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Crítica de Sinhué
Cáceres, España
9
El paraíso ahora
El paraíso ahora (2005)
  • 7,2
    11.831
  • Palestina Hany Abu-Assad
  • Kais Nashef, Ali Suliman, Lubna Azabal, Amer Hlehel, ...

Aquí están el infierno y el paraíso. ¡Hay que elegir, ya!

1 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
En la zona norte de los territorios ocupados de Cisjordania, Khaled y Said, que crecieron juntos entre las rocas calcinadas y los campos sembrados de alambre, tratan de poner un poco de orden en su sempiterna confusión que les mantiene amarrados, entre la inoperancia y la imposibilidad de volar, única opción para huir del sesteo y la indignidad de una vida que no merece dicho nombre. Cavilan, imaginan, sueñan, dudan y planean; con la guadaña de la incertidumbre y el error silbando bajo sus pies y sobre sus cabezas.

Todos sabemos que la desesperación es la peor consejera de los jóvenes, incluso de aquellos que se sienten mordidos por la injusticia y el abuso; y que los pájaros de mal agüero anidan en las conciencias de los impulsivos y se dedican a picotear la materia gris de sus cerebros. ¡Pero qué fácil es analizar con estudiada frialdad, a miles de kilómetros de Naplusa, desde el sofá, delante del televisor, mientras el horno se ocupa en pintar de oro el lomo del cochinillo!

Hany Abu-assad, palestino, ciudadano israelí, con formación occidental, es no solo de las personas más informadas en este eterno conflicto, también es de las voces más autorizadas al gozar de tan diversas perspectivas y plantear realidades que deben cambiar radicalmente para encontrar soluciones viables.
Por eso se entiende menos la ultra-resistencia judeo-ortodoxa que solo admite como solución la invisibilidad o exterminio del vecino ( no dudo que esta postura tenga estolones en la otra banda fronteriza), que lleva al lobby sionista a perseguir la expresión libre y artística de un creador que busca razones y brotes de entendimiento.

Al menos a mí la película me plantea la necesidad de acuerdos, puntos de encuentro y cese de violencia; porque aunque algunos se empeñen en lo contrario, la angustia no es un estado de ánimo natural y, salvo para los vendedores, a todos, la paz nos interesa más que la guerra.
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