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Callejón sin salida (1937)

Callejón sin salida
Trailer
7,2
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Sinopsis
En una calle de Nueva York, la miseria y la delincuencia conviven con la riqueza de los inquilinos de un lujoso bloque de apartamentos. Inevitablemente esos agudos contrastes acabarán desencadenando tensiones entre los dos mundos. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
Dead End
Duración
93 min.
Guion
Lillian Hellman
Música
Alfred Newman
Fotografía
Greg Toland (B&W)
Productora
United Artist. Productor: Samuel Goldwyn
Género
Drama Cine negro Drama social Pobreza
10
El pasado y el presente de la miseria
Unos chicos juegan en una mísera calle de Nueva York. Son chicos callejeros, sólo conocen la pobreza y la supervivencia, son pequeños delincuentes en ciernes. A esa calle llega un señor de mediana edad que también fue un chico de esos, ha acabado siendo un asesino y viene a visitar a su madre...

El pasado y el presente de una serie de personajes se nos muestra en todo momento mediante paralelismos. Observamos a unos niños que se están envileciendo en las calles y al mismo tiempo vemos a un personaje que en el pasado fue como ellos. También observamos edificios lujosos ala lado de otros absolutamente ruinosos.
Se trata de una verdadera calle sin salida en la que la juventud es desperdiciada y la pobreza no deja acceder a mejores posiciones sociales. La delincuencia es el modo más fácil de ganarse la vida. Poco a poco los valores se dejan de lado, la supervivencia manda y la vida de las familias se destruye. El reformatorio infantil es el primer paso en la degradación moral de los jóvenes, después vendrá la cárcel... El argumento de la película funciona como un juego de espejos que nos muestra una metáfora escénica sobre la juventud, la sociedad de clases, la educación y la reinserción.

Pese a que Humphrey Bogart no es el claramente el protagonista, realiza claramente la mejor interpretación de la obra. Una interpretación llena de matices y sugestiva, intensa. La fotografía es excelente.

Se trata de un filme aparentemente estático (al desarrollarse en un sólo escenario) pero realmente dinámico, con un desarrollo riquísimo, que evoluciona suave pero constantemente hasta alcanzar el punto culminante final. Varios personajes perfectamente dibujados desarrollan su vida cotidiana en escenas llenas de matices.
Filme naturalista, de perfecta factura, posee el secreto clásico de ser simple a la vez que complejo sin dejar de entretener, de ser serio, trascendente a la par que informal, poseyendo así varios niveles de lectura.
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22 de 28 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
La prosperidad que se empaña entre las carencias
Un día cualquiera, acompañé a un amigo que planeaba comprar una casa y quería mi opinión acerca de ella. Convencido de que, toda observación debe considerar el entorno, tremenda sorpresa me llevé cuando, en medio de aquel humilde barrio, de calles empinadas y agrietadas, con viviendas húmedas y mal construidas, y con difícil acceso para cualquier vehículo, sobre una meseta surgía, terriblemente conspicua, una imponente mansión, ostentosa y llena de comodidades. No era difícil imaginar a que clase de persona pudo ocurrírsele semejante idea, pero el paisaje resultaba extravagante y del más pésimo gusto.

Al ver la película de William Wyler “CALLEJÓN SIN SALIDA”, compruebo que no era insólito lo que presencié aquel día. Estamos, entonces, en el Nueva York de los años 30 (siglo 20), donde algunos ricos, atraídos por el pintoresco paisaje de los ríos con sus monumentales puentes, optaron por construir sus lujosas viviendas en medio de la pobreza y del más extremo contraste habitacional. Por supuesto, la integración no existe. Ellos cuidan sus casas con vigilantes armados, reclaman la presencia constante de las autoridades y miran con la mayor indiferencia a quienes no son como ellos.

Los pobres, por su parte, se acostumbran a sus desdenes y aprenden incluso a mofarse de ello. Y, de vez en cuando, alguien les cobra, de alguna manera, la mezquina actitud con que tratan a sus semejantes. Habita aquí una pandilla de traviesos muchachos que bordea la delincuencia, y entre ellos y la repentina presencia de “Baby Face” Martin, el nuevo gánster surgido del barrio, las cosas tendrán un fuerte significado a lo largo de todo un día.

Con un edificante guión, escrito por Lillian Hellman (segunda de cuatro colaboraciones que se daría entre ellos) basado en una obra teatral de Sidney Kingsley, el director William Wyler recrea con lucidez aquella atmósfera desequilibrada y llena de ominosos contrastes donde lo más brillante es, quizás, el descubrimiento gradual que, de su propia vida, va teniendo el curtido Martin.

Humphrey Bogart hace un rol secundario con eficacia protagónica y es su personaje el de mayor significado y penetración a lo largo de todo el filme. Joel McCrea, como el hombre que superó su traviesa adolescencia para convertirse en un profesional que vela por la paz del barrio, pesa mucho menos ante los hondos matices con que se recrea a aquel gánster vestido de seda quien ahora descubre que “prosperó” a costa de lo más querido.

Cabe mencionar también a la pandilla, representada por un grupo de jóvenes actores que se hizo conocer primero en la representación teatral, y que causó tanto impacto con este filme, que comenzaron a ser llamados los “Dead End Kids” (Los chicos de Callejón sin Salida), y como grupo, aparecerían luego en seis filmes más con notable éxito.

Si deseas presenciar las deplorables contradicciones sociales que aún padecemos en nuestra sociedad, esta es la clase de película que no puedes perderte.
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15 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil