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Ensayo de un crimen (1955)

Ensayo de un crimen
Trailer
7,7
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Sinopsis
Archibaldo de la Cruz ha visto en su infancia morir a su institutriz, alcanzada por una bala perdida, mientras él se escondía en el ropero de su madre. Ya adulto, la muerte de varias mujeres cercanas a él hacen que Archibaldo crea que es un asesino. Su único argumento es que él deseó todas esas muertes y que las mujeres terminaron siendo asesinadas. Interrogado por un juez, Archibaldo desvela su vida y las razones por las que piensa que debe ser juzgado. Desde su particular punto de vista, él es el verdadero culpable de todos esos crímenes. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
Año / País:
/ México México
Título original:
Ensayo de un crimen
Duración
91 min.
Guion
Luis Buñuel, Eduardo Ugarte (Novela: Rodolfo Usigli)
Música
Jorge Pérez
Fotografía
Agustín Jiménez (B&W)
Productora
Alianza Cinematográfica
Género
Drama Comedia Drama psicológico Comedia negra Crimen Asesinos en serie
"Relato heterodoxo e inclasificable, repleto de ironía pero también de desasosiego (...) trangresor y sarcástico, surrealista y cómico, terrible y llano. Espléndido."
[Diario El País]
8
DON ARCHI: UN PERSONAJOTE
1. Archibaldo de la Cruz viste capa española.
En las tabernas donde se consumen bebidas llameantes pide siempre un vaso de leche. “¡Pero que personajote está usted hecho, don Archi!”.
Usa maneras corteses, recortado bigotito de galán, dentadura brillante y tupé con reflejos.

2. Ingresado por agotamiento nervioso, cuando cuenta cómo de niño mató a su institutriz, la monja-enfermera no le cree.
Buñuel se embarca en ese relato y lo cinematografía con vivacidad.
Escena primitiva, que crea un vínculo morboso entre fetiche, placer erótico y muerte: Archibaldito, hijo único, juega a esconderse en un ropero, vestido con zapatos y corsé de su madre. Recibe el regalo de una caja de música. La institutriz improvisa para él un cuento: un genio dio al poseedor de la caja el poder de matar con sólo desearlo. El niño prueba en silencio, justo cuando una bala procedente de una revuelta callejera alcanza a la institutriz, que cae al suelo, muslos y medias al aire.

3. Cuando Archibaldo se presenta en comisaría, atribuyéndose ufano la muerte de la monja, el inspector-jefe, condescendiente, no le cree.
—El pensamiento no delinque. Desear la muerte de alguien no es delito.
No obstante, procede a tomarle declaración. Archibaldo se explaya otra vez, y otra vez Buñuel, al galope, lo convierte en cine cuajado de recursos.
Archibaldo había recuperado en un anticuario la caja de música. La profunda huella de su cerebro se refrescó al oír la melodía. Las notas, un corte accidental de navaja en la mejilla, la sangre con que la imaginación riega los muslos destapados de la institutriz muerta…, una erupción de placer febril y neurótico.

4. Unido a la atracción por una mujer, el impulso homicida. Archibaldo maquinará el asesinato de mujeres virtuosas y mujeres emputecidas, y si mueren a manos de otros, o en accidentes, se pretenderá él el criminal, en virtud del poder asociado a la recuperada caja de música.
Una forma de ser alguien: un tremendo criminal, ya que no un santo o, simplemente, un hombre...
Masoquismo, sadismo, megalomanía y diversas formas de impotencia van hinchando la confesión.

5. Plan idóneo para dar Buñuel rienda suelta al irrepetible enfoque de su oscuro objeto del deseo, lo femenino que oscila entre la virgen y la prostituta, la santa y la bruja.
La invocada figura de Juana de Arco, ejecutada en el fuego, sintetiza algunos de esos atributos…
“Mi pequeña Juana de Arco”, es uno de los tenebrosos piropos de Archibaldo.
Y para dar también rienda suelta al fetichismo, en potentes escenas, densas, que rezuman una morbosidad explosiva como un gas: maniquíes casi vivos, prendas íntimas (pantaletas) que se ponen y se quitan, medias negras..., todo ello mezclado con diversas impregnaciones religiosas.

6. El discutido final, que rompe la compacta unidad de humor siniestro y lirismo fúnebre, fue descrito por Buñuel como un ‘scherzo’. A broma hay que tomarlo, pues.

(8,5)
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57 de 60 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
Archibaldo, un personaje inolvidable
Archibaldo de la Cruz, un joven y apuesto burgués, es el protagonista de este onírico y desasosegante relato de Buñuel. El ritmo narrativo con el que comienza el film es increíble, propio del mejor cine negro de Fritz Lang, y a partir de ahí, no sólo no baja en intensidad, sino que además, a medida que avanza, va destapando una a una todas las obsesiones del autor.

Se trata de una obra convencional de Buñuel, pero la magia de este enorme cineasta, que aúna poesía, nervio y estómago está presente en cada escena. Quedan perfectamente reflejado en el film su concepto de la burguesía y las clases reaccionarias, y por si las imágenes y actitudes de los protagonistas no lo dejaran claro, lo resalta en frases lapidarias como la del ayudante del anticuario, o en la conversación que tienen el cura, el militar y el comisario en la boda.

Por si fuera poco, Ernesto Alonso se hace magníficamente con su personaje, mostrando en su rostro todos los matices que requería el papel: la apostura del joven y galante burgués, turbada constantemente por sus obsesiones criminales que salen a la luz a raíz de escuchar la caja de música, es según Buñuel una perfecta alegoría de la doble moral y la hipocresía que envuelve a este estamento. Pareciera que a cada tonada de la caja el rostro de Alonso fuera cambiando el gesto, y es que la banda sonora, en particular la que suena deformada, se hace carne en la película, y consigue removernos las tripas constantemente. Varias veces siente uno que está con una navaja entre las manos, cortándose o incluso...¡asesinando a la terrible Patricia Terrazas!

Es impresionante la habilidad con la que Buñuel teje imágenes y situaciones, y toda la película está salpicada de momentos inolvidables. Casi perfecta...
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31 de 32 usuarios han encontrado esta crítica útil