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Alfred Hitchcock Presents: The Perfect Murder (TV) (1956)

Alfred Hitchcock Presents: The Perfect Murder (TV)
Trailer
6,3
180
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Sinopsis
Henri y su hermano Paul esperan heredar una importante herencia de su tía... cuando esta muera. Episodio 1x24 de la serie "Alfred Hitchcock presenta". (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
Alfred Hitchcock Presents: The Perfect Murder (TV)
Duración
26 min.
Guion
Victor Wolfson, Stacy Aumonier
Fotografía
Reggie Lanning (B&W)
Productora
Shamley Productions / Columbia Broadcasting System (CBS)
Género
Intriga Serie [Alfred Hitchcock presenta]
7
Disimulada avaricia
Alfred Hitchcock presenta: The perfect Murder (El crimen perfecto), temporada 1, episodio 24, dirigido por Robert Stevens en 1956. Con rostro preocupado, evidente malestar y alguna inoportuna molestia en su cuerpo, Hitchcock nos da la bienvenida, mostrándose convencido sobre cierta afirmación que podría aceptar cualquiera siempre que… En cuanto a la historia que hoy nos presenta, está escrita en clave de comedia (asegura), confirmándonos igualmente que veremos reunidos todos los requisitos imprescindibles para una indeseada acción criticable a todas luces, retractándose no obstante sobre algo de lo dicho; algo que en sus palabras se refiere a farragosos y pésimos negocios si no se es precavido.

La buena señora Aunt Rosalie (Mildred Natwick) se encuentra en la edad perfecta para pensar sobre el legado dejado por su difunto marido. Un Notario, el señor Lawyer (Percy Helton) es el encargado de leer el documento de los últimos deseos del ausente, donde no falta nadie de los posibles beneficiarios, poniéndose en conocimiento general las condiciones de usufructo. Entre los presentes la viuda, los sobrinos Paul y Henri Tallendier (Hurd Hatfield y Phillip Coolidge respectivamente), gorrón, vago y bon vivant el primero, y preocupado, angustiado y desesperado el segundo. Junto a ellos la amable cocinera Ernestine (Gladiys Hurlbut) y la estirada esposa de Henri Marie Tallendier (Hope Summers).

Preocupa a la anciana heredera la disimulada avaricia de una parte de los herederos al conocerse las condiciones sobre las que podrían disfrutar de la herencia instalándose la desconfianza, admitiendo a regañadientes, la desinteresada compañía de su querido sobrino Paul Tallendier, y puntualmente la de Henri al que siempre consideró un pésimo administrador de sí mismo. El optimismo emanado por Paul, refuerza las ganas de vivir de Rosalie quien, junto a su cocinera Ernestine satisfacen los caprichos del joven a base de comodidades y mejores manjares al que cuidar entre algodones, impedido para ejercer trabajo alguno. Una molesta indisposición cambia radicalmente los planes de futuro para alguno de los futuros beneficiarios.

Con gesto dolorido, Hitch se refiere en los últimos minutos a lo acontecido, poniendo en conocimiento de quienes hayan seguido el caso, elementos de culpabilidad entre algunos de los codiciosos protagonistas. Enemigo de los sentimentalismos, Hitchcock nos da un sabio consejo referido a los amigos y ¡cómo deberíamos tratarlos!, tras lo cual nos deja alejándose por el fondo del cuadro con el regalo a cuestas, de un amigo.
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