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Backfire (1950)

6,1
62
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Sinopsis
Bob Corey, convaleciente en un hospital para veteranos después de sufrir varias operaciones, descubre que su amigo Steve Connally, con quien pensaba comprar un rancho, ha desaparecido y podría estar involucrado en un asesinato. Con la ayuda de su enfermera, Julie Benson, de quien se ha enamorado, sigue una serie de pistas que le llevan hasta un jugador que parece estar implicado en la desaparición de su amigo. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
Backfire
Duración
91 min.
Guion
Larry Marcus, Ben Roberts, Ivan Goff (Historia: Larry Marcus)
Música
Daniele Amfitheatrof, Max Steiner
Fotografía
Carl E. Guthrie (B&W)
Productora
Warner Bros. Pictures
Género
Cine negro Intriga Drama Crimen
6
Aro De Cebolla.
Siguiendo con la filmografía de Vincent Sherman ayer le hinqué el ojo a esta Backfire, después de haber pasado un gran rato el día anterior con ese duelo de patatas bravas entre Petete y Claudio Lluvias que es El Señor Skeffington, probablemente la mejor película que filmó Sherman, una verdadera delicia con una Petete estelar. Aquí Sherman, todo un obrero del celuloide, un paleta de primera cuya carrera se vio tristemente truncada un par de años más tarde por la caza de brujas del maccarthismo, nos dejó una película solvente, que se ve con agrado, pero que no provocará manchas en la funda de ningún sofá, no. Protagonizada por un figurín con cara de zanahoria, Gordon MacRae, habitual en musicales de medio pelo de la época, rechina tanto en una película de corte negro que uno desea que aparezca La Motta en cualquier momento dispuesto a destrozar algo bonito. Y luego está Virgina Mayo pero como si no estuviera. Queda preciosa en el cartel pero su personaje está metido con calzador y aporta lo mismo a la película que a Nanuk una nevera en el polo norte. La dirección de actrices, una de las características más destacables del cine de Sherman, brilla por su ausencia. En esta ocasión es en los secundarios donde está la poca miga de este mendrugo, con Ed Begley, ese ogro con cara de troll que tanto se paseó por funciones de este tipo, aquí muy desaprovechado, o Edmond O' Brien, otro que tal. Por lo que al final nos queda no es más que un noir más, entretenido, veloz y a salto de mata, cuya media hora inicial presagia un par de pelotas botando al ritmo de Cherry Pie para quedarse finalmente en simple arrumaco, con una trama que avanza a toda costa, caiga quien caiga, como escrita por un buen guionista perdiendo el amor propio, cruzando la meta a manotazos pero dejando destellos de clase por el camino, como la del tipo que al plantearse qué negocio montar, tras pensar que no hay nada más seguro que los impuestos y la muerte, opta por una funeraria en una demostración de lógica aplastante. Y es que si a uno le gusta el tomate acaba cayendo también en el ketchup. Y en fin, hay que admitirlo, tan disfrutable como olvidable.
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6 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
¿Qué sucedió con Steve Connelly?
En la irregular pero interesante filmografía de Vincent Sherman hay productos de todo tipo –de calidad muy variable y casi nunca del todo mediocre- como esta entretenida e intrascendente trama de cine negro hilvanada en su primera hora en forma de flashbacks narrados por diversos personajes y en la que un veterano de guerra, Bob Corey, interpretado sin demasiada gracia por Gordon McRae, trata de averiguar el paradero de su amigo y compañero de armas Steve Connelly. Buen pulso del maestro Sherman, mejores los actores secundarios que los protagonistas, como el siempre eficaz Edmond O’Brien, al servicio de una enrevesada trama –privilegio habitual del cine noir- que no aporta mucho a la filmografía de Vicent Sherman salvo la gramática del flashback, utilizada no de modo tan original como en otra de sus grandes películas: “Nora Prentiss” (1947). En todo caso, razonable.
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil