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8
La taberna del ahorcado
Intenso y reconfortante western de William Wyler (1902-1981). Escrito por Jo Swerling (diálogos), Niven Busch (trama), Lillian Hellman (no acreditada) y Oliver La Farge (no acreditado), el guión desarrolla un argumento de Stuart N. Lake. Se rueda en escenarios naturales de Arizona. Nominado a 3 Oscar (actor reparto, dir. artística y guión original), gana uno. Producido por Samuel Goldwyn, se presenta en sesión de preestreno el 18-IX-1940 (EEUU). La acción dramática tiene lugar en Vinagaroon (Texas), pequeña población ganadera, y en Fort Davis (Texas), entre 1870 y 1879, con un inserto referido a septiembre de 1884.

El film explora las tensiones y luchas que enfrentan a los antiguos ganaderos latifundistas y a los nuevos colonos dedicados a la explotación de pequeñas granjas, levantadas con el esfuerzo de su trabajo. Focaliza la atención en los intereses contrapuestos de los dos grupos, sus diferentes métodos de trabajo, sus visiones diversas del mundo y del país, sus distintas capacidades de influencia y sus apoyos contradictorios. Dentro de este marco general sitúa el enfrentamiento entre un vaquero adicto a la libertad y un antiguo forajido integrado socialmente y convertido en guardián de la ley. De la mano de éstos, explora la miseria y la grandeza de la condición humana.

Describe la precariedad institucional y administrativa que rige en amplias zonas del Oeste fronterizo. Condena los simulacros de justicia a cargo de personas desaprensivas y deshonestas, el imperio de la ley del más fuerte, las tropelías contra los intereses legítimos de los colonos, las decisiones unipersonales sectarias y partidistas, la defensa de los intereses particulares y las lesiones del bien común. Exalta la amistad, el compañerismo, la sinceridad, el sentido de la aventura, el espíritu emprendedor. Contrapone los deseos de la mujer de echar raíces en un lugar donde vivir y las tendencias nómadas del hombre.

La narración es intensa y vibrante. La historia se presenta depurada, estilizada y exenta de elementos no esenciales. Los diálogos son agudos y divertidos. Salpicada de humor, la cinta incorpora escenas espectaculares y de acción trepidante y amalgama iconografía de los viejos westerns mudos con referencias románticas propias del western del momento.

La fotografía pone especial cuidado en el realismo de la acción y de las imágenes. La cámara busca posiciones disimuladas (tras la rueda de un carro, tras una cerca...), que confieren a la visión el aire de la mirada propia de un mirón o voyeur, que ve sin ser visto, observa con curiosidad e interés y mira por el placer de ver. El film, realizado por un Wyler joven (37 años), es sólido, absorbente y entretenido.

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21 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Un personaje inolvidable
Buen western cuya mayor aportación al género es la del personaje de Brennan, un juez antojadizo, muchas veces despótico y cruel, que está platónicamente enamorado de una actriz. Por desgracia, este personaje no está tan explotado como debería y la acción recae con frecuencia en los tópicos del género, encarnados en el héroe Gary Cooper (en ocasiones acertadamente ambiguo) y en los personajes de los ganaderos y los colonos, entre los que destaca Dana Andrews.

Sin embargo, más allá de este guión en el que se mezclan los aciertos y los tópicos, considero que lo mejor de la película es su fotografía, irreprochable, con escenas espectaculares como la del incendio. La banda sonora acompaña correctamente, aunque sin temas destacados como otras películas del género.

El duelo final deja un sabor parecido al del conjunto de la película: grandes ideas pero, por los motivos que fueran (no sé hasta que punto Wyler se vio condicionado), no explotadas hasta el máximo.
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22 de 28 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Cine para el recuerdo
Gary Cooper tenía treinta y nueve años cuando protagonizó esta película y ya era un actor sumamente conocido, con grandes éxitos de taquilla a sus espaldas. Aquí está como es él: limitado y eficaz a partes iguales. Walter Brennan le da la réplica componiendo un personaje de "entrañable canalla", capaz de emocionarse ante su artista favorita y, al mismo tiempo, de ahorcar cruel e indiscriminadamente al primero que pasa por la puerta, o incendiar sin escrúpulos cultivos y viviendas. Por ese excelente trabajo interpretativo, el actor, que entonces contaba con cuarenta y seis, recibió un Oscar, algo que le sucedería dos veces más a lo largo de su carrera.

Y el duelo entre ambos termina siendo la metáfora de la película. Porque ambos representan los límites de un mundo inhóspito en donde la vida humana era un bien poco preciado, y la supervivencia, un deporte obligado por las circunstancias. En ese sentido “El forastero” es una película del Oeste, sí, pero también lo es de las contradicciones profundas del corazón de los hombres, en un momento de la historia de Estados Unidos en el que se estaban edificando las bases mismas de la civilización.

Pero no es solo eso. También es una comedia: Cooper y Brennan mantienen una divertida relación durante la primera media hora de la película que parece que nos va a llevar pronto a un final feliz, que, finalmente se producirá pero con uno de los dos muerto. William Wyler rebasa los géneros cinematográficos y construye una magnífica película que desde los primeros minutos produce la sensación de coherencia y rotundidad que producen la mayoría de las que dirigió a lo largo de su carrera. Maneja todo de manera calculada y precisa: los tiempos, las atmósferas, la fotografía, de una gran belleza, los cambios de nivel de la realidad: desde la introspección sicológica al documento.

Hay momentos memorables. El incendio de los cultivos es una maravilla. Algunas cabalgadas de Gary Cooper o las peleas en mitad de la arena, también lo son. Imágenes poderosas, imposibles de olvidar.
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10 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Suerte tuvo William Wyler de contar con Walter Brennan
La grandeza de "El forastero" es que cuenta con cosas que no se han visto en ningún otro lado. El humor extravagante del juez Roy Bean no es posible verlo en ningún otro lado, algo que tiene que ver, y mucho, con la interpretación de Walter Brennan, él es quien acapara el verdadero interés del desarrollo de la historia. Siempre me ha parecido que la cara (de tonto) de Gary Cooper supone un duro inconveniente en cualquier película, pero como aquí vive a la sombra de Brennan el obstáculo de su presencia es menor.

No sé por qué pero me da la impresión que William Wyler fuerza la introducción de la lucha entre colonos agricultores y ganaderos autóctonos, algo que es necesario señalar porque es el contexto, pero sin duda alguna el mayor atractivo es la vida y obra de ese inclasificable juez. Cuando trata el tema de los colonos todo se pierde en topicazos, y lo digo tanto por lo bueno como por lo malo, si un tópico lo protagoniza Gary Cooper me parece rancio, pero claro, Brennan surge con su cerveza y ese licor que se come la madera de la barra y el tópico es muchísimo más digerible. El final de Cooper con Dana Andrews, otro tópico prescindible, el de Brennan, para quitarse el sombrero. La verdad es que yo me lo he pasado genial, porque me gustan las del oeste, ver esos caballos al galope (hay muchas escenas de babilla, de diez), unos malos malísimos y otros justos y buenísimos, pero sobre todo, insisto, ver a Brennan apareciendo con locuras imposibles, suerte de él. ¿Cae bien?, ¿cae mal?; nadie podrá decir que no es diferente.
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9 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
DOS CAMINOS HACIA LA JUSTICIA
En un pequeño pueblo, al norte de Vinegaroon, en Texas, la ley la imparte un hombre muy particular. Se llama Roy Bean y se le conoce como El Juez de la Horca. No es abogado, pero él se autonombró juez. No conoce de leyes, pero él aplica las suyas y se le respeta. Es parcializado cada que le conviene, pero la gente lo sigue porque necesita las leyes y nadie allí conoce otras que no sean las suyas.

La historia que nos cuenta el director William Wyler, como la inmensa mayoría de las películas del oeste, no pretende tener un firme asidero en los hechos tal como sucedieron. Quizás se rememore algún episodio cierto, pero los personajes, en definitiva, son ampliamente retocados para dar mayor relieve a los sucesos que al final deciden contarse.

El cine es esencialmente ficción pues, aún en el documental, hay una selección subjetiva de los hechos que corresponde al criterio moral, ideológico y sensible del realizador. Por esta razón, una película no debe evaluarse considerando lo que “realmente” sucedió (pues esto último es también lo que otros dicen, y no es menos subjetivo), sino que debe interpretarse partiendo de lo que cuenta y de la manera en que lo cuenta.

Wyler ha recreado una encantadora e interesante amistad entre el juez ya descrito, quien vive perdidamente enamorado de Lily Langtry, una cantante inglesa a la que sólo conoce por las numerosas fotos que conserva, como un tesoro, en la pared de la cantina que él mismo maneja y Cole Harden, un forastero que es llevado al bar acusado de robar el caballo de “Piel de Pollo” uno de los asistentes de Bean.

Entre ellos, sucederán situaciones deliciosas cuando, para salvar su pellejo, Harden le hace creer al enamorado juez, que es amigo íntimo de la soñada Lily y que incluso conserva de ella un mechón de su cabello.

En aquella tierra, se viene dando la lucha entre los ganaderos que no respetan la propiedad privada y los agricultores que defienden sus sembrados del paso arrasador del ganado de aquellos. Recién ha terminado la Guerra Civil y cientos de colonos luchan por asentarse y vivir en paz.

Gary Cooper recrea a un hombre de diálogo quien luego tomará partido por los agricultores, cuando se hace amigo de Jane Ellen Mathews, y con sus propios ojos, observa los atropellos del ganadero Bill y su pandilla. Walter Brennan, en una brillante e inolvidable actuación que le mereció su tercer premio Oscar, da vida a un singular Roy Bean, que nos causa más risas que resentimiento, aunque sabemos que está del lado de los ganaderos y que, en definitiva, sólo defiende sus propios intereses.

Un filme bellamente fotografiado y con algunos momentos (el juicio a Harden, la consecución del mechón, la entrega de éste a Bean, el juez como único espectador en la presentación de Lily…) que difícilmente olvidaremos en el resto de nuestra vida.

Título para Latinoamérica: “EL CABALLERO DEL DESIERTO”.
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8 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
HABLEMOS DE SENSIBILIDAD
Gran película, grandes actores, gran director, sin duda ninguna esta entre los diez mejores Western de todos los tiempos.
Los dos actores principales de la película están inmensos. El Oscar a Walter Brennan muy merecido pero también lo merecía el mejor actor de Western de todos los tiempos.
El dialogo en la taberna es de una compenetración de dos grandes actores increíblemente buena, lleno de matices y de miradas inteligentes que no se volverán a repetir nunca más. Y una de las escenas mas hermosas de la película es cuando el forastero jugando con las tijeras le corta el mechón de pelo pelirrojo (supongo pelirrojo) es casi digna ya del oscar. Y luego en la famosa entrega del mechón de pelo en la bolsita de cuero es de quitarse el sombrero.
Y luego sin olvidarnos de la música sencilla que te transmite ternura que llega al corazón del gran Dimitri Tiomkin.
Que podemos decir del Director William Wyler un genio que ya quisiéramos tener nosotros en España. Y la única pega que puedo poner que la película a ser en blanco y negro y no en color no la repongan en televisión mucho mas. Si fuese en color estaría cada dos por tres en televisión. Gracias por leer mi critica.
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6 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
La ley del juez Roy Bean.
Cole Hardin (un lacónico Gary Cooper) se da cuenta enseguida por donde van los tiros en Vinegaroon. Llega casi con la soga al cuello, con la acusación de haber robado el caballo de “Pata de pollo”, un rufián botarate, lacayo del singular Roy Bean (magistral trabajo de Walter Brennan), un loco que se autoproclama juez, “impartiendo” justicia al oeste del río Pecos. Visto para sentencia, antes aún de celebrarse el juicio. Mientras el “jurado” delibera, Cole tiene la suerte de hablar con Roy Bean, está loco de atar, de acuerdo, pero su locura es sólo el telón de fondo, la superficie de un delirio, llámesele LiLy Gantry u otra cosa, pues lo cierto es que “El forastero” trata, en buena medida sobre la ingenuidad y el desfase de unos ideales anacrónicos tras la Guerra Civil, ideales, sea dicho de paso, defendidos con métodos intransigentes, en progresiva degradación.


Si la ley no respalda a uno, éste crea su propia ley, basándose en el primer libro a mano, sea la “Biblia” o los “Estatutos revisados de Texas” en versión de 1857, la única cabal para una comunidad de ganaderos donde ya se han visto los estragos que dejan tras de sí los colonos, sus cultivos y sus vallas. Librarse de la muerte en Vinegaroon, en medio de una pandilla de chiflados, no es cosa fácil, basta tener especial cuidado con Roy Bean. El juez obsesionado con Lily Gantry, ese sueño perdido tras la guerra y ahora encarnado en una mujer porque en su rasgos se insinúan las frágiles señas de identidad de un mundo bello que, para sobrevivir se fue embruteciendo progresivamente.

De ahí surge un personaje como Roy Bean, a medio camino entre la ingenuidad poética y su brutal sadismo prevaricador. Por su parte Cole Hardin es la encarnación del cowboy, algo rudo pero noble, sorprendido a menudo entre dos fuegos, sin querer tomar partido, so pena de decir con ello adiós a su independencia. Pero las circunstancias le obligarán a posicionarse, cuando no logra resolver el conflicto pacíficamente. La película tiene una pátina moderna gracias a la fotografía de Gregg Toland uno de los maestros que contribuyó a crear en el plano un espacio dramático, justo antes de hacer “Ciudadano Kane” con Orson Welles.

Wyler, uno de los más grandes directores de la historia supo insuflarle un lirismo poético, debatiéndose entre la comedia y el drama, y también una vena psicológica hasta entonces ajena al género. Pero los detalles de la puesta en escena, con planos memorables como el mechón de cabello, la borrachera o licor “levanta muertos” quedaran para siempre en la memoria del género western. En los años setenta John Huston realizo una aproximación muy inferior con Paul Newman y guión de John Millius, “El juez de la horca”, 1972.
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3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Un brindis por Lily.
Western con aroma a rancio, a lucha de poderes, al enfrentamiento antiguo entre ganaderos y rancheros que buscaban asentarse en el Oeste tras la Guerra Civil Americana, donde primero llegaron los vaqueros que necesitaban grandes extensiones de terrenos y cuya ley era única, no existía delito más grave que el robo de ganado que se penaba con la muerte en la horca, y la prohibición de las cercas que impedían la trashumancia del ganado.

Excepcional el trabajo de Walter Brennan en el papel de Juez de la horca, enamorado hasta las trancas de una actriz de cabaret, Lily, a la que no conoce y de la que únicamente tiene multitud de fotografías, es la pura encarnación de la injusticia hecha Juez en un territorio sin ley donde se autonombra Juez y verdugo, celebrando los juicios en su propio saloon donde corría el alcohol, como no podía ser menos. Un Oscar por su excelente interpretación para este secundario de verdadero lujo.

Y en frente, Gary Cooper, que salva el cuello por pura capacidad intuitiva al comprender lo que LiLy significaba para el Juez, y como no podía ser menos, toma partido por los más débiles cargados de razones, en un enfrentamiento dialéctico con el Juez sobre la eterna lucha del bien y el mal, del ganadero y del granjero.

Excelente fotografía de William Wyler, que logra escenas grandiosas y recordadas con escasos medios, con unos movimientos de cámara que hurtan la presencia del espectador, que en muchas ocasiones parece que esta viendo las escenas furtivamente, escondido detrás de un objeto para que no le salpique una bala pero con la sensación de esta allí, viviendo en primera persona lo que está ocurriendo.

Notable western, un 8.
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3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Tipos del oeste.
No es lo que se dice exactamente una biografía del juez Roy Bean, lo único cierto que se dice de el es que se autoproclamó juez con el famoso lema "La ley al oeste del Pecos", y estaba colado por una cantante y actriz llamada "Lily Langtry".

Pero William Wyler, es un grandísimo director, que de repente te hace un western, un melodrama o una épica, y desde luego el talento que desprende se nota.
A parte del juez da vida a otro personaje, "Cole Harden" (no real en la historia), encarnado por el estoico Gary Cooper.

Ambientado en época de colonos, Wyler y sobretodo los actores principales, tienen fuerza suficiente como para mostrarnos la empatía y la sobriedad.
Gary Cooper y Walter Brennan hacen unas interpretaciones de leyenda, nunca mejor dicho.

Quizás llamarla una obra maestra sea demasiado, pero un 7'7 me parece una nota baja para tal film. Mi nota: 8'5
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6 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
El juez y la soga.
La figura del juez siempre ha estado presente en el cine. En la mayor parte de las ocasiones su protagonismo se ha visto superado por brillantes abogados, carismáticos acusados o fiscales implacables. Sin embargo, ha habido unos cuantos inolvidables: Charles Laughton, en “El Proceso Paradine” dando vida a un juez ponderado y con un gran sentido de la justicia; Isabelle Huppert, en “Borrachera de Poder” demostrando que una juez también puede ser severa e inexorable; o más jocosamente, aunque igual de genial, Larry Flint cuando interpretó a uno de los magistrados que le juzgó en el biopic de su vida. Pero sin duda, ninguno como el incompetente, el inefable y el borracho juez Roy Bean. Un personaje, en todo el concepto de la palabra, que toma vida en la piel de uno de los mejores actores de westerns de todos los tiempos: Walter Brennan.

Es de decencia cinematográfica que este actor sea recordado constantemente y más cuando hablamos de “su” género por excelencia. Partícipe de una decena de obras maestras (repasando su filmografía todavía me quedo impresionado), Brennan fue recompensado en este film de Wyler con el tan merecido Óscar. El guión y la cámara del cineasta americano le ofrecen un amplio panorama para su lucimiento personal y para desarrollar un papel único en una cinta marcada por las relaciones que se establecen entre los protagonistas. En plena guerra entre los ganaderos y los nuevos colonos, en el estado de Texas la lucha por la tierra adquiere tintes sangrientos. En un rinconcito del mismo, el juez Roy Bean (tabernero borracho y admirador de la actriz Lily Dantry) imparte una dudosa justicia con la soga en una mano y el revólver en la otra. Justicia parcial y que tiene en la expulsión de los nuevos colonos su fin último. En plena vorágine de dichos acontecimientos aparece Cole Harden (Gary Cooper) un jinete solitario y de integridad manifiesta que establecerá con el juez una curiosa relación admiración-odio.

La manera de filmar de Wyler es excelente, como siempre. Los movimientos de cámara, los numerosísimos y diferentes planos que completan cada escena o el perfecto acompasamiento con la música del maestro Tiomkin repiten como rasgos habituales también en “The Westerner”. Además, el amor incondicional del juez Bean hacia la actriz Lily Dantry o la relación de Harden con la hija de un colono vuelven a dar ese toque romántico que adornaba habitualmente las películas del director. Tercero de sus grandes westerns, se puede considerar un término medio entre su “Ciudad sin Ley”, donde el alcohol y los pistoleros corrían a raudales, y “Horizontes de Grandeza”, una épica producción más cerca de lo melodramático que del western. Final a la altura, colofón de un duelo interpretativo que siempre ganó Brennan, para una cinta que quedará marcada en la historia como el culmen de un actor que durante unas cuantas décadas hizo el deleite de los espectadores y que será recordado como uno de los grandes del lejano oeste.
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6 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
AL OESTE DE PECOS
Wyller estaba a sus 39 años en plena madurez profesional, no diremos que en su mejor momento porque no recuerdo un momento malo. Aquí vuelve a dar una lección magistral de cine, compendiando el genero del Western pasado, presente y futuro sobre la base de apenas unos apuntes sobre el personaje real del Juez Roy Bean que compró Goldwing y que Niven Bush supo convertir en una trama coherente alejada de la realidad histórica de famoso juez.

Cooper, ya estrella consagrada acepta compartir protagonismo con reticencias con su amigo de tiempos pasados Walter Brennan que al final se lo roba, componiendo un personaje entrañable y patético, odioso y querido a partes iguales.

Wyller mezcla de todo y lo hace con el ritmo y proporciones justas. Hay comedia de la buena con unos excelentes diálogos de Jo Swerling, propiciando una mano a mano entre Cooper y Brennan, donde se nota su compenetración más allá de la pantalla y que para mi es de lo mejor de la cinta. Pero también hay acción, drama, lirismo y recital de planos a la carta, cambios de ritmo, espectacularidad y tensión como para quitarse el sombrero. Desde esplendidas cabalgadas a infinidad de pequeños detalles sobre todo de comedia deliciosos (el enterrador, el aseo de Cooper, la graduación del whisky).

Sin olvidar el entramado de fondo donde la lucha perenne entre granjeros y ganaderos por un estilo y modelo de vida cobra su dramatismo en una tierra donde la justicia apenas era una caricatura representada por gentes que fueron mucho más arbitrarios, crueles y despiadados que el propio Roy Bean, apodado el "Juez de los ahorcados" cuando no hay constancia que Bean ahorcase a nadie.

Su pasión por la actriz Lilly Langtry a la que nunca llegó a conocer le confiere un aire de romanticismo ideal para la leyenda.

Por si todo ello fuera poco Greg Tolland se hace cargo de la fotografía aumentando su propia leyenda.

Y como anécdota final vemos a Doris Davenport, cuyo nombre en algunos carteles desaparece en favor de un Dana Andrews irrelevante en la cinta, interpretando una escena que nos remite a la Scarlett de "Lo que el viento se llevó", para cuyo papel quedó finalista y que pudo cambiar su destino. Al final no pasó del protagonismo femenino de esta cinta.

Brennan se llevó el Oscar (tercero de su carrera) arrebatandoselo a James Stephenson nominado por la otra película de Wyller ese año, "La carta" con nada menos que siete nominaciones. Y es que Wyller no paraba.
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3 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Todos los sitios son buenos para pasar de largo.
"- ¿De dónde viene, forastero?
- De ningún sitio en particular.
- ¿Y a dónde se dirige?
- A ningún sitio en particular. Todos los sitios son buenos para pasar de largo."

Western ambientado en la América pionera sobre las relaciones que se establecen entre un vaquero honesto y un juez caprichoso y de singular moralidad, el juez Roy Bean, que digamos, tiene una particular forma de aplicar la Ley. Gary Cooper, el forastero, es acusado de robar caballos y el juez lo condena a la horca, consigue salvarse prometiéndole a Bean que le conseguirá un mechón del cabello de la famosa artista Lily Langtry, de quien es un fiel admirador.

Muy buena película de William Wyler, toda una lección de buen cine. Excelentemente dirigida y muy bien interpretada, sobre todo por Walter Brennan, ganador del Oscar al mejor actor secundario por este papel.

Inteligentísimos y muy divertidos diálogos, sobre todo entre los dos protagonistas, con un afán de aunar historia con leyenda (el muy particular juez Roy Bean y la famosa cantante Lily Dantry existieron realmente), y además, con un estupendo sentido de la espectacularidad en las escenas de acción. Soberbia película, una pequeña obra maestra.

En el año 1972 John Huston, realizó una especie de remake de esta cinta, con el título "El juez de la horca", con Paul Newman como el inefable Juez Roy Bean, película realmente interesante y que supuso un soplo de aire fresco al western de los setenta, pero bajo mi punto de vista queda bastante por debajo del film de Wyler.
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3 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Otra buen western del genio Wyler y duelo interpretativo de Cooper y Brennan
El forastero de William Wyler es un western basado en la justicia y en los comienzos del estado de Texas que cumple notablemente. Dirigida con un ritmo pausado y con el estilo característico del género, es una obra con momentos apasionantes que cautiva a los amantes del western y que, además, tiene un duelo interpretativo entre Gary Cooper y Walter Brennan que acapara toda la atención del público. También tiene en su interior el típico mensaje de justicia americana que suele exhibir este tipo de films. Realizada de manera impecable tiene un resultado genuino que gustará a los seguidores del género.
La fotografía en blanco y negro es evocadora y está bien cuidada en detalles clásicos, mostrando unas imágenes estimulantes e idóneas en una labor espléndida. La música es alusiva y típica del western, gracias a unos sonidos alentadores que acompañan el film con bellas melodías que agradan la trama. Los planos y movimientos de cámara completan un apropiado trabajo técnico mediante el uso de los primeros y primerísimos planos, avanti, panorámicos, generales, seguimiento, reconocimiento y planos americanos que sacan lo mejor de la película.
Las actuaciones son auténticas y deslumbrantes. Como protagonistas Gary Cooper trabaja con su carisma habitual y personalidad propia y Walter Brennan está reluciente en una genuina labor por la que ganó el oscar, siendo señaladas las interpretaciones de Dana Andrews, Forrest Tucker, Chill Wills y Doris Davenport entre otros. La dirección artística emplea para estos unos vestuarios y caracterizaciones sugestivas del western, en una sensacional labor que junto con los reconocidos y acostumbrados decorados, te transportan al género y lugar en cuestión.
El guion, escrito por Jo Swerling y Niven Busch y basado en la historia de Stuart N. Lake, tiene una historia en su interior que lleva impreso el habitual mensaje de honor y justicia del género, pero que son llevados a cabo con ciertas dosis de humor mezclados con drama en los que cabe destacar unos diálogos entre los principales que atraen al público, concluyendo una notable obra que gustará a todos los amantes de este tipo de cine. Esto se lleva a cabo con una narrativa con voz en off al principio que sitúa al espectador en la trama, y después, en el resto del film, marca una labor provocadora y brusca tópica del género.
En conclusión, lo considero un digno western del genio Wyler que gustará a todos los amantes del género, por tener todos los componentes necesarios, para apasionar y mostrar la verdadera justicia social que el pueblo norteamericano quería mostrar al mundo a través de su cine. Recomendable por su dirección, guion, actuaciones, fotografía, música, planos, movimientos de cámara, vestuarios, caracterizaciones y narrativa que vuelven a El forastero, uno de esos western que no defraudan y mantienen alto el listón cinematográfico del director.
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3 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
La ley de la horca
William Wyler demuestra una vez más su maestría con este fantástico Western que aúna un guion magnífico, una fotografía expresiva y, fundamentalmente, unas interpretaciones antológicas. El gran Gary Cooper encarna a un héroe íntegro, noble, inteligente y honesto que llega a un pueblo fronterizo en el que impera la justicia demente del autoproclamado juez Roy Bean (impresionante Walter Brennan) y donde son habituales los procesos sumarios, sin fundamentación legal ninguna, seguidos la mayoría de las veces de frías ejecuciones en el árbol del ahorcado local.

El film encara un tema habitual en el género, y que es el eterno conflicto entre agricultores y ganaderos y el alambrado y delimitación de las tierras. El perturbado juez Bean, siempre del lado de los ganaderos, resolverá los conflictos aplicando su particular sentido de la justicia basado en el sadismo y la barbarie e instalando un reinado de terror en el pueblo. En la primera escena del film, y como muestra cabal de la drástica justicia que impera en la comarca, un agricultor es ejecutado por haber dado muerte a una cabeza de ganado en medio de un tiroteo. Los colonos, hartos de la tiranía del demencial magistrado, pondrán en marcha un levantamiento, pero la ecuanimidad y racionalidad de Cole Harden, el héroe, que se ha enamorado de Jane Ellen Matthews, la hija de uno de los agricultores, evitará el linchamiento, aunque únicamente logrará calmar las ansias homicidas del juez mediante la promesa de un mechón de pelo de Lily Langtry, una cantante de variedades a la que Roy Bean nunca ha visto pero de la que está perdidamente enamorado, en lo que constituye otra de sus muy particulares excentricidades.

La película cuenta con una maravillosa fotografía de Gregg Toland, a quien los cinéfilos recordamos especialmente por sus sobresalientes trabajos en dos films del año siguiente: «Ciudadano Kane» de Orson Welles y «La loba» del mismo Wyler. Aquí combina con gran acierto planos medios con otros panorámicos de las tierras cultivadas; la estética alcanza su punto álgido en la brutal secuencia del incendio, que al mismo tiempo funciona como ruptura argumental al significar el desengaño definitivo de Cole Harden respecto a la personalidad y la irreductible locura del juez Bean.

Merece un párrafo aparte, desde luego, el maravilloso duelo interpretativo entre los dos colosos, Cooper y Brennan, a cuyos personajes une durante toda la proyección una relación de amor-odio perfectamente descrita por el guion y plasmada en la pantalla con enorme solvencia por ambos intérpretes, especialmente Brennan, que se llevó el Oscar® al Mejor Actor de Reparto por esta impresionante labor.

Como se ha dicho en otras reseñas, sorprende la solvencia narrativa y la convicción cinematográfica de este William Wyler relativamente joven, pero que ya empezaba a elaborar obras maestras, muchas de las cuales verían la luz durante la década que inicia con este film (baste recordar «La loba» ―1941―, «Los mejores años de nuestra vida» ―1946― o «La heredera» ―1949―). Hablamos, por supuesto, de uno de los grandes maestros del cine de todos los tiempos, uno de los directores más detallistas, esmerados y versátiles del cine clásico.

Notabilísimo Western de Wyler que nos regala a un Brennan impresionante, un Cooper en su línea, una historia atractiva y apasionante y un desarrollo sólido, pespunteado por momentos de enorme cine.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Por el amor de una mujer.
Un conocido que trabaja para una famosa revista de cine me dijo recientemente que la mejor actuación de Walter Brennan como actor era la que había hecho en el forastero, por tal motivo me propuse buscarla y verla.

Lo más que me ha llamado la atención es verlo fuera de sus personajes habituales, secundarios, bonachones, borrachos y demás. Aquí ejerce como un juez que se ha proclamado a si mismo en un pequeño pueblo de Texas. Y es tal su poder, que todos acatan sus leyes como si del mismo Lincoln se tratase. Vamos, que si le caes mal y te envía a la horca, nadie pondría ni una sola queja para dejar de ejecutar dicha orden. Aún así es imposible que Brennan te caiga mal porque tiene cara de muy buena gente aunque lo pinten de malvado.

Pero hay más cosas que destacar en esta historia. El conflicto entre colonos y ganaderos por las tierras de la comarca, donde muchas veces sus diferencias las solucionan a tiros hasta la aparición de un forastero que pretende poner algo de cordura para que ambos bandos vivan en paz. El gran Gary Cooper es el encargado de interpretar a dicho personaje, con su soltura, su saber estar y su naturalidad, hace creíble todo lo que vemos en pantalla por imposible que parezca. Los tres oscars que le otorgaron a lo largo de su carrera dejan muy claro su calidad como actor. Y Brennan también obtuvo tres para que nadie se asombre. Me ha encantado el rodaje de las escenas del fuego, increíble teniendo en cuenta el año del rodaje, 1940, ¡ qué realismo ! Si por momentos sientes hasta el calor del incendio. Chapeau por la recreación de dicha escena. Cabe destacar la gran actuación de la guapísima Doris Davenport, ejerciendo de mujer capaz de no echarse para atrás ante el peligro del juez y sus hombres, me encanta cuando se sabe sacar partido de las actrices guapas y esto va más allá de que ejerzan de simples floreros de adornos. Poco que decir de Lilian Bond ejerciendo como la actriz Lillie Langtry, ya que su papel en la película fue tan corto como su profesión de actriz en la vida real.

Ejercicio perfecto de dirección durante más de hora y media, matizando los elementos fundamentales del género. Muy recomendable.
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1 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Película imprescindible.
William Wyler nos regala otra obra maestra que añadir a "Benhur", "Horizontes de grandeza", "La loba" o "La carta" por citar algunas de sus mejores películas, "El forastero" es un western que transcurre en un pueblo del oeste donde las guerras entre ganaderos y colonos se han vuelto insostenibles y la única ley la ejecuta un juez de dudosa moralidad (Walter Brennan), todo se complicará con la aparición de un forastero honesto e imprevisible. La película es algo mas que un western, es una lucha entre dos mundos diferentes, los que luchaban por el progreso y querían sentar las bases de una civilización contra los que ya les parecía bien que el oeste continuara siendo un lugar sin ley donde la vida humana poco importaba. Representando las dos posturas disfrutamos de un duelo interpretativo con un claro ganador, la interpretación de Walter Brennan del malvado juez capaz de ahorcar sin remordimientos, incendiar cultivos y al mismo tiempo emocionarse con una fotografía de su actriz favorita es sublime, ganó el Oscar a mejor actor merecidamente, por contra Gary Cooper se dedica a darle replica con su habitual estilo eficaz y sobrio.
"El forastero" es una de las grandes películas de la década de los 40, con un gran director y unos grandes actores merece ser vista no solo por los amantes del Western si no por todos los amantes del buen cine en general.
Imprescindible.
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7
Gran Brennan.
Especie de Biopic sobre un controvertido juez que impuso su ley allá cuando los primeros colonizadores llegaban a Texas. Un entretenido western que sin duda será recordado por la excepcional interpretación un eterno secundario:Walter Brennan, que por cierto obtuvo el Oscar por tal interpretación.
El film fue objeto de remake años más tarde, en donde un actor del método, como es Paul Newman, no consiguió ni por un momento evocar la imagen dejada al cine por el juez "Brennan" Bean.
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4 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Por un mechón de su cabello.
¿De qué va?:

En plena colonización del oeste americano, un para-juez déspota (Walter Brennan) ejerce el control en el pueblo de Vinegaroon en Texas con el apoyo de los ganaderos oprimiendo a los colonos que tratan de evitar que el ganado acabe con sus sembrados. Un forastero (Gary Cooper) acusado de robar un caballo está a punto de ser colgado pero en el último momento descubre el punto débil del juez, su obsesión por una actriz llamada Lily Langtry. El forastero le cuenta al juez que posee un mechón de su cabello...

Crítica:

Walter Brennan, que se llevó el Oscar, realiza una interpretación inolvidable que sobresale aún más si cabe ante 'cara de póquer' Cooper, cuyo registro en esta película difiere muy poco del que llevó a cabo un año más tarde en Juan Nadie y del que al fin y alcabo hizo de él una leyenda, expresividad cero. Brennan en cambio se hace querer con su fetichista obsesión por el mechón de Lily y la cara de obseso que se gasta. Uno se pregunta qué oscuras y húmedas intenciones tendría para con el mechón de marras, ¿frotamiento genital?, ¿micro injerto pelviano?, el guión no lo aclara por desgracia.

Por lo demás, una buena peli de vaqueros con malos bastante pintorescos que recuerdan un poco a los de El equipo A (serie), una panda de inútiles, aunque éstos cuelgan a la gente como el que plancha, mientras hacen bromas y se descojonan al tiempo. Después demuestran gran pericia a la hora de provocar incendios, secuencia muy bien rodada por cierto.

Entretenida y con un final inolvidable.
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7
Cuando los cuatreros llevaban sogas por corbatas
El peso de este western, hunde sus raíces en los lejanos días de los primeros colonizadores y recae sin duda sobre el personaje del juez (Walter Brennan) que eclipsa al resto de protagonistas, incluido el forastero (Gary Cooper), el cual parece sentir una extraña veneración por este simpático y criminal sinvergüenza.

En lo que se dió en llamar el "salvaje oeste", los menos escrupulosos y más pendencieros partían con la ventaja de salida de ser los más expertos en el manejo de las armas, razón de enjundia para imponer sus leyes y sus propias normas; sobre todo en las poblaciones alejadas de las ciudades, en las que supuestamente existían administradores de justicia titulados: sheriffs y togados. Los ganaderos, por lo general, tal vez por ser descendientes directos de Caín, imponían sus preceptos a sangre y fuego; a menos que algún individuo justiciero apareciera, recortado en el horizonte, para enamorarse de una sufrida horticultora dispuesta a luchar hasta el final por los inflamables campos de maíz y centeno.

El género de "pelis de pistoleros", como decíamos en mi infancia, ha propiciado la existencia de desinteresados héroes que a veces, por agrandar su figura, se cargaron la fuerza documental de lo acontecido en aquellos brutales años de miedo y resignación. Hay pues que leer entre líneas para entrever lo que es histórico y lo que forma parte de la leyenda.
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