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Diez años después de su primera aparición, Lang recupera el fascinante personaje del doctor más perverso de la historia. Sin embargo, lejos de tratarse de una mera secuela, "El testamento del doctor Mabuse" es una asombrosa vuelta de tuerca a la idea original. Lo que en la primera película era la descripción de una simple mente criminal se convierte aquí en una visionaria e implacable crítica de las técnicas y fines del nazismo, así como en una soberbia disección de la megalomanía asesina del mismísimo Hitler. Por si fuera poco, la obra es de una modernidad tan apabullante a los ojos del espectador actual que parece imposible creer que sea de 1932: tan sólo algún resabio del cine mudo -especial y desgraciadamente evidentes en el caso de la protagonista femenina- nos lo recuerdan. Pero la minuciosidad con la que el inspector investiga el caso, el montaje en paralelo para acrecentar la tensión de la historia y el desenlace en forma de clímax de acción son las bases de todos los thrillers actuales, sin ir más lejos. Visualmente, por otra parte, es una película tan bella como eficaz. Impresionante.
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