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Críticas de FATHER CAPRIO
Críticas ordenadas por:
The Desert Fox: The Story of Rommel
The Desert Fox: The Story of Rommel (1951)
  • 6,7
    1.839
  • Estados Unidos Henry Hathaway
  • James Mason, Cedric Hardwicke, Jessica Tandy, Luther Adler, ...
7
TRATANDO DE DEJAR MIS PREJUICIOS EN EL PERCHERO DE LA ENTRADA.
Mis aspiraciones se limitan a tratar de ser un buen aprendiz de brujo en materia cinéfila. Lo de biógrafo o historiador no va demasiado conmigo. Por ello, películas como Rommel el zorro del desierto, donde entre fotogramas de celuloide se entremezcla una presunta realidad vital suponen una dificultad añadida en cuanto a su valoración, porque, aunque uno trate de dejar en el perchero de la entrada todos esos prejuicios acumulados golpe a golpe de años, no es fácil desprenderse de absolutamente todo aquella infamia cometida por seres indignos de llamarse hombres.

Claro que la razón trata de hacerse un sitio en este comentario y me grita: ¡Es imposible que todos los alemanes estuviesen ciegos! ¡Rommel pudo ser un “artista” de la guerra, pero no un Nazi!. Y es cierto, pudieron pasar tantas cosas. También está el miedo aniquilador de voluntades. Dejo eso para los historiadores. Algunos afirman que Rommel era prosemita y que incluso tuvo el valor de proclamarlo ante el Fürher. La frase de Hitler fue: “Rommel es un gran militar que no sabe de que va esto”. También es cierto que en una fase final de la contienda, con todo perdido, los cambios de chaqueta son tan fáciles como habituales. Como verán hay opiniones para todos los gustos, aunque la mayoritaria y la que ha perdurado hasta la actualidad es la de un gran estratega aunque en el tiempo y lugar equivocados.

Desde el punto de vista cinematográfico me gustaría destacar dos cosas: Una, la excelente actuación de James Mason, una de las mejores de su carrera, cuya imagen se identifica plenamente con la del Mariscal alemán y dos, la incorporación de material de archivo de guerra. Respecto a esto último y a pesar de que los tintes fueron cargados en exceso en los más de tres minutos de fuego y bombas en El Alamein, creo que su incorporación supone realismo para un film al que le viene bien. Los espectadores sabemos que es material de archivo. Aquí no se engaña a nadie, pero le viene de perilla a la película para aproximarnos a la grandeza militar de un hombre.

En cuanto al resto, una Jessica Tandy a la que recordamos más en su veteranía que en su juventud, como señora Rommel, en un papel lleno de sentimiento y aceptación de la realidad. También Leo G. Carroll, Everett Seoane o muy especialmente Luther Adler dando vida a un Hitler especialmente furibundo. Curiosa la participación de un joven Richard Boone.

En resumen, una buena película, de esas a las que le sienta bien que vaya pasando el tiempo. Desde 1951 los años han ido enfriando las pasiones y tal vez ya estemos en situación de ver los acontecimientos desde una perspectiva aséptica. Ahora, eso sí, dejemos que los historiadores hagan su trabajo. Yo, por mi parte, trato de comentar lo que veo, eso sí, sin dejar de ser yo… y mi circunstancia.
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5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
The Secret of the Incas
The Secret of the Incas (1954)
  • 5,7
    482
  • Estados Unidos Jerry Hopper
  • Charlton Heston, Robert Young, Nicole Maurey, Thomas Mitchell, ...
6
INDIANA JONES SURGIENDO DEL MACHU PICHU CUAL VENUS DE LAS AGUAS
Confieso que me acerqué a esta película desconociendo su relación con la idea germinal del personaje de Indiana Jones. Incluso voy más lejos, la indumentaria de Charlton Heston, claramente precursora de la del famoso aventurero arqueólogo, estaba por pasarme desapercibida cuando empecé a darme cuenta de la extraña similitud entre el disco solar de los Incas y uno de los tres discos que conducían hasta la Atlántida en una de las primeras aventuras gráficas de Lucas Arts con Indy como estrella naciente. Siquiera sea tarde, acabé intuyendo que el héroe del látigo se gestó en la ciudad inca de Machu Pichu entre tumbas de reyes y sacerdotisas y al arrullo de las cinco octavas de Yma Sumac.

El personaje de Harry Steele (llámeme Harry) no es el único antecedente, tal como confesaron Lucas y Spielberg, el Richard Widmarck de Huida hacia el sol (nazis incluidos) o la serie James Bond, fueron partes sine qua non en el parto. En el centro, Indiana Jones ascendiendo a los taquilleros altares cinematográficos desde las ignotas aguas de la serie B. Y, con prueba de paternidad contrastada, los Merlin de turno convirtiendo en oro todo lo que tocan.

Como habrán advertido es imposible efectuar un comentario de El secreto de los incas que bordee la génesis del héroe por excelencia. No obstante, la película por si misma, tiene atractivos suficientes: Charlton Heston, actor icono del cine de aventuras cuyos trabajos menos reconocidos para si los quisieran otros muchos actores y mi admiradísimo (el superlativo se queda corto) Thomas Mitchell, como malo de una película cuya única pretensión era entretener. Junto a ellos, Nicole Maurey, como fémina de turno decidida a compartir riesgos y a vivir aventuras, amorosas y de las otras.

Muchas coincidencias, aunque el carácter de Harry, complaciente gigoló de ladys in holiday, se barnizó convenientemente ocultando perfidias y resaltando virtudes. ¿El resultado? Indiana Jones surgiendo del Machu Pichu cual Venus surgiendo de las aguas. El héroe está servido.
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12 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil
Et Dieu créa la femme
Et Dieu créa la femme (1956)
  • 5,2
    1.025
  • Francia Roger Vadim
  • Brigitte Bardot, Curd Jurgens, Jean-Louis Trintignant, Christian Marquand, ...
6
UN MISÓGINO, UN INGENUO, UN MILLONARIO Y LOS PIES DESCALZOS DE B.B.
Interesado en conocer la cultura sexual francesa de los 50 busco en Google: “sexualidad”, “Francia”, “1956” y obtengo (en primeros lugares) Brigitte Bardot y Dios creó a la mujer. Es un resultado tan esclarecedor que sobra cualquier discurso sobre licencias y liberalidades en el período “precreativo”. Las masas, dormidas en la sociedad francesa y aceporradas allende los Pirineos (o séase aquí), empiezan a despertar en el 1955 con el rock and roll y en el 1956 con B.B. De aquí al 68 van 12 años pero tan sólo un paso.

Roger Vadim se estrena cinematográficamente con esta película donde - “no hay nada más lindo que la familia unida”- promociona a su señora esposa, una francesita con todo en su sitio y muy bien puesto, llamada a convertirse en uno de los mitos eróticos del siglo XX, probablemente el mayor junto a Marilyn Monroe. Sin embargo los contoneos de Marilyn arrastraban cierta entidad interpretativa, cierta madera de actriz, mientras que las provocaciones de Brigitte sirvieron para poco más que para incendiar las represiones ancestrales arrastradas per sécula seculorum amén.

Seguro que no les descubro el argumento: Jovencita de buen ver y mejor tocar, provocativa al máximo se contonea con los pies descalzos entre un misógino, un ingenuo y un millonario. Un, dos, tres, al escondite francés y los cuernos al poder. Descalza por la librería, con la cara del amante en los talones y mambo “sur la table”. Momentos que abren la caja de las represiones y que permiten que empiece a entrar en la sociedad francesa es aire renovador y precursor del futuro mayo del 1968. Todo ello en las formas y en el cuerpo del mito B.B., que no en el fondo de un film cuyo argumento se reduce a la mínima expresión y a una gran cornamenta incapaz de atravesar puerta alguna.

Dios creó a la mujer y Vadim la recreó , en la suya propia, para deleite de propios y extraños y para indignación de los antireplicantes guardianes de la moralidad. En la Bardot había, incluso sobraba, materia prima. Roger Vadim lo sabía, ambos lo sabían. De ahí al mito, solo restaba un paso y se dio: Esta película.
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12 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
A Date with Judy
A Date with Judy (1948)
  • 5,1
    77
  • Estados Unidos Richard Thorpe
  • Wallace Beery, Jane Powell, Elizabeth Taylor, Carmen Miranda, ...
6
CUGUI Y CARMEN MIRANDA PONEN ALGO DE AZÚCAR A UNA PELÍCULA BIZCOCHO
Para aproximarte a una película como ésta en el año 2010 no sobran precisamente los motivos. Se trata de un film imprescindible para seguidores impenitentes de Liz Taylor e interesados en el cine musical género adolescentes. Recomendable para quienes, tal es mi caso, quieran rescatar de un incipiente olvido a un catalán universal como Xavier Cugat y a una de las estrellas míticas del cine tropical: Carmen Miranda. Más allá de todo esto el film transita en una mediocridad fácilmente complaciente para el americano medio de los 40 y que, en aquellos años, aprovechó muy bien el tirón de su éxito radiofónico.

Un tanto en la línea “chica intensamente rica, chica rica pero menos” la película cuenta las vicisitudes “trascendentales” de dos amigas (pero menos) donde, entre disputas de “amores eternos a los 16 años”, acabamos encontrando bastantes de esas moralinas ejemplarizantes “made in Usa” tan frecuentes en este tipo de cine. Tales son los casos del padre súper ocupado en sus negocios y sin tiempo para sus hijos en contraste con el matrimonio bien avenido y pendiente de sus hijos, sobre el que recae una sospecha de engaño con fines evidentemente cómicos.

Este tipo de películas envejece fatal. No aseguraría que en algún tiempo la juventud americana fuese como se retrata en el film pero de cualquier manera la juventud actual está a años galácticos luz de aquella hipotética adolescencia. Por ello no debemos entrar en análisis psicosociales fuera de todo interés sino que es mejor detenernos en la labor interpretativa de Jane Powell, actriz cantante a la que también recordamos por Siete novias para siete hermanos y de Liz Taylor con unos prometedores 17 años, junto a la veteranía de un Wallace Beery que tuvo y retuvo.

Pero la imagen que quedó impresa en mi retina fue la de Carmen Miranda cantando y bailando rumba junto a la batuta magistral de nuestro Cugui. Momentos que justifican haberse pasado casi dos horas frente a una película-bizcocho de esas que se dicen “para toda la familia”. Eso si, para una familia de las de antes y si es en la USA multicolor de la abeja Maya, mejor que mejor.
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3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
The Sea Wolf
The Sea Wolf (1941)
  • 7,0
    659
  • Estados Unidos Michael Curtiz
  • Edward G. Robinson, Ida Lupino, John Garfield, Alexander Knox, ...
8
NIEBLA SOBRE LAS AGUAS Y SOBRE LAS ALMAS
Ando indeciso entre calificar el film como película de aventuras con tintes psicológicos o a la inversa. La calificación “en vivo y en directo” y dentro del contexto internacional vigente en el año de su estreno hubiese resaltado el carácter dictatorial de su personaje principal, el Lobo Larsen, y establecido semejanzas y comparaciones con políticos megalómanos. Hoy el efecto “historia” ha menguado considerablemente pero aun así resulta evidente el conflicto psicológico de un personaje que, siguiendo el pensamiento de Milton en El Paraíso Perdido, prefiere ser señor de los infiernos a súbdito del Cielo, y con el que Jack London pretendía atacar la filosofía del superhombre de Friedrich Nietzsche.

The Sea Wolf es una de las varias adaptaciones cinematográficas de la novela de Jack London y, según cuentan, la mejor. Sin establecer escalafones les aseguro que se trata de un muy bien film de visión obligada, y a ser posible con repetición, para valorar mejor tanto el excelente trabajo fotográfico de Sol Polito, uno de esos genios a revisar, como las actuaciones de Edward G. Robinson y John Garfield. El guión de Robert Rossen (El Político) difumina, respecto al libro, el personaje de Van Weyden (Alexander Knox) y en la misma medida engrandece el de Larsen (Edward G. Robinson) y su repertorio de gestos, muecas y ademanes varios, dejándolo a muy poca distancia de aquel Capitán Bligh de la Bounty interpretado por Charles Laughton.

Junto a E.G.Robinson un John Gardfield a quien, por lo visto y oído a otros colegas de críticas, estoy empezando a poner en su sitio y de quien me han recomendado expresamente Body and Soul. Punto y aparte para los buenos trabajos de Barry Fitzgerald y Gene Lockhart, magistral el primero y sobrecogedor el segundo. El punto femenino lo pone Ida Lupino en un papel que aun viniéndole bordado no le concede demasiadas posibilidades interpretativas.

Curioso microcosmos humano similar al de Náufragos de Hitchcock, con el lobo Larsen aullando sobre el puente de mando del Ghost, genio y figura hasta el naufragio. El conflicto interior de un hombre capaz de leer El origen de las especies, Las obras de Edgard Allan Poe o El Paraíso Perdido al tiempo que destila todo su sadismo sobre la tripulación a su mando. Nieblas sobre las aguas y también sobre las almas. Las dos magníficamente recreadas.
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13 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
Barbarella
Barbarella (1967)
  • 5,2
    4.344
  • Francia Roger Vadim
  • Jane Fonda, John Phillip Law, Marcel Marceau, David Hemmings, ...
5
ANÁLISIS DEL POLVO TERRÁQUEO VERSUS EL POLVO SIDERAL
Comentar Barbarella de Roger Vadim y hacerlo además en un tiempo relativamente razonable es sumamente complicado. Barbarella film es uno de los diferentes aspectos de un fenómeno que nace en el comic y en la Francia de los 60. El personaje creado por Jean Claude Forest en 1962 alcanzó celebridad en las páginas de V-Magazine aunque su traspaso al cine de la mano de Dino di Laurentis y Roger Vadim no cumplió las expectativas previstas y su rentabilidad fue mas bien escasa. De ahí a convertirse en un personaje y una película de culto tan solo medió en un paso. Y lo del culto llegó a extremos tales que di Laurentis ha vuelto con el paso de los años a perseverar en el intento de aprovechar un cierto caché mítico de la marca Barbarella para, de la mano de Robert Luketic (tras el abandono del proyecto por parte de Robert Rodríguez), lograr de segundas lo que no se consiguió de primeras.

Hasta aquí el, digamos, contexto, pero no solo de contextos viven los cinéfilos. Tiene que haber chicha y a ser posible limoná. Y este es el problema, Houston, que sobra chicha y falta limoná. Barbarella es como el 007 del espacio, en permanente lucha contra el mal. ¿Sus armas? Paz y amor, hermanos, especialmente amor en forma de polvo sideral. Y ni Jane Fonda esconde un pecho ni Vadim esconde la cámara que si Dios creó la mujer, él se basta para crear mitos eróticos en los 60.

Pero de limoná, ná. El trasunto consiste en la búsqueda de científico loco Durand Durand y su rayo positrónico, una especie de profesor Bacterio pero a la francesa. Eso sí, los “disfraces” de Jane Fonda hacen olvidar con facilidad a nuestro hispánico Mortadelo y hasta son capaces de determinar el sexo de los ángeles.

Película insignia del género fanta-erótico que conviene verla sabiendo lo que uno se va a encontrar. De esta manera el desencanto será menor. Asistirán así a una muestra de cine lisérgico-colorista, a la idea germinal del grupo Duran Duran, a las deshabillés “in gravitatorias” de Jane Fonda, y acabarán concluyendo, igual que los personajes de la ficción, que el polvo terráqueo tiene más sustancia que el sideral.
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5 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
The Garment Jungle
The Garment Jungle (1957)
  • 6,4
    124
  • Estados Unidos Vincent Sherman, Robert Aldrich
  • Lee J. Cobb, Kerwin Mathews, Gia Scala, Richard Boone, ...
6
UN FILM TAN INTERESANTE COMO MEDIOCRE
Encuadrar Bestias de la ciudad en el género del cine negro resulta un tanto traído por los pelos. Las voces en off, el B/W o la violencia, siendo elementos definidores del noir, no justifican por si mismas esta calificación. Por su argumento puede incluirse más bien dentro de un cine de denuncia social de las condiciones de trabajo y de la explotación laboral.

En una línea similar a La ley del silencio, contando también con la presencia de Lee J. Cobb, y cambiando el sector de la estibación portuaria por el textil, la película es un retrato, algo idealista, del enfrentamiento entre un sindicalismo naciente y unos empresarios agarrados férreamente a sus márgenes de beneficios. Y en el paisaje de este retrato las mafias a sueldo al servicio del capital.

Lee J. Cobb es un empresario del sector de la moda radicalmente contrario al sindicalismo laboral. El regreso de su hijo de Europa con la pretensión de trabajar en el negocio paterno coincide con una crisis de violencia laboral. Los diferentes puntos de vista de padre e hijo determinarán los acontecimientos subsiguientes.

Dirigida por Vincent Sherman con una pequeña participación de Robert Aldrich, la cinta no saca demasiado partido a un tema socialmente interesante. Es probable que el entorno de restricciones y censuras del momento en que se rueda - Código Hays y macarthismo tardío - condicione el film hasta el punto de desaprovechar las oportunidades que ofrecía el guión. Algunas escenas capitales quedan “en off” por miedo a una apología de la violencia y eso lastra sobremanera el film. El toque moralista es asimismo el propio de la época.

La presencia de Richard Boone y del gran Lee J. Cobb, en otro de sus típicos papeles “bravucones” eleva, aunque no demasiado la nota de un film interesante pero mediocre. Como curiosidad, la presencia de una Gia Scala, tan hermosa como aficionada a la botella. Cuentan algunas crónicas que tal afición condicionó el final de la película, evidentemente acelerado, como si les hubiese entrado prisa. ¿Se acabó el dinero o las botellas? That,s the question.
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4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Goin' South
Goin' South (1978)
  • 5,6
    654
  • Estados Unidos Jack Nicholson
  • Jack Nicholson, Mary Steenburgen, Danny DeVito, Christopher Lloyd, ...
7
NICHOLSON CARTOON
Nicholson en su tinta. Una tinta algo mas moderada que en El resplandor, Las brujas de Eastwick o Batman, pero tinta sui-generis al fin y a la postre. En ella está la personalidad del film. Sin ella el western hubiese sido uno más, pero ese Henry Moon (Nicholson) al estilo “cartoon” “Sam ¿Qué hay de nuevo, viejo?” es el principal activo de un film donde hizo su debut, triunfal por cierto, Mary Steenburgen, con nominación al Globo de Oro incluida, por su actuación, y donde Danny deVito, John Belushi o Christopher Lloyd, especialmente éste último tienen actuaciones interesantes.

Como habrán supuesto no estamos ante un western al uso. Un bandido al que el caballo deja tirado en plena huida y que es apresado cuando está celebrando su traspaso de la frontera mexicana es el inicio de algo prometedor. Una especie de ley de ultimas voluntades que permite eludir la horca a cambio de un si quiero”, es una buena continuación. La banda tipo hermanos Dalton es todo un poema. La anciana que fallece victima de las efusividades presuntamente amorosas del tal Moon, otra perla. Y, hablando de perlas, las de algunos diálogos son dignas de los mejores Marx. Las referencias a las latas de albaricoques (como pensamiento, digamos pseudo erótico) o aquello de:

-“ Tengo tanta hambre que me comería un perro entero”
-“ Voy a mirar si tenemos alguno congelado en la cocina”

son excelentes momentos de un film con un tono cómico mas que notable y al que el español Nestor Almendros da ese toque fotográfico tan personal como inigualable.

Sin embargo, a esos buenos momentos le siguen otros mucho más anodinos, lentos y sobre todo, previsibles, lo cual disminuye la nota del conjunto. Incluso, los demasiado suspicaces, que los hay, pueden llegar a resumirlo todo en la eterna lucha de sexos o como llevarse a la pareja a la cama.

