rápidamente nos presenta a sus tres personajes protagonistas -aunque no sus intenciones-, que formarán un equipo especial encargado de arrancar el mal desde su raíz; Kate es una leal agente del FBI comprometida con las reglas, Alejandro aporta la veteranía y experiencia a la unidad y Matt “El araña” está tras el telón moviendo los hilos de la misteriosa operación.

Villeneuve se mueve entre la exposición del narcotráfico visto en “Traffic” y la acción hiperrealista de “La noche más oscura” y aunque, a priori, nos haga creer que la narración cobrará mayor importancia sobre los tiros y la sangre, no es así. Y no es algo estrictamente negativo porque tampoco se la puede encasillar como película de acción, pero definitivamente el director no quería imponer el guión sobre todas las cosas -a diferencia de sus anteriores trabajos-. En Sicario encontraremos un balance gratificante entre el detalle puesto en las técnicas y artimañas que la CIA utiliza para dar caza a los jefes de la droga y la estruendosa acción. También consigue mantener el ritmo y el interés del espectador hasta su explosivo final y desde luego está bien editada, quizá demasiado bien. Las actuaciones son de categoría; desde la “novata” Blunt hasta los profesionales contrastados que son Brolin y del Toro. Desde luego que la película centra su atención en estos tres pero eso no impide que no hayan algunos secundarios como Jon Bernthal -que aparece en todas las películas actualmente- o el actor que interpreta a Silvio que aporten mayor profundidad y perspectivas a la trama. El guión no es demasiado ocurrente más bien profesional y académico. Está realizado más como una crónica, un pseudo-documental sobre los peligros que entraña el trabajo fronterizo -tanto para los americanos como los mexicanos- y como cazar a los demonios de la droga que dirigen las crueles acciones de sus subordinados: los sicarios. En este aspecto, pienso que la película podía haber sido un tanto más explicativa, no de la violencia sino de la compleja máquina -descrita como un reloj- que constituye dicho imperio. En mi opinión, también falla con el arco argumental de el personaje “protagonista” de Kate, el cual lejos de brillar a medida que transcurre el metraje pasa a un segundo o casi tercer plano en favor del personaje de Alejandro. Hablando de este personaje, Benicio del Toro lo encarna magistralmente dándole un aura de misticismo, frialdad y terror, extirpándole cualquier atisbo humano y definirlo como un monstruo, una abominación fría y calculadora de cuyo pasado nada sabemos hasta su desenlace. Matt también tiene un rol similar aunque no termine de explotar como lo hace Alejandro sino que se mantiene, a propósito, en la oscuridad. Este personaje representa al interés nacional, a la mano invisible como diría Adam Smith, él es el brazo ejecutor enviado por el poder imperante. Pero pasemos a la fotografía, porque Deakins vuelve a firmar otra obra maestra y ya van unas cuantas. Este señor es un genio del cine contemporáneo ya que posee un repertorio y una habilidad camaleónica para sorprender incomparable y con Sicario da una lección a todos aquellos que intentan filmar la noche. Jamás ha habido una utilización mejor de los recursos fílmicos para mostrarla de una forma más fiel que aquí. ¿Conocéis ese sentimiento de que la noche se siente real y no un artificio hollywoodiense? Lo habréis sentido en numerosas películas de Michael Mann, por ejemplo. Ahora le toca el turno al británico, que da un puñetazo sobre la mesa y vuelve a reclamar su corona. También muestra especial inclinación por las tomas aéreas del desierto de Nuevo México, que yo interpreto como la majestuosa calma que precede a la tempestad. Os sorprenderéis con algunas de las posiciones en las que el británico coloca la cámara y como compone la escena conjuntamente con Villeneuve. Por último, la música compuesta por Jóhan Jóhannsson es lenta y penetrante. No tiene demasiadas notas pero funciona, no es para nada agradable pero precisamente eso la hace genial, porque te perturba y te incomoda.

En conclusión, Sicario es un buen filme de un director en auge que próximamente nos traerá la anticipada secuela de Blade Runner y que muestra aquí sus credenciales. A diferencia de sus anteriores obras, Villeneuve opta por la brutalidad y ferocidad de sus escenarios y de sus frenéticas escaramuzas. Sin embargo, no llega a la perfección debido al deficitario personaje de Kate, que nunca encuentra un lugar dentro de la trama ni se define como alguien relevante y la frustración de ver como la personalidad de esta película se esconde y abandona sus bazas más poderosas. No llega a ser un estudio detallado y profundo sobre la corrupción y el poder en Centro América ni una cinta de acción genérica, Sicario termina en la frontera entre ambas coqueteando de un lado para otro, manteniéndose en la peligrosa ambigüedad del que lo insinúa todo pero no dice nada.

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60 de 74 usuarios han encontrado esta crítica útil
Yo, Earl y Raquel
Yo, Earl y Raquel (2015)
  • 7,1
    12.703
  • Estados Unidos Alfonso Gomez-Rejon
  • Thomas Mann, Olivia Cooke, RJ Cyler, Nick Offerman, ...
8
Comedia desgarradora
¿Alguna vez os preguntasteis cuál sería el resultado de una película que aunara la chispa cómica de Edgar Wright, la extravagancia colorista de Wes Anderson y el cruel dramatismo de Clint Eastwood? Bueno, quizá nadie quisiese ver semejante filme pero la buena noticia es que tampoco hace falta. "Me and Earl and the dying girl" (o "Yo, él y Raquel" en nuestro idioma) es, sin lugar a duda, una de las mejores películas en lo que va de año -flaco halago- y con toda seguridad terminará en mi top 10 al final del mismo. El encargado de pulir semejante diamante es Alfonso Gómez Rejón mientras Thomas Mann, Olivia Cooke y RJ Cyler son los tres jóvenes protagonistas que le aportan el brillo y el carisma. La historia gira entorno a Greg, un adolescente inadaptado y acomplejado por sus autoimpuestas limitaciones que, en su último año de instituto, se encuentra ante la dantesca tarea de buscar su lugar en el mundo. Su amigo o colaborador -como Greg lo llama en la película- es Earl, con el que comparte una profunda pasión por los clásicos del cine. Todo en sus vidas es monótono y rutinario y nada ni nadie parece capaz de cambiar esto hasta que a Greg le obligan a visitar a una compañera de clase que padece leucemia.

Como decía anteriormente, el director muestra valentía y desparpajo no solo a la hora de presentarnos a los personajes y llevarlos a situaciones donde estos puedan desarrollarse y conectar con el público, sino también insuflándole oxígeno con una estética particular que por momentos recuerda a Wes Anderson ("Gran Hotel Budapest"). Pero, no se dejen engañar por su inexperiencia porque Rejón tampoco se acobarda a la hora de mostrarnos el lado más oscuro y doloroso de la trama y aunque su esfuerzo por otorgarle mayor dramatismo del necesario a la cinta no resulta del todo convincente ni coherente, no se le puede achacar el hecho de querer ser lo mas fidedigno posible con la novela en la que se basa. La duración es razonable, ninguna escena se siente fuera de lugar ni divaga del argumento principal, está bien editada y contiene numerosos guiños al séptimo arte que caerán simpáticos entre los cinéfilos. Las actuaciones son sorprendentemente buenas y digo que me sorprende porque, pese a su juventud, ningún actor se queda rezagado, todos ocupan la pantalla de manera ecuánime. Cada integrante de este terceto protagonista tiene gran personalidad y magnetismo ante la cámara. Aunque su gran trabajo también es secundado por unos secundarios de lujo que, a su manera, enriquecen el conjunto y le añaden matices a la trama principal. El guión, basado en una novela del mismo título, sobresale en muchos aspectos y fracasa en otros. No digo que sea a partes iguales, porque lo positivo pesa más que lo negativo, pero sí resulta frustrante y decepcionante algunas de las decisiones que toma el guionista sobretodo llegado el tercer acto. La fotografía es original y juguetona con los planos y con la posición de la cámara.

En conclusión, esta es una sorpresa con mayúsculas y es una de esas películas que pasa bajo el radar por su aparente simplicidad pero sorprende con una narración sincera, humana y realista sobre la vida de unos adolescentes que se unen por un capricho del destino, un fatal desencadenante como es el cáncer que terminará por formar un vínculo profundo y perenne. Recomendable para los curiosos y los amantes del cine independiente aunque no enamorará al que busque en ella pasar dos horas de entretenimiento desenfadado.
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57 de 65 usuarios han encontrado esta crítica útil
Show Me a Hero (Miniserie de TV)
Show Me a Hero (Miniserie de TV) (2015)
  • 7,6
    4.765
  • Estados Unidos David Simon (Creator), Paul Haggis
  • Oscar Isaac, Carla Quevedo, Catherine Keener, Ilfenesh Hadera, ...
8
Las consecuencias de hacer lo correcto
“Show me a hero” es una miniserie de HBO dirigida por Paul Haggis (Crash), escrita por David Simon (The Wire, Treme, The Corner) y protagonizada por Oscar Isaac en el papel del demócrata Nick Wasiscko. La narrativa -basada en hechos reales- relata las dificultades y obstáculos que, en 1987, atraviesa el joven alcalde de la ciudad de Yonkers Nick Wasiscko para llevar adelante un plan de construcción de viviendas de bajo coste en los barrios blancos de la urbe. De esta manera comienza una lucha solitaria por conseguir cumplir la ley, en contra de un sector enfurecido y de políticos manipuladores que buscan echar abajo al alcalde electo. Estos seis episodios nos trasladan a dicha ciudad del estado de Nueva York y nos acerca a todos los estratos sociales que la habitan. Barrios marginales poblados de afroamericanos y latinos en su mayoría, donde algunos aprovechan para delinquir pero muchos otros honrados trabajadores buscan la manera de mejorar sus vidas y las de sus familias e iniciar una nueva vida en las nuevas viviendas pendientes de aprobación.

Paul Haggis tiene una especial predilección por las historias de las minorías desfavorecidas en EE.UU. (véase Crash) y demuestra, nuevamente, mano diestra a la hora de desarrollar una historia cautivadora y reivindicativa. En yuxtaposición a la segunda temporada de True Detective, aquí hay una orientación y un sentido a todas las subtramas que acontecen a lo largo de la serie. Todas las historias, por pequeñas que sean, aportan distintas perspectivas a la trama principal; desde una afroamericana que espera marcharse del barrio para desengancharse de una vida de excesos hasta una señora blanca que se opone encarecidamente al proyecto. Pero la serie también funciona como un drama judicial con tintes políticos; un mano a manos entre el juez que dictamina las órdenes y los políticos que se oponen a cumplirlas. En definitiva, Haggis logra mantenerte pegado a la pantalla la hora que dura cada episodio y te mantiene en vilo hasta su resolución final. Las actuaciones son de categoría y nos es para menos con el reparto que cuenta entre los que destacan Bob Balaban, Jon Bernthal, Winona Ryder, Jim Belushi, Catherine Keener o Alfred Molina entre otros. Pero, sin duda alguna, la estrella protagonista que nos brinda una interpretación memorable es Oscar Isaac cuya interpretación de Wasiscko raya la perfección. Su personaje muestra una temprana victoria al ser elegido alcalde de la ciudad que pronto se verá truncada por las vicisitudes de la política y los caprichos del destino que se cebarán con él y con su lucha por convencer a los miembros del consejo municipal que la construcción de estas polémicas viviendas debe llevarse a cabo. Continuando por el guión, David Simon regresa por la puerta grande una vez más con esta brillante historia con un estilo narrativo deslavazado y lleno de historias separadas que poco o nada tienen que ver las unas con las otras pero que terminan por encajar cual puzzle. La música está a cargo de Bruce Springsteen y en ella encontramos grandes hits del cantante correspondientes a su época dorada en los ochenta que sin duda constituye un gran aliciente para sus fans. La fotografía es realista, austera y sin grandes ostentaciones. Tampoco necesita ser detallista ni bella en sus imágenes ya que aquí los personajes ocupan el primer plano.

En conclusión, “Show me a hero” merece la pena su tiempo. Quizá no sea entretenida en el sentido puro de la palabra pero sí aleccionadora. Aparte de mostrarnos las entrañas del repugnante juego político -donde la reputación vale más que la razón- minuciosamente, tampoco se olvida de retratar la terrible situación social que atravesaba la ciudad de Yonkers y la tensión que se respiró entre sus ciudadanos a finales de los 80 y principio de los 90. Numerosas historias humanas, alejadas del poder y a merced de los gobernantes que deben decidir hacer lo correcto o no. En medio de este caos, Nick Wasiscko intenta liderar con sentido y prudencia pero la buena praxis en nuestra sociedad está tristemente sobrevalorada y aquellos que la practiquen se verán en una encrucijada.
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10 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
True Detective II (Serie de TV)
True Detective II (Serie de TV) (2015)
  • 6,6
    17.324
  • Estados Unidos Nic Pizzolatto (Creator), Justin Lin, ...
  • Colin Farrell, Vince Vaughn, Rachel McAdams, Taylor Kitsch, ...
6
El que mucho abarca, poco aprieta
Tras el fulgurante éxito de la primera temporada de True Detective, que convirtió a la serie en una obra de culto, Nic Pizzolatto vuelve con otra historia original buscando elevar el listón que él mismo marcó. En esta ocasión, un cuarteto protagonista liderado por Colin Farrell sustituye al insuperable dúo Harrelson-McConaughey. La historia de esta secuela difiere absolutamente de su predecesora, huyendo de los asesinatos en serie para adentrarse en el oscuro mundo mafioso del Los Ángeles contemporáneo, el cual se verá agitado por la repentina muerte de Ben Caspere, un conocido empresario relacionado con el hampa. Dicho detonante conlleva una profunda, larga y confusa investigación llevada a cabo por el terceto compuesto por Ray Velcoro (Colin Farrell), An Bezzerides (Rachel McAdams) y Paul Woodrugh (Taylor Kitsch). Estos tres agentes tendrán que indagar en los más bajos barrios de la ciudad y ensuciarse las manos para conseguir la cruda verdad. Junto a ellos les seguirá de cerca Frank Semyon (Vince Vaughn), un capo reconvertido a empresario que se verá afectado directamente por el asesinato de Caspere.

Comenzando por la dirección de Justin Lin, que junto a otros cuatro directores, no logra equilibrar la balanza del genial trabajo hecho por Fukunaga en la primera temporada. El tono y ritmo de los ocho episodios que la componen está demasiado disperso; algunos abundan en acción y suspense, mientras otros están carentes de tensión dramática. El problema aquí es que no tienen un rumbo o dirección predefinido; cada uno de los realizadores interpretan la historia a su manera y ejercen su propia técnica cinematográfica. Justin Lin es el nombre más reconocible y no cumple con el cometido de enganchar al espectador con los dos primeros episodios que dirige. Respecto al nuevo guión de Pizzolatto, las similitudes con aquel de la primera temporada son escasas pero la originalidad de esta no cuaja y frustra al televidente. La historia se centra en corrupciones y conspiraciones angelinas, abandonando así parte del encanto macabro de las marismas de Louisiana y este cambio no favorece en absoluto a construir una atmósfera. La jungla de asfalto californiana resulta estéril, carente de emoción o carisma y, en parte, la culpa recae en la repetitiva e insulsa fotografía predominantemente oscura (una característica común en el cine actual) que, lejos de presumir de parajes parcos y desoladores busca esconder las evidentes carencias con insustanciales tomas aéreas de autopistas y barrios marginales. En definitiva, el guión pierde en todas las comparaciones, no estando a la altura del título ni en confección de personajes ni en trama principal. Las actuaciones son dispares entre los cuatro protagonistas, siendo Colin Farrell el mejor del grupo con diferencia. Colin y su personaje nos transmiten atisbos de lo visto en el personaje de Rusty en la temporada original; Ray Velcoro tiene un aura dramática que funciona y se complementa a la perfección con su compañera Ani Bezzerides ya que juntos comparten pasados traumáticos. Completando el terceto policíaco está Taylor Kitsch/Paul Woodrugh que emerge durante el transcurso de la serie como un personaje misterioso y atormentado pero nunca llegamos a sentir impacto alguno en su arco narrativo, porque el guión no llega a desarrollarlo. Terminando con Vince Vaughn, el cuarto protagonista en discordia que, similar al personaje de Kitsch, tampoco llega a encajar dentro de la maquinaria detectivesca y se siente forzado e innecesario. La música, de nuevo de T Bone Burnett, es lo mejor y lo más continuista con respecto a la anterior temporada. El opening de la serie mantiene el pabellón alto, siendo este último más colorido y variopinto que el anterior y poniéndole música el inigualable Leonard Cohen con su “Nevermind”.

En resumen, True Detective II no cumple en absoluto con las esperanzas depositadas en ella. Si bien Pizzolatto busca reciclarse y sorprendernos con un nuevo relato, la jugada le sale mal y falla estrepitosamente con la narrativa de esta embarullada trama que tampoco nos entrega ningún personaje memorable. Colin Farrell y, en menor medida, Rachel McAdams son las estrellas que, pese a estar desaprovechadas dentro del maremágnum de personalidades que inundan la serie, sobresalen instantáneamente. El sabor que nos deja esta secuela es agridulce, donde incluso el mayor optimista no puede obviar la evidente falta de rumbo que, desesperadamente, busca encontrar durante el paso de la serie y que termina exhausta en su fallido cometido. Aquellos que recuerden el clímax final de Carcosa, se verán decepcionados con la precipitada y risible resolución de los protagonistas aquí. HBO apresuró la producción de esta segunda temporada y buscó que Pizzolatto repitiera éxito, pero aunque la idea fuera bienintencionada, el genio jamás salió de la lámpara.

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35 de 52 usuarios han encontrado esta crítica útil
Terminator Génesis
Terminator Génesis (2015)
  • 5,3
    20.269
  • Estados Unidos Alan Taylor
  • Emilia Clarke, Arnold Schwarzenegger, Jason Clarke, Jai Courtney, ...
5
Obsolescencia programada
Terminator Génesis es la quinta entrega de la franquicia iniciada por James Cameron allá por los 80, que tras seis años de ausencia y tan desgastada como su protagonista vuelve a los “mejores” cines. El director culpable de este inesperado -e innecesario- regreso es Alan Taylor que, además de contar de nuevo con Schwarzenegger como T-800, se unen al reparto ilustres rostros como el de Emilia Clarke, Jai Courtney, Jason Clarke y J.K. Simmons (¡Sí, el que viene de ganar el Oscar por Whiplash!). Esta vez nos encontramos en 2029, donde John Connor manda a Kyle Reese a 1984 para salvar a Sarah Connor del Terminator que envían las máquinas, pero cuando este llega la línea temporal ha cambiado y Sarah ya no es la chica indefensa que se presuponía que era.

Alan Taylor dio el salto a la gran pantalla con la secuela de Thor después de colaborar en series tan exitosas como Los Soprano, Roma, Mad Men y Juego de Tronos. Ahora le encomiendan la ardua tarea de terminar con la friolera de 24 años sin ver una buena película de Terminator pero, desgraciadamente, no lo consigue y firma un producto mediocre que, si bien no empeora lo visto en Salvation, no termina de convencer ni al más acérrimo de sus fans ya que le falta algo de lo que carecen muchos blockbusters hoy en día: entretenimiento. Terminator 5 carece de entretenimiento porque su historia es confusa y enrevesada, está mal interpretada y las escenas de acción son repetitivas y tediosas. Todo en Génesis es un terrible “déjà-vu”, un híbrido de las cuatro entregas anteriores, que recoge lo bueno de la original y de T-2 incluyendo también el concepto informático de Skynet/Génesis creado por T-3 y de la infame estética post-apocalíptica de T-4 que tan amargo regusto nos dejó a todos. El guión es desastroso ya que intenta contar una historia exageradamente elaborada cuando la saga brilla por su carencia de guión. Nadie entra a ver Terminator pensando en ver una trama compleja ni grandes giros de guión, sino un festival de golpes, explosiones y peleas entre dos cyborgs que luchan por el futuro de la humanidad. Jamás profundizaron en los viajes en el tiempo ni cambiaron toda la cronología (¡que ya de por sí es enrevesada!) y sin embargo, Génesis se esfuerza en dar algo nuevo que no comulga con el tono de las originales. Deja de ser continuista y arriesga demasiado, quizás en un intento de hacer un lavado de cara inútil o quizás por la alarmante falta de ideas. Sea cual sea la razón, lo cierto es que aquí han primado la novedad por encima de la tradición y perdieron la apuesta. Pero no todo es negativo porque, por muy descafeinada e insípida que resulte, siempre estará “Arnie” viejo pero no obsoleto -como él mismo reza- para arrancarnos alguna que otra sonrisa y salvar a la película de la exterminación total. Los demás desentonan en sus personajes: Emilia Clarke no consigue convencernos de ser la Sarah Connor fuerte y luchadora de Linda Hamilton y Jai Courtney transmite inexpresividad en cada una de sus intervenciones como Kyle Reese. La química entre ellos es inexistente en comparación con la original del 84 y es que toda comparación es odiosa y más cuando creen poder mejorar lo notable. La música es rutinaria acorde con todo lo demás, completamente plana y perezosa, abandonando la tensión y el ritmo frenético que nos anticipaba la banda sonora de Brad Fiedel. Los efectos especiales, contrario a lo que muchos se esperan de tal franquicia, son de todo menos “especiales”. Algunas explosiones y la recreación del T-1000 son demasiado chapuceras para los cánones a los que Cameron nos había deleitado.

En conclusión, Terminator Génesis es banal, superflua y sobretodo cargante. El guión amontona una serie de eventos ocurridos en el transcurso de la saga y les da un insatisfactorio giro de 180º que termina por levantarnos dolor de cabeza. Las actuaciones son inconsistentes y el reparto está mal elegido ya que los actores chirrían en sus respectivos roles. Schwarzenegger es el único salvavidas, el faro que guía al descarriado buque Génesis. Tiene algunos buenos momentos pero se quedan en eso, momentos. Sus dos largas horas no compensan el precio de la entrada y este quinto episodio reafirma que al Terminator le ha llegado su hora.
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4 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Jurassic World
Jurassic World (2015)
  • 5,8
    50.464
  • Estados Unidos Colin Trevorrow
  • Chris Pratt, Bryce Dallas Howard, Nick Robinson, Vincent D'Onofrio, ...
5
Probetasaurus
Jurassic World es la cuarta entrega de la saga iniciada por Steven Spielberg en los años 90 y está dirigida por Colin Trevorrow (Seguridad no garantizada), un debutante en lo referente a grandes superproducciones que se enfrenta al reto de reanimar una franquicia maltratada. El reparto cambia por completo: cambiamos al icónico Dr. Grant por Owen, un domador de velociraptors, interpretado por Chris Pratt (Guardianes de la galaxia) al que le acompaña Claire, la supervisora del parque, interpretada por Bryce Dallas Howard (Manderlay, Spiderman 3). A esta pareja protagonista se suman actores de renombre como Vincent D’Onofrio (La Chaqueta Metálica) y Omar Sy (Intocable). La historia regresa a la Isla Nublar, donde todo comenzó años atrás. Ahora el parque no solo está en funcionamiento sino que tiene un gran reclamo turístico. Sin embargo, aparentemente los dinosaurios están muy vistos -¡menuda tontería!-, la gente está acostumbrada a ellos y por eso los directivos deciden crear un nuevo dinosaurio, con la esperanza de atraer turistas de nuevo -aunque en la película el parque está lleno, no sé de que se quejan-. Por supuesto, no podían crear un dinosaurio herbívoro e inofensivo porque eso no pondría en peligro la integridad de todos los visitantes del parque y no provocaría ningún tipo de destrucción así que, por el bien del espectáculo, deciden mezclar en la batidora genética el ADN de algunas de las especies más peligrosas, letales e inteligentes que jamás han existido en el planeta Tierra y les sale el Indominus Rex.

Empezando por la dirección de Colin Trevorrow, la cual resulta muy irregular. La película se divide en dos mitades yuxtapuestas: una primera donde presenta y describe a los personajes protagonistas y una segunda llena de acción, destrucción y obviamente dinosaurios. La primera hora nos bombardea con personajes estereotipados y poco carismáticos, conversaciones nefastas y una presentación nada emocionante del parque, debido a que la gran mayoría de imágenes salen en cualquiera de los trailers promocionales. Entre soplidos y bostezos llega una segunda parte que toma un giro de 180 grados y consigue satisfacer parcialmente al espectador expectante por ver dinosaurios, dispuesto a dejar atrás el desastre inicial, convenciéndose de que el entretenimiento está por venir. Digo parcialmente porque aunque cuenta con grandes imágenes y escenas de acción espectaculares, el CGI está presente en todo momento cual Indominus Rex, acechando como un depredador y no te otorga ni el más mínimo descanso. Al principio cuela pero tras dos horas la paciencia se acaba y me aborda la frustración -¿tanto cuesta confiar en los efectos prácticos?-.
Las actuaciones tampoco salvan a Jurassic World de la quema. Por una parte están Chris Pratt y Bryce Dallas Howard que brindan sólidas actuaciones y tienen buena química entre ellos. Por el otro, tenemos a todos los demás que son más monigotes que otra cosa: los dos insoportables críos por los que supuestamente debes preocuparte transmiten la emoción de una piedra -¡estáis viendo animales extinguidos hace 231 millones de años!- y el papel de D’Onofrio como jefe de seguridad beligerante resulta caricaturesco -¡como todos los demás, incluido el exasperante guión!-
El guión está carente de espíritu y de motivación. En Parque Jurásico, la moraleja ese centraba en el respeto a la naturaleza. Aparte de deleitarnos con aventuras humanas al estilo de Indiana Jones también nos enseñaban que la ambición del Hombre termina por volverse contra sí mismo. En esta, el concepto es que los dinosaurios son aburridos y que la gente quiere ver algo nuevo porque están cansados ya de tanta tontería mesozoica. Así que niños, ya sabéis que ¿¡por qué conformaros con un velociraptor cuando podéis crear el dinosaurio que os de la gana!?
Sin embargo, he de decir que un aspecto redimible de semejante bodrio es, sin el menor género de duda, la banda sonora compuesta por Michael Giacchino (Ratatouille, Up, Misión Imposible 4), la cual constituye el aspecto más rememorativo de la original ya que, si bien mantiene intacto el espíritu creado por John Williams no duda en aportarle gratas novedades.

En definitiva, Jurassic World no encuentra la magia perdida en la tercera parte de la saga y pese a contar con algunas buenas interpretaciones y un director talentoso que intenta ofrecer algo novedoso, la comicidad del guión y el abuso de CGI terminan por hundir la película, convirtiéndose en un quiero y no puedo, quedando así relegada a un producto entretenido pero insatisfactorio cuando se trata del regreso de una franquicia de tal envergadura. Viendo lo conseguido en 1993 y ante el enorme progreso hecho en el campo audiovisual desde entonces, estaban ante la oportunidad de hacer lo que Spielberg no pudo y conseguir traer de vuelta al T-Rex y cía. a lo grande. Habrá que seguir esperando.
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47 de 78 usuarios han encontrado esta crítica útil
Blood Ties
Blood Ties (2013)
  • 6,0
    1.918
  • Francia Guillaume Canet
  • Clive Owen, Billy Crudup, Marion Cotillard, Zoe Saldana, ...
7
Familia (para lo bueno y para lo malo)
Lazos de sangre es la ultima película del realizador galo Guillaume Canet (Pequeñas mentiras sin importancia) que cuenta con un elenco de lujo entre los que destacan Clive Owen, James Caan, Billy Crudup, Marion Cotillard y un largo etcétera que no me molestare en detallar. La historia, ambientada en Nueva York durante los años 70, narra la complicada existencia de una familia media americana compuesta de un policía (Crudup), su hermano delincuente (Owen), su hermana y su padre (Caan) y se centra principalmente en la tensa relación entre estos dos primeros. Una relación que afectará tanto sus vidas como la de sus seres queridos, donde la presión irá aumentando paulatinamente a lo largo de sus más de dos horas de duración hasta el estallido final.

Empezando por la dirección de Canet, el cual mantiene bien el rumbo hacia el que quiere llevar la cinta y es que con el guión con el que tiene que trabajar es sencillo acabar con la paciencia del espectador y perderse en un mar de propuestas inacabadas. Si bien han estirado demasiado su metraje y algunas subtramas se podían haber omitido, afin de favorecer la principal -y más interesante- entre los dos hermanos, el ritmo se mantiene firme mayoritariamente. Pasando al guión, el cual está adaptado por el propio Canet con ayuda del también cineasta James Gray (Two Lovers, La noche es nuestra, El sueño de Ellis) y está inspirado en la película francesa “Liens de sang” de 2008. Esta es una de esas historias largas y elaboradas, con personajes protagonistas bien definidos y aunque cuenta con numerosos acontecimientos, aquí sirven como herramienta para desarrollar y explorar las emociones de estos hermanos y observar como reaccionan ante los peligros que se les plantean. No esperéis un gran final, bombástico u ornamentado sino algo a menor escala, más personal e íntimo -aunque también hay alguna que otra persecución-. Dicho esto, las actuaciones deben estar a la altura de las circunstancias ¿Lo están? Rotundamente sí, son de lo mejor que yo haya visto en lo que va de año y no es para menos porque este reparto es inmejorable. James Caan cumple con su papel sobradamente, los actores de reparto hacen bien su labor y el duelo interpretativo que ofrecen Crudup y Owen es notable. Ambos se complementan bien en la pantalla, sus personalidades son diametralmente opuestas y deben aprender a lidiar el uno con el otro porque, al fin y al cabo, son familia. Representan el blanco y el negro, el aceite y el vinagre y es ese tira y afloja entre el formal y el rebelde el que mantiene con vida a la cinta. Su historia es la única más magnética y pese a que intentan rodearla de otras adicionales, algunas son insulsas e innecesarias. La fotografía está a cargo del mismo que colaboró en todas y cada una de las producciones de Canet y es ciertamente notable. Quiero apuntar que la belleza natural de la Nueva York de la época juega un rol muy importante en conseguirlo y es que, personalmente, es imposible equivocarse con semejante telón de fondo. Terminando por la banda sonora, a juego con los setenta que toma una importancia capital en la película hasta el punto de formar un personaje por sí solo y todo un placer para los sentidos. La música fue, es y será una parte esencial de cualquier película que se precie, sin ella pierde vida y en Lazos de sangre se han tomado muy en serio este preciado aspecto.

En definitiva, Blood Ties es una buena cinta dramática con personajes convincentes, situaciones realistas y esporádicas escenas de acción que satisfarán al impaciente espectador. Aquí no hay villanos ni héroes, no todo es blanco o negro sino que cubre un territorio muy grisáceo donde las decisiones tomadas tienen buenas o malas consecuencias y repercuten en mayor o menor grado en sus vidas. Como digo las actuaciones son generalmente buenas, aunque este es el show de los dos hermanos y desgraciadamente la mayoría de secundarios -y sus vidas- no terminan por trascender en el conjunto global, lo que lastra ocasionalmente el ritmo del filme y llega a poner a prueba la voluntad del espectador. Muy recomendable para los amantes del género y para todos aquellos que les guste una cinta cocinada a fuego lento.

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13 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
Mad Max: Furia en el camino
Mad Max: Furia en el camino (2015)
  • 7,1
    62.108
  • Australia George Miller
  • Tom Hardy, Charlize Theron, Nicholas Hoult, Hugh Keays-Byrne, ...
10
¡Adrenalina en vena!
Con estas palabras se podría resumir la experiencia cinematográfica que George Miller nos brinda con esta cuarta entrega de la franquicia ochentera Mad Max. Tomando el relevo de Mel Gibson está Tom Hardy al cual le acompaña Charlize Theron en este loco viaje de dos horas por los desiertos de Dubai. En esta ocasión, Max Rockatansky se ve involucrado en un intento de fuga, llevado a cabo por un grupo de mujeres, del tirano Inmortan Joe. Simple pero efectiva premisa la que nos propone Mad Max: Furia en la carretera.

George Miller regresa a la saga que él mismo creó por todo lo alto. El realizador australiano llevaba más de una década con esta película en mente y aunque se hizo de rogar, la espera ha merecido mucho la pena. Empezando por la acción -soberbiamente filmada- la cual da la sensación de caos organizado, haciendo de esto uno de los muchos motivos que la convierten en un espectáculo audiovisual sin precedentes. Pese a sus 70 años, Miller nos entrega una oda a la acción desenfrenada, al entretenimiento en su estado más puro y por eso su trabajo se vuelve aún más notable. Es digno de mención el esfuerzo que ha depositado en devolver a Mad Max a la cumbre cinematográfica y el mimo con el que ha llevado este proyecto desde sus inicios, buscando una fórmula ganadora y no un producto final precipitado -es admirable ese tipo de dedicación-. La fotografía de John Seale (Cold Mountain, La tormenta perfecta, Poseidón) es sublime, logrando una estética colorida muy apropiada, jugando mucho con los movimientos de cámara, dándole a la cinta aún más frenesí si cabe. Además, la impredecibilidad es un factor clave, ya que el espectador no sabe cuándo ni qué va a pasar, manteniéndonos en permanente tensión hasta los créditos finales. Las actuaciones tanto de Hardy como de Theron son de gran nivel y a este dúo interpretativo le acompaña Nicholas Hoult (X-men) el cual encarna perfectamente el papel de lunático. El villano -aunque recuerde vagamente por la máscara al Bane de Hardy- está a la altura y junto a su banda, transmite la sensación de persecución continua de nuestros protagonistas. El guión, como dije antes, es simple pero no por ello malo. Este tipo de películas no necesitan una historia elaborada para funcionar, al contrario, cuanto más directa mejor. Si a esto le añadimos unos protagonistas tremendamente carismáticas -desde Max hasta el tipo de la guitarra escupefuego- el resultado es un guión insuperable. La música de Junkie XL (próximo compositor de Batman v Superman junto a Hans Zimmer), algo no siempre destacable en el género, es vibrante y contagiosa.

En definitiva, Mad Max 4 es todo lo que se le puede pedir a una buena cinta de acción -y más-. Cuenta con buenas interpretaciones, personajes llamativos, una historia atractiva y lo más importante una incansable consecución de escenas de acción que lejos de aburrirte o cansarte -A todo gas 7- te sorprenden una y otra vez con su arsenal de armas, vehículos, personajes y situaciones variopintas. Puedo decir que es la mejor película en lo que va de año y un espectáculo difícilmente superable -casi imposible- por cualquiera de los muchos taquillazos que aún quedan por salir ¡Mad Max ha vuelto, ha arrancado su V8 Interceptor y ha adelantado a todas las grandes franquicias del momento en un suspiro!

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78 de 122 usuarios han encontrado esta crítica útil
Promesa de vida
Promesa de vida (2014)
  • 5,8
    7.714
  • Australia Russell Crowe
  • Russell Crowe, Olga Kurylenko, Jai Courtney, Isabel Lucas, ...
4
Guías de viaje: Turquía
“El maestro del agua” es el debut en la silla del director de Russell Crowe y está protagonizada por el propio Crowe y Olga Kurylenko. La historia gira entorno a la búsqueda de Joshua Connor (Crowe), un australiano cuya profesión es encontrar yacimientos de agua, de sus tres hijos que están dados por desaparecidos tras combatir en la batalla de Galípoli, uno de los más sangrientos conflictos de la Primera Guerra Mundial llevado a cabo en tierras otomanas. Su periplo por Turquía lo lleva a descubrir una civilización opuesta a la australiana mientras lidia con los problemas burocráticos y sociales que le impiden encontrar a sus hijos y traerlos de vuelta a casa.

Comenzando por la dirección de Crowe, no hay mucho que resaltar. Es una película bien rodada, muy sobria pero eficiente. Sin embargo y aunque las comparaciones con Mel Gibson son inevitables, no parece que el neozelandés adoptado australiano tenga el mismo instinto que el autor de obras tan notables como Braveheart o Apocalypto. Continuando por la fotografía, el fallecido Andrew Lesnie culmina su última obra de manera notable, firmando escenas de enorme belleza visual a la vez que muestra fielmente los acontecimientos acaecidos durante la cruel contienda de Galípoli. Poco he de añadir sobre la banda sonora, que pasa inadvertida durante todo el metraje. Las actuaciones son correctas sin más, no hay una voz cantante en el reparto, nadie lleva las riendas de la película y eso se traduce en una acumulación de personajes con poca profundidad -Russell Crowe se rodea de tantos actores que su arco argumental pasa a un segundo plano-. Por último, el guión está lleno de subtramas intrascendentes, personajes innecesarios y diálogos absurdos. Es como si el escritor tuviera en mente una telenovela de posguerra para televisión española en vez de una película convincente ya que, aunque intentan arrancar la lágrima fácil del espectador, todo lo que consiguen es redundar en un melodrama empalagoso, un festín de sentimentalismos baratos donde la coherencia brilla por su ausencia. Este esfuerzo falla considerablemente en su principal cometido, convirtiéndose hacia el tercio final en una caricatura de sí misma.

En conclusión, “El maestro del agua” es esencialmente un bien intencionado intento de revivir aquellos terribles acontecimientos de 1915 pero una película no puede -ni debe- ser valorada por sus intenciones, sino por su ejecución y ahí es donde suspende. Nada sorprende, todo se siente forzado y predecible, las actuaciones no son malas pero tampoco hay ninguna que llame la atención y pese a contar con una ambientación -tanto en Australia como en Turquía- sensacional, la falta de coherencia y su evidente carencia de un buen guión terminan por ensuciar lo que podría haber sido un interesante inicio a la carrera de Russell Crowe como realizador.

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7 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
Los Vengadores: Era de Ultrón
Los Vengadores: Era de Ultrón (2015)
  • 6,3
    42.723
  • Estados Unidos Joss Whedon
  • Robert Downey Jr., Chris Evans, Chris Hemsworth, Scarlett Johansson, ...
7
La Ira de Ultrón
Tras la primera película de "Los Vengadores", mi expectación por esta secuela estaba por los suelos. Y es que "La Era de Ultrón" cuenta con un reparto, director y equipo similar al que nos trajo aquel tostón de CGI, acción inverosímil e historia simplona allá por 2012 y viendo los trailers todo presagiaba que nos darían más de lo mismo. Sin embargo esta me mantuvo pegado al asiento inmerso en ese universo fantástico que Marvel intenta crear tan concienzudamente desde ya no se sabe cuanto. En esta ocasión, el equipo deberá hacer frente a una inteligencia artificial rebelde y trastornada que, cegada por la ira contra la humanidad, busca la manera de extinguirla. Ahí es donde "Los Vengadores" entran en acción, poniendo una vez más su integridad física -y mental- en juego.

Joss Whedon vuelve por última vez a la franquicia que proyectó su carrera, dejándolo en una posición envidiable para futuros proyectos. Es admirable la capacidad de dirección de este señor para llevar a buen puerto no solo una, sino dos de las mayores superproducciones hoy día, soportando una presión y estrés sobrehumano. Cierto es que tras tal éxito su curriculum se convierte en uno de los más prometedores y consolidados de la industria, dejándolo en la cresta de la ola con esta cinta inmejorable. Las interpretaciones son sólidas, se nota la química del grupo y se compenetran a la perfección tanto para la acción, como la comedia e incluso algún atisbo dramático que le otorga mayor magnetismo que al título original. El guión cae en convencionalismos -sobretodo en el tramo final- pero muestra otras caras de la misma moneda: sentimientos de culpa, fantasmas del pasado, relaciones sentimentales, etc. Este tipo de indagaciones características de "El Caballero Oscuro" son las que redondean la experiencia de "Los Vengadores" para aquellos espectadores que no lean los cómics -como un servidor- y es que el talón de aquiles de este género de películas es el desarrollo y las motivaciones de los personajes -tanto héroes como villanos- convirtiéndolos en caricaturas comiqueras irreconocibles. Aquí logran el perfecto equilibrio. Por supuesto el CGI es excelente y la acción es todo lo cinematográfica que una película de estas características debe ser pero lo que de verdad agradece esta entrega es la "humanización" del equipo.

En conclusión, "La Era de Ultrón" es todo lo que necesita ser una buena cinta de superhéroes y añade lo justo para identificarte con los integrantes del grupo y apoyarles en su lucha contra un villano mejor que Loki: más cruel, más despiadado y mejor definido.
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6 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
Crímenes ocultos
Crímenes ocultos (2015)
  • 5,9
    8.345
  • Estados Unidos Daniel Espinosa
  • Tom Hardy, Noomi Rapace, Gary Oldman, Joel Kinnaman, ...
6
No hay crímenes en el paraíso
“El niño 44” está dirigida por Daniel Espinosa (“El invitado”, “Dinero Fácil) y protagonizada por Tom Hardy y Noomi Rapace. Es la adaptación de una novela con el mismo nombre, de la cual se encargó el prestigioso escritor y guionista Richard Price (“El color del dinero”, “Historias de Nueva York”, “The Wire: Bajo escucha”, etc) de traer a la gran pantalla. Producida por Scott Free, la productora de Ridley Scott, esta película tenía visos de convertirse en una agradable sorpresa y quizá una contendiente para los próximos Oscar. Ambientada en Moscú durante la era comunista comandada por Stalin, Leo Demidov (Hardy) un miembro del cuerpo de “seguridad” soviético es perturbado por la muerte del hijo de un viejo amigo suyo y compañero de profesión que clama haber sido asesinado. Teniendo en cuenta que, según su doctrina, el asesinato era una enfermedad capitalista Demidov deberá luchar contra el sistema para atrapar al asesino que continúa matando a niños impunemente.

Empezando por las actuaciones, Tom Hardy y Noomi Rapace ejercen de rotundos protagonistas pese a contar con Gary Oldman, Joel Kinnaman y Vincent Cassel como miembros del reparto. Y es que, aunque ambos cumplen con sus personajes y crean un vínculo creíble como matrimonio en apuros, los demás están relevados al ostracismo y fijándome en la duración de la película esperaba algo más desarrollo de personajes. Me decepcionó que la oportunidad de ver un memorable pulso entre Oldman, Cassel y Hardy no se materializase y en su lugar recibamos demasiado relleno que, desde luego es importante para recrear el tono de los años 50 en la URSS pero que al cabo de un tiempo comienza a repetirse y, por desgracia, caer en el aburrimiento. La dirección llevada por Espinosa es decente, no impresiona ni transmite profundas emociones como otro director más contrastado haría con este concepto, pero consigue algunas tomas poderosas del paisaje ruso y capta bien el ambiente de desconfianza y terror que invadían las calles de Moscú antaño. Sin embargo, el peor aspecto de la película es el trailer, que nos muestra lo que parecía una investigación policial de un asesino de niños, llevada a cabo por un Tom Hardy desquiciado y obsesionado en darle caza como sea. También nos introduce al personaje de Gary Oldman como elemento relevante en la historia, donde ambos parecen actuar conjuntamente para poner a dicho psicópata entre rejas. Sin embargo, cuando terminas la película y recapitulas, el resultado no puede ser más alejado de dicho trailer. ¿Dónde está la historia que nos vendían? ¿Por qué los trailers dañan la película en vez de ayudarla? Sinceramente no entiendo algunas de las campañas publicitarias de hoy día y después de ver “El niño 44”-sin haber leído el libro- jamás la definiría como un thriller de asesinatos y sin embargo eso es lo que nos venden. También tengo queja sobre la duración de la cinta y es que otra mala costumbre hoy día es la de alargar las películas innecesariamente y en este caso se han pasado. Personalmente, le sobran 10 o 15 minutos y sobretodo le sobra mucha trama secundaria que no lleva a ninguna parte ni complementa a la principal y resulta un esfuerzo en vano de parecer más dramática de lo que es. El guión está aquí y allá, muy deslavazado, repleto de personajes intrascendentes y una decepcionante historia de investigación que se disuelve en este mar de confusas ideas.

En conclusión, “El niño 44” es una buena película fijándonos en las interpretaciones -buena química y desarrollo de la inestable relación entre Hardy y Rapace, así como un pétreo y despiadado Kinnaman- pero un producto fallido en su conjunto. Este es un claro ejemplo de que rodearse de gente competente no siempre es la fórmula ganadora y de que la visión del director importa más de lo que parece, actuando como raíles de un tren (soviético) que debe llegar a su destino: ser una película con un propósito y objetivo definido.
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23 de 34 usuarios han encontrado esta crítica útil