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Land of Plenty (2004)

Land of Plenty
Trailer
6,0
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Sinopsis
Dos perspectivas diferentes de los Estados Unidos: la de un veterano de Vietnam y la de una joven. El soldado, herido en la guerra a los 18 años, está obsesionado con proteger la "tierra de la libertad", y los atentados del 11 de Septiembre de 2001 remueven en él los fantasmas del pasado; es un hombre sin amigos y sin vínculos familiares. Por su parte, Lana es una joven idealista que ha vivido en África y Europa los últimos diez años. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
Land of Plenty
Duración
118 min.
Guion
Wim Wenders, Scott Derrickson
Música
Thom, Nackt
Fotografía
Franz Lustig
Productora
Reverse Angle International / InDigEnt
Género
Drama
"Desprende magia e hipnotismo en su fotografía, aunque también un importante tufo moralizante."
[Diario El Mundo]
"La obsesiva activida patrullera del veterano paranoico ocupa demasiado tiempo del metraje, pero hay momentos de gran belleza visual y una canción-del-camino final que hacen que uno se reconcilie con el viaje que nos propone Wenders (...) Puntuación: ★★★ (sobre 5)."
[Diario ABC]
5
Un viaje a ninguna parte
“Tierra de abundancia” es una nueva mirada a la situación de este país y de sus ciudadanos tras los atentados del 11-S, mezcla de paranoia y terror colectivo, encarnado en la figura de su protagonista masculino. El ya veterano John Diehl ocupa el papel de Paul, un ex-combatiente de Vietnam con rasgos paranoides y síntomas de estrés-postraumático que personaliza el terror infundido por los gobernantes de una nación, más preocupada por fantasmas externos que por sus propios problemas internos. Es aquí donde aparece el primer problema: su personaje está demasiado estereotipado, muy caracterizado y poco creíble. Solo si el objetivo de Wenders era construir una metáfora de una sociedad, entonces quizás tenga algo de razón.

En el otro extremo del continuo se encuentra su sobrina Lana, a la que da vida una angelical Michelle Williams, joven nacida en los Estados Unidos pero criada en Israel. Su rostro es la viva ingenuidad, alguien que añora su país pero que al mismo tiempo lo mira con una mezcla de comprensión y rareza. Un personaje tan diferente al protagonista masculino como complementario al mismo tiempo. Así, bajo la excusa de llevar el cuerpo de un joven árabe asesinado a su hermano, ambos se unirán en un viaje de carácter iniciático donde descubrirán que el mundo no es de un solo color, sino que adquiere tintes grisáceos.

Rodada en vídeo digital y con la ayuda de una fotografía excepcional, Wenders filma los ambientes urbanos de Los Ángeles de manera magistral. En este sentido, es casi admirable la manera de representar esas zonas tan olvidadas de la famosa ciudad, la otra cara de esa “tierra de la abundancia” a la que hace honor el título de su film. El ritmo de las imágenes es cadencioso, incluso hipnótico pero la repetición de esquemas hace que la película se vuelva un tanto aburrida por momentos. Y es que lo que en un principio sorprende y atrae, termina por repetirse y desenganchar a la audiencia. La banda sonora es también digna de comentar, conociendo el buen gusto de este director por la buena música.

“Tierra de abundancia” podría pasar por la versión madura y adulta de ese panfleto demagógico que es “Fahrenheit 9/11” si no fuera por su toque moralizante y su fondo, un tanto repetido (si señor, ya sabemos que todos los árabes no son “malos”). Por momentos está a punto de mostrarse complaciente con cierto sector (bastante político) de la crítica, algo que realmente no sé si es lo que busca su director. Digamos que funciona más como una visión de esa otra América que no estamos acostumbrados a ver, que como una reflexión sobre el efecto que ha causado en la población la política del actual gobierno norteamericano. Por tanto, no se pueden perdonar 1h y 40min de metraje a cambio de unos últimos 20 minutos ejemplares, donde finalmente Wenders muestra sus cartas y donde el espectador aprecia lo que pudo ser y no fue.
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13 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Mi hogar no es un lugar, son las personas
La transformación del mundo es una empresa titánica no tanto por su magnitud, por el conjunto de cosas que han de hacerse o resultan útiles, como por la valentía que exige enfrentar la cotidianidad con las personas en el centro de la vida. Ese cebador necesario prende difícilmente en nuestras sociedades, presas de la falta de confianza y de la angustia, más propia del arrojado a un mundo extraño, que pretende ser acallada con la acumulación, con el ensalzamiento de la cosa. Pero de consumidores pasamos así a ser consumidos. Por supuesto, la utopía merece la pena ser vivida, pero pasa por una transformación personal realmente valiente donde el miedo sea acallado por la confianza. La tarea tiene lugar en cada uno, esa es la dimensión verdaderamente importante, pues movilizados por el miedo no encontraremos más que su justificación a nuestro alrededor. El mundo es entonces visto a través de las gafas para visión térmica del militar. Veríamos con los ojos de la víctima. Todo encajaría a la perfección con nuestros temores. Le ocurre esto al veterano de guerra o a todo un país con un potencial humano descomunal. Ambos están sufriendo por el maltrato. Por eso, lo que es realmente difícil es escuchar las voces de los que se fueron y ahogar con ellas los gritos de venganza de los que quedan. Porque aquellas son ahora valientes en su sueño y las nuestras hablan todavía por la oscura boca del miedo. Y, dicho sea de paso, creo que me he enamorado de Lana.
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7 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil