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4
En realidad, no me gustó
La excelente actuación de Phoenix, caracterizando de forma sublime un personaje enigmático, atormentado y sombrío no está acompañada de un guión con exceso de simbolismos y momentos pretenciosos, que me llevan a pensar que lo que podía haber sido una buena película se ha quedado en una muestra, francamente mejorable, de cine de autor.
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86 de 129 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
La noche de la bestia
"En realidad, nunca estuviste aquí" es un ejercicio de cine físico. Ramsay parte de la figura del antihéroe para sumir al espectador en una atmósfera turbia, liberada de dobles lecturas. Importa únicamente el cine en su versión más primitiva. Producir sensaciones, aunque una de ellas pueda ser el rechazo más absoluto. La cineasta construye un entorno nocturno, con música electrónica amenazante y una puesta en escena estilizada que juega a mostrar la violencia en toda su explicitud o bien a dejarla fuera de plano, creando en todas sus arbitrariedades un constante desasosiego. Ese vaivén también describe el devenir errático de su protagonista, un Joaquin Phoenix taciturno, psicario traumado, todo corporeidad. Por el camino, los sonidos de fondo se funden con los ruidos urbanos, el neón colisiona con la luz solar, los planos fijos se combinan con largos travellings, las filmaciones en blanco y negro de cámaras de vigilancia se yuxtaponen con escenas sin artificios, lo real convive con lo onírico, y su nómina de primeros planos va construyendo una poesía feísta muy personal a base de mamporrazos, gotas que caen al ralentí y sombras reflejadas en espejos. Imposible no evocar a Scorsese y a Winding Refn, el sustrato del cine negro, incluso otros títulos que discurren en los márgenes como el "Ghost Dog" de Jarmusch. También darse cuenta que Ramsay, para bien o para mal, no se parece a nadie. Un ejercicio de estilo, formalista y por lo tanto cuestionable, que tras toda su pirotecnia esconde una historia fatalista, de resignación ante una existencia adversa, de dejarse llevar, de morir. De existir, como predica su título, estando en verdad ausente. Un film-experiencia con un personaje-símbolo que, con el permiso de la ira de unos y el entusiasmo de otros, puede convertirse en uno de los hitos cinéticos y cinematográficos de la modernidad.

@CinoscaRarities http://cachecine.blogspot.com
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63 de 92 usuarios han encontrado esta crítica útil
1
Me hubiera gustado no estar nunca aquí
Ya me lo olía, ya sospechaba que esta película iba a ser un verdadero truñazo, no solo por una ligera lectura de las críticas de gente rara que siempre salen ante este tipo de bodrios (virtualmente idénticas a las críticas de engendros como "Magnolia" o cosas por el estilo), incluso por la irritante tendencia que tiene Joaquin Phoenix a aparecer en este tipo de circos últimamente.

Y en efecto, me he encontrado con un filme aburridísimo, repelente, pretencioso hasta la náusea, donde el ego de la directora sobrevuela todo su puto metraje, tan solo coartado por otro ego de no menos tamaño, el del propio Joaquin Phoenix, con uno de sus personajes medio autista, medio homeless, medio gordo, medio mudo. Me sorprende leer tan buenas críticas sobre él, su actuación es un verdadero muermo, sin matices, todo carotas y poses torturadas, aprovechándose de su aspecto de jipi trasnochado, en una forma física lamentable, sin chispa, sin carisma, agotador, ególatra y pagado de sí mismo.

Aparte de que la historia es una soberana chorrada, que además está mal contada, porque contar una historia a la manera tradicional no es lo bastante guay, y como encima resulta que es una mierda, pues la "deconstruimos" y hacemos ver como que hay un (falso) retrato psicológico de alguien que está muy "torturado" y que él solito, con el poder de su martillo y de su barriga cervecera, se enfrenta a un grupo de agentes de seguridad y sale victorioso. Todo esto, en un contexto en el que las cosas pasan no se sabe muy bien por qué, lo único que está claro es que el gordo de los cojones tiene una fijación con las bolsas en el careto.

Y cuando crees que no se podía hacer peor, la directora se supera y añade la lamentable, vergonzosa escena final, con una especie de mensaje de autoayuda que ya es para cagarse en todos sus muertos y buscarla a ella para reordenarle las ideas a base cariñosos martillazos en su cabezota vacía.

En fin, recomendable evitarla como la peste.
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85 de 142 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Crítica de En realidad, nunca estuviste aquí por Cinemagavia
Lynne Ramsay explora en En realidad, nunca estuviste aquí los temas del abuso, la violencia, el trauma y la corrupción inherentes a una poderosa élite de la sociedad, y rediseña la narración y la trama de la novela negra de Jonathan Ames con su característico estilo, sin disminuir ni un ápice su brutal impacto. Asimismo, la habilidad cinematográfica de la directora consigue elevar a la máxima exponencia un producto que en otras manos hubiera sido una simple y convencional película de venganza. La película se siente tan osada y valiente como lo fue hace más de 40 años “Taxi Driver” (Martin Scorsese), con la que comparte muchas similitudes narrativas.

Joe (Joaquin Phoenix) es un veterano de guerra y un ex agente del FBI, que ahora se gana la vida como ayudante de un detective privado (John Doman). Su especialidad es liberar a jóvenes secuestradas y explotadas sexualmente. Al comienzo de la película, limpia la sangre de su arma favorita, un martillo, y recoge el dinero tras el éxito de una misión. Luego vemos como se va a casa, donde vive con su anciana y enferma madre (Judith Roberts) a la que cuida, para curarse las heridas. Está lleno de heridas. Su enorme cuerpo está cubierto de cicatrices y nunca sabremos de donde vienen.

Joe todavía tiene problemas con su pasado, lo que significa que regularmente tiene fuertes recuerdos sobre su juventud y su tiempo en el ejército. En realidad, nunca estuviste aquí, nos permite una y otra vez, mediante recuerdos breves y nítidos, observar una infancia llena de violencia y abuso, además de otros momentos traumáticos en el ejército y el FBI. Joe tiene una anciana madre, frágil y adorable, en Queens, con quien vive en una especie de simbiosis. Los flashbacks a lo largo de la película indican que ambos sufrieron la presencia de un padre violento.

Cuando contratan a Joe para salvar a una niña, hija de un senador, de un burdel, lo vemos de nuevo en acción, con sus herramientas habituales, una gran cantidad de cinta adhesiva y un martillo, sin embargo, esta vez, su mundo se pone patas arriba y ya no parece estar a salvo.

Nuestro antihéroe no ha tenido una vida fácil, está traumatizado, deambula por su vida como si fuera un zombi. Se nos presenta como dice el título de la película, como si en realidad nunca hubiese estado aquí, busca el dolor y la emoción para sentir de vez en cuando algo, por lo que su trabajo es el adecuado para ello. Lynne Ramsey escenifica literalmente a Joe como un fantasma.

Joe lucha no solo con sus adversarios externos, sino también con sus demonios internos. Este es un arquetipo tan antiguo como el cine en sí, en cambio, la espectacular caracterización e interpretación de un Joaquin Phoenix apenas reconocible da una dimensión completamente nueva. Su espesa y descuidada barba blanca, su desaliñado y sucio pelo largo, y un voluminoso y enorme cuerpo cubierto de profundas y gruesas cicatrices hablan por sí mismos. La cámara con frecuencia recorre y rastrea su cuerpo para mostrarnos estas cicatrices.

Un cuerpo muy diferente al Joe de la novela, el cual no está gordo, se conserva en buena forma física, tiene el pelo corto…., sin embargo, Joaquin Phoenix consigue dar forma a su modo a un personaje que sentimos como se ahoga en un duro pasado, cruel, probablemente conflictivo ligado a una situación familiar difícil y compleja. Phoenix logra transmitir de forma magistral la interioridad devastada de su personaje traumatizado por el pasado, a través de pura fisicidad, de un semblante devastado y un comportamiento desmedido.

El resultado final es excepcional al combinar brillantemente la delicadeza con la vehemencia. En unas ocasiones se muestra tierno en otras bárbaro, lo que convierte a Joe en un hombre virtuoso cuya incapacidad para evitar la victimización de las mujeres, primero en casa y luego en sus diferentes profesiones, lo ha llevado al borde de la locura. En realidad, nunca estuviste aquí descansa sobre los voluminosos hombros de Joaquin Phoenix, ofreciendo una descomunal actuación, posiblemente la mejor de lo que lleva de carrera.

La violencia es la protagonista de En realidad, nunca estuviste aquí, sin embargo, la mayoría de las veces está fuera de campo, es decir, descubrimos las consecuencias de los brutales y espeluznantes actos de Joe, los cadáveres magullados y sangrientos pero sin mostrar los asesinatos de una manera explícita. Las elecciones estéticas y el ingenio visual de Lynne Ramsey consigue que la representación de la violencia se diferencie claramente de otras películas de este género.

No es una película donde todo lo que se narra sea fácil de digerir, no todo se explica de forma detallada y Lynne Ramsay deja que el espectador interprete multitud de imágenes del pasado de Joe salpicadas a lo largo del metraje a modo de flashbacks. Estamos en un mundo de pesadilla lleno de flashbacks y alucinaciones, con incluso interpretaciones alternativas de lo que está sucediendo, en el que el personaje de Joe creado por Jonathan Ames camina por una historia sin estar presente en ella. Este concepto lo refleja perfectamente Lynne Ramsay en En realidad, nunca estuviste aquí dejando claro a los espectadores que nunca podemos confiar en lo que vemos, sino las emociones que evocan.

Jonny Greenwood del grupo musical Radiohead se nota que ha estado muy involucrado en el proceso de edición, ya que su excelente banda sonora electrónica está en perfecta sinergia con el ritmo del montaje, no solo se adapta a la estructura y al tono de la narración a la perfección, sino que también consigue aumentar la intensidad de cada escena y contribuye a esa sensación constante de tensión. Estamos ante un inquietante thriller que ofrece mucho más de lo que parece y con una espectacular interpretación de Joaquin Phoenix.

https://cinemagavia.es/realidad-nunca-estuviste-aqui-pelicula-critica/
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47 de 69 usuarios han encontrado esta crítica útil
3
En realidad una trampa
“En realidad nunca estuviste aquí” es en realidad un horror, una película tramposa desde la primera escena, es la típica dirección que piensa más en la critica que en el público, que pretende con una serie de imágenes temblorosas sacadas de cuadro, primeros planos de los protagonistas y vistas escoradas, construir una película de cine independiente.
Y es que no siempre escoger buenos actores y un buen montador salva el resultado de un guion ramplón y además desagradable.
Una historia que toca un tema tan sensible tiene que estar rodada con mucho cuidado y con un guion fuerte que sostenