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Críticas de FATHER CAPRIO
Críticas ordenadas por:
The Mad Miss Manton
The Mad Miss Manton (1938)
  • 5,8
    317
  • Estados Unidos Leigh Jason
  • Barbara Stanwyck, Henry Fonda, Sam Levene, Frances Mercer, ...
6
UN FILM OLVIDABLE Y OLVIDADO
Únicamente la presencia de Barbara Stanwyck y, en menor medida la de Henry Fonda justifican el visionado de esta comedia de gesticulantes y lastimosos policías, investigadoras privadas en traje de cocktail y muertos en la nevera donde el único sentido de las ocho féminas en busca de cadáveres es el de lucir palmito y ocupar su buena cuota de pantalla. Con una, especialmente si se trata de nuestra Bárbara habría bastante ó como mucho dos, una para llevar el frasco de las sales del mismo modo que el oficial Sullivan es el portador de bicarbonatos anti dolores estomacales e incluso improvisado cantante en artículo mortis si se tercia la ocasión.

Tan lejos queda de aquellas comedias mágicas tipo Capra que cualquier parecido no es ni siquiera coincidencia sino un error aleatorio del destino. Las aventureras cinco de Enid Blyton multiplicadas como panes o peces hasta ocho no tienen justificación posible como no sea la demanda de papeles para amiguitas de los productores en pos del estrellato. Y si es junto a la Stanwyck y a Fonda mejor que mejor. No le encuentro otro sentido a tanta aglomeración femenina cuyo número supera el imprescindible para visitas a la toilette y se acerca al conveniente para reuniones caseras de venta de cosméticos, tupperwares y análogos.

Comedias simples para gente con problemas que olvidar. Este podría ser el resumen de esta película y de otras cortadas por el mismo patrón - no incluyo en este saco las comedias de Frank Capra, auténticas obras de orfebrería cinematográfica, a años luz del resto de trabajos “mortales”- que no derrochaban precisamente originalidad en sus gags ni consistencia en sus situaciones. En el caso de The mad miss Manton, la presencia de una de las grandes damas de la pantalla como unánimemente se reconoce a Bárbara Stanwyck redime de la mediocridad este trabajo de Leigh Jason que únicamente cabe ser recordado por la sensualidad de un cigarrillo encendido con mechero de gasolina, entre sábanas de seda e impenetrables antifaces. Instante tan breve como fugaz pero digno de ser rescatado de la general mediocridad de un film olvidable y olvidado.
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14 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil
El decamerón
El decamerón (1971)
  • 6,8
    3.855
  • Italia Pier Paolo Pasolini
  • Franco Citti, Ninetto Davoli, Pier Paolo Pasolini, Angela Luce, ...
8
EL FRESCO DE GIOTTO-PASOLINI
Quienes leímos El Decamerón de Giovanni Bocaccio en años de despertares, podríamos formularnos similar pregunta a la que Giotto-Pasolini se hace al final de la película: “¿Porqué ver esta película si los sueños son más hermosos?”. Aquellas lecturas casi prohibidas nos abrían de forma apenas perceptible una ventana a un mundo donde ¡sorpresa! existía el sexo, pero no el sexo amordazado y encerrado en sórdidas mazmorras tipo Jean Valjean ni el sexo de confesionario y tres avemarías como penitencia, sino el sexo alegre, desenfadado, cómico, pícaro y divertido.

Pasolini-Giotto en el 1971 pone imágenes a los sueños y lo hace bien, francamente bien, con la libertad que le da su ateísmo y sus propias tendencias sexuales y con esa clara huella de lo real y cotidiano que tiene su cine. Sus personajes, o mejor, su visión de los personajes bocaccianos es una visión francamente terrenal, suburbial si me apuran, muy alejada de nobles engalanados, intrigas palaciegas y bailes de salón. Es la visión de la plebe azotada por la peste negra, la visión de un pueblo que entre bromas y picardías encierra sus desdentadas miserias. Una visión, en definitiva a la que debemos definir como pasoliniana sin ningún género de dudas.

Sensualidad mecida por canciones de época y envuelta en vivos colores que resaltan la carnalidad. Ese es el fresco que Pasolini-Giotto dibuja en nuestras retinas.
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27 de 29 usuarios han encontrado esta crítica útil
Thunder Bay
Thunder Bay (1953)
  • 6,4
    762
  • Estados Unidos Anthony Mann
  • James Stewart, Joanne Dru, Gilbert Roland, Dan Duryea, ...
7
UN GUIÓN CON MUCHOS CABOS FLOJOS O COMO PESCAR EL LANGOSTINO DE ORO
La ficción encuentra en el cine un medio para expresarse. En el cine fantástico y de ficción encuentran su alojamiento, circunstancias y situaciones que no se sostendrían en otros géneros cinematográficos. Pero, cuando nos movemos dentro de las fronteras de la realidad las reglas de juego deben ajustarse a una cierta lógica. Y eso es lo que aquí no sucede.

En primer lugar se trata de una película real sobre conflictos de intereses, petrolíferos y agropecuarios. Pero curiosa e increíblemente los pescadores de la bahía, descendientes de generaciones de pescadores no se aprendieron muy bien las técnicas de pesca del langostino y tuvieron que llegar los petroleros para enseñarles. Ficción pura, sí señor.

En segundo lugar los cambios de carácter son dignos de estudio: Un pescador veterano, pacífico toda su vida, es capaz en menos que canta un gallo de convertirse en agitador de masas, liderar motines y estar incluso dispuesto a colgar a cualquiera con tal de defender el honor, la honra y por supuesto el langostino de oro. Y si esto no fuese bastante, al día siguiente, aquí no ha pasado nada y tan amigos.

En tercero, El enamoramiento suele alcanzar velocidades elevadas, pero en el caso de Bahía negra son supersónicas. Y además en muchos casos se pasa del odio a la pasión más absorbente en un plis-plas. En el camino del barquito a la taberna. Somos novios, nos queremos. Manzanero, cien por cien.

El tema de fondo es interesante y nada malo, el conflicto petrolero-ecológico, pero el guión tiene muchísimos cabos flojos. Y gracias a que James Stewart es uno de los grandes, que Anthony Mann es un director muy interesante y que Dan Duryea por fin me ha gustado en un papel no convencional de malo con ganas, la película se salva.
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12 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
Bellissima
Bellissima (1951)
  • 7,6
    1.481
  • Italia Luchino Visconti
  • Anna Magnani, Walter Chiari, Tina Apicella, Gastone Renzelli, ...
8
SUAVEMENTE NOS MATA CON SU CANCIÓN...
¡Magna, Magnani! ¿Qué hubiese sido del neorrealismo italiano sin ella? Ella era la realidad, el pueblo, la “porca miseria”, los sueños de andar por casa, las pocas liras ahorradas a un sueldo que no llega a fin de mes. Ella fue la “Roma cittá Aperta” entre otras Romas entrañables e imprescindibles. Ella fue Italia, lo mismo que Verdi, Tintoretto ó Rosellini…

Visconti pone las ideas. Esas madres vociferando “Bellísima” en pleno casting de niñas prodigio tipo Shirley Temple. Pero Ana Magnani pone el cuerpo, el temperamento, la casta y el carácter. Y no necesita a nadie. Ella se basta y sobra para llenar la pantalla ¿Quién es Walter Chiari? ¿El marido? ¿El amigo que no amante? No lo se. Ni me importa. Pero Ana…¡Ay Ana! Esta si es una Ana, con los siete, con los setenta y siete y con los que ella quiera. Es nuestra Ana de los mil dias…. ¡Forza Italia!.

¿Neorrealismo? Quizás si. Descafeinado y un tanto tardío. Pero válido como exponente de una Italia de sueños y supervivencias que en cierta medida recuerda a la España de aquellos mismos años con sus barrios obreros y sus historias de escalera que aquí retrató Buero Vallejo. Con sus imprescindibles porteras y sus insustituibles comadreos. Y por encima de todo, un realismo que intenta dejar de serlo no ya en la persona de la madre sino en la de la hija. De ella es el futuro. ¿Porqué no llenar de esperanza ese futuro?

Y tal vez como la vida misma, la película es una mezcla de comedia y drama donde la sonrisa la pone la ingenuidad de un amor materno capaz de ser entregado sin límites y las heridas se abren en una sala de proyección desde la que se escuchan los más duros comentarios sobre el ser al que más se quiere. Esa mezcla de realidades, unas y otras, nos conmueve, se apodera de nosotros y suavemente nos mata con su canción…
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12 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil
Los violentos años veinte
Los violentos años veinte (1939)
  • 8,0
    5.742
  • Estados Unidos Raoul Walsh
  • James Cagney, Priscilla Lane, Humphrey Bogart, Gladys George, ...
9
RUIDOSOS VEINTE
Ruido... Tanto ruido. Ruidosos veinte. Quizás una traducción más literal del título de un film sobre la década, no prodigiosa precisamente, del retorno de la primera guerra mundial y de la depresión económica por excelencia como fue la de 1929.

Raoul Walsh realiza un buen trabajo donde la realidad documental abre el camino a una historia de chicos buenos a los que las cosas les han ido mal, en un contexto de crisis económica post belicista con altos índices de desempleo y donde al amparo de la llamada Ley Seca proliferaron las bandas y los gángster, los salones clandestinos, los ajustes de cuentas, las balas y el olor a pólvora. De ahí lo de “violentos” años veinte. Pero el retrato de Walsh es el de una generación de supervivientes donde la diferencia entre el camino recto y el avieso se encuentra en que hagamos una carrera (de taxi) una determinada noche y con un determinado cliente. Donde la vida depende de una cerveza o de tener un corazón excesivamente sentimental.

La historia no únicamente la cuentan los libros o los documentales, también se cuenta en películas como ésta que nos ofrecen una visión equilibrada de los ruidosos y violentos, pero sobre todo difíciles años veinte.

Quiero referirme, para concluir, a “ese gran tipo” y sensacional actor, James Cagney, gángster por excelencia de nuestra retina cinéfila, muy bien acompañado por sui-géneris Bogart, que si bien ya nos ofreció otros papeles de malvado (sin ir más lejos, tres años antes había dado vida al evadido gángster Mantee en El Bosque Petrificado), por lo general eran tipos con sentimientos, todo lo contrario de este George Hally despiadado y sin escrúpulos. Respecto a ellas, me quedo con Panamá Smith (Gladys George) y su mano sobre la de Eddie Bartlett (Cagney). No estaría de más echarle un vistazo a su filmografía.
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5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Ride vaquero!
Ride vaquero! (1953)
  • 6,2
    331
  • Estados Unidos John Farrow
  • Robert Taylor, Ava Gardner, Howard Keel, Anthony Quinn, ...
7
LA LEY DE LA BALA
Una pequeña sorpresa. Aunque de Ava Gardner, Robert Taylor y Anthony Quinn juntos se pueden esperar trabajos mas que interesantes. Además en el reparto figura Jack Elam al que probablemente identificarán más por sus ojos que por su nombre y que siempre fue un habitual en eso de los westerns. Todos ellos dirigidos por un director australiano, John Farrow, poco conocido pero que a la vista de la realización de este film lo menos que puede decirse de él es que resulta cinematográficamente atractivo.

En realidad la película es un tanto atípica si la comparamos con lo que estamos acostumbrados. Ava Gardner, sigue siendo el animal más bello del mundo pero, como esposa de dudosa fidelidad, parece algo fuera de sus registros habituales. Por su parte Anthony Quinn ha interpretado muchísimos papeles de mexicano, recordemos sin ir más lejos Viva Zapata de Elia Kazan, pero pocos con el dedo tan nervioso y despiadado. Que decir de Robert Taylor acartonado hasta las cejas y con más pinta de ninot fallero que de duro pistolero. Y como guinda, un curita de armas tomar, absolutamente literal. Por ello el único que se parece, en la foto, es Jack Elam, bandido de mirada aviesa y feo donde los haya.

Pero, seguramente, por ese desencaje de papeles respecto de lo que estamos acostumbrados, la película resulta francamente interesante. Ver a una Ava Gardner desenfrenada arrojándose a los labios de Robert Taylor, especialmente si vimos su aparente integridad en La condesa descalza de Mankiewicz, resulta francamente sugerente y si además Quinn, capaz de llorar al ser bendecido por el Father Pistolas es asimismo defensor implacable de la ley de la bala y generoso en su aplicación, pues que quieren que les diga...

Una fotografía de calidad en tecnicolor, con escenas de caballos, galopadas y cargas de la brigada ligera a toque de corneta, juntamente con un guión lo suficientemente sólido como para mantener nuestra atención, hacen que este trabajo de Farrow no nos deje impasible y se vea con interés.
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11 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
Fallen Angel
Fallen Angel (1945)
  • 7,1
    1.497
  • Estados Unidos Otto Preminger
  • Dana Andrews, Alice Faye, Linda Darnell, Charles Bickford, ...
8
EN ESTE BAR TE VÍ POR VEZ PRIMERA
La química no es únicamente la ciencia de los elementos. Hay algo más que científicos despistados probeta en mano y reacciones en cadena. Los átomos y las moléculas van al cine, señoras y señores y se disfrazan de Dana Andrews y Linda Darnell. Combustión pura. Chispas incandescentes a go-go. “Chemical liasons dangereuses ” .

Y es que ya lo cantaba Machín, “ en este bar te vi por vez primera y sin pensar te dí mi vida entera”. Lo mismito que le pasa a Dana Andrews cuando “ es caprichoso el azar” su billete finaliza en un pueblito tranquilo de provincias, donde mandan las Koplovitz de turno, dos hermanas, una morena y una rubia, celosas guardianas de la castidad, moral y buenas costumbres. Y teniendo lo que hay que tener, o sea: Money Money. Y claro, Dana, que debió ser asiduo a El Tiempo es oro, no pierde un segundo y en un quítame allá esas pajas ya tiene licencia matrimonial que no licencia para matar ( no sean mal pensados) que a tanto no llega el bueno de Dana. En el fondo, como comprobarán es un bendito con un corazón como el puño de Maciste el Coloso y no como otros enguantados con más tembleque en los puños del convencionalmente correcto.

Esta es una brevísima sinopsis de esta película de Preminger que, se enmarca bien dentro del cine negro, con un Andrews en plan estelar y haciéndolo francamente bien, un elenco femenino mas que interesante y algunas colaboraciones que se agradecen, tal es el caso de John Carradine. El ritmo del film podría haber sido bueno pero acaba siendo excesivo, demasiado frenético para mi gusto, por lo que pierde credibilidad. Las solteronas no son tan incautas ni los timadores tan redimibles. Al menos en el corto plazo, que en el largo se puede ver cualquier cosa.

En resumen, una interesante obra de Preminger, muy lejos de Laura e incluso, para mi, también lejos de Al borde del peligro. Tiene sus valores, eso si. Y Dana Andrews es uno de ellos. Un valor seguro.
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10 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
El proceso
El proceso (1962)
  • 7,6
    5.901
  • Francia Orson Welles
  • Anthony Perkins, Romy Schneider, Jeanne Moreau, Orson Welles, ...
8
RETRATO DE UNA PESADILLA
Orson Welles es un cineasta diferente a todos los demás. En algunos aspectos será mejor y en otros todo lo contrario, pero, en cualquier caso, siempre original y distinto.

Esta verdad que conoce cualquier cinéfilo que de tal se precie, alcanza su máximo esplendor con El Proceso. ¿Qué es El Proceso, se preguntarán? Y la respuesta es muy simple: El Proceso es Welles. Kafka puso la música (simbólicamente hablando) pero el espectáculo es de Orson Welles. Y al resultado, guste más ó guste menos, se le podrán hacer las críticas que ustedes tengan a bien pero no se le podrá negar ni ese toque diferente ni esa alquimia que el brujo Welles inyectó en este trabajo concreto.

The trial es el retrato en B/W de una pesadilla. Ajena y propia. Colectiva e individual. Como espectadores asistimos a la puesta en escena de las imágenes mismas que duermen en las cavernas de nuestro cerebro y vemos deslizar nuestras propias locuras, nuestros sueños húmedos e inconfesables, nuestras angustias y nuestros miedos. LLegamos a perder incluso el sentido de la realidad. ¿Estamos despiertos? ¿Nos hemos quedado dormidos?

Nos movemos absolutamente desconcertados entre la maraña laberíntica de pasillos y puertas que se suceden unas a otras sin final aparente, entre personas-número, cuyo único sentido en la vida consiste en presentar denuncias que se concatenen unas con otras en alucinógena espiral.Nos sumergimos en un baño de multitudes vociferando el espectaculo circense del juicio a la cordura y a la sensatez. Y en un lecho de cultura desparramada por doquier nos entretenemos con una Romy Schneider diosa absoluta de nuestras poluciones nocturnas. ¡Que no se rompa la noche, por favor...que no se rompa!.

Que no se rompan las perspectivas imposibles, ni los estrados inaccesibles, ni la turba alocada de brujas vírgenes vestales, ni la vecinita de al lado. No nos perturben el sueño... Dejennos dormir con Welles. Déjen que Welles retrate nuestras pesadillas.

¡Ah! ¿Se trata de una película?... Perdonen. Debí dormirme...
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2 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
The Blue Gardenia
The Blue Gardenia (1953)
  • 6,8
    1.291
  • Estados Unidos Fritz Lang
  • Anne Baxter, Richard Conte, Ann Sothern, Raymond Burr, ...
8
UNA GRAN OBRA MENOR DE FRITZ LANG
Hablar de La Gardenia azul es hablar de desencantos. El primer desencanto es el del propio Lang al que se da una “oportunidad” para trabajar después de 13 meses en el dique seco marginado por el “maccartismo” en razón de sus “presuntos coqueteos” comunistas. Por otra parte, el productor Alex Gottlieb quería aprovechar el tirón de los crímenes de la Dalia Negra e “impuso” la obra a Lang quien, dadas las circunstancias , la aceptó, si bien con poco entusiasmo.

Pero Lang es Lang, a pesar de si mismo, y la película es una gran obra menor donde su famoso expresionismo alemán - aún existiendo en las escenas más intensas del film como la del asesinato (espejo roto, atizador, sombras, etc) - cede el paso a un realismo USA claro exponente de una sociedad de desencantos.

El novio de Corea y la carta de ruptura, las tres amigas sobreviviendo en un pisito estilo López Vázquez-Mari Carrillo, ya me entienden, Crystal, una de las inquilinas, saliendo de nuevo con su ex marido, la amiguita del dibujante evidentemente desencantada de las generosas veleidades de éste (Raymond Burr) y otras hierbas de este cariz, configuran una gran obra menor que discurre entre la comedia negra y el cine negro, en que, curiosamente, se trocan sus papeles habituales, de tal manera que el rol de vampiresa manipuladora de las voluntades cabe atribuírselo a Richard Conte por la treta diseñada para capturar a la Blue Gardenia mientras que el papel, habitualmente masculino, de incauto de turno queda claramente atribuido a Anne Baxter.

Lang fue un cineasta que, hasta desencantado, hacía buen cine. Este es un maravilloso ejemplo.
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31 de 35 usuarios han encontrado esta crítica útil
The Strange Love of Martha Ivers
The Strange Love of Martha Ivers (1946)
  • 7,4
    2.259
  • Estados Unidos Lewis Milestone
  • Barbara Stanwyck, Van Heflin, Lizabeth Scott, Kirk Douglas, ...
9
BARBARA STANWYCK SIGUE EXISTIENDO
De los comentarios leídos sobre esta película me quedo con la frase de Ernesto de Bilbao: “Esta película es un clásico y sólido melodrama con una acertadas gotas de cine negro.”

¡Bingo! En pleno centro de la diana. Porque justo es lo que es: Un melodrama donde los aparentemente buenos no lo son tanto y los malos reconocidos también tienen sus virtudes. Que, ya lo dice el refrán: “Nada es verdad ni es mentira...” y donde “nuestra” Barbara Stanwyck (gracias Requiem4 por compartirla) transita por esos terrenos escabrosos que la vida llena de injusticias al mismo tiempo que va despojando de sentimientos. Y como la cosa va de penas, desamores e infidelidades no puede faltar el alcohol esconde penas y arruina carreras. No puede haber un melodrama que se precie de tal donde no aparezca el bourbon, el whisky u otros “chelis” de alta graduación y es precisamente aquí donde tenemos otro de los meollos de la cuestión: “¿Cuándo te emborrachaste, porqué y sobre todo... donde?” Porque no es lo mismo una borrachera discreta que una pública. Que las apariencias engañan y hay que guardarlas. Que la popularidad es efímera y se pierde en un instante. Y te estás presentando para fiscal del distrito.

Kirk Douglas sabemos que fue un actor de categoría excepcional, pero aún así sorprende la calidad de este su primer trabajo. Creíble y francamente bien. Lo mismo que Van Heflin y Lizabett Scott (esta última merece ser rescatada de esos olvidos injustos que tanto abundan en el mundo del cine). Y hablando de olvidos, no lo hagan de Judith Anderson, nuestra "odiadísima" ama de llaves de Rebeca, en otro papel cortado por el mismo patrón.

Punto y aparte para Bárbara, actriz que sabe, enamorarnos (La mujer milagro), perdernos (Perdición) ó como aquí, sorprendernos con veleidades pasionales y carencia de los más mínimos principios vitales. Al referirnos a ella como “nuestra” Barbara siento que estoy formando parte de un círculo de privilegiados, de un club de fans de una actriz que, a pesar de lo que diga el calendario, sigue existiendo...
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17 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil
Key Largo
Key Largo (1948)
  • 7,9
    18.502
  • Estados Unidos John Huston
  • Humphrey Bogart, Edward G. Robinson, Lauren Bacall, Lionel Barrymore, ...
9
PASIONES, SENTIMIENTOS Y VERDADES
Muy mal deben andar las cosas para que una película de John Huston en la que intervienen Humphrey Bogart, Edward G. Robinson, Lauren Bacall, Claire Trevor y Lionel Barrymore pueda considerarse una obra menor. No es el caso de Cayo Largo, más bien al contrario. Estamos ante una película excelente del mejor y más genuino cine negro americano, con uno de los gangsters más típicos del cine USA junto a Cagney, Edward G. Robinson, una de las vamps más seductoras, Lauren Bacall y el Bogart más de vuelta de todo, de todos los Bogarts conocidos.

La elección es difícil pero me quedo con Claire Trevor en su papel inconmensurable de esposa de mafioso, alcohólica hasta las cejas y con la vida destrozada sin remisión. Su escena cantando por un trago de whisky es de un patetismo absolutamente doloroso. El Oscar conseguido significa el mínimo reconocimiento a su excepcional trabajo. Si el resto de actores está francamente bien, Claire está suprema.

Esta mezcla de claustrofobia, tensiones, pistolas y sexo, tiene tanta fuerza explosiva que nuestra retina queda inevitablemente impactada por imágenes como la del enfrentamiento sin palabras Bacall-Robinson, escenas como la del baño puro en boca ó el propio afeitado del mafioso, por no hablar de un inválido Barrymore literalmente caminando por la fuerza impelente de la ira. Película de pasiones, sentimientos y verdades donde las haya: Ira, Miedo, Egoísmo, Desencanto… y esa química especial que siempre surge de la unión de la pareja por excelencia del cine de siempre.

Como colofón, esa ventana que se abre tras la tormenta dejando pasar unos rayos de sol absolutamente purificadores. Y el retorno, la esperanza y la vida….
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60 de 69 usuarios han encontrado esta crítica útil
Yellow Sky
Yellow Sky (1948)
  • 7,5
    1.867
  • Estados Unidos William A. Wellman
  • Gregory Peck, Anne Baxter, Richard Widmark, Robert Arthur, ...
8
ANNE BAXTER LO BORDA, CON REALCE, RECAMADO Y TODO ESO...
Para quienes amamos y devoramos el cine, especialmente el llamado clásico, es difícil, por no decir imposible, encontrar algo original. Muchas películas resultaron innovadoras en su tiempo pero, con el paso de los años, hubieron otras, remakes ó no, que se cortaron con los mismos patrones y es por ello, que al volver a ver aquel primer cine de siempre, puede parecernos una simple repetición de esquemas ya conocidos.

De este modo es frecuente cometer la injusticia de desmerecer obras que, en su tiempo significaron pasos nuevos y firmes en la historia de la cinematografía. Por eso, quiero con esta crítica rendir un pequeño homenaje a aquellos pioneros que como Wellman aportaron ideas frescas a este maravilloso mundo de los Hermanos Lumière.

Porque Cielo amarillo es, incluso hoy en día que se ha visto de casi todo, una película distinta. ¿Género?: El western. La historia de América. La quimera del oro. Los apaches en las reservas ó fugándose de ellas. La guerra civil en el pasado reciente. Los soldados volviendo a la normalidad ó al ¡Sálvese quien pueda!. El Valle de la Muerte. El desierto de sal. Los caballos resbalan. El agua escasea. La ciudad fantasma. La tempestad de Shakespeare.

Se ha dicho además que es un western con rasgos de cine negro. Pero a mi parecer, no tiene las características identificadoras del film noir. Aquí no hay vamps, ni buenos tipos a los que un cúmulo de circunstancias han metido en apuros, ni hampones propiamente dichos, ni detectives ni policías. Lo más negro (y blanco) que encontramos es una fotografía excepcional. Presten atención a las tomas en medio del desierto, jinetes sedientos junto a caballos en una cadena humano-equina. El desierto no es más que un espacio y un espacio puede cruzarse. Fíjense en la magnífica aparición de la ciudad fantasma de Yellow Sky. El ángel Anne Baxter: El agua al final de la calle, junto a las grandes rocas.

Western distinto, los malos (algunos) no tan malos, el sexo débil no tan débil, los indios no tan salvajes. Se pueden hacer Westerns de otra manera. Wellman nos lo demuestra. Con el tiempo hubieron otras visiones de lo que fue el salvaje oeste, el Wild West, visiones donde no ganarían los de siempre, visiones distintas y absolutamente necesarias. Este film de Wellman dibuja un Oeste humanizado, lo cual no quiere decir necesariamente bueno. Al contrario, la avaricia, como en aquella gran película Greed, los conduce a despellejarse vivos, todo por la Gold Fever, la fiebre del oro.

Bien Richard Widmark, de los mejores actores de la segunda fila. Bien, en su estilo acartonadillo de siempre, Gregory Peck, y excepcional Anne Baxter en un papel que hubiese podido ser interpretado por cualquier actriz novel con resultados correctos. Pero Anne Baxter lo borda, con realce, recamado y todo eso.
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24 de 24 usuarios han encontrado esta crítica útil
Remember the Night
Remember the Night (1940)
  • 7,3
    572
  • Estados Unidos Mitchell Leisen
  • Barbara Stanwyck, Fred MacMurray, Beulah Bondi, Elizabeth Patterson, ...
7
UNA DELICADA COMEDIA
La combustión Fred MacMurray - Barbara Stanwyck tuvo lugar en 1944 con Perdición de Billy Wilder. Esto lo sabe cualquier cinéfilo de pro. Ahora bien, los experimentos químicos con esta pareja se inician en 1940 (en mis modestos conocimientos) con Recuerdo de una noche de Mitchell Leisen, director nacido en Michigan y que comenzó su carrera como diseñador de vestuario y de decoración en películas de Cecil B. De Mille ó el mismísimo Lubitsch.

Posteriormente, en su carrera como director tuvo colaboradores de excepción, como el propio Wilder en los guiones de Si no amaneciera y Medianoche, ó Preston Sturges, director de films como Las tres noches de Eva ó Los viajes de Sullivan. Quiero esto decir que la filmografía de Leisen merece ser rescatada de esos injustos olvidos que muchas veces depara la historia.

Nada mejor que iniciar el rescate con este Recuerdo de una noche que, a decir verdad, es el recuerdo de unas pequeñas vacaciones navideñas, con sus noches pero también con sus días, con sus sonrisas de felicidad inesperada y sus lágrimas de frustraciones predecibles (léase el amargo encuentro navideño de madre e hija) y por encima de todo, con ese concepto de la familia como unidad vital e indisoluble. La vida de Lee Lender (Barbara Stanwyck) es un compendio de fracasos, todos ellos derivados del gran fracaso mayor: la ausencia del calor, del amor y del soporte que da la familia. Los mismos valores que encuentra en la familia de John Sargent (Fred MacMurray). Aunque para ser absolutamente leales con la película, la misma familia que la arropa y la ampara en las Navidades que probablemente hubiesen sido las más tristes de su vida es la misma que en una escena cruel exige de ella, con muy buenas palabras, eso si, su renuncia sentimental.

De cualquier forma, la película aún con esos tintes ciertamente melodramáticos puede catalogarse como una delicada comedia, hábil y entretenida, protagonizada por dos actores que además de químicas sensuales y puntos de ebullición saben interpretar registros sencillos, notas limpias y simples que en su simplicidad encuentran su belleza. Todo ello de la mano de un realizador al que, igual que otros compañeros de aficiones acabo de descubrir. Ya se que es un tanto tarde: Mitchell Leisen.
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24 de 24 usuarios han encontrado esta crítica útil
The Marriage Circle
The Marriage Circle (1924)
  • 7,0
    303
  • Estados Unidos Ernst Lubitsch
  • Adolphe Menjou, Marie Prevost, Monte Blue, Florence Vidor, ...
8
UN DIRECTOR GENIAL Y SU TOQUE DE DISTINCIÓN
En comedias como ésta es inevitable referirse al toque Lubitsch. Ese toque indefinible que el gran director berlinés dejaba en sus películas. Hay quienes lo han comparado con el aroma de un buen vino ó con la inimitable técnica china del soplado del vidrio. Bueno, son ideas, aunque a mi parecer ese famosísimo toque es como un guiño de complicidad dirigido a los espectadores inteligentes.

Allí donde otros necesitarían gags convencionales ó imágenes más ó menos tópicas para lograr la sonrisa del público, Lubitsch necesita unos pocos elementos, pero eso sí, los dispone de tal forma y con tal artesanía que tanto él como nosotros sintonizamos la misma frecuencia. Lubitsch hace cine para espectadores inteligentes y, lo mismo que el uso desarrolla el órgano, el cine del director germano desarrolla nuestro intelecto. Y no me negarán que resulta más atractivo el cine del teutón, toque Lubitsch incluido, que la monótona uniformidad de los sudokus, si de potenciar la mente se trata.

Dos copas de licor que se ofrecen son algo más que dos copas. Lo sabemos bien. Somos cómplices de Lubitsch. Nos guiñó el ojo y lo entendimos. Una cucharilla removiendo un café ó un chocolate tienen su lenguaje subliminal y sobreentendido. El sexo existe. Es etéreo y no lo vemos. Está en el aire. Pero existe. ¿Quién, sin verlo, no sobreentendió el beso de amor?

Lubitsch la consideró su mejor comedia. No es su mejor película y acaso tampoco su comedia maestra, a mi juicio, pero es indudable que estamos ante una obra absolutamente lograda, casi sin palabras, porque si una imagen vale más que mil palabras, si la imagen es de Lubitsch su valor supera la Enciclopedia Británica. Además, en la edición remasterizada, la música está adecuadamente elegida y confiere a la obra un ritmo a veces intimista y a veces trepidante. Y hablando de música y del toque Lubitsch fíjense en la pieza que Mizzi interpreta al piano y las sugerencias que evoca.

Adolphe Menjou, bien. Marie Prevost, desbordando sensualidad, que es de lo que se trata. Monte Blue un tanto desajustado en su papel de galán seductor. Le viene algo grande. Su imagen se ajusta más a la de marido convencional y aburrido. Y por último Florence Vidor espléndida en su rol de esposa aparentemente engañada.

En resumen, buena comedia, donde todo se engrana con delicadeza, sin brusquedades ni cabos sueltos y donde los espectadores somos algo más que eso, por obra y gracia de un director genial y su toque de distinción.
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6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
La condesa descalza
La condesa descalza (1954)
  • 7,4
    5.191
  • Estados Unidos Joseph L. Mankiewicz
  • Humphrey Bogart, Ava Gardner, Edmond O'Brien, Marius Goring, ...
8
MANUAL DE FAUNA FREUDIANA
Esta es una de esas películas que, si nos preguntasen:

- ¿De qué va?

Contestaríamos:

- Sale Bogart y Ava Gardner.

Y poco más.

¿Pero que pasa?:

- Bueno, pues...

No sabe no contesta.

Quizás con un poco de suerte atinaríamos a decir:

- Ella lo tiene todo pero no es feliz.

Es que en realidad la película tiene de todo pero no pasa nada. O muy poco. La parte final esconde un semi secreto muy predecible. Eso es todo. El resto, retrato de vacíos. Mírenlo como gusten pero así es.

No se confundan. La cosa tiene su interés sobre todo si lo que se pretende es darle forma humana a la muy diversa tipología de los manuales de psicología freudiana. No falta nadie: La Cenicienta, reina por un día, el príncipe-conde que esconde porque carece, el pelota lame traseros de turno, el director frustrado que pone la única nota de cabalidad y toda una fauna de personajes de la jet costa azul que no tiene nada que envidiar a la marbellí. ¡Camarero...más de lo mismo para el duque clown!

Por ponerle nombres: Ava Gardner y Humphrey Bogart. Lo único coherente junto con la frase de Edmond O,Brien: A partir de ahora se limpia usted sus ceniceros. La condesa, materialmente descalza, apegándose a sus raices, a su verdad. El director, con la espiritualidad descalza y la cartera necesariamente calzada, que de integridades no se come.

Productores y dinero: Mas vacíos. El conde y sus antepasados: Un salto al vacío más absoluto. ¿Che sará sará? El destino vestido de fatalidad. La lluvia empapando la tierra fúnebre... Pero ¿saben una cosa? Recordaré el sol que resplandece tras la tormenta. Ese mismo sol al que se tumbó, magistralmente, Ava Gardner después de arrojar lejos de si el albornoz para ser admirada por los hombres. ¡Genial!
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7 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
The Naked Prey
The Naked Prey (1966)
  • 6,5
    635
  • Estados Unidos Cornel Wilde
  • Cornel Wilde, Gert Van den Bergh, Ken Gampu, Patrick Mynhardt, ...
8
LA PRESA DESNUDA VESTIDA DE ORIGINALIDAD
La acción tiene lugar en el África colonial de 1860 y la idea original está basada en la verdadera historia de John Colter quien escapó de los indios pies negros en 1809.

Wilde, a quien tenía encasillado en películas históricas, generalmente de romanos, me sorprende muy gratamente con este original trabajo por el que llegó a optar al Oscar al Mejor Guión Original de 1966 que le fue arrebatado por Un hombre y una mujer de Lelouch (también Mejor película extranjera) y que gira en torno al juego peligroso de la caza del hombre, en la misma línea de El Malvado Zaroff (The Most Dangerous Game), película del año 32 por la que me empieza a picar el gusanillo y trataré de encontrar.

Historias como ésta son fáciles de calificar como cuentos, porque no parece creíble que un hombre blanco pueda sobrevivir en un territorio impropio para él y perseguido por una decena de nativos absolutamente preparados para la caza de hombres, leones, elefantes ó lo que se presente. Pero esto es cine y no el Financial Times ó el ABC. Aquí se cuentan historias que ni son verdad ni son mentira sino todo lo contrario. Y a quienes amamos el cine nos gusta fantasear, aunque fantasías como ésta son de las más crudamente reales que se hayan exhibido nunca en salas comerciales. Ahí queda el Desayuno con serpientes ó Jonás en el vientre del elefante por citar unas pocas lindezas. Secuencias más propias de documentales-sobremesa tipo National Geographic que del cine convencional. Y eso sin hablar del destino deparado a quienes se niegan a obsequiar a los anfitriones con unas cuantas bagatelas.

En definitiva, de la película se pueden decir muchísimas cosas, la mayoría positivas, todo menos que no resulta original. Por fin alguien cambió los desiertos de Arizona y los caza fugitivos por las sabanas de Rodhesia, las tribus indígenas y El Rey León. Cornel Wilde cambió el paisaje. Efectivamente podía haberlo hecho Mel Gibson, pero lo hizo Wilde. Al Cesar lo que es del Cesar y para Wilde la supervivencia e incluso esa alianza final de civilizaciones y sobre todo esa presa desnuda vestida de originalidad.
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22 de 25 usuarios han encontrado esta crítica útil
El crack dos (El crack II)
El crack dos (El crack II) (1983)
  • 6,7
    2.796
  • España José Luis Garci
  • Alfredo Landa, María Casanova, Miguel Rellán, Arturo Fernández, ...
8
UN ACTOR CON MAYÚSCULAS: ALFREDO LANDA
Me pregunto cuantas lanzas se han roto ya a favor de Alfredo Landa. O sea que, diga lo que diga no va a resultar demasiado original. No obstante, como de los cobardes nunca se escribió nada (dicen) pues me dispongo a intentarlo.

El Goya de Honor por el CONJUNTO de su carrera, no sólo era merecido sino una obligación de la Academia y de todos quienes amamos el cine. Y enfatizo lo de Conjunto incluyendo en él lo que vino a llamarse el Landismo, con todas las connotaciones negativas que se asociaron al término. Porque Landismo era sinónimo de españolada, eso sí, aderezada con mucho humor y algo de destape al uso y costumbre de unos tiempos en que los vientos venían del norte, es decir fríos, mas propios de castos camisones que de lencerías francesas.

Pero Landa resucita de las cenizas de su landismo y, en el momento justo de su carrera se metamorfea y como si fuera Superman, cambia de vestuario en la cabina telefónica y ¡zas! (música circense de salto mortal con tirabuzón) aparece Germán Areta, spanish Marlowe, nuestro Bogart nacional.

Eso lo consigue, en primer lugar el propio Landa pero no son ajenos Juan Antonio Bardem, quien le frota la cara hasta dejarlo irreconocible en El Puente y sobre todo José Luis Garci, en el Crack I y II. ¿Y saben cual fue el secreto de su éxito? Que todos nosotros nos lo creímos. Que el cambio fue absolutamente natural. Que aquí no había pasado nada, ni siquiera que se había muerto el landismo. Bueno, para ser sinceros, sí había pasado una cosa: Nos dimos cuenta que teníamos entre nosotros a un gran actor con mayúsculas al que a partir de entonces llamamos ALFREDO LANDA.

De acuerdo. Aquí se viene a comentar El Crack II pero, yo pregunto ¿Puede criticarse de forma seria esta película (ó el Crack I) sin hablar de Alfredo Landa?

Miren, Garci ha tenido muchos aciertos, pero en su fuero interno sabe que la jugada más arriesgada de su carrera fue precisamente travestir al rey del cine de barrio de los 70. Y la jugada le salió redonda.

Pero... ¿Y la película?: Bien. Francamente bien...
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22 de 26 usuarios han encontrado esta crítica útil
The Miracle Woman
The Miracle Woman (1931)
  • 6,7
    283
  • Estados Unidos Frank Capra
  • Barbara Stanwyck, David Manners, Sam Hardy, Beryl Mercer, ...
9
MILAGROS VESTIDOS DE COTIDIANIDAD
No se puede negar que Frank Capra ya enseñaba sus cartas desde el primer momento. La mujer milagro es una de sus primeras películas y en ella aparecen dos elementos absolutamente imprescindibles en un film de Capra que se precie de tal: La religión y la gente. La gente, en pequeñas dosis ó a grandes tragos. Pero gente...Buena gente...Viva la gente...

A pesar de que el tema central es la fe como negocio lucrativo y los predicadores que hacían su agosto allá por los años de la gran depresión, resulta muy fácil de entender incluso para las generaciones actuales, muy distantes de aquellos hechos y situaciones, porque en definitiva de lo que se trata es de principios, de coherencia, de verdad, de integridad personal y bueno también de amor, que nunca viene mal y al público le gusta. Es una declaración de intenciones de Frank Capra, como si estuviese anunciando su disposición a ser el cuenta cuentos maravilloso de los años 30 y 40.

Y como princesa, una veintiañera Barbara Stanwyck con momentos interpretativos estelares, como la secuencia inicial en que, llevada por todas las furias vestidas de falsedad e hipocresía, expulsa del templo a la gente-reptil, a la gente-gusano. La lástima es que la víbora mayor del reino ocupa el lugar que las fieras dejaron vacío...y colorín colorado este cuento ha empezado...

Pero la verdad resplandece, los milagros llegan vestidos de cotidianidad, de aparatos de radio, de muñecos de ventrílocuos ó de fuego purificador. Tal vez los doctores consigan devolver la vista a John Carson (David Manners) pero ese no será el milagro. El milagro ya está hecho. Está en la verdad que resplandece y en la justicia que impera. Capra lo hizo. Y lo volvió a hacer una y otra vez más... Por eso, hoy, casi un siglo después, sigue estando ahí. Ya saben. En lo más alto.
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18 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil
Lady in Cement
Lady in Cement (1968)
  • 5,2
    239
  • Estados Unidos Gordon Douglas
  • Frank Sinatra, Raquel Welch, Richard Conte, Martin Gabel, ...
3
ALLÁ USTEDES...
La unión de El cuerpo (Raquel Welch) y La voz (Frank Sinatra) en películas B como estas (con B de bodrio, naturalmente) es absolutamente perniciosa para la vista (la nuestra). Si. Ya se que se trata de un chiste fácil y les pido disculpas por ello pero la verdad es que no he podido resitirme a comenzar mi crítica de esta manera. Además, últimamente he visto quizás demasiadas películas de Capra y se me contagió lo de la buena gente y esas cosas, así que estoy tratando de evitarles un disgusto que aquí la experiencia es un grado y dado que yo tropecé, no vayan a hacerlo ustedes en la misma piedra.

Porque de eso va. De piedras, cemento y otros ladrillos. El film es un ladrillo absoluto capaz de dejar noqueado al instante al espectador mas invulnerable. Es algo así como la mosca tse-tse en versión cine-alucinógeno de los 60, con música Starsky Hutch y decorados Corrupción en Miami, ¡ah! y el gordo de Bonanza (Dan Blocker), banda sonora también incluída. Y todo por el mismo precio... ¿A que esperan? ¡Pasen, señores, pasen...!

Ni se les ocurra. Hagánme caso. Salvo que sean ustedes incorregibles hooligans del cine detectivesco de los 60 con chicas, piscinas, matones de medio pelo y flores de loto de ademanes absolutamente exagerados. Y aun así yo me lo pensaría, porque la trama es de aquellas que parecen simples pero acabas retorciendo explicaciones. Y eso ya no. Que las neuronas ya andan muy desgastadas con la realidad cotidiana para que encima tengamos que ejercitarlas en sudokus como éste. Y que me perdonen los sudokus...

Nada mas. Si a pesar de todo insisten. Allá ustedes...
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13 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil
American Madness
American Madness (1932)
  • 7,1
    505
  • Estados Unidos Frank Capra
  • Walter Huston, Pat O'Brien, Kay Johnson, Constance Cummings, ...
8
VIVA LA GENTE, LA HAY DONDE QUIERA QUE VAS...
La abuelita Capra, como despectivamente se le llamó por sus cuento-películas, nos deja otra muestra más de su talento (y ya van muchas). En plena depresión, una película sobre bancos y dinero era un reto, que Capra superó con buena nota. No con matrícula de honor pero sí con notable alto.

Es cierto que la película tiene sus lagunas. Pero son lagunas puestas al servicio de lo que en definitiva se quiere contar. Ó si lo prefieren: Exageraciones. Es cierto que hay buena gente ¿Pero tanta?. Es cierto que las masas son manipulables ¿Pero tan rápidamente? Ahora bien, de lo que no hay duda es que la única manera de salir de una crisis es moviendo el dinero y no encerrándolo a buen recaudo. La clase de economía que Dickson le da al consejo de dirección es absolutamente magistral. No porque la entienden los expertos sino, todo lo contrario, porque llega a la gente corriente, a los Juan Nadie, a esa buena gente que está siempre en el centro de su filmografía.

Otra escena notable: El montaje de primeros planos corriendo el rumor de la crisis bancaria. Evidentemente exagerada, pero efectiva, que es de lo que se trata. En definitiva, es otra lección económica que podría denominarse: Influencia de la información sobre los mercados financieros, ó algo así.

Repito: Lo increíble al servicio del fin. En este caso el fin justifica los medios. La aparición (exagerada) de acreditados ciudadanos en el último instante, dinero en mano, para devolver la confianza a los inversores es otro capítulo del cuento macro ó microeconómico, según se mire, que Capra narra con la voz inflada de esperanza en el futuro y sobre todo en las personas.

Las tramas accesorias del film, son eso, simplemente accesorias, el robo, la complicidad, el flirteo de la mujer del director, la lealtad del amigo, son solo instrumentos al servicio de una melodía. Por ejemplo, aquella de Viva la Gente. Acabamos tarareándola...
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24 de 25 usuarios han encontrado esta crítica útil