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Micmacs à tire-larigot (2009)

Micmacs à tire-larigot
Trailer
6,6
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Sinopsis
Bazil es un tipo que ha logrado esquivar la muerte dos veces en su vida. Cuando era niño sobrevivió a una mina antipersona, aunque su familia no tuvo tanta suerte. Siendo un adulto, una bala perdida se incrustó en su cerebro. Con la colaboración de unos artistas callejeros, intentará vengarse de las compañías armamentísticas que tanto daño le han hecho. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Francia Francia
Título original:
Micmacs à tire-larigot
Duración
105 min.
Estreno
17 de junio de 2011
Guion
Jean-Pierre Jeunet, Guillaume Laurant
Música
Raphaël Beau
Fotografía
Tetsuo Nagata
Productora
Epithète Films / Tapioca Films / Warner Bros.
Género
Comedia Crimen
7
Jeunet, muy bonita (otra vez)
Micmacs es otra muestra de la infinita capacidad estética de Jeunet. Todo en ella es bonito, todo está provisto de ritmo, todo en ella salta, corre, gruñe o se menea. Y en definitiva, es un espectáculo visual, como tal, a la altura de Amelie o de Delicatessen.

Y uno ve la cartelera o la lista de películas del año, y ha de agradecer la existencia de Micmacs, pues sigue siendo una agradable sorpresa, una alegría, por más que Jeunet se haya dado al manierismo y venga a reproducir una y otra vez toda la magia de sus películas, la misma: la musicalidad casi atmosférica, potenciada por un montaje fascinante, una iluminación extraordinaria copiada una y mil veces en los mil y un intentos americanos por emularle, el steampunk de cahivaches increíbles, un cierto tono vintage de todo, personajes infantiles... y sí, es lo de siempre.

Y ese es el único pero, que la historia, aunque bienintencionada y amable, no viene a contar nada. Ha sido sacrificada, como los personajes, para dar protagonismo a esos cachivaches fascinantes, al ritmo y a la musicalidad, y en resumen a su maravillosa estética audiovisual. Y es que viene a contar una historia cuchufletera y simplista de buenos y malos que no aporta nada.

Y no obstante, sí la recomiendo, porque no hay nada mejor y la lista de virtudes es suficiente para obviar sus defectos. Eso sí, si quieren un espectáculo estético y musical fascinante, dejen que la misma naturaleza se lo muestre en Océanos, ese documental es impresionante (y también francés, por si alguien le sirve de algo esta información).
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35 de 45 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Jeunet sera toujours Jeunet
Jeunet es un manierista en la medida que repite unas fórmulas que quiere que sean sus señas de identidad. Por repetir, repite coguionista y parte del reparto. Si Jeunet tiene en esta película un personaje que lo puede representar es el que no dice dos palabras sin recurrir a una frase hecha. La repetición artística es indicativa de seguridad y eso es bueno y es malo. La repetición es buena en cuanto que uno proclama con ella su madurez, y es mala en cuanto que uno renuncia a través de ella a la flexibilidad y a tantear nuevas vías creativas.

El ecosistema cinematográfico de Jeunet es cálido y evocador como una gran juguetería. Y su lema es que hay que huir de la línea recta para unir dos puntos. El barroquismo visual que instaura tiene tendencia a convertirse en un fin en sí mismo y no en un medio al servicio de una historia. Es por eso que cuanto más quiera narrar, la película resultante tiene más plomo en las alas. De ahí la genial liviandad de "Amélie", donde, más que una historia, había un retrato de una niña adulta o una mujer infantil, pintado usando por pincel una varita mágica.
Por otro lado —confiemos que no sea el caso—, uno de los precios que hay que pagar por el éxito es que, a veces, coloca el listón a una altura que ya no puede rebasar el que lo había conseguido. El artista, el creador, tiene la obligación de negar esta posibilidad pero los hechos pueden ser muy tozudos y no dejarse convencer.

Jeunet, como Fellini, distorsiona la realidad para hacerla encajar en un mundo a su medida, y para que ese planteamiento funcione tiene que aprender a acotarse. No lo ha sabido hacer en esta película que, a pesar de sus innegables "chispazos", tiene un argumento demasiado convencional y prosaico para dejarse atrapar por su metodología y su estética. Los personajes atípicos y excéntricos —con o sin carné de una troupe circense—, los trabajados disfraces del guardarropa de Mortadelo, los autómatas y demás inventos del profesor Franz de Copenhague, el coleccionismo desquiciado, el cromatismo naíf omnipresente, los digitalizados paisajes, las inverosímiles coincidencias y las surrealistas planificaciones del protagonista del film que se cumplen con una precisión milimétrica piden algo más que una maniquea batalla entre buenos muy buenos y malos muy malos.

El alegato pacifista que pudiera haberse pretendido queda muy desdibujado al estar incluido en un tebeo.

En cualquier caso, siempre tiene algo de privilegio para el espectador el ser invitado a un lugar —como es esta película— donde proliferan la imaginación —que nos compensa de lo que no somos— y el humor —que nos consuela de lo que somos—.
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25 de 33 usuarios han encontrado esta crítica útil