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Suna no onna (Woman in the Dunes) (1964)

Suna no onna (Woman in the Dunes)
Trailer
8,2
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Sinopsis
Un entomólogo en busca de insectos en un desierto de arena se ve de repente atrapado conviviendo con una mujer que vive sola en una vieja casa, y con la que establecerá una extraña relación. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
  Ver reparto completo
Año / País:
/ Japón Japón
Título original:
Suna no onna (Woman in the Dunes)
Duración
147 min.
Guion
Kôbô Abe
Música
Toru Takemitsu
Fotografía
Hiroshi Segawa (B&W)
Productora
Toho / Teshigahara Productions
Género
Drama Thriller Drama psicológico Insectos
8
Ser recordado
(Crítica con Spoilers, no leer si no se ha visto)


Un hombre vaga por el desierto, en busca de insectos. Su pasión es atraparlos, y añadirlos a su colección. Su aspiración es llegar a aparecer, algún día, en el libro de insectos que porta entre sus manos. Intentar así que su nombre quede escrito en algún lugar, ser alguien gracias a aquella afición que le mantiene en las áridas colinas, perdiendo la noción del tiempo.

De pronto, anochece, y no tiene donde resguardarse. Un aldeano, sin dudarlo, le ofrece un hogar en el que vive una mujer. Tomada la decisión, pasará la noche allí.

Al despertar, el día siguiente, el entomólogo se da cuenta de que ha caido en una trampa, de que deberá permanecer allí contra su voluntad.
Sin embargo, nuestro protagonista no se rinde.
Cava.
Trepa.
Escala.
Enloquece.
Cae desesperado, e intenta urdir un plan. Pero nada funciona.
El entomólogo se ha dado cuenta de que está allí. Atrapado. Preso. Cautivo. Olvidado.
Olvidado.
Ol vi da do.
O l v i d a d o.
O - l - v - i - d - a - d - o.
En el extremo contrario de donde desearía estar. Lejos de sus quehaceres, lejos de su rutina y, ante todo, lejos de su único objetivo: perdurar. Llegar a ser alguien, aunque sea gracias a la caza de un insecto que no aparecía en aquel libro.

A partir de ese momento, los días pasan con más lentitud. La arena se pega como una lapa a sus pómulos, sus rodillas, a su cuerpo, y la cámara de Teshigahara lo recoge con una fuerza tremenda. Haciendo del plano detalle una potente herramienta, y siguiendo así lo que se convierte en un prácticamente malsano amorío.

Pasan horas y horas, días y días, meses y meses, pero la cosa poco cambia.
Sin embargo, y en otra futil intentona por huir de aquel lugar, el entomólogo realiza un descubrimiento. Puede conseguir agua filtrándola.
Tras muchas pruebas e investigaciones, durante un acontecimiento fortuito, alguien deja una escalera colocada en el lugar más idoneo para huir.
Pasos.
Metros.
Niveles.
Son los que separan al entomólogo de su libertad.
Los que le liberarían de su cautiverio.
Ahora, y lejos de lo que era cuando llegó, el entomólogo sabe algo que puede compartir. Que debe compartir. Algo que, definitivamente, pueda hacer de él algo más que una figura que pasó por allí, sin más. Algo que transforme ese Olvido en Recuerdo.
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72 de 87 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Hipnótica
“La mujer de la arena” con un expresionismo visual cuyo hipnotismo roza los niveles mentales de la abstracción, nos transporta a un territorio a medio camino entre la realidad y la fantasía onírica, en el que el sentimiento de extrañeza se erige como el máximo exponente de toda la narración.

Un hombre aficionado a la entomología, recorre una inhóspita región desértica cercana al mar en busca de un extraño escarabajo tras perder el autobús de regreso a la ciudad, los le indican un lugar donde poder pasar la noche. De esta forma es conducido a una insólita casa situada en el interior de un pozo de arena en la que habita una mujer viuda. Un proceso aparentemente intrascendente que ya comienza ser plasmado por Teshigahara con una sensación de tensión e incomodidad. SPOILER1

Así pues asistimos al choque entre los dos personajes y a los constantes vaivenes emocionales a los que someten su enfermiza relación: SPOILER2

Sin embargo, poco a poco estas posturas se irán contaminando la una de la otra, al mismo tiempo que, las tensiones que se producen entre ambos, también desembocarán en un ambiente climático de proclive inclinación sexual donde respira incomodidad, y una especie de horror fantasmagórico lo inunda todo, donde la arena, al fin y al cabo, se convierte en el tercer personaje, el cual los retiene, los amenaza, y condiciona sus miserables existencias.

Teshigahara logra captar a la perfección el ambiente de pesadilla a través de un trabajo de dirección impecable y la validez después de cuarenta años de “La mujer de la arena” está fuera de toda duda, ya que los elementos utilizados para construir su imagen resultan, todavía en nuestros días, eminentemente modernos, y su discurso acerca de las dudas que asolan al hombre en su confrontación con una realidad que lo sobrepasa, de una actualidad aplastante.
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42 de 54 usuarios han encontrado esta crítica útil