En resumen, de todo hay en la viña del Señor, o en la mina, que viene a ser lo mismo. En este caso las uvas no son de la ira, sino de la suerte. ¡Que se lo digan a Henry Moon encapuchado y con la soga al cuello!
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7 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
One Touch of Venus
One Touch of Venus (1948)
  • 6,0
    600
  • Estados Unidos William A. Seiter
  • Robert Walker, Ava Gardner, Dick Haymes, Eve Arden, ...
7
AVA GARDNER CON CLÁMIDE (SABANITAS, PARA LOS AMIGOS)
Cuentan las crónicas que la película se inspiró en un exitoso musical de Broadway dirigido por Elia Kazan y protagonizado por Mary Martin. Siguen contando que la tal Mary Martin era una cantante excelente, al punto que por A touch of Venus recibió el Donaldson Award y el New York Film Critics Circle Award en el año 1943. El éxito llegó al punto que la gran Mary Pickford quiso producir la versión cinematográfica del musical, esperando contar con Mary Martin para el papel de Venus pero, ah amigo, la futura Venus estaba embarazada y una estatua en estado de gestación no hubiese resultado apropiado. Por ello, Miss Pickford vendió los derechos a la Universal quien sacó adelante el proyecto con algunos cambios.

Así Ava Gardner reemplazó a Mary Martin, y del mismo modo, Frank Sinatra, Clifton Webb y Bert Lahr, quienes figuraban en el proyecto Pickford, fueron sustituidos por Robert Walker, Dick Haymes y Eve Arden, entre otros. Por su parte los dieciséis números musicales del original de Broadway, compuestos por Kurt Weill, se quedan en dos, y como supondrán Miss Gardner debe ser doblada por Eilenn Wilson, "uncredited". Hasta aquí, un breve resumen de lo que cuentan las crónicas.

Yo únicamente puedo contarles lo que veo. Y donde se ponga Ava Gardner que se quiten todas las Mary Martin del mundo, con todo mi respeto, que esto no es cuestión de faltarle a nadie pero Ava era una diosa en cuerpo, lo del alma no viene al caso, y si hay que doblarla se la dobla pero el papel es suyo. Un papel de diosa del amor vestida con sabanitas (clámide para los más cultos) tiene un nombre propio y es el del animal más bello del mundo: Ava Gardner.

Lo de Robert Walker ya es otra cosa. No lo hace mal el caballero pero la imagen de aquel Bruno de "Extraños en un tren" es demasiado alargada y parece mantenernos en vilo a ver cuando nos va a proponer el asesinato perfecto. Y del resto del reparto coincido con la generalidad de espectadores en que Eve Arden está magistral en su papel de secretaria reclamando a gritos unas rodillas de jefe donde sentarse.

Los números musicales son tan escasos que no podría afirmarse con contundencia que "Venus era mujer" sea un musical. Pero las dos canciones de Kurt Weill elegidas, "Speak Low" y "Thats him" son un acierto.

Resumiendo, una película entretenida, muy veraniega y a la que no le vienen mal las palomitas. Eso sí, no se me atraganten que Ava es una mujer de doble impacto y muerte súbita y no Van Damme.
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12 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
¿Por quién doblan las campanas?
¿Por quién doblan las campanas? (1943)
  • 6,3
    2.785
  • Estados Unidos Sam Wood
  • Gary Cooper, Ingrid Bergman, Akim Tamiroff, Arturo de Córdova, ...
8
UNA DISECCION DE LOS SURCOS DEL ALMA HISPANA
Película para reflexiones, especialmente si nos movemos por esta piel de toro de nuestras entretelas. Película de las dos Españas pero con tanques en lugar de panderetas y rapados al cero en vez de sacristías. Y en el lugar del poeta: Hemingway, recordándonos que las campanas doblan por todos nosotros, los que estaban y ya no están, los que no estaban pero siguen estando.

Cinematográficamente no estamos ante la película perfecta. La imaginería hispana siempre fue difícil de imitar. Los rostros que curte el sol no son sustituibles por capas de ceniciento maquillaje. La belleza de nuestras mujeres no se ajusta a cánones nórdicos. Nuestros gitanos no son tanto de Hungría como de esos “Somorrostros” que parieron a Carmen Amaya. Pero el film es un retrato en sepia, deformado para unos, incompleto para otros… Para mí, un pedazo de historia tan imposible de enterrar como de desenterrar.

Aquí se habla de cine e Ingrid Bergman es cine, más juventud, más belleza, más buen hacer. ¿Qué decir de Gary Cooper? La Bergman lo eclipsa y se lo come con papas y ello no desmerece su categoría como actor, todo lo contrario, lo que sucede es que Ingrid era mucha Ingrid. Si a eso le añadimos actores geniales del fuste de Joseph Calleja, Akim Tamiroff y en especial de Katina Paxinou (a punto de comerse a la sueca), pues estamos ante un buen trabajo de Sam Wood, donde la estrategia militar, voladura de puente incluida, es la escusa para un relato no oficial de un momento histórico-político reciente así como para la disección profunda de ese alma hispana con más surcos que los que el arado deja en la tierra.

Visualmente hermosa, con esos paisajes montañosos nevados y esos cielos de azul espectacular, la película consigue buenos momentos de notable tensión, en especial en sus escenas finales. Algo (bastante) excesiva en metraje, quizás por la complejidad de nuestra condición, la película no dejará indiferente a nadie, lo cual es absolutamente positivo. La historia de nuestro siglo XX quedó marcada por esa lucha fratricida y se puede contar la verdad desde cualquier orilla de la contienda. Esta no es más que una versión, parcial como todas, por naturaleza, que pone a prueba nuestra madurez como españoles que siguen adelante pero aprendiendo del pasado. En eso y no en otra cosa, consiste la modernidad.
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5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Cuando llama el deseo
Cuando llama el deseo (1954)
  • 6,7
    450
  • Estados Unidos Robert Wise
  • William Holden, June Allyson, Barbara Stanwyck, Fredric March, ...
6
LOS OJOS DE BARBARA STANWYCK LLENANDO LA PANTALLA
Los ojos de Barbara Stanwyck llenando por completo la pantalla. Como música de fondo, el discurso "romántico-idealista-país multicolor" de William Holden. Este es la síntesis de un film que prometía tiburones despedazándose y se quedó en plácidas abejas Maya bajo el sol. Porque, miren ustedes, sin adelantar desenlaces, la cosa no es creíble. El mundo empresarial si por algo se caracterizó en el siglo XX fue por su culto al dinero, al beneficio a la rentabilidad de los accionistas. O sea que Fredric March es el único que parece tener los pies en el planeta Tierra, mal que nos pese y aunque sea el malo de la película.

