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Los violentos años veinte (1939)

Los violentos años veinte
Trailer
8,0
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Sinopsis
Estados Unidos, Ley Seca, años 20. Relato sobre los diferentes caminos que siguen tres veteranos que se conocen durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918). Cuando regresan a América tras luchar por su país, tropiezan con el problema del desempleo y con grandes difícultades económicas. Uno de ellos (Lynn) seguirá con decisión el buen camino; otro (Cagney), amargado por la falta de futuro, no encuentra más salida que el contrabando ilegal de licor; el tercero (Bogart) se convierte en un implacable gángster. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
The Roaring Twenties
Duración
104 min.
Guion
Jerry Wald, Richard Macaulay, Robert Rossen
Música
Heinz Roemheld
Fotografía
Ernest Haller (B&W)
Productora
Warner Bros. Pictures. Productor: Hal B. Wallis
Género
Cine negro Thriller Crimen Años 20
9
Era un gran tipo
Película dirigida por el gran Raoul Walsh, basada en hechos reales y producida por Hal B. Wallis ("Hampa dorada", "Robin Hood") y Jack L. Warner.

Narra la historia de tres compañeros de armas (Lloyd, Eddie y George) de la Primera Guerra Mundial. De regreso a Nueva York, en 1918, se encuentran un país que no siente admiración por los ex-combatientes y en el que escasea el trabajo. Son los años de la Prohibición (Ley Seca), que genera oportunidades para los que se arriesgan a vivir al margen de la ley, en un mundo en el que proliferan los gánsters, las tabernas clandestinas, las guerras entre clanes mafiosos y las muertes violentas. Lloyd Hart (Jeffrey Lynn), hombre bondadoso, abogado de profesión, monta un bufete que le da trabajo y vive honradamente. Eddie Bartlett (James Cagney), perdedor incapaz de encontrar un trabajo satisfactorio, monta una pequeña banda de traficantes con Panamá Smith (Gladys George) y se asocia con George Hally (Humphrey Bogart), hombre frío, sin escrúpulos y sin principios. El nuevo grupo se ha de enfrentar en una larga serie de escaramuzas con el clan del poderoso Nick Brown (Paul Kelly), que sirven para mostrar las intrigas, venganzas, ambiciones, traiciones, abusos, miedos y odios que presiden el submundo del hampa. Walsh hace una soberbia y vibrante descripción del mismo.

La fotografía, a cargo del eminente Ernest Haller ("Lo que el viento se llevó"), combina con sabiduría movimientos de cámara muy precisos, primeros planos sobre fondos de gran profundidad, planos sobre fondos claros de excelente contraste, negros intensos junto a blancos brillantes (el collar de Panamá, el vestido de Jane, etc.), y travellings magistrales como el de aproximación a la escena final y el posterior de alejamiento de la misma. La música incluye canciones melódicas interpretadas por la joven Jane Sherman (Priscilla Lane), el amor imposible de Eddie, o por Panamá Smith y fragmentos de fondo (piano solo, orquesta, solos de metal), que en la secuencia final crean un clima de extraordinaria emoción, que sugiere la condena del gansterismo y el perdón compasivo de Eddie. Merecen una referencia especial las escenas en las que el director mueve, con su habitual brillantez, grupos numerosos de personas, como el abordaje por parte del pequeño barco de Eddie del mercante de George, el desalojo del bar clandestino por la policía, las peleas a puñetazos entre esbirros de Nick y Eddie. Es destacable la observación de detalles con enfoques singulares (la cafetera, la pistola de Eddie, la mano de Panamá sobre la de Eddie).

Obra clásica del subgénero de gángsters, realizada en la época de esplendor del mismo, que se sitúa junto a "Hampa dorada" y "Scarface", a las que supera en algunos aspectos. Pieza maestra del cine negro y joya del cine clásico.
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52 de 60 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
Obra maestra absoluta: lección de narrativa.
Después de la Iª Guerra Mundial, muchos soldados volvieron a sus hogares y se encontaron una situación distinta a la que dejaron tiempo atrás. Algunos de esos desubicados ex soldados formarían parte del auge del tráfico de alcohol en los años 20 y de su caída...

Obra absolutamente pletórica de Raoul Walsh, en la que domina con una naturalidad pasmosa todos los resortes del cine. Todo se capta por la cámara de Walsh: miradas que enriquecen las situaciones argumentales, muertes artísticas e intelectualmente excitantes ( nulo subrayado de la violencia, elipsis y elementos escénicos que potencian la percepción del espectador de la misma con más crueldad y fascinación que si se mostrara ), historias de amor inocentes y otras pasadas por el tamiz de la experiencia, opresiva ambientación de los veinte, detalles documentales insertados en las escenas ( aparición de la radio, elaboración clandestina del alcohol ), seres vitalistas, ingenuos gamberros, traidores, tiroteos, venganzas, abordajes a barcos, redenciones personales...
El director reúne en esta película la mayor parte de las virtudes de otros directores en su riquísimo y milagroso estilo: la concisión y crueldad escénica de Fritz Lang, el dominio en la composición de escenas y del ritmo narrativo de Hitchcock, la importancia de los secundarios, el dibujo de personajes, la americanidad y la llana, económica y conmovedora exposición de Ford... El tempo narrativo es perfecto, un lujoso producto de la más exquisita elaboración cinematográfica que puede existir: arte profundo y a la vez suave entretenimiento, seriedad nada pretenciosa, exquisito resultado que enriquece el alma de todas las generaciones que la observen absortos, totalmente sumergidos en ese torrente de la mejor pasión vitalista magistralmente puesta en escena por Raoul Walsh.
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34 de 37 usuarios han encontrado esta crítica útil