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Eyes in the Night (1942)

6,5
33
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Sinopsis
Duncan, un detective ciego, intenta ayudar a su vieja amiga Norma, que está preocupada porque un antiguo novio anda ahora cortejando a su hija de 17 años. Cuando el tipo aparece asesinado, Norma se convierte en la principal sospechosa, pero Duncan, con la ayuda de su perro Viernes, acabará descubriendo que detrás de este asesinato se oculta un complot de proporciones colosales. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
Eyes in the Night
Duración
80 min.
Guion
Guy Trosper, Howard Emmett Rogers (Novela: Baynard Kendrick)
Música
Lennie Hayton, Daniele Amfitheatrof
Fotografía
Charles Lawton Jr., Robert H. Planck
Productora
Metro-Goldwyn-Mayer (MGM)
Género
Intriga Crimen Espionaje Perros/Lobos
9
OTRA FORMA DE VER
Para comenzar su aventura americana, el vienés Fred Zinnemann no pudo haber escogido mejor carta de presentación.
Nos hallamos ante un thriller en el que la mano del director convierte la trama argumental en un juego de sabias complicidades mediante las que consigue que el espectador se implique y sienta que forma parte del proyecto.
Domina todos los resortes del ritmo y sabe dosificar con maestría la exposición de los datos, de las referencias y de los detalles necesarios para que el largometraje mantenga siempre un alto nivel de intriga y emoción.
Y no se puede dejar de destacar la gran altura a que raya un soberbio Edward Arnold en el contexto de una magnífica labor de interpretación por parte de los protagonistas.
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
“La oscuridad es mi reino”
Tras haber perdido la visión durante la I Guerra Mundial, el capitán Duncan MacLain, se traslada a New York, donde constituye una agencia de detectives con su socio Spud Savage, su secretaria Rena (esposa de Spud) y dos perros pastores alemanes magníficamente entrenados (Schnuke y Driest). Mac (como le llaman sus amigos), es también un asiduo lector y le encanta hacerlo con las luces apagadas… porque él se sirve del braille, lo que le permite poner el libro hasta debajo de las cobijas. Con este personaje que, además de muy simpático resulta bastante lúcido, su autor, el estadounidense Baynard Kendrick (1894-1977), consigue demostrar que los invidentes pueden conservar su independencia y ser harto recursivos, pues, con su larga experiencia como instructor de los veteranos que perdieron la vista durante la I Guerra Mundial, obtuvo suficiente material para comprender a cabalidad el fenómeno… y para escribir una docena de novelas con su ya famoso detective. Esta labor, le permitiría convertirse en uno de los fundadores de la sociedad Mystery Writers of America y recibir el premio a los grandes maestros en 1967.

Su tercera novela, “Odor of violets” (1941), sería la primera en ser llevada al cine bajo la dirección de Fred Zinnemann y con guion de Guy Trosper y Howard Emmett Rogers, quienes -como es habitual- harían algunas variaciones: MacLain, no es ya un agente de inteligencia del gobierno sino un singular detective privado. Su asistente se llama ahora Marty y es bastante infortunado, y MacLain tiene ahora solamente un perro, al que llama Friday (Viernes)… el cual competirá muy seriamente con él como protagonista.

El cuento tiene ahora a una ‘pariente’ del detective, Norma Lawry, en líos con su preciosa y joven hijastra, Barbara, quien viene teniendo relaciones con uno de los actores de una obra teatral en la que ella participa, y que resulta ser un antiguo pretendiente de Norma de quien ella desconfía. Pero, el affaire de la pareja se convertirá en un asunto criminal… y MacLain va a tener que vérselas con toda una pandilla, para la que, asesinar, no es un gran obstáculo.

Edward Arnold, uno de los mejores actores de reparto que nos diera el Hollywood de los años 1930-50, tiene ahora a su cargo el rol protagónico de esta simpática historia, que se deja ver sin mayor reparo, pues tiene su cuento de whodunit y algunos toques de comedia satisfactoriamente logrados.

Acompañan a Arnold, Ann Harding, una de las eternas mujeres distinguidas del cine de aquellos años; Donna Reed la fascinante exreina a quien, Zinnemann, volvería a llamar para “De aquí a la eternidad”, película con la que se haría merecedora del premio Oscar; y Stanley Ridges, quien, como el mayordomo Hansen, dará mucho que hacer al sabueso que acaba de entrar en casa.

“OJOS EN LA NOCHE”, es una de esas historias de misterio con las que se reafirman cosas importantes y nos hacen pasar un rato bien divertido.
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