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Críticas de Juanma
Críticas ordenadas por:
La novia
La novia (2015)
  • 6,9
    12.747
  • España Paula Ortiz
  • Inma Cuesta, Asier Etxeandia, Álex García, Luisa Gavasa, ...
2
Moderneces.
Adaptar un clásico siempre conlleva asumir ciertos riesgos. Y más si ese clásico pertenece a la pluma de Federico García Lorca. Paula Ortiz, en su segundo largo tras la cámara, ha decidido encararse a las adversidades que contiene un texto como, nada menos, el de "Bodas de sangre". Y ante la disyuntiva de afrontar su traslado al formato cinematográfico, la aragonesa ha apostado por desvincular su adaptación de las más clásicas y teatrales, también más esperables y acomodaticias, formas en las que se suele llevar al cine el teatro nacional.

Doble riesgo, por tanto, el de la directora que, no sólo se las tiene que ver con la lírica y el hondo subtexto que yace en los versos de Lorca, sino que además ha visto en tremendo material, ocasión más que favorable para asentar un atisbo de 'estilo' en su labor de directora. No se le puede negar cierto 'toque' personal o, por lo menos, cierta intención/ambición autoral, pero lo que, desde luego, deja claro "La Novia" es que a Ortiz le pueden sus ansias de desmarcarse del camino trazado y que, precisamente por alejar a su criatura de lo trillado, acaba triturándola en un indeleble desierto de esteticista nadería.

Toda la fuerza y la desazón de la obra original, por no hablar de su simbolismo trágico, desaparecen en esta adaptación por culpa de la constante y pesarosa insistencia de su directora en construir una atmósfera fílmica a base de efectismos visuales y sonoros, una opción más acorde con el lenguaje publicitario que con el cinematográfico, lo que convierte a los personajes de Lorca en insustanciales marionetas al servicio de un discurso inconexo, donde hasta la puesta en escena ideada para la ocasión desvela su artificio, repercutiendo en la inverosimilitud del conjunto, que se revela incapaz de eludir la más plana teatralidad, por mucho que Ortiz se empeñe en alejarla de su matriz originaria con edulcorados y ensimismados ornamentos.

En definitiva, "La Novia" parece más apta para seguidores de la MTV que para adeptos al dramaturgo y poeta granadino. No está mal pensado, teniendo en cuenta los derroteros de la cultura española en los últimos tiempos. Puede que, en opinión de algunos, la película "La Novia" sea una propuesta modernizadora de un clásico. Puede. Eso está bien para los consumidores de la omnipresente "cultura de masas". Para mi, "La Novia" representa simplemente lo que es: una mala y desvirtuada adaptación de una obra magistral.

https://actoressinverguenza.wordpress.com/2015/11/19/critica-de-la-novia-moderneces/
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37 de 60 usuarios han encontrado esta crítica útil
Todo parecía perfecto
Todo parecía perfecto (2014)
  • 5,9
    125
  • España Alejo Levis
  • Jordi Rico, Andrea Trepat, Clara Gali
6
El cine de lo irreal.
Ayer se inauguraba también, con bastante expectación, Zonazine. La sección paralela por antonomasia del certamen, también competitiva, tiene programados seis títulos sacados de lo más jugoso que el cine independiente o directamente low cost nos tiene reservado para este 2014. La encargada de abrir fuego fue Todo parecía perfecto, con la que debuta en el largo el habitual cortometrajista Alejo Levis. Decir que Zonazine otorga al crítico razones más que suficientes como para preferirla en muchas ocasiones a la Sección Oficial es decir mucho, pero lo que sí ha demostrado Zonazine a lo largo de su historia es la de poseer el acierto para programar títulos de ambiciones y usos del todo diferenciados al cine para el gran público. Una prueba de ello la ha supuesto Todo parecía perfecto, cuyo quid lo encontramos en la frase que la cierra, que venía a decir algo así como que ‘no hay que entenderlo siempre todo’. Y es que, sólo con esta máxima en la cabeza, ha de enfrentarse un espectador de a pie al visionado de esta curiosa y exquisita ópera prima.

Tras un arranque en verdad subyugante, donde no es difícil reconocer la influencia del cine más representativo de Jean-Pierre Jeunet (por la peculiar atmósfera que transpira, por su colorista y candorosa fotografía, por la enigmática irrealidad de lo que nos cuenta), Levis logra dar forma a un film dividido en cuatro capítulos de tono y alcance distintos, donde se disimulan de manera notable las carencias presupuestarias alcanzando un acabado formal ciertamente admirable y que podría pasar por una entrañable y cursi historia de amor entre un joven científico y la chica de sus sueños (perfectos ambos, irresistiblemente encantador él, Jordi Rico, agriamente pragmática ella, Andrea Trepat), si no fuera porque la recorre de principio a fin una desazón incómoda, como aquella que se nos queda en el cuerpo tras despertar bruscamente de un mal sueño. Creemos que la comparación no está cogida por pinzas y es que Todo parecía perfecto viene a ser un sugestivo puzzle sin lógica alguna, la misma que encierran los sueños. Por ello, es recomendable acercarse a ella libre de prejuicios, con el razocinio emocional fuera de juego y las leyes de la narrativa clásica cinematográfica encerradas en un arcón.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
A escondidas
A escondidas (2014)
  • 5,8
    1.341
  • España Mikel Rueda
  • Germán Alcarazu, Adil Koukouh, Ramón Agirre, Álex Angulo, ...
5
Amor gay echado a perder.
A escondidas, debut en la dirección de largometrajes de Mikel Rueda, una película pequeña y de embalaje sencillo y funcional que ha levantado numerosas adhesiones entre la crítica especializada, que ya la cuentan también entre las favoritas a premio en esta edición. Esta historia de flechazo homosexual entre dos adolescentes, uno español y otro inmigrante marroquí, trata de apartarse de los tan manidos lugares comunes sondeados por tantos dramas de idéntica o parecida temática, para contar libre de prejuicios el nacimiento del amor en el momento de nuestras vidas en el que más puro, más cándido y más irreflexivo, menos condicionado es. Sin embargo, y a pesar de un arranque en verdad prometedor, donde en montaje asincrónico vamos descubriendo los pormenores de esa atracción mutua que se establece entre los dos protagonistas, la cinta se trunca en su tercio final.

Lo que había comenzado con un interesante planteamiento, que lograba salvar (a veces in extremis) las convenciones establecidas, se tuerce cuando el guión deja de poner el foco en la mutua atracción que une a los protagonistas y dota de importancia al conflicto dramático llamado a condicionar y dotarle de dimensiones trágicas a la pareja. Y no porque tal conflicto esté mal planteado, al contrario: la verosimilitud al respecto cobra en A escondidas un alto nivel de ejecución; sino porque la brillantez de su inicio desemboca en situaciones forzadas y un tanto raquíticas en lo que a la relación de los dos chavales se refiere. Los buenos diálogos del principio se transforman entonces en frases de manual y el naturalismo, tan caro de conseguir, de sus actores debutantes se convierte en impostura al final, cuando los intérpretes han de lidiar con secuencias y situaciones, quizás, algo alejadas de sus propias vivencias personales y en las que se percibe de forma molestamente evidente el coach al que han sido sometidos para su correcta ejecución. Las presencias en papeles de colaboración de los siempre eficaces Álex Angulo y Ana Wagener otorga cierta dignidad al producto final.
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10 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
Carmina y amén.
Carmina y amén. (2014)
  • 6,6
    15.523
  • España Paco León
  • Carmina Barrios, María León, Paco Casaus, Yolanda Ramos, ...
5
Carmina revienta.
A pesar del presumible éxito que le podría deparar a Carmina y amén en el certamen, hemos de confesar no encontrarnos en el grupo de fieles defensores del film y es que, aún reconociéndole virtudes aisladas, la cinta se nos presenta un tanto irregular. Con algún que otro gag ciertamente memorable (el que hace referencia a Lady Gaga es de traca, sin duda), esta secuela vuelve a sostenerse sobre el carisma irreductible de su personaje central, pero esta vez León opta por dotarlo de una amargura y hondura que claman por el estremecimiento del espectador, queriendo conquistarlo ya no sólo en las risas, sino también en la emoción. Lo consigue por momentos, incluso le propicia a su cinta un final absolutamente esperanzador, un desvergonzado ‘canto a la vida’. El problema nace en la conjunción de la vertiente casposa que reinaba en la primera película con esta inesperada introspección en el drama. Y es que si el personaje central resulta asumible por igual en sus dos caras, la grotesca y la trágica, no sucede lo mismo con el desarrollo de Carmina y amén.

El chascarrillo parece estar insertado sólo para contentar a los fans de la primera entrega, dilatando en exceso y sin motivo una trama que pedía a gritos algo más de cohesión y no sólo la que propicia la inabarcable presencia de Carmina. Por momentos, algunos pasajes del film parecen sketches independientes, más propios de un late night televisivo que de un producto cinematográfico, algo que al espectador que no casara a la perfección con el planteamiento de Carmina o revienta le llevará irremisiblemente a abrigar la pesadez, por la incontenible sensación de que Carmina y amén dura más de lo que era necesario. No obstante, a pesar de la evidente pérdida de frescura ocasionada por la mayor amplitud de medios, es de alabar en la cinta su apuesta frontal por huir del escatologismo vulgar que poblaba la primera y matizar, madurar, los gags adentrando toda la peripecia en un sano por irreverente humor negro. Algo que, junto a las entonadísimas interpretaciones de sus actrices (Carmina Barrios y María León principalmente, pero también algunas secundarias), se debe contar como la gran virtud de Carmina y amén.
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21 de 30 usuarios han encontrado esta crítica útil
La cueva
La cueva (2014)
  • 5,5
    5.666
  • España Alfredo Montero
  • Marcos Ortiz, Marta Castellote, Eva García-Vacas, Jorge Páez, ...
3
Crónica de una muerte anunciada.
El entusiasmo que despertó ayer la Sección Oficial tenía que verse empañado sí o sí en Zonazine. Como dice el refrán: nada es perfecto. Tras los buenos augurios del sábado en la sección paralela, el domingo le tocaba el turno a la presentación de La cueva, film adscrito al fantástico que ya pudo verse en el Festival de Sitges y que llegaba a Málaga suscitando bastantes expectativas. Pero esta historia de cinco amigos que, durante unas vacaciones en una isla, encuentra una cueva y deciden explorarla quedando atrapados, perdidos, desorientados, en su interior ya la habíamos visto antes. Dirigida por Alfredo Montero, la cinta quiere provocar miedo a través del empleo del ya, por desgracia, muy manido punto de vista subjetivo. Y es que, a estas alturas, tras éxitos del calibre de la saga [REC] o de El proyecto de la bruja de Blair (The Blair Bitch Project) (1999), de Daniel Myrick y Eduardo Sánchez, sorprende y asusta ya muy poco una película que supedita su sensación de miedo al uso de la cámara al hombro, lo que podría servir de indicio a pensar en el agotamiento de la fórmula.

La cueva no da miedo, logra generar un clima agobiante y descorazonador, salpicado de momentos de angustia, claustrofobia e instantes aislados de tensión, pero todo ello es más producto de la confusión que genera su aparato formal que de una puesta en escena plenamente trabajada. De hecho, es tanta la dependencia que el alcance final del film tiene del empleo de la cámara subjetiva que son muchas las dudas que nos asaltan sobre si sin tal recurso la historia hubiera podido funcionar. Y la certeza llega en el epílogo, cuando se abandona lo subjetivo por un punto de vista objetivo y toda la intencionalidad enfermiza que transpiraba la película desaparece, con un final complaciente y del todo innecesario. Una lástima, porque el estudio de comportamientos al que se prestaba la premisa del film podía haber generado una película demoledora, algo que La cueva sólo consigue ser en momentos aislados.
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37 de 57 usuarios han encontrado esta crítica útil
Amor en su punto
Amor en su punto (2013)
  • 4,7
    1.053
  • Irlanda Teresa Pelegri, Dominic Harari
  • Richard Coyle, Leonor Watling, Ginés García Millán, Simon Delaney, ...
6
Ablandarse es un placer.
La segunda película del día terminó de redondear la tercera jornada en la Sección Oficial y, aunque reconozcamos que Amor en su punto (The Food Guide to Love), de Dominic Harari y Teresa de Pelegri, se nos antoje un film en exceso convencional para ser programado en el apartado más importante del certamen, también es cierto que la dignidad global del producto justifica su presencia en Málaga, incluso, por encima de otras propuestas. Fiel al consabido esquema imperante en la comedia romántica tradicional, ya sabéis: el clásico ‘chico conoce a chica/chico pierde a chica/chico recupera a chica’, Amor en su punto no deja de ser una cinta de bonita factura y agradable desarrollo que, aunque previsible, también es muy disfrutable. La comedia romántica es un género en el que resulta difícil, casi imposible, innovar y desmarcarse y, con tremendo hándicap en su contra, la película sabe cómo mantener el tipo sin decaer en los topicazos del mismo.

Por ejemplo, sus directores, con la lección bien aprendida, saben imprimir el ritmo adecuado a su criatura, otorgándole las suficientes dosis de romanticismo, edulcorado sí, pero sin empalagar. Incluso logran apelar a la emoción en un inusitado momento, imprevisto y novedoso en este tipo de películas, que a este servidor le reblandeció de manera inesperada. Y cuenta, para terminar con los aciertos, con las interpretaciones de una pareja protagonista que se logran compenetrar en perfecta sintonía, él (Richard Coyle) componiendo con notable apostura de galán un difícil rol por su manifiesta condición de antipático; y ella (Leonor Watling) tirando de su indudable encanto personal para resultar en todo momento absolutamente arrebatadora en su brillante frescura.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Os fenómenos (Los fenómenos)
Os fenómenos (Los fenómenos) (2014)
  • 6,3
    1.226
  • España Alfonso Zarauza
  • Lola Dueñas, Luis Tosar, Juan Carlos Vellido, Miguel de Lira, ...
8
Neneta era necesaria.
La jornada se abría con cierta expectación con el pase de Los fenómenos, segundo largo de Alfonso Zarauza, que se atreve a contar algo todavía en pañales en nuestra cinematografía: el inicio de la crisis económica y, por ende, social que todavía arrastramos en la actualidad. Para ello, Zarauza pone en el centro de su película a una joven madre que, buscando dar sentido de una vez por todas a su renqueante vida, entra a trabajar como peón en el sector de la construcción. Desde ahí, situados en el mismo ojo del huracán desde el que se propagó a todos los lados la fatal tragedia y aún a riesgo de que lo que se nos va a contar pueda sonarnos a tópico dada su trascendencia mediática, por todos conocida, Zarauza pone en pie un pormenorizado drama con notables tintes sociales que supera las crónicas informativas para centrar su mirada en el drama interno de los personajes, dando forma en su conjunto a una película necesaria y oportuna, cuyo guión tiene múltiples aristas y frentes narrativos, componiendo con todos ellos una ficción compacta, que ofrece una visión escrutadora de los inicios de la crisis.

Recorrida toda ella por un entrañable y desopilante humor, Los fenómenos puede y merece adscribirse al mejor cine social parido aquí, de ese que saca las miserias del contexto para contraponerlas a la inocencia de las víctimas de la injusticia; aquel en el que la emoción del drama sacude y remueve sin excesos, sin imposturas y donde las risas fluyen con naturalidad y absoluta cotidianidad, como la vida misma. Se le puede achacar cierta irregularidad en el perfilado de algunos personajes, pero es un error que tampoco ensombrece las virtudes alcanzadas por el grueso del film y que, en última instancia, logran soliviantar los trabajos de sus actores. Estos, en conjunto, funcionan en absoluto estado de gracia, respirando mucha verdad todos sus personajes, especialmente el grupo de secundarios destacados que comanda admirablemente Miguel de Lira, aunque claramente sea Lola Dueñas la que literalmente se salga de la pantalla, componiendo una Neneta que será muy difícil de olvidar. Su trabajo huele a premio de interpretación y Los fenómenos debería figurar (y a lo grande) en el palmarés final.
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7 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
La maniobra de Heimlich
La maniobra de Heimlich (2013)
  • 3,9
    181
  • España Manolo Vázquez
  • Jacob Torres, Alba Yáñez, Miki Esparbé, Marta Torné, ...
1
El valor de uno mismo.
Tampoco ofrecía muchas expectativas de entrada La maniobra de Heimlich, de Manolo Vázquez, pero lo que no esperaba era que el resultado final fuera a ser tan terriblemente desolador. ¿Y qué esperar de un film cuya idea de partida es la de realizar un falso documental ficcionado sobre el proceso de adaptación y rodaje de una novela a una incoherente obra audiovisual destinada a los circuitos de arte y ensayo? Hay que reconocerle a Vázquez la capacidad de su película por pretender reírse de sí misma en todo momento, imponiendo en el espectador la obligación de juzgar y de observar con distancia todo lo que acontece en pantalla. Por ahí bien, el problema radica en que lo que se nos cuenta carece por completo de interés, incluso del analítico.

Por ello, La maniobra de Heimlich supone un film que, enfocado de otro modo, a lo mejor hubiera podido derivar en un producto medianamente curioso, pero su manifiesta intención por significar una broma en sí misma anula las escasas posibilidades que hubiera poseído la idea original. O eso o que el marco de un festival, donde se llegan a visionar tantos films casi al unísono y se hace complicado no establecer comparaciones, repercuta en la percepción del film. Hay en La maniobra… escenas, momentos, apuntes que despiertan un poco del sopor, como el hecho de asistir a los trabajos de Jordi Vilches y, sobre todo, Marta Torné interpretándose o reinventándose a sí mismos, pero lejos de estos elementos aislados, La maniobra de Heimlich termina pesando por su estirada autocomplacencia.
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5 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
10000 KM
10000 KM (2014)
  • 6,4
    9.334
  • España Carlos Marques-Marcet
  • Natalia Tena, David Verdaguer
10
El amor sí puede
10.000 km. es otro debut, en este caso de Carlos Marques-Marcet, del que debería hablarse (y mucho y para bien) en los próximos meses. Vencedora de la muestra malagueña, las virtudes de 10.000 km. no deberían quedarse ahí y trascender hasta alcanzar la todavía lejana temporada de premios del año que viene. Su inicio, un largo, sensible e impoluto plano secuencia en el que asistiremos al despertar cotidiano de la pareja protagonista ya merece todos los elogios por sí solo. Pero la cinta crece a medida que avanza, pues estamos ante un relato preciso, rebosante de un conmovedor realismo, sobre la evolución de una relación sentimental con el obstáculo que supone (a todos los niveles, físicos, sexuales y sobre todo emocionales) la distancia que da nombre a la película. Y a pesar de estar contada a través de varios recursos expresivos, utilizando desde webcams hasta vídeos grabados con móviles y fotos, 10.000 km. resulta una cinta profundamente clásica, que expone sin estridencias un concepto de puesta en escena que rebosa elegancia y sentido del detalle en cada uno de sus elementos.

Sustentada de forma maravillosa en la labor de su pareja protagonista (magníficos, magnéticos, inolvidables ambos, David Verdaguer y Natalia Tena), la cinta alcanza una calidez desacostumbrada, resultando siempre íntima y tierna, pero también muy dolorosa. Aunque, eso sí, no se coarten los momentos más amargos, prima siempre en su conjunto una especie de ‘canto al amor’ y al cariño, que supone un doble mérito cuando además 10.000 km. cuenta cosas que habitualmente son entendidas por el conjunto de la población como perjudiciales para el buen funcionamiento de una relación sentimental: la distancia, en primer plano, pero también los celos o la infidelidad. Por encima de ello, la película demuestra estar cimentada en la ‘verdad’, pudiendo verse casi sin esfuerzo como un reflejo de la vida misma, donde nunca existe sólo el blanco y negro. Cruda, tangible, extraordinariamente bonita, Marques-Marcet ha debutado en el largometraje con uno de los relatos más honestamente románticos que se han visto en los últimos años en una pantalla grande, una película que encima deja poso.
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6 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
Toastmaster (El maestro del brindis)
Toastmaster (El maestro del brindis) (2014)
  • 5,5
    107
  • España Eric Boadella
  • David Hovan, Sevag Mahserejian, Kali Flanagan
5
Kusturica en L.A.
La cinta, que Boadella ambienta en Los Ángeles y donde se ocupa de una desconocida tradición armenia, la de los ‘Maestros del brindis’ o lo que podría traducirse en nuestra jerga habitual como el ser un elocuente e inspirador anfitrión en banquetes y celebraciones, brilla en su planteamiento precisamente por la ligereza y la frescura que desprenden sus imágenes y por la inusitada y entrañable comicidad que encierra su trama principal, la de un viejo y mugriento tío que tratará de inculcar en su casi desconocido sobrino la herencia familiar de perpetuar en su persona la honorable tradición del ‘toastmaster’. Durante su primer tramo, Boadella consigue seducir por su inevitable adhesión en sus momentos más surrealistas con el recuerdo al cine de Emir Kusturica, solapados por esa apariencia indie que envuelve a toda Toastmaster.

Sin embargo, la trama acaba evidenciando más pronto que tarde no servir para sustentar el metraje de un largometraje y la tierna y simpática historia de iniciación que se nos prometía en un comienzo se desinfla a lo largo de un desarrollo realmente embrollado y donde no queda realmente claro qué aspectos de la trama principal priman sobre otros. Por ello, Toastmaster termina poniendo de relieve la imprecisión de su estructura narrativa y sus aisladas virtudes se empobrecen a lo largo de un metraje excesivamente dilatado por la escasa sustancia que contiene. Otra verdadera lástima (y en este festival ya van…), pues además la cinta de Boadella descubría dos estupendas interpretaciones de su pareja protagonista: el veterano David Hovan y el debutante Sevag Mahserejian, sobre el que además se asienta de manera bastante solvente todo el peso de esta, en definitiva, curiosa y singular película.
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1 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Dioses y perros
Dioses y perros (2014)
  • 5,4
    1.112
  • España David Marqués, Rafael Montesinos
  • Hugo Silva, Megan Montaner, Juan Codina, Enrique Arce, ...
6
A golpes (y a carpetazos)
No cobijábamos muchas esperanzas respecto a este film y, para ser sinceros, hay que reconocer que Dioses y perros sorprende (para bien) a lo largo de prácticamente todo su recorrido. Es la historia de un sparring de boxeo, hastiado de la vida que le ha tocado vivir, rodeado de miseria existencial en sus allegados, pero sobre todo en sí mismo, que intentará dar un vuelco a su vida tras conocer a una joven profesora de primaria. A priori, nada en la premisa argumental de Dioses y perros parece propiciar elementos novedosos y de interés, algo que tampoco fomenta la contextualización casi marginal en la que Marqués sitúa su historia ni mucho menos el hecho de poder ser entendida como una película más sobre el (sub)mundo del boxeo. Y son precisamente estos clichés y lugares comunes que atesora su idea de base sus mayores virtudes, por la simple razón de no acoplarse ni dejarse influenciar a lo largo de su metraje por tremendos obstáculos.

Dioses y perros no debería ser tachada ni como otra película de boxeo, ni como otra película de tintes sociales ubicada en el extrarradio de una gran ciudad; sino más bien como una solvente y encubierta comedia romántica, con buenos apuntes críticos a la realidad social que pretende retratar, pero sobre todo con una muy medida y bien planteada historia de amor fraternal entre dos hermanos más que unidos, dependientes el uno del otro, por un trágico accidente. Es en esta subtrama donde la cinta de Marqués cobra verdadera intensidad, logrando paliar de algún modo el mal entramado que caracteriza al resto de tramas secundarias del film. Pero también obtiene buenos resultados de la bonita y simpática historia de amor que se impone pronto como eje vertebrador de todo el conjunto, algo que fomentan las actuaciones de la práctica totalidad del reparto, con un especialmente atinado y sobrio Hugo Silva, que sostiene con admirable tesón todo el peso de una cinta donde también resulta obligado destacar los trabajos de Elio González y una radiante Megan Montaner. Lástima que en los últimos compases del film, a Marqués le dé por concluir su película de una manera tan abrupta y tan absurdamente primaria (y no nos referimos al contundente golpe final de la función, sino al planteamiento tan precipitado de la conclusión de todos los conflictos), echando a perder con tan irrisorio carpetazo la digna categoría en la que había venido jugando el film la mayor parte del tiempo.
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3 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
O ouro do tempo
O ouro do tempo (2013)
  • 4,5
    67
  • España Xavier Bermúdez
  • Ernesto Chao, Nerea Barros, Manuel Cortés, Marta Larralde
4
La muerte en el tiempo
La quinta jornada del certamen se inició con la proyección de O ouro do tempo (El oro del tiempo), último largo dirigido por Xavier Bermúdez, que parte de una situación ciertamente extraordinaria, la de un viejo doctor que tras enviudar en su juventud criogeniza el cuerpo de su bella mujer con la esperanza de poder resucitarla en el futuro, para llevar a cabo un contemplativo y diáfano retrato de la poderosa capacidad del amor para trascender la vida misma y perdurar a lo largo del mismo tiempo, equiparando esta característica de eternidad sin mácula a la decrepitud física a la que, como mortales, todos estamos expuestos por la simple y obvia erosión precisamente del tiempo. En tiempos donde la mercadotecnia impone de manera aberrante y casi unidireccional los usos y actitudes a llevar a cabo para la realización de una obra cinematográfica, siempre será de agradecer la apuesta formal que plantea Bermúdez en su cuarta película: puesta en escena reposada, planos fijos y desapasionados, narración episódica y acompasada; todo ello para sustentar una reflexión entre melancólica y romántica sobre el tiempo, contraponiéndolo a la belleza casi plástica de las localizaciones naturales de las que la magnífica fotografía de Alfonso Sanz logra extraer el componente justo de belleza que contrarreste la pesada tristeza que pueda desprenderse de tremenda imagen retórica.

Sin embargo, la esculpida sencillez de El oro del tiempo entroncará gravemente con los hábitos de un espectador no iniciado. Y es que, por desgracia, ni siquiera la morbosa equiparación con el genio de Luis Buñuel, en el sentido vouyerista exhibido por el film de Bermúdez y en la desconcertante tensión sexual que se establece entre sus dos personajes protagonistas (el anciano doctor y su joven y escultural cuidadora), podrá servir de revulsivo para captar la atención a lo largo de todo su metraje, que por su austera y desafectada narrativa genera una desaconsejable distancia en el espectador. Ciertamente, El oro del tiempo merece consideración especial por lo valiente y personal de su propuesta, por su abierta condición de ser un film ajeno a modas o clichés y por significar además una obra introspectiva, capaz de invitar durante su contemplación a plantearse cuestiones que van más allá de las imágenes que ofrece. Y, precisamente por ello, El oro del tiempo nace ya absolutamente maldita, incapaz por su propia naturaleza de trascender la mera categoría intelectual y de acceder incluso a circuitos de distribución normalizados.
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1 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Por un puñado de besos
Por un puñado de besos (2014)
  • 3,8
    880
  • España David Menkes
  • Ana de Armas, Martiño Rivas, Marina Salas, Megan Montaner, ...
1
Irrisorio romanticismo.
Basada en la novela “Un poco de abril, algo de mayo y todo septiembre”, de Jordi Sierra i Fabra, la cinta es, en la teoría, un drama romántico sobre una joven pareja en extrañas circunstancias, pero en la práctica, Por un puñado de besos ha proporcionado a la 17ª edición de este Festival de Málaga las mejores y sonadas carcajadas que se han oído a lo largo de estos días de competición. Risas, claro está, totalmente improcedentes respecto a los objetivos pretendidos por el film y que otorgan una idea bastante fiel del desastre que impera a lo largo y ancho del metraje. Y es que, en su inabarcable pretensión de ser desmesuradamente romántica, Por un puñado de besos consigue unos resultados del todo inesperados: ser insosteniblemente cómica, al estar poblada de diálogos dignos de una filosofía de carpeta adolescente y de situaciones cuyo planteamiento responde más al postureo publicitario o de videoclip que a necesidades de puesta en escena mínimamente cinematográfica.

Innecesarias pantallas partidas, fotografía de Instagram, omnipresencia de la banda sonora (muy bien, eso sí, la selección de temas musicales) decoran una película que puede ser tachada (para mal) del típico producto concebido para consumo adolescente. Lo grave del asunto es que su guión es tan malo, está tan chapuceramente construido, que da la impresión de estar escrito también por quinceañeros. Desconozco qué nivel de fidelidad con la obra original posee esta Por un puñado de besos y si la inverosimilitud que la envuelve es heredada de las páginas de la novela, pero lo cierto es que la irresistible y para nada pretendida comicidad que provoca su visionado es producto de la extrema ridiculez que la puebla en todos sus apartados, incluso el interpretativo. Vale, sí, es verdad que ni el más rodado de los actores podría hacer mucho para defender algo tan indefendible como lo que propicia Por un puñado de besos, pero que ninguno de los intérpretes muestre ni la más mínima voluntad para salvar los escollos ya es de órdago, sobre todo una imposible pareja protagonista, con Ana de Armas manteniendo equivocadamente su acento y resultando increíble de tanto tic infructuoso empleado; y Martiño Rivas que opta por una actuación insípida y soberanamente sosa, como si con ello pudiera justificar la cobardía de su personaje.
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2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
The Extraordinary Tale of the Times Table
The Extraordinary Tale of the Times Table (2013)
  • 5,2
    478
  • España José F. Ortuño, Laura Alvea
  • Aïda Ballmann, Ken Appledorn, Mari Paz Sayago
7
Extraordinaria joya.
The Extraordinary Tale (of the Times Table), de Laura Alvea y José F. Ortuño, de lejos la película más conseguida de todas las ofrecidas por la sección paralela del Festival de Málaga, más digna de haber competido en la Sección Oficial que en Zonazine y no porque estar aquí suponga un desmérito, sino por ser rematadamente más buena que muchas de las programadas en el Teatro Cervantes. Con un punto de partida que, para qué negarlo, puede traernos a la memoria el recuerdo de Amelie (2001), de Jean-Pierre Jeunet, por el entrañable colorido de su fotografía, por la candidez que nos despiertan los compases de su banda sonora y por el matiz naif que impregna la descripción de sus personajes, The Extraordinary Tale pronto se atreve a cruzar la delgada línea roja marcada por su manifiesto referente y se distancia del mismo abordando con no poca indulgencia los ásperos terrenos de lo macabro, desprendiéndose del conjunto de su desarrollo un impensable humor negro que ofrece una vitalidad contagiosa a toda la película.

Con un único escenario y un muy limitado número de personajes, los directores cosiguen poner en pie una historia que juega en todo momento en los márgenes de lo inverosímil y que, precisamente por ello, se puede permitir el lujo de ser abiertamente desmesurada en su desarrollo. Excéntrica, extravagante, por momentos rídicula en su buscado infantilismo, pero siempre profundamente bella y maravillosa, rebosante de energía, también de una rara y admirable personalidad propia, la cinta con la que debutan Alvea y Ortuño puede presumir de poseer, a su modo, un encubierto romanticisimo con el que lanzarse a hablar del amor desde una óptica un tanto políticamente incorrecta. Y además, cuentan en el viaje con la inestimable ayuda de dos intérpretes en estado de gracia, sirviéndose encomiablemente bien de las particulares características de Ken Appledorn pero, sobre todo, de la rabiosa empatía que genera Aïda Ballman, que decora gratificantemente su interpretación con recursos expresivos propios del clown y obtiene un trabajo sobrado del encanto inherente a un cuento de hadas, el mismo que desprende esta, en definitiva, deliciosa joya.
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11 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil
Todos están muertos
Todos están muertos (2014)
  • 5,6
    2.311
  • España Beatriz Sanchís
  • Elena Anaya, Angélica Aragón, Nahuel Pérez Biscayart, Christian Bernal, ...
8
Asumir el pasado.
Ante tremendo panorama, a media mañana apareció Todos están muertos, debut en el largometraje de Beatriz Sanchís, que hizo subir de golpe y porrazo el listón dentro de la Sección Oficial del Festival de Málaga. Tras un inicio ciertamente desconcertante, la voz en off de un niño se dirige a un personaje indeterminado y nos muestra la especial relación y existencia de su peculiar familia, una abuela mexicana y una madre antigua estrella del rock que vive recluida en casa haciendo tartas de manzanas, Todos están muertos impone pronto en pantalla un sello diferenciador, marcando en seguida las distancias no ya sólo con el resto de cintas a competición en la muestra malagueña, sino también con la mayor parte de la producción nacional del momento. Y la culpa o, mejor dicho, el mérito de ello es la insólita y reveladora manera con la que Sanchís se atreve a hablar de algo tan común en el cine mundial como son las familias rotas: desde una óptica que no muestra reparos en adentrarse en los caminos del realismo mágico sudamericano, además de una forma terriblemente natural y espontánea, lo que se apodera de toda la película dotándola de una magnética ternura.

Con tan irresistible atmósfera, luminosa y elocuente del afecto y la comprensión con la que están escritos todos los personajes y sus conflictos, Todos están muertos se sirve de constantes símbolos (el pelo, el despertador, los pasos de los personajes) para ir descubriendo con exquisita sensibilidad el viaje hacia la luz interior, hacia la calma y la estabilidad que lleva a cabo su torturada protagonista, logrando hablar en el camino, valiente como pocas, de temas incluso hasta espinosos (la muerte, obviamente, pero también la maternidad no asumida e irresponsable o algún otro algo más polémico que no desvelaremos aquí), eludiendo todo lo de maniqueo que tales asuntos pudieran conllevar y tratándolos con una sencillez tan loable que, en última instancia, habla maravillas de la inteligencia con la que Sanchís, autora también del guión, ha tejido todos y cada uno de los pormenores de su historia. Una película sin trucos, certera y profundamente honesta, que consigue además algo tan bonito como es estar vehiculada emocionalmente por la música, siendo ésta un compendio de las vibraciones imperantes en los sonidos de la famosa movida madrileña, que sirve de parte inspiradora del relato, pero también de la melancolía que inundó al rock en los noventa, momento en el que se ubica la narración. Y, para rizar el rizo de los aciertos, Todos están muertos sirve una de las interpretaciones más conmovedoramente redondas de Elena Anaya, intérprete que demuestra aquí haber comprendido y asimilado incluso hasta los rincones más oscuros de su personaje. La mexicana Angélica Aragón ofrece el perfecto contrapunto de emoción en uno de los, a buen seguro, mejores debuts del año.
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10 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
La vida inesperada
La vida inesperada (2014)
  • 5,7
    5.586
  • España Jorge Torregrossa
  • Javier Cámara, Raúl Arévalo, Carmen Ruiz, Tammy Blanchard, ...
7
Deliciosos sueños rotos.
La vida inesperada, segundo largo de Jorge Torregrossa, con guión de Elvira Lindo, deja mejor sabor de boca de lo que nos temíamos. Para esta historia de dos primos que se reencuentran en la ciudad de las oportunidades por excelencia, Nueva York, centrada en remarcar las bondades del individuo y en hacer hincapié en la tragedia personal que puede suponer madurar de golpe y porrazo y entender que aquello por lo que tanto luchabas jamás llegará a ser un sueño hecho realidad, Torregrossa parece haberse chutado de lo mejorcito de la comedia dramática norteamericana, con Frank Capra como referente espiritual y el clasicismo de Rob Reiner y Nora Ephron como probeta donde operar. La mezcla les sale bastante bien a Lindo y Torregrossa, significando para ambos La vida inesperada un cambio de signo bastante elocuente de la madurez y la experiencia adquiridos, proporcionando al espectador un producto de sólido andamiaje, sin costuras, perfectamente equilibrado en su mezcla de comedia y drama, que genera una película verdaderamente amable y deliciosa, tan apta para la taquilla como podría serlo cualquier producción norteamericana de la misma índole, a las que ésta tiene poco que envidiar, en su factura y su puesta en escena, principalmente, por no hablar de la magnífica música compuesta por Lucio Godoy y Federico Jusid, pero también en el alcance de su sensiblera narración.

El problema en La vida inesperada es que no logra superar a sus bien reconocibles referentes y puede ser tildado de una copia españolizada de la típica comedia edulcorada y con moraleja hecha en Hollywood. Eso es porque, si bien Torregrossa y Lindo han absorvido de una forma bastante precisa y ejemplar todas las virtudes de ese género en sí mismo, también han dejado colarse en su criatura sus más acérrimos defectos. A La vida inesperada le falta algo de acidez, un punto de mala uva o, simplemente, costumbrismo que la ubique como una película de identidad claramente española y no por ser patriota, sino porque a lo largo de su metraje el humor que mejor le funciona a la cinta es precisamente el más autóctono (el personaje de la madre a la que da vida, en permanente videoconferencia, una enorme Gloria Muñoz). En La vida inesperada se desperdicia mucho el juego que podría haber dado la relación de opuestos de los dos protagonistas, que podría haber generado una especie de homenaje a otra grande de la comedia americana, La extraña pareja (The Odd Couple) (1968), de Gene Saks, y se peca además de ofrecer una visión absolutamente ilustrativa y, por momentos, idealizada de la vida de un extranjero en la capital del mundo, por mucho que las penurias de la misma se dialoguen a menudo entre los personajes. A su favor, de nuevo, La vida inesperada obsequia dos encantadoras interpretaciones de su pareja protagonista, un conmovedor Javier Cámara y un modélico Raúl Arévalo, además de permitir a Carmen Ruiz lucirse a gusto en un papel francamente mágico. Eso, y un cameo de nada menos que Maribel Verdú.
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5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Anochece en la India
Anochece en la India (2014)
  • 5,3
    520
  • España Chema Rodríguez
  • Juan Diego, Clara Voda, Javier Pereira, Ken Appledorn, ...
4
Eludir el viaje.
La idea de utilizar el "camino" como metáfora del viaje interior y sanador de unos personajes posee ya a estas alturas una larga tradición cinematográfica y, qué duda cabe, un suculento atractivo para cualquier aficionado que busque en la experiencia de visionar una película la respuesta a no pocas dudas y preocupaciones que pueblan la existencia de cada uno de nosotros en la vida real. La road movie supone, por tanto, un importante gancho per se para los que entendemos el cine como una fundamental forma de expresión artística en perpetuo diálogo con la vida. Es por ello que la primera impresión que ofrece Anochece en la India ante su contemplación es francamente sugestiva, sobre todo por ofrecer desde su mismo planteamiento la posibilidad de viajar, física y emocionalmente, acompañados de un viejo hippie en silla de ruedas que decide reemprender un viaje a la India, a donde viajó con asiduidad en su juventud, como último episodio para una vida aquejada de una enfermedad terminal. Lo interesante, además del viaje en sí, será el hecho de que tendrá que ser acompañado por su asistenta rumana, cuyo carácter parece chocar abiertamente con el de nuestro protagonista. Sin embargo, una vez pasada la primera y breve etapa del viaje, Anochece en la India no tarda en defraudar nuestras entonadas expectativas.

Con un planteamiento inicial en verdad apasionante, la primera película de ficción del experimentado director de documentales Chema Rodríguez, abandona las posibilidades manifiestas de su premisa argumental ya en su primer giro de guión, donde la trama se encamina por una vía ciertamente inesperada, también con posibles, sí, pero a todas luces, dados los resultados posteriores, catastrófica para el devenir del resto de la función. Ese inaudito y desconcertante episodio ambientado en Rumanía priva al espectador de ver saciadas sus ambiciones de transitar por la carretera y le aboca a un infortunado estancamiento que el director y guionistas aprovechan para presentar a los personajes principales y sus conflictos de base, pero que se traduce pronto en un innecesario segundo comienzo, un nuevo arranque para una película que ya había comenzado a caminar (y muy bien) sin necesidad de entrar de forma tan explícita y premeditada a delimitar y configurar, a hacer tan patente, el entramado sobre el que se articulará el resto del metraje. Por ello, por la antinaturalidad con la que este episodio se ve insertado en la trama, la verosimilitud lograda por el filme en sus primeros minutos brilla por su ausencia a lo largo del posterior recorrido, precisamente por haber desaparecido esta del personaje femenino protagonista y lo de bonito y atrayente que tenía el film en su principio (el viaje en sí mismo) vuelve al primer término de importancia demasiado tarde.

Cuando Anochece en la India se vuelve a echar al camino lo hace ya de un modo tan forzado y precipitado que sus propias virtudes han perdido ya todo su valor. Para colmo, a lo largo de los sucesivos minutos, Rodríguez se empeña en desperdiciar las posibilidades de su idea original y del género al que ha de adscribirse su película, no parándose su narración ni a mostrarnos el viaje, que obvia por completo la carretera por la que circulan y sólo ofrece estampas del mismo entre dilatados diálogos en sus banales paradas, ni a utilizar el mismo como contexto catalizador en la confrontación de conflictos que subyace en la relación de sus personajes protagonistas, ni mucho menos a servirse de él para extraer la consabida metáfora que a todas luces pide una historia de estas características, como un viaje de reconciliación con la vida en sus postrimerías, a la postre un socorrido mensaje que bien expuesto y llevado hubiera podido dar sus frutos aquí. No, Anochece en la India malgasta sus aspiraciones y rellena el metraje con elementos ciertamente inspiradores, relacionados con el choque cultural en ese periplo por muy distintos y variados países, y hasta personajes secundarios que tras despertar un relativo interés en sus insertos (la chica sueca) se descubren pronto del todo innecesarios y prescindibles, deshaciéndose Rodríguez de ellos en la primera cuneta que se encuentra, sin siquiera haber mostrado la más mínima intención de sacarles partido.

Sin embargo, esta tara relativa a los personajes llamémosles accesorios es harto más acusada en el dibujo de unos personajes protagonistas, además, bastante mal escritos, sobre todo el que interpreta con notable intención y profesionalidad la actriz rumana Clara Voda, un rol ciertamente difícil de defender en su confusa amalgama de emociones y motivaciones y dentro del que la intérprete ha de luchar por dar verosimilitud a emociones tan superficialmente descritas sobre el papel que cuesta al final creerse que pueda existir personaje tan esquemático. A favor del visionado de Anochece en la India siempre jugará la baza de estar protagonizada por un maestro de la interpretación de la categoría del veterano Juan Diego, sin embargo, los resultados lanzan una lectura especialmente lastimosa sobre su rol, que sobre el papel posee muchas cualidades para convertirse en un personaje antológico en nuestro cine, pero en pantalla se muestra descrito en un nivel tan plano, tan falto de sustancioso relieve que incluso chirría, en ocasiones, la acometida del actor, cuya tendencia a la sobreactuación resulta aquí demasiado acusada, precisamente por el esfuerzo del intérprete por dotar de alma y verdadero relleno a un personaje que hubiera precisado, quizás, un nivel mayor de contención, visible en los mejores momentos de su interpretación, para alcanzar el ausente objetivo de conmover al respetable.

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7 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Purgatorio
Purgatorio (2014)
  • 4,2
    1.149
  • España Pau Teixidor
  • Oona Chaplin, Sergi Méndez, Andrés Gertrudix, Ana Fernández
3
El desperdicio de la malicia.
Mujer joven, madre preferiblemente y un tanto asustadiza también, se queda sola en una enorme casa habitada por sonidos fantasmales. Seguro que les suena. A tan típico esquema vuelve a hacer referencia Purgatorio, el debut en el largometraje del antes director de segunda unidad Pau Teixidor. La referencia a los grandes hitos del género se enriquece además con la inclusión en su argumento de un segundo personaje, un niño casi adolescente que servirá al director de elemento catalizador de la odisea pesadillesca a la que nuestra traumatizada heroína deberá verse abocada. La fórmula es bien conocida. Y a Teixidor se le nota a lo largo del visionado de su ópera prima que conoce a la perfección los mecanismos del género y que sabe y tiene la capacidad para manejarlos en beneficio de la muy buscada y necesitada intriga que ha de poblar cualquier producto que se precie de pertenecer al mismo. Y, de hecho, Purgatorio aguanta muy bien (incluso hasta en las comparaciones) a lo largo de sus primeros compases, cuando Teixidor hace gala de poseer un cuidado sentido de la planificación, optando por dar a una criatura de tan bajo presupuesto un empaque técnico de exquisita factura y sacando un partido excelente a la limitada localización, un edificio de viviendas prácticamente vacío en el extrarradio de una gran ciudad.

A lo largo de esos primeros minutos, Purgatorio despliega de forma eficaz su entramado de misterio, generando desde su estética de Instagram o de anuncio de IKEA que se desprende de sus imágenes un suspense ciertamente austero, que posee valor precisamente por no resultar impostado. Sin embargo, Teixidor tarda poco en tirar por la borda los buenos augurios conseguidos en su planteamiento, precisamente con la entrada en escena del segundo personaje importante y el desperdicio al que pronto se ve sometida la oscuridad y malicia que se palpa en dicho personaje. En él se haya la clave para apreciar lo que podría haber sido Purgatorio, si sus artífices hubieran poseído verdadero instinto creador, porque las alusiones sexuales que se dejan entrever en contados momentos, unidas a la extraña condición de infante retorcido que se vislumbra tras los primeros diálogos que el niño entabla con la protagonista dan una idea bastante acertada de las posibilidades enfermizas del argumento, que más pronto que tarde deriva hacia el melodrama redentor.

La prueba del escaso efectismo que al final obtiene Purgatorio para con sus intereses la hayamos en la vana inclusión de un elemento, suponemos clave, para la creación del misterio. En Al final de la escalera (The Changeling) (1980), de Peter Medak, el sonido de una simple pelota rodando escaleras abajo lograba estremecer como nunca antes otro elemento narrativo lo había hecho en el cine. El mérito estaba en que, a pesar de haber narrado toda la película de un modo academicista, Medak también había sabido disponer las pistas previas de manera efectiva hasta llegar a tremenda escena cumbre de su cinta. En Purgatorio, podemos encontrar un conato de aquella maestría en el uso simbólico que se la da al sonido de un trompo al dar vueltas sobre sí mismo en un momento también cumbre de la película. Pero los resultados distan mucho de los obtenidos en Al final de la escalera. Porque Purgatorio, a lo largo de todo su recorrido previo, no ha sabido o no ha querido abogar abiertamente por dar miedo, por resultar realmente hiriente y prefiere contar en tono un tanto alegórico el calvario sanador que efectuará esa madre para superar la muerte de su hijo. Y ahí radica el gran problema de la película. El que se haya optado por el thriller psicológico para abordar una historia que evidencia pronto unos pesarosos tintes tan melodramáticos, lo que lleva al guión a manejar situaciones de manual (el sonido del trompo), a la vez que una serie de trampas y trucos de guión, para acercar la historia a los parámetros de un género que, por dicha vía, le es hostil.

Para terminar de hilar el rizo de los desaciertos, los pretendidos desvíos a lo sobrenatural no se ensamblan con naturalidad en una narración que hasta ese momento había podido presumir de resultar realmente orgánica y la proliferación de un efectismo técnico meramente decorativo (algunos usos con la cámara, la omnipresencia de una banda sonora repleta de golpes de efecto, la ya manida oscuridad como hábitat del mal), termina por acercar el misterio y el terror que tanto busca Purgatorio a una previsible acumulación de tópicos. La raíz de los defectos parte de un guión que se descubre a la postre realmente plano, que busca rellenar sus carencias con fuegos de artificio y sobre el que el novel director trata de imponer un estilo de reconocida influencia en el thriller comercial, demostrando oficio y temple, sí, pero al final, ni el suspense pedía a gritos tanta impostura narrativa, ni el drama interno del personaje principal se merecía tremendo calvario nocturno. Un personaje al que, eso sí, interpreta sólidamente Oona Chaplin, que cumple con convicción priorizando el componente dramático de su personaje, de intenso e indescriptible dolor, sin dejarse llevar ni caer en la comodidad que siempre suponen los tics tantas veces transitados por otras actrices en papeles del mismo corte, desplegando en su interpretación una elegancia minuciosa digna de mejores causas.

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9 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
No llores, vuela (Aloft)
No llores, vuela (Aloft) (2014)
  • 5,4
    1.340
  • España Claudia Llosa
  • Jennifer Connelly, Mélanie Laurent, Cillian Murphy, William Shimell, ...
5
La gelidez de un milagro.
La tercera película como directora de Claudia Llosa reincide una vez más en el localismo casi marginal que protagonizaba sus anteriores films, aunque para la ocasión abandone la comodidad que podía suponerle jugar dentro de casa para localizar su historia en el frío ambiente cercano al Círculo Polar Ártico. Allí, contextualiza esta historia, narrada en dos tiempos diferenciados, de una madre superada por la desesperación en pos de lograr la determinante ayuda médica que su hijo más pequeño necesita para seguir viviendo y la del vástago mayor, que ya adulto, encierra en su pecho una herida de difícil cicatrización. En un minucioso y ajustado montaje en paralelo, No llores, vuela nos irá contando ambas tramas hasta el momento en el que la primera genera el arranque de la segunda, llevando a cabo con ello una catárquica conexión entre ambas que debía servir también de giro balsámico a las emociones que hubiesen ido naciendo en el espectador.

Sin embargo, la cinta de Llosa no termina de perfilar esa idealizada redondez debido a que, a lo largo de su desarrollo, a No llores, vuela se la pasa completamente por alto conectar con sus imágenes los ánimos del respetable. Y es que en su recorrido por el film, uno ha de enfrentarse a la desconcertante dicotomía que puebla el interior de No llores, vuela. Por un lado, la directora juega como nadie con el tiempo interno de sus imágenes, dilatando algunos importantes momentos para con ello dar forma a un lenguaje estrictamente reflexivo, muy bien conducido gracias al empleo de ralentís y de una dirección de fotografía exquisita y hermosa, en lo visual, y a la dispersión que genera todo el mapa sonoro de la película, esculpiendo un tiempo (que diría Tarkovski) preciso e intransferible en algunos gloriosos, bellos y embelesantes momentos, redundando así en la carga onírica de un film que basa su específica belleza en la pretensión de equiparar la culpa y el perdón a milagrosos actos de pura fe.

Pero el alcance de tal pretensión resulta limitado desde casi los primeros compases del film, cuando la extrañeza y el desconcierto sacuden a un espectador absorto en la embriaguez que le despiertan unas imágenes enormemente estilizadas sostenidas por una estructura del todo desequilibrada. El contraste que conlleva el que toda la película se sustente en una puesta en escena amparada en el uso y abuso de una cámara febril y en constante movimiento, que por momentos parece buscar conatos de realidad para una ficción que se retuerce en medio de una inabarcable alegoría existencial, echa por tierra las posibilidades empáticas del film. La gelidez que cubre por completo el andamiaje de la película genera con el espectador un distanciamiento difícil de asumir, tanto que ni hechos tan ferozmente trágicos como es el abandono de un hijo por su madre, logran removernos por dentro.

Al final de No llores, vuela queda la sensación de que la temperatura, en términos de humanidad, la elevan los trabajos de todo el elenco de actores. Todos muy bien en sus roles, aunque sea por muchos motivos Jennifer Connelly la que merezca destacarse por encima del resto. Su capacidad tantas veces antes manifiesta para expresar mucho con la única ayuda de su mirada vuelve a evidenciarse a lo grande aquí, donde además la intérprete disfruta de admirables momentos para demostrar que sigue siendo una experta en resultar al mismo tiempo conmovedoramente frágil y seductoramente autosuficiente, logrando de forma magistral algo tan difícil de conseguir como es "actuar" el envejecimiento de su personaje sin caer en socorridos lugares comunes o escudarse en la máscara que pueda proporcionar la espléndida labor de maquillaje. Es ella, claro está, el punto fuerte de una película áspera y dura, aunque desgraciadamente irregular, pero también balsámica en su manifiesta capacidad para traspasar las limitaciones de su estructura formal y sondear un boceto de final feliz a la altura de las pretensiones esotéricas planteadas por un film de, eso sí, transparente coherencia.

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7 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
321 días en Michigan
321 días en Michigan (2014)
  • 5,3
    535
  • España Enrique García
  • Chico García, Virginia de Morata, Hector Medina, Virginia Muñoz, ...
4
El tópico de la intención.
Hablar de buenas intenciones suele ser el recurrido argumento de consolación para aquellos a los que un hecho en sí, un regalo, una acción, una noticia, no les ha satisfecho del todo y tampoco ven motivos para hacer sangre en medio del disgusto. Sin embargo, en materia cinematográfica, hablar sólo de buenas intenciones es casi hacerle un flaco favor a la película en cuestión. Y es que, en el cine, como en el Arte en general, con la intención no basta. Al debut de Enrique García lo podríamos salvar por sus intenciones, honrosas, de querer dar voz en su metraje a una realidad tan cruda e invisible como es la de la vida entre rejas, haciendo protagonistas de sus imágenes a personajes a un paso de la exclusión social que tienen ante sí una vía para la redención y la reinserción, muchos sin verla del todo clara.

321 días en Michigan quiere ser un drama carcelario cercano y reconocible para el público de a pie, centrado en dos tramas narradas en paralelo: la de un joven y brillante ejecutivo encerrado por un delito financiero, que tratará de hacer creer a su entorno en el exterior que se encuentra de viaje fuera del país, concretamente en Michigan; y la de una iletrada y joven madre gitana que, entre barrotes, intentará todo lo posible por no perder la tutela de sus hijos. Tan sugestivas ideas de partida acercan el film a cierto realismo social inherente a los títulos españoles que en el pasado abordaron la temática carcelaria y encierran no pocas posibilidades críticas en torno a dos temas bastante candentes, por desgracia, en la actualidad: la violencia de género y la corrupción de la élite empresarial. Por desgracia, García, con la ayuda de su coguionista, Isa Sánchez, desestiman la ocasión para construir un relato que se pudiera enmarcar en cierto cine de denuncia frontal y construyen su película en base a un buen número de lugares comunes, de tópicos mil veces vistos antes en cuanto al desarrollo de las consabidas situaciones entre rejas y, sobre todo, en el dibujo de sus esquemáticos personajes.

Así, lo de atractivo que encerraba en sí misma la idea de base, que hubiera podido revelar una pertinente y necesaria crítica a los tejemanejes empresariales ajenos a la legalidad, se queda en el limbo de las expectativas del espectador, que asistirá con atónita pereza al día a día de ese pijo, para colmo, sin síntomas de arrepentimiento, dentro de un ambiente que debería serle hostil, pero al que, por obra y gracia de un guión excesivamente forzado, se adapta casi en un abrir y cerrar de ojos. Esta falta de coherencia con lo que se supone debía ser el dibujo del personaje central dará como resultado una molesta sensación de inverosimilitud a todo el film, que para colmo de males estará rematado en su tercio final por la cofluencia de las dos tramas principales en una sola, dando como resultado un subtrama romántica previsible desde los primeros minutos del film y que no cuaja por un trazado en exceso superficial. Sólo la trama femenina, por el sutil cariz de denuncia social que le da origen, logra encerrar cierta coherencia a lo largo de su desarrollo y se la debe, en gran medida, al matizado y espléndido trabajo que en ella lleva a cabo la debutante actriz Virginia de Morata, siempre por encima de las limitaciones del texto gracias a la palpable comunicabilidad que logra establecer con la cámara.

Por todo esto, llegamos al final de 321 días en Michigan con cierta desazón, divididos entre la frustrada cortapisa que el visionado del film ha supuesto para nuestras expectativas y el alivio y la incómoda superioridad que brinda presentir el final desde mucho antes del segundo punto de giro. Mal que nos pese, todo suena a ya visto en 321 días en Michigan. Nada sorprende ni emociona, ni técnica ni artísticamente, a lo largo del metraje del film, que precisamente por ello propicia la sensación de alargarse más de lo que en esencia debería. No hay en él, por tanto, mucho que logre destacarse para bien del grueso de óperas primas que ven la luz cada año en nuestra cinematografía, ni siquiera el oficio de su director, que entre tratar de hacer alardes o limitarse a contar de la manera más sencilla su historia, opta por la vía fácil y más recomendada y tira de una puesta en escena desganada, en exceso común, sin brío ni personalidad alguna, anclada, para bien y para mal, en los estándares asumidos por el género carcelario y más cercana, por desgracia, al folletín televisivo que al melodrama cinematográfico.

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33 de 37 usuarios han encontrado esta crítica útil