¿Que los muebles quedan perfectos para la foto del muestrario y nada más? Ya lo dijo Quevedo, poderoso caballero es Don Dinero. ¿Que la pata de la mesa está desatada y quebrada? Din Don Din Don es Don es Don Dinero. Lo del cliente siempre tiene razón es un invento moderno, un mal necesario para seguir atesorando beneficios pero sin perder el norte. ¿O es que se piensan que la crisis actual surge para proteger al sufrido ciudadano, fiel cliente de las empresas de toda la vida? Mas bien al contrario, son las especulaciones financieras de quienes tienen dinero y quieren más todavía, las que pisotean la economía mundial. Todo eso ya lo saben ustedes.

Si no han visto la película tal vez desconozcan que Robert Wise contó con un plantel de actores excelentes: Paul Douglas, June Allyson, Fredric March, Shelley Winters, Walter Pidgeon, Nina Foch (excelente), Louis Calhern, William Holden y mi admiradísima Barbara Stanwyck, y si la película mantiene un nivel medianamente digno es gracias a ellos. Tampoco hay que infravalorar su inicio, cercano al cine negro o determinados aspectos concretos como el desarrollo de las votaciones con su carga de tensiones y motivaciones ocultas. Y para serles, absolutamente sinceros, en ciertas fases del film llegué a buscar puntos de coincidencia con aquella maravilla de Frizt Lang que se llamó Mientras Nueva York Duerme.

Puro espejismo. Al final, la película que rondaba por mi cabeza era La locura del dólar del maestro Frank Capra. Su propuesta optimista para una sociedad americana en crisis me pareció muchísimo más ortodoxa y ajustada a los cánones económicos que esta La torre de los ambiciosos. Capra levantaba los ánimos a un país en bancarrota. Wise levanta a los espectadores de los asientos canturreando..."la abeja Maya bajo el sol"...
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4 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
The Black Shield of Falworth
The Black Shield of Falworth (1954)
  • 6,2
    677
  • Estados Unidos Rudolph Maté
  • Tony Curtis, Janet Leigh, David Farrar, Barbara Rush, ...
7
CUANDO SALÍAMOS DEL CINE BLANDIENDO IMAGINARIAS ESPADAS
El acento de Tony Curtis ha suscitado cierto debate en ambientes anglófilos, al resultar más apropiado en territorio Bronx que para una película sobre el medioevo anglosajón. Evidentemente, quienes solo dominamos el inglés si es pequeño y se deja y hemos visto la película en versión doblada debemos mantenernos al margen de la cuestión y valorar el film por otros aspectos.

Estamos ante un film de aventuras, subgénero gestas, torneos y caballeros medievales, que tuvo allá por los 50 un cierto boom con películas como Ivanhoe (Richard Thorpe, 1952), Los caballeros del Rey Arturo (Richard Thorpe, 1953) o El Príncipe Valiente (Henry Hathaway, 1954). Cine de evasión que en algunos casos se sustentaba sobre obras literarias de prestigio, tal era el caso de las novelas de Sir Walter Scott y que, apoyado en el Technicolor y en un Cinemascope naciente, se hizo con el favor del público. Muchos de aquellos muchachos que salían del cine jugando a espadas, hoy ciertamente sostendrán un juicio muy distinto y hablarán de previsibilidades y de poca consistencia en algunas fases del film, y hasta es probable que duden de la idoneidad para el papel de aquel Tony Curtis que entonces les pareció el mejor de los actores en su rol de paladín defensor del honor de la estirpe de los Falworth.

Como en casi todo, en el término medio se suele mover la verdad. Así la película resulta entretenida, Janet Leigh luce espléndida como Lady Anne y Barbara Rush da vida a Meg la hermana "sosita" de Miles (Tony Curtis) en un papel que no se contemplaba en la obra original de Howard Pile (Men of Iron) donde era la madre de Miles quien compartía aventura. A destacar la presencia del Herbert Marshall como Conde de Mackworth.

Películas como Ivanhoe, La túnica sagrada o El halcón y la flecha supusieron el pistoletazo de re-salida a un género aventurero que dormía un tanto desde aquellos clásicos inolvidables de los 30 tipo Robin Hood. Al carro de las taquillas y del interés de los espectadores por las hazañas históricas se apuntaron otras productoras como en este caso, donde la Universal trató de aprovechar las reconocidas habilidades fotográficas de Maté para explotar al máximo las posibilidades que ofrecía el Technicolor.

Seguramente aquellos muchachos que salían de las salas de cine blandiendo imaginarias espadas hoy sonreirán condescendientes, pero así es la vida y así es el cine.
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10 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
El hombre invisible
El hombre invisible (1933)
  • 7,3
    4.512
  • Estados Unidos James Whale
  • Claude Rains, Gloria Stuart, William Harrigan, Henry Travers, ...
8
EL SECRETO ESTÁ EN LA VOZ
El secreto está en la voz. Esta y no otra es la explicación de la gran valoración de un actor novel (en el cine americano) como Claude Rains quien, por su invisibilidad, no chupa demasiada cámara. Eso sí, su "golden sinister voice" fue su principal valedor ante James Whale quien, desde el principio, jugó la baza de Rains frente a un Boris Karloff excesivamente costoso para la productora. Les digo todo esto para que no cometan el mismo error que yo cometí, es decir, ver la versión doblada. Avisados quedan.

Sin el plato fuerte de la voz siniestra e intelectual de Claude Rains, mis oídos se centraron en los gritos de Una O,Connor magistral y mis ojos en la hermosa presencia de Gloria Stuart, actriz que reverdeció laureles en Titanic como recordarán, mientras que mi interés se prendía en una historia, donde se mezcla la comedia, negra por supuesto, con el terror de unos personajes que Whale acerca al espectador en una oferta de cotidianeidad. Por supuesto que en este estilo Whale no falta ni sangre ni truenos, elementos imprescindibles en una película de terror que se precie, pero sus criaturas suscitan la curiosidad del espectador no exenta de cierta ternura.

Es sabido que el film está basado en una obra de H.G. Wells. Los puristas aducen diferencias sustanciales entre film y novela. Por ejemplo, la inclusión de una trama amorosa es una de las licencias cinematográficas. Por otra parte, el propio Wells declaró que la película había convertido a un científico brillante en un lunático y esa licencia no podía perdonarla. Whale replicó que para la audiencia solo un perturbado podría querer volverse invisible. Controversias aparte, la película ha quedado como una de las obras maestras del género y James Whale fue recompensado con una Mención Especial en el Festival de Venecia de 1934 por su labor. Por su parte The New York Times incluyó al film entre los diez mejores de 1933.

Lo que sí merece mención, y muy especial, son los efectos especiales. El "mago" John P. Fulton mediante una técnica de fondos negros, precursora de tecnologías más actuales como la pantalla azul, consigue efectos prácticamente perfectos absolutamente innovadores.

En resumen, una película imprescindible por muchos motivos y en la que, a pesar de sus discrepancias, H.G.Wells alabó la espléndida actuación de Una O,Connor
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9 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
The Egyptian
The Egyptian (1954)
  • 6,4
    1.891
  • Estados Unidos Michael Curtiz
  • Jean Simmons, Victor Mature, Edmund Purdom, Gene Tierney, ...
7
UN VIAJE SIN ORTODOXIAS AL EGIPTO DE LOS DIOSES Y LOS FARAONES
Películas como esta se prestan al debate ¿Cine o Canal Historia?. Puede ser un tema de discusión difícil pero interesante. Quienes vean en el cine puro entretenimiento, probablemente sean tolerantes con las inexactitudes históricas, mientras que aquellos que, por encima de todo, vean en él un medio para acercar al pueblo la cultura defenderán a capa y espada la ortodoxia. En mi opinión el punto de equilibrio dista lo mismo de los extremos. ¿Perogrullo? Si, pero es cierto. Entre lo contenido en los papiros originales de donde Mika Waltari concibió su novela y lo que podría contar Mel Brooks sobre la loca historia del antiguo Egipto, puede situarse, con un cierto consenso, esta película.

Lo único que no me acaba de cuadrar es lo de Victor Mature como faraón "suplente". Probablemente a causa de sus múltiples papelitos de romano su imagen siempre parece estar más cercana al Coliseo que a la Esfinge. No obstante pecaríamos de injustos si valorásemos todo su trabajo durante dos horas de película únicamente por las escenas finales. Mature da vida al mejor amigo de Sinuhe, un soldado ambicioso que, casualidades de los dioses, consigue alcanzar el rango de comandante en jefe de la guardia del Faraón mientras que Sinuhé sigue tratando de ejercer la medicina en favor de los pobres aun contando con la amistad del Faraón.

Apartando las inexactitudes históricas que, haberlas háilas y los habituales toques moralistas cristianos tan propios del género histórico made in Hollywood, la película resulta coherente con esos conceptos primarios conocidos acerca de la vida en el Antiguo Egipto. Temas tales como la momificación, la vida tras la muerte, el ejercicio de la medicina, las castas sacerdotales o el conflicto poli-monoteísmo están presentes y aunque su ubicación temporal sea desacertada configuran un escenario atrayente para el espectador.

Se rueda en Cinemascope y Leon Shamroy resulta nominado al Oscar por su fotografía en color, sin embargo su elevado presupuesto no consigue ser equilibrado por el "box-ofice" y sus decorados se reutilizan en la superproducción de Cecil B. de Mille, Los diez mandamientos. La elección de los actores tampoco resultó fácil. Marlon Brando estuvo contratado hasta el último momento para interpretar a Sinuhé pero se retiró del proyecto argumentando problemas de salud cuando en realidad ni le gustaba el guión ni la presencia de Bella Darvi, amiguita de Leonard. Se barajaron nombres como Farley Granger pero al final se optó por un quasi desconocido Edmund Purdom quien venía de prestado de la MGM. No obstante, no debemos sacar conclusiones erróneas, las interpretaciones son dignas, destacando, a mi juicio, Jean Simmons, Peter Ustinov, Michael Wilding y el propio Purdom. La codiciosa seducción de Bella Darvi es también otro activo a considerar.

En resumen, absténganse quienes busquen fidelidades espacio-temporales. El resto, viajen al Egipto de los Dioses y los Faraones y disfruten de una historia bien contada...
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16 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil
Red Dust
Red Dust (1932)
  • 6,9
    310
  • Estados Unidos Victor Fleming
  • Clark Gable, Jean Harlow, Gene Raymond, Mary Astor, ...
7
HOT CHA-CHA CONTRA LA DEPRESIÓN
Red Dust es sobre todo una película Pre-Code. ¿Que significa esto?. Se trata de un film realizado en años anteriores a la efectividad del Código Hays (Julio 1934) que estableció líneas de conducta moral para un cine que, con la llegada del sonoro y especialmente durante la gran depresión se había refugiado para sobrevivir financieramente en temáticas tales como "blood and guts" (sangre y tripas) o "hot cha-cha", en traducción libre, ritmos exóticos calientes.

En este contexto, Jean Harlow, máximo exponente de la seducción vive al lado y además nos hace reír, es la vamp (pero menos) idónea, cercana al espectador pero con la frescura suficiente para "hot cha-cha" a un regimiento. Clark Gable es un sinvergüenza y mujeriego que intenta dárselas de duro pero que, si las faldas se levantan más de lo socialmente aceptable, pierde el oremus y si las faldas se resisten también. Y por último Mary Astor es la resistencia (no francesa) pero que se muere de ganas por arremangarse sugerentemente bajo la "rain" monzónica.

Prostitución, adulterio, y los principios éticos y morales en remojo tropical, es el activo de un film donde Indonesia, el caucho y su proceso de elaboración son la excusa para amoralidades varias que distraían a la audiencias "liberales", que las otras empezaban a pirrarse por Shirley Temple.

Red Dust es el antecedente de otro film mítico: Mogambo de John Ford con Ava Gardner, Grace Kelly y el propio Clark Gable. Cambiando escenario (la acción se desarrolla en África) y pecado (en España el adulterio se tornó incesto) el "menàge" revivió en el 53, con un código Hays vigente, aunque "nominalmente" mas que otra cosa.

Como curiosidades: La película se rueda fundamentalmente en estudios, hirviendo agua en tetera y empapando la frente de los actores para conseguir el efecto sudor tropical. Las polillas se sueltan antes de cada rodaje, etc. Además, por aquellas fechas se suicida Paul Bern el esposo de Jean Harlow en circunstancias poco claras (se barajan temas financieros, de impotencia sexual o incluso de una madre excesivamente dominante). El caso es que a la MGM le interesaba no perjudicar la carrera de su estrella y echó la suficiente tierra para ocultar el asunto.

5 años más tarde moría Jean Harlow. La leyenda estaba servida y desde entonces, la mansión fantasmal, cuentan los "cuartos milenios", ha sido objeto de fenómenos paranormales, ya saben, gritos y susurros pero sin Bergman.
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20 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil
Make Way For Tomorrow
Make Way For Tomorrow (1937)
  • 8,1
    2.218
  • Estados Unidos Leo McCarey
  • Victor Moore, Beulah Bondi, Fay Bainter, Thomas Mitchell, ...
10
UN ELECTROSHOCK A NUESTRAS SENSIBILIDADES DORMIDAS
Si después de ver esta película no debe usted hacer muecas extrañas para contener alguna lágrima que otra, le sugiero chequee sus constantes vitales y si es posible un análisis que certifique que el líquido que corre por sus venas es rojo y contiene hematíes y estas cosas. Ah, y no lo considere ningún deshonor ni sinónimo alguno de debilidad o poca hombría, si es usted varón, que torres más altas han caído.

Dejad paso al mañana, independientemente de sus valores artísticos que los tiene, es un retrato a escala natural de la vida. Un retrato en el que salimos todos representados, unos son el mañana y otros los que deben dejarle paso. Cada cual encajamos en un rol, pero no hay que confiarse porque el rol que juguemos en el presente será, mutis mutandi, distinto al rol futuro. Y la unión entre evolución personal y visionado del film desemboca en esa lágrima que nos incomoda, en ese pensamiento que vuela hasta el reloj de nuestros años e incluso, si tenemos la suerte de compartir la vida con otra persona a la que amamos, en requerir su presencia solo porque deseamos verla. Los que hoy son el mañana seguro verán sensiblerías en este comentario mientras los que ya empezamos a dejar paso, vemos sentimientos. Así ha sido desde que el mundo es mundo y así seguirá siendo.

Por descontado que estamos ante una película más que recomendable, imprescindible. Con dos actuaciones espectaculares en su realismo, Victor Moore Y Beulah Bondi, con uno de los secundarios de oro del cine de todos los tiempos Thomas Mitchell, con un guión solido (Viña Delmar) con frases que te zigzaguean el alma o lo que tengamos dentro: “Cuando tienes 70, la máxima diversión consiste en fingir que no te importa enfrentarte a los hechos... ¿te importaría que siguiera fingiendo?” y en la que, con un presupuesto limitado donde abundan los interiores, Leo McCarey cambia de pareja. Y así los Stan Laurel y Oliver Hardy se vuelven Bark y Lucy Cooper, igualmente entrañables pero sustancialmente diferentes. La comicidad se vuelve trascendencia y el directo al corazón está lanzado.

McCarey al recibir el Oscar al mejor director por La pícara puritana dijo “Gracias, pero me dieron el premio por la película equivocada”. En la misma línea estaban John Ford o Jean Renoir, fans incondicionales de esta gran película. Para Orson Welles era la película más triste que nunca hubiese visto, “hace llorar hasta las piedras”.

Aunque lo melodramático y lo trascendental no sean su fuerte, no dejen de ver esta auténtica obra maestra. Si les deja demasiado “tocados” recupérense con algunos films cortos de El gordo y el flaco. La risa es necesaria en nuestra vida pero aplicar un electroshock a nuestras sensibilidades dormidas, también.
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16 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil
El ocaso de los cheyennes
El ocaso de los cheyennes (1964)
  • 7,3
    2.158
  • Estados Unidos John Ford
  • Richard Widmark, Carroll Baker, Karl Malden, Sal Mineo, ...
8
UNA CÁMARA EN LUGAR DEL GLOBO RETINIANO
Sí. Ya lo sé. Las localizaciones son erróneas. Los cheyennes, cuentan las crónicas, estaban confinados en Oklahoma y no debían atravesar Monumental Valley (Utah) para regresar a sus tierras. Pero, Monumental Valley es una hermosura como escenario. ¿La fotografía en color de William H. Clotter nominada al Oscar? Cantado. Y de no haber sido por Cukor y su My Fair Lady, que era mucho toro que lidiar, premio seguro. Porque al buen hacer de Clotter se le unía ese ojo mágico de John Ford que aún con 69 años entre sus párpados tenía una cámara en lugar del globo retiniano.

Si esto fuese un documental del Canal Historia pues me indignaría muchísimo estos cambios de entorno, pero cuando de un western y del genio Ford se trata, lo agradezco y me maravillo ante ese plano, o secuencia, o como se llame, de los militares lanzados al galope sobre las arenas desérticas y bajo un sol de justicia. Yo lo llamo: Belleza plástica.

Y puestos a hablar de justicia, chapeau por Ford quien, con el exilio de los Cheyenne, revindicó la figura de todos los indios. Y si esa reivindicación pasaba por deteriorar la imagen del hombre blanco, pues no pasa nada. El público es lo suficientemente inteligente como para darse cuenta de que en todos los tiempos hubieron canallas de todos los colores de piel. Por lo general, en cine, los asesinos impíos y detestables son los pieles rojas, pero Ford, por eso (y otras cosas) era un maestro, puso su cámara en el extremo opuesto.

Excelente Richard Widmark. Discrepo de quienes lo comparan con John Wayne, aunque no dejo de reconocer que es una comparación inevitable. Bien Carroll Baker. Respecto a James Stewart resulta curiosa su presencia. Junto a otros dos grandes: John Carradine y Arthur Kennedy ocupan lo que podría denominarse el intermedio del film. O sea que Ford no dejaba ni a los caballeros acercarse al aseo ni a las damas a la toilette.

No es una obra perfecta. Tiene sus gazapillos, digámoslo así. Por ejemplo ¿Cómo pudieron encerrar a medio centenar de indios en barracones cerrados a cal y canto sin registrarles previamente y quitarles las armas? Se lo perdonamos porque es Ford y porque la película es maravillosa con momentos notables. Esa estoica formación inicial de los indios con su jefe a punto de desplomarse es una secuencia mágica de un cine mágico, el de un John Ford que mimaba cada plano con la meticulosidad de un orfebre.

En una ocasión tuvo al personal preparado y de pie durante más de tres horas esperando que la longitud de las sombras fuese la adecuada. Y es que la genialidad no es un don que se reparte caprichosamente al primero que pasa por ahí. No. La genialidad hay que currársela.
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15 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
El conquistador de los mares
El conquistador de los mares (1951)
  • 7,2
    2.472
  • Estados Unidos Raoul Walsh
  • Gregory Peck, Virginia Mayo, Robert Beatty, James Robertson Justice, ...
8
RAOUL WALSH A SUS 64 AÑOS EN LA CUMBRE DEL MUNDO CINEMATOGRÁFICO
Raoul Walsh dirige con acierto esta película de aventuras, sobre Horatio Hornblower, héroe de una saga novelística sobre la marina británica en las guerras napoleónicas, escrita por Cecil Scott Forester. El propio Forester intervino en la elaboración de un guión que conjuga batallas navales, duelos de capa y espada y un romance central, pues según Walsh :”En todas mis películas la historia gira siempre alrededor de las escenas de amor”.

Y el romance Gregory Peck – Virginia Mayo es el eje del film, tanto, que en el guión se fusionaron distintas novelas para conseguir que la aventura nunca abandonase el romance. Esta sensación de historias "cosidas" queda patente cuando en Portsmouth, la pareja debe separarse para desconsuelo de los aficionados a los "happy ends". Pero no. Una nueva aventura y nuevas dosis de caprichoso azar y “tutti contenti”. No se confundan, la película es muy buena, las batallas navales son de lo mejor que he visto en cine, incluso y a pesar de los 53 años de diferencia entre una y otra, superior a Command and Conquer (basada en otro personaje novelesco, Jack Aubrey), pero el añadido se percibe con claridad, incluso para quienes desconocíamos la saga de Mr. Forester.

Y aquí, trompetas, clarines, fanfarrias y todo lo demás para Gregory Peck. No afirmo que sea su mejor papel. Discutiría entre su capitán Ahab (Moby Dick) y Atticus Finch (Matar a un ruiseñor). Pero si hay un artista al que el traje marinero le venga como anillo al dedo ese es Peck. No solo por la percha, sino porque, como los toreros, templa y manda. Cuando reprende a un oficial por infringir azotes a un marinero, sin apenas palabras, el espectador sabe con quién se juega los cuartos. Su fiero caparazón no es tal y a lo largo de la película se irá resquebrajando, a lo que no será ajena Lady Bárbara Wellesley (Virgina Mayo). Vemos a un miembro de la tripulación sorprendido de que el capitán recuerde su nombre, al propio capitán azorado por las palabras de Bárbara y otros muchos detalles donde el león pierde su fiereza. En esta mezcla de picaresca y solemnes seriedades Peck se mueve como pez en el agua, nunca mejor dicho.

La elección de Virginia Mayo tuvo ciertas críticas pero el resultado es excelente. No aporta la pomposidad de la nobleza que, probablemente, otras actrices hubiesen aportado pero da lo que se espera de ella, naturalidad y simpatía a los ojos del público, sin lo que no puede imaginarse una historia amorosa que cale en el espectador.

Curiosos los tipismos. Los españoles representados por un impresentable dictador que se apoda El supremo. El término galáctico no se había acuñado aún. Los franceses en su rol de perdedores tampoco salen bien parados. Los ingleses, evidentemente los buenos de la película.

Con una fotografía excelente de Guy Green (Oscar por Great Expectations de David Lean) y unas maquetaciones y efectos de batallas, increíbles, Raoul Walsh a sus 64 años volvía a demostrar que estaba en la cima del mundo cinematográfico.
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16 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil
Luther
Luther (2003)
  • 6,1
    4.240
  • Alemania Eric Till
  • Joseph Fiennes, Jonathan Firth, Alfred Molina, Claire Cox, ...
7
PARCELITAS EN EL CIELO A PRECIO DE OFERTA
Uno de los hechos con más trascendencia en la historia de la vieja Europa como fue la aparición del protestantismo, guerras de religión incluidas, ¿puede explicarse o, siquiera compendiarse, en una película de 121 minutos?. Si a esto responden que no, podemos empezar a valorar la película en lo que es, una película interesante sobre un tema histórico singular pero parcial por naturaleza y con aspectos imposibles de tratar con la profundidad que exige el tema.

Dicho esto, procedo a calificar la película de interesante en los fondos y buena en las formas. Interesante, porque es una forma de acercar a los espectadores de hoy la realidad de una sociedad donde los poderosos buscaban el apoyo de la Iglesia Romana y donde la Iglesia Romana se enriquecía gracias a esos poderosos y al conveniente embrutecimiento y aborregamiento del pueblo llano e inculto. Ese es el terreno abonado donde Lutero siembra su semilla de rebelión contra esos montajes papales que a base de bulas e indulgencias venden parcelitas en el Cielo.

Ni siquiera desde fanatismos integrales puede discutirse el apego de las altas instancias eclesiásticas del medioevo a las riquezas terrenales. Con el voto de pobreza debajo del ladrillo, los Pontífices eran ricos guerreros cuya principal preocupación era mantener su status y a tales efectos se protegían de Tribunales inquisitoriales a los que llamaban santos. Combatían la herejía, y herejía era oponerse a sus manejos terrenales.

Ahora bien, con la santidad de la Iglesia romana en entredicho, tampoco me acabo de creer una figura de Lutero como aquí se nos representa. Al Luther del film solo le falta la canonización y si rebuscásemos en voluminosos tratados tal vez descubriésemos que nones, que era un antisemita declarado entre otras virtudes no muy confesables. O sea que el film tiene bastante de propagandístico, circunstancia que no se niega dado que en los créditos iniciales se declara la participación de una sociedad para el, digamos, fomento luterano.
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Pasando a las formas, la ambientación, los trajes, los decorados, los palacios y hasta la miseria están excelentemente representados. Sir Peter Ustinov nos ofrece una interpretación del elector a la altura de sus mejores trabajos, y si no fuese porque la Inquisición ronda cerca diría que nos trae recuerdos de su excelente Nerón. Sin embargo, Joseph Fiennes, me resulta demasiado blandito y acaramelado por momentos para un personaje que puso patas arriba todo un sistema.

En resumen, una película necesaria para entender ciertas cosas pero que ha de degustarse como las bebidas alcohólicas, con prudencia y buen juicio.
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Por unos dólares más
Por unos dólares más (1965)
  • 8,1
    32.902
  • Italia Sergio Leone
  • Clint Eastwood, Lee Van Cleef, Gian Maria Volonté, Mara Krupp, ...
9
ALMERÍA: ESE PERFIL IRREPETIBLE ENTRE LA TIERRA Y EL CIELO
Mis críticas cinematográficas suelen ser poco académicas. Hablo de cine desde la marca indeleble o volátil que las películas dejan en mi, sin importarme demasiado si los presupuestos son A, B o Z o si las calificaciones previas de los verdaderos expertos han resultado favorables o no al film en cuestión.

Afincado en Almería desde hace muchos años es inevitable que en este comentario los sentimientos se mezclen en mayor medida. Y junto a los sentimientos, el conocimiento de una tierra hermosa en sus contrastes. Y ese Desierto de Tabernas retando a un duelo al sol a cualquier desierto norteamericano era inevitable que acabase siendo el impagable escenario de un western, espagueti por su director, pero almeriense de pura cepa por su paisaje, donde la belleza de sus puestas de sol consigue refrescar las gargantas secas de los viajeros curiosos que se acercan a sus mini Hollywood y a sus poblados Leone.

Dicho esto (nobleza obliga) afirmo que La muerte tenía un precio es un western excepcional de un director que engarza la historia en los gestos y en las miradas, en los dilatados silencios y en las palabras justas. Un western donde el mero hecho de encender una cerilla significa toda una declaración de intenciones, donde el carillón de dos relojes nos relata la historia de una venganza. Por último, un western donde las palabras sobran, porque no hacen falta, porque somos listos y lo entendemos todo y especialmente porque sin palabras se escucha mejor una de las mejores bandas sonoras de todos los tiempos. Ennio Morricone. Chapeau.

La conjunción Leone-Morricone nos depara uno de los momentos cumbres del cine. Las actuaciones de Lee Van Cleef, Clint Eastwood y Gian María Volonté, también. Almería pone ese perfil irrepetible entre la tierra y el cielo ... Y la historia, desde su simplicidad nos regala un final inolvidable, de esos que, sin darte cuenta te dejan en el filo del sillón y con la espalda recta.
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10 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil