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Cul-de-sac (1966)

Cul-de-sac
Trailer
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Sinopsis
Un gángster herido y su socio moribundo se refugian en un castillo cerca de una playa, donde viven un inglés pusilánime y su esposa ninfómana. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Reino Unido Reino Unido
Título original:
Cul-de-sac
Duración
111 min.
Guion
Gérard Brach, Roman Polanski
Música
Krzysztof Komeda
Fotografía
Gilbert Taylor (B&W)
Productora
Compton Films
Género
Intriga Comedia Comedia negra Crimen
Un gángster herido y su socio moribundo se refugian en un castillo al lado de la playa, donde viven un inglés pusilánime y su esposa ninfómana.
[FilmAffinity]
"Extraña, intensa, inquietante, una de las más originales y personales parábolas sobre las relaciones humanas de Polanski. Soy incapaz de contarles la película. Véanla"
[Cinemanía]
8
BURGUESES AL DESNUDO
Menos absurdamente de lo sugerido por la estética inicial, Polanski despliega una minuciosa y corrosiva burla de los valores burgueses (propiedad, matrimonio, convenciones sociales…), que a lo largo de la película quedarán en ridículo.

El Castillo de Lindisfarne (Holy Island, costa inglesa) se llama en el film “Bob Roy” porque, en la ficción, se supone que Walter Scott escribió allí la novela, en la sala de cristales coloreados.
El nuevo propietario (Donald Pleasence), un hombre de negocios retirado, recién casado con su joven esposa francesa, está orgulloso de la adquisición y presume ante las amistades.
Jugando en el dormitorio, se deja poner un camisón, y pintar ojos y labios, ajeno a lo que se le viene encima.

Mientras pasaban los créditos al comienzo, un coche llegó renqueante desde el punto de fuga central hasta el primer plano, por carretera rectilínea y desierta.
Huyendo de un percance indeterminado, dos hampones malheridos (uno fortachón y otro enclenque) se quedan tirados en las inmediaciones del castillo.
El fortachón camina hacia el edificio con el brazo en cabestrillo, en busca de un teléfono para hablar con su misterioso jefe, Mr. Haselbach. Come en el patio las sobras de los platos, bebe una botella de un trago, sorbe un huevo crudo en el gallinero y se golpea la cabeza contra los quicios sin inmutarse.
Con una sola mano, domina e intimida a los habitantes del castillo; los vuelve serviles y sin rechistar obedecen sus órdenes brutales.
—¡Salga de aquí! ¡Esto es mi propiedad!
—¡Mi propiedad, qué egoísmo! ¡Esto es lo que lleva al país a la ruina!

Con su habitual recurso a la estricta unidad de acción (tiempo presente, y en un mismo escenario, fotografiado aquí con gran fuerza) y a un censo reducido de personajes, Polanski se las arregla para que del cruce fortuito de vidas dispares se deriven las vejaciones más humillantes, creando expectación por comprobar hasta dónde puede llegar el rebajamiento, y marcando con las situaciones de incertidumbre un ritmo vivo e intenso.
También es rasgo de Polanski cambiar al héroe positivo, cuya función es revelar en contraste las contradicciones y flaquezas ajenas, por un absoluto antihéroe, gorila de los bajos fondos encarnado memorablemente por Lionel Stander.
Aparte su condición criminal, el hampón tiene la existencia en vilo y lucha como un animal por sobrevivir. No le queda otra que ser de una pieza (brutal y explosiva, eso sí), sin tiempo para tonterías de burgueses ociosos.
Porque como hecho de tontas manías e hipócritas mezquindades queda el comportamiento de los habitantes del castillo y sus amigos, perdidos e insatisfechos bajo la apariencia refinada de una vida endeble y hueca, volcada en los fetiches de la propiedad, el coleccionismo, el arte inauténtico o el encumbramiento social, satirizados por Polanski con eficacia demoledora y dureza casi inhumana.
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38 de 43 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Absorbente drama psicológico sobre las historias sin salida de diversos personajes
Tercer largo de Polanski, rodado en Northumberland (RU), en un viejo castillo construído sobra una roca elevada, que se convierte en isla en la pleamar. Ganó el Oso de oro de Berlín y obtuvo una nominación a los BAFTA (fotografía).

La acción tiene lugar en un castillo situado en la costa frente al mar, en un paraje alejado y aislado, durante un fin de semana de agosto. Narra la historia del matrimonio formado por Georges (Donald Pleasence) y Teresa (Françoise Dorléac), casados desde hace 10 meses, que mantienen una extraña relación de pareja. Él es un antiguo industrial inglés, que vendió sus activos para adquirir el castillo. Tímido, apocado y neurótico, es de carácter débil y vive sometido a la esposa. Ella es francesa, ex-prostituta, caprichosa, tierna, ninfómana e infiel. Tiene como amante a Christopher (Ianin Quarrier), hijo de los vecinos más próximos. Una mañana de verano llega al lugar un extraño visitante, Richard (Lionel Stander), delincuente, que busca refugio para él y su compañero herido, Albie (Jack McGowran). Tras tentar el terreno, se apodera del lugar a punta de pistola y toma a Georges y Teresa como rehenes.

La película suma los dramas psicológicos de diversos personajes, atrapados en historias trágicas y sin salida. Georges soporta mal su debilidad, las infidelidades de la esposa, la atracción que sienten Teresa y Dickie, el humillante sometiento que le impone Richard, la añoranza de Agnés, su antigua compañera, y la incapacidad de tomar las riendas de la casa. Richard, huesped convertido en amo de la casa, se halla incómodo e inquieto porque su salvación depende del apoyo que ha de recibir de su jefe, el Sr. Kalenbach, que nunca va a llegar. Albie está gravemente herido, se desangra lentamente y necesita atención médica urgente, imposible después del atraco fustrado a un banco que ha puesto a la policía tras ellos. Teresa, hastiada de la debilidad de Georges, puede encontrar un nuevo amante, pero no podrá librarse de su adicción a la promiscuidad y de su incapacidad para una relación de pareja. La historia que se cuenta, caótica, desmesurada e imprevisible, constituye un reflejo crítico y amargo del vértigo del mundo actual y de sus efectos devastadores sobre las relaciones personales. Son escenas destacadas el plano secuencia del baño de Teresa en la playa, la llegada de Dickie empujando un coche robado, la seducción de Dickie por Teresa y la final.

La banda musical, de jazz atípico, original del polaco Krystoff Komeda, es emotiva y memorable. El guión, escrito en 1963, desarrolla una histoira de personajes extremos, atrapados por el destino. Incorpora trazos singulares de humor negro y, en ocasiones, macabro. La interpretación de los protagonistas es brillante y convincente. La dirección realiza una puesta en escena magnífica e impone al film su afición por el perfeccionismo.

Película dramática, de formas disparatadas, pero de fondo muy sólido, es una absorbente y entretenida fábula de desolación y humor negro.
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25 de 27 usuarios han encontrado esta crítica útil