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Tokyo boshoku (1957)

8,1
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Sinopsis
Dos hermanas viven con su padre, abandonado por su mujer. La más joven ha tenido una aventura y se ha quedado embarazada, la mayor ha abandonado a su marido y se ha refugiado con su hijo en la casa paterna. Cuando de pronto reaparece su madre, su estupor no tendrá límites. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Japón Japón
Título original:
Tokyo boshoku
Duración
140 min.
Guion
Yasujirō Ozu, Kogo Noda
Música
Takinori Saito
Fotografía
Yuuharu Atsuta (B&W)
Productora
Shochiku Kinema Kenkyû-jo
Género
Drama Familia Melodrama
8
Invisibilidad
Puede que nos encontremos con la película más narusiana de cuantas rodó Ozu. El momento clave, surge en la estación de trenes, cuando la madre, decidida a abandonar Tokio, busca con un hilo de esperanza que haya alguien a quien dar un último adiós.

Luego la vida sigue, que es como crear un plano interior del vagón mientras el marido comenta:

- Estaremos en este tren hasta mañana a mediodía. Debimos haber traído una manta.

No, no hay un primer plano de ella desolada. Ella, solo limpia con un pañuelo la ventanilla del tren.

En 140 minutos no hay un solo travelling o panorámica. Ozu, había depurado su estilo con tal elegancia, que los planos estáticos siempre se perciben en movimiento. Crea espacio de la nada, y lo cotidiano (que siempre es invisible) lo transforma en terrenal.
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39 de 41 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
Ozu, la maternidad, el invierno, un tren, la soledad.
Conocer el cine de Ozu lo cambia a uno como cinéfilo desde la primera vez, y tal cambio va más allá del visionado de sus películas. Sin conocer todavía muchas obras importantes de él, son innumerables las cosas que me conmueven e impresionan de Crepúsculo en Tokio. Como suelo consultar listas que hacen los críticos -ahora sí que nomás por 'gafapasta'-, me deja perplejo que ésta no sea equiparada a obras tan profundas y reconocidas como Primavera tardía, La hierba errante o, incluso, mi favorita, Cuentos de Tokio (AKA Historia de Tokio, como fue titulada en mi país).

Es invierno. La gente sale con cubrebocas para prevenir la gripe. Akiko y Takako viven con su padre. Ozu nos acerca a las cicatrices de cada una con respeto y profundidad, esperando a que el sufrimiento se desvele. Akiko espera a un novio que no la ama, mientras que Takako se resigna a la soledad de un matrimonio sin amor. Shukichi Sugiyama, el padre, se preocupa, pero de poco sirve. El frío, más que una simple estación, congela la posibilidad de encontrarse con el otro a través de algo tan aparentemente simple como la confesión: las dos hijas se rehúsan a compartir con su padre el dolor y la soledad.

La aparición súbita de la madre presuntamente muerta pareciera -sólo eso- dibujar un cambio a esa monotonía afectiva. Hasta una musiquilla más alegre nos regala Ozu cuando ella aparece en pantalla, y sobre todo, cuando se acerca a las hijas que abandonó. Justamente es desde la figura de la maternidad que Ozu conecta el desamparo interior de estas tres mujeres: el abandono, el silencio del aborto y el desamor conyugal que afecta a los hijos. No sé qué me produce que una cinta tan importante filmada por Ozu en torno a la maternidad sea tan dura y triste... tanto como la figura de Akiko.

Vayamos al grano con los instantes: cuando habla con su novio sobre el embarazo. Al fondo, un mar turbio, con barcos exhalando bocanadas negras de humo. En un bar, en pleno estado de ebriedad, Akiko le propina unas bofetadas que sólo un ser que ha perdido la fe en todo puede propinar. Su destierro de la vida lo alcanzamos a leer en el rostro de Kenji, quien llegó sardónico, pero que se queda pasmado y sin habla después de la tunda. Un sondeo descarnado y preciso de la soledad de Akiko. De pronto, tengo un traslado rapidísimo a la oscura obra de Kaurismäki llamada 'La chica de la fábrica de cerillos'. Sencillamente, brota.
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18 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil