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Some Came Running (1958)

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Sinopsis
Dave Hirsh, un escritor sin éxito y veterano de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), después de muchos años regresa a su ciudad natal acompañado de una prostituta. Allí entabla relación con un jugador profesional alcohólico y con una chica de provincias. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
Some Came Running
Duración
136 min.
Guion
John Patrick, Arthur Sheekman (Novela: James Jones)
Música
Elmer Bernstein
Fotografía
William H. Daniels
Productora
Metro-Goldwyn-Mayer (MGM)
Género
Drama Melodrama Años 40
"Una película arrebatada y sangrante (...) atrapa a tres personajes desolados, pero siempre dignos, que sostienen un relato estremecedor, de apabullante tristeza. Una maravilla."
[Diario El País]
"Tomando como partida un plúmbeo novelón de James Jones, Minnelli hace uno de sus mejores melodramas"
[Diccionario Espasa]
9
La dignidad de los desheredados
Como digo en el título, es una brillante adaptación de una novela, la cual leí hace algún tiempo sin saber que Vincente Minnelli la había llevado al celuloide. Pero no voy a hacer comparaciones entre ambos formatos, no sería justo, ya que una película es una entidad en sí misma, independientemente de su fuente, y además se supone que el espectador no tiene por qué haber leído el libro. Así que me voy a limitar a la película.
-El ambiente está prodigiosamente recreado. Todo ese mundillo cínico e hipócrita representado hasta su máximo exponente por la pequeña ciudad provinciana de Parkman, de la que Dave huyó durante mucho tiempo y a la que finalmente ha regresado. Los dos hermanos protagonistas tienen una relación marcada por el egoísmo de Frank, el mayor, y por un insalvable distanciamiento. Casi todas las personas "respetables" de ese ambiente alimentan rencores y amarguras, pero guardan las apariencias y se evaden en el alcohol. En ese mundo falso, personas de mala vida como el propio Dave, las prostitutas y Bama (el bebedor y jugador impenitente) destacan por el hecho de que no tratan de engañar a nadie; asumen dignamente su papel de ovejas negras de la sociedad y no tratan de aparentar. Dave y Ginny, la prostituta, no han perdido aún las esperanzas de hallar algo mejor, pero se resignan a lo inevitable. Desde el principio al fin, el desengaño aceptado con dignidad y la melancolía omnipresente nos advierten de que no podemos esperar desenlaces felices. Vincente Minnelli logró con ello un film de patética y hermosa genialidad que se sale de lo corriente.
-Nunca he visto a Frank Sinatra actuar de un modo tan convincente. Realmente él era Dave Hirsh, el escritor frustrado, un hombre sensible pero convertido en un cínico bebedor. Se ha resignado al vacío de creerse un fracasado. Pero una luz se enciende para él cuando descubre que Gwen French, una bella e inteligente crítica literaria de Parkman, cree en él y agita sentimientos que él creía muertos. El gran escritor descreído comienza a intentar salir de su letargo, pero no es fácil dejar atrás los demonios que lo persiguen a uno.
-Gwen French, la profesora y crítica literaria, que se debate entre su amor por Dave y el rechazo que siente hacia su forma de vivir. Son dos personas de intelectos y corazones afines pero separadas por un abismo de tormento y de pasión apenas consumada.
-Shirley MacLaine, pese a su sencillo papel, muestra una fuerza interpretativa sorprendente.
No sabía si esperar mucho de esta película, de la que hasta hace poco ni siquiera sabía que existiera; pero se ha ganado un puesto, por pleno derecho, entre las grandes.
Excelente dirección de Minnelli y un gran trabajo de ambientación, por no hablar de las grandes interpretaciones. Sinatra nunca me ha llamado la atención como actor, pero aquí me hace cambiar de opinión. Sin aspavientos y sin derroches, ha plasmado un personaje genuino y rotundo.
Esta es una de esas películas necesarias, que valen la pena.
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29 de 35 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Guarra lo serás tú
Frank Sinatra es un escritor de talento con poca suerte. Vuelve a su ciudad, licenciado del ejército, y, prácticamente regresa fracasado, aunque cuando conocemos a su familia: un hermano burgués, que lleva una vida aburrida con una mujer tiesa, pendiente solo de las apariencias, y una sobrina maleducada entendemos que no es él quién tiene las peores expectativas.

Desarraigado de una familia que vive más en el escaparate social que en la intimidad del afecto que puedan tenerle, se refugia en la complicidad de nuevos amigos, marginados también de una sociedad fuertemente dividida. Conoce a Dean Martin, un jugador, alcohólico y cínico que comparte con él la sensación de no tener nada que compartir. Son dos parias que, ni por arriba ni por abajo, encuentran sitio en esa ciudad detenida en el tiempo. Tal vez, solo, la necesidad de escapar de allí, donde una nueva partida de póker les lleve.

Pero Frank tiene algún comodín a su favor: es un buen escritor capaz de despertar la admiración de los intelectuales del villorrio. Tal vez de una maestrita culta y de buena posición, que parece ser la persona que podría colocarle, emocional y socialmente en algún lugar cómodo. Pero es una mujer cobarde, que duda entre el amor de un hombre real o la consideración de la sociedad, o sea, de la soledad.

Pero, entre unos y otros, aparece Shirley MacLaine que es una chica alegre, en toda la extensión de la palabra. Sin prejuicios y sin más ambiciones que la de ser feliz cada día. O la de estar con Frank, del que se ha enamorado y al que acepta tal como es y le conoció. Es una optimista con una flor en el pelo, la boca roja y un bolso de peluche que desprende espontaneidad y encanto. Es deliciosa y sincera. Y no tiene cultura para explicar por qué le gustan las cosas, pero tiene la suficiente inteligencia para reconocerlas y luchar por ellas. O por Frank. Lo tiene clarísimo.

Shirley es el punto de inflexión de la película. Es lo que la convierte en algo humano y vivo. Más que el nihilismo de Frank, el cinismo de Dean, la cobardía de la solterona rancia, el conservadurismo de su familia y el estancamiento de la sociedad entera... Ella es la mujer que sabe lo que quiere, que se respeta a sí misma delante de la mujer frígida que se atreve a juzgarla y del hombre que no sabe respetarla porque, en el fondo, obedece a los mismos clichés que el resto de las personas a las que desprecia por ello.

Confieso que cada "guarra", "puerca" y "zorra" que le decían, me dolía. Ni por arriba, ni por abajo, nadie era buena persona. Ni los ricos ni los marginados, ni hombres ni mujeres, ni los cultos ni los ignorantes sabían ver más allá de sus prejuicios. Creo que esa era la historia que un gran director como Minnelli quería contar. No era Frank Sinatra con todo su talento y su cinismo, sino Shirley, con sus pestañas infínitas, su falda corta, su encanto natural y su naturalidad encantadora... Como un torrente se los llevó a todos por delante...
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16 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil