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Mouchette (1967)

Mouchette
Trailer
7,7
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Sinopsis
Retrato de la triste existencia de una chica que es maltratada por su padre y humillada por la gente de su pueblo. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
Año / País:
/ Francia Francia
Título original:
Mouchette
Duración
78 min.
Guion
Robert Bresson (Libro: Georges Bernanos)
Música
Jean Wiener
Fotografía
Ghislain Cloquet (B&W)
Productora
Argos Films / Parc Film
Género
Drama Drama social Adolescencia Vida rural Drama psicológico
8
LA VIDA (DE MOUCHETTE) ESTÁ EN OTRA PARTE
Mouchette (Mosquita) no se conforma con la vida que le ha tocado en suerte. Tiene 14 años y se enfurruña, siente una sorda rebelión; choca con sus mayores y el mundo circundante.
Sus mayores son una madre muy enferma y un violento padre alcohólico; su mundo, un mísero hogar en un pueblo habitado por contrabandistas de licor, tramperos, tenderos: una sociedad regida por pensamientos mezquinos y miradas reprobatorias.

La caza (cepos, trampas, capturas) sirve de metáfora al tema central, frecuente en Bresson: formas de cautiverio y formas de liberación.
Un cazador furtivo atrapa perdices en lazos ilegales. El guarda, al acecho, las suelta.
Las escopetas descargan sobre conejos y liebres, sin escapatoria ante la lluvia de plomo.

En ese cinegético clima de apresamiento late la incipiente vida de Mouchette.
Cuida a su madre, quien se consume inerme, apagada su energía protectora. Recibe bofetadas del brutal padre, humillación de la maestra, aislamiento y burla de las condiscípulas, acoso vejatorio de los chavales. Pero ella no se amilana. En su conciencia alienta un enfrentamiento absoluto: los detesta a todos. Alimenta su rencor entre desgracias, con plena deliberación. Este sentimiento supone un refugio para la instintiva necesidad de independencia interior.
Como si viviese atrapada en un cepo, cada movimiento expansivo topa con las fuerzas que la rodean, dispuestas al bofetón, al abuso, la explotación: el maltrato en cualquiera de sus formas.
Tales fuerzas ejercen sobre Mouchette una presión domesticadora. Sin aliados ni espacio vital, ella responde con áspera y bronca insumisión.

La estética del autor (sobriedad, depuración) no cambia. Con actores no profesionales, a quienes denomina 'modelos', y con una austeridad extrema, la narración se despliega organizando muy precisamente las imágenes, siempre en busca de profundidad y misterio, y restringiendo a nítidos ruidos la banda sonora.
Sin embargo, hay en esta cinta una particular y sombría dureza, sorprendente en Bresson, poco dado a cargar emocionalmente a sus personajes: la soledad anímica de la adolescente es abrumadora. Y si en algún momento vive algo parecido al contacto humano, es aún más abrumadora.

Al adaptar la novela de Bernanos, Bresson extiende sobre la existencia terrena un frío pesimismo que apenas deja resquicio a la esperanza.

En entrevista con Godard y Delahaye en mayo de 1966, a preguntas sobre proyectos inmediatos Bresson contesta: “Querría también, como ejercicio, como un ensayo, hacer ‘La nouvelle histoire de Mouchette’. Una historia muy dura, por supuesto”.

Al fondo de un plano, un Renault 8: ese pueblo abismal no está en el tiempo de Dumas, tampoco el de Zola o Maupassant, como podría parecer por lo tremendo del relato. En realidad, tampoco en el de los Beatles o los vuelos espaciales, periodo al que realmente corresponde el automóvil.
Está en el tiempo de un mundo invivible.
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88 de 92 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Demasiado pura para mí
Sabe Dios que lo he intentado. Con ésta, con “Pickpocket” y con “Un condenado a muerte se ha escapado”. Pero no. No puedo con Bresson. No hasta el punto, al menos, de flipar con sus pelis. Y no porque sean especialmente complejas o farragosas. Yo creo que es una simple cuestión de “feeling” con su estilo. Un estilo, a mi juicio, exageradamente áspero, frío y contenido. Un estilo que me impide congeniar con sus personajes y que me provoca una sensación de vacío absolutamente desoladora. No sé, igual es eso lo que pretende Bresson. Pero lo que tengo muy claro es que no es eso lo que a mi me satisface. Ni a nivel emotivo ni a nivel intelectual.

Ello no es óbice, sin embargo, para reconocer que el francés es un gran cineasta. Y lo es porque no es fácil seducir al público con un producto tan austero. Con un producto tan desnudo. Con un producto tan puro. Y Bresson, no obstante, lo consigue. No conmigo, por supuesto. Pero sí con cinéfilos que me dan veinte mil vueltas. Y ello me hace pensar que algo hay en ese “respirar hacia dentro” de Bresson. Que algo hay en esa adolescente, en Mouchette, que no he sabido percibir. Algo a todas luces intangible. Algo que está más allá de lo que hace o no hace, de lo que dice o no dice, la propia Mouchette. Algo que, sin lugar a dudas, está en mi propio interior y que quizás, algún día, pueda descubrir. O no.
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69 de 79 usuarios han encontrado esta crítica útil