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Phantom Lady (1944)

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Sinopsis
Una noche en que regresa tarde a su casa, Scout se encuentra con que su mujer ha sido asesinada. Dado que no tiene coartada, la policía lo detiene como presunto culpable. Entonces entrará en juego su secretaria, una joven secretamente enamorada de él que le ayudará a encontrar al verdadero criminal... (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
Phantom Lady
Duración
83 min.
Guion
Bernard C. Schoenfeld (Novela: Cornell Woolrich)
Música
Hans J. Salter, Frank Skinner
Fotografía
Elwood Bredell (B&W)
Productora
Universal Pictures
Género
Cine negro Intriga
Grupos  Novedad
Adaptaciones de Cornell Woolrich
8
La dama del sombrero
Film realizado por Robert Siodmak, basado en la novela de William Irish, pseudónimo de Cornell Woolrich, "The Phantom Lady" (1942), adaptada por el guionista Bernard Schoenfeld. Se rueda, en B/N, en los Universal Studios con un presupuesto de serie B. Producida por Joan Harrison, se estrena el 28-I-1944 (EEUU).

La acción tiene lugar en NYC en 1943. El film suma elementos de cine negro, thriller, drama, suspense y misterio, administrados con maestría por un director que extrae magia y expresividad de la luz, se mueve con imaginación dentro de un presupuesto modesto y se siente a gusto en el género negro. Cuando Scott Henderson (Alan Curtis) es acusado por error del asesinato de su esposa Marcella, su secretaria, Carol "Kansas" Richmam (Ella Reines), emprende la búsqueda imposible de una dama misteriosa, cuyo testimonio es fundamental.

La película está considerada como una de las más destacadas de la etapa americana del realizador. Su estética es neoexpresionista, con abundantes contrastes oscuros, escenarios opresivos, grandes sombras, blancos intensos, sugerencias sutiles, símbolos siniestros y creación de atmósferas inquietantes y maliciosas. El papel de héroe corresponde a una mujer tenaz, secretamente enamorada y de rostro angelical, que se aparta de la identificación convencional del héroe con un hombre de fuerza superior. Es símbolo de un ángel que se adentra en el infierno de la noche y del crimen. La progresión dramática se eleva hacia el último tercio de la cinta a raíz del descubrimiento del asesino. Este hecho tranforma en thriller lo que hasta entonces ha sido una obra negra. Las manos del asesino, movidas con parsimonia gestual, se convierten en un icono amenazador que aporta, sin palabras, elementos perturbadores. De la mano de Carol, el realizador enriquece el relato básico con las historias adicionales que ilustran las pesquisas de la chica cerca del barman, el batería y la bailarina. El seguimiento del barman en el metro y por calles húmedas y desiertas, crea una secuencia culminante de suspense. El encuentro del batería por la chica brinda la ocasión de asisitir a una "jam session" en la que el ritmo de la percusión y su progresión evocan un orgasmo, que se subraya con un encuadre de aproximación. El asombroso tratamiento de la luz se hace patente en la sala de visitas de la prisión, en la "jam session" y en el seguimiento del barman. La sabia economía de medios se evidencia en las secuencias del juicio, construidas con una voz en off y la imagen de la transcripción taquigráfica.

La música toma fragmentos de composiciones anteriores de Hans J. Salter y Frank Skinner, a las que se añade la canción "Chica, chica, bum", de Aurora Miranda. La fotografía se basa en planos a cámara fija, aproximaciones en planos sucesivos y algún "zoom" de gran suavidad. Se beneficia de una excelente puesta en escena, de composiciones cuidadas y de una magnífica iluminación. La cinta se rueda en los momentos álgidos de la IIGM.
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38 de 38 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
La ventaja de no tener estrellas
Un hombre se va de parranda con una desconocida que no quiere decirle su nombre. Vuelve a casa y se encuentra a su mujer asesinada. Su coartada es la desconocida, pero todos los testigos aseguran no haberla visto. Este es el sugerente planteamiento de este film noir.

De todas formas, no es de las mejores películas de Siodmak, aunque es digna de verse. Sobretodo por un par de escenas marca de la casa, y un psicodélico concierto de jazz en una habitación que parece hecho con veinte años de adelanto.

Una de las características de esta cinta es que su actor más conocido, Franchot Tone (excelente en "Cinco tumbas al Cairo" de Billy Wilder, y en "Tempestad sobre Washington" de Otto Preminger) no aparece hasta la mitad. Esto evidentemente no se podría hacer con una estrella de la época, y da una libertad al creador poco frecuente. De este modo, los actores están al servicio de lo que se cuenta, y no al revés. Pero no siempre la libertad creativa es sinónimo de talento exprimido. A veces las trabas agudizan el ingenio.
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19 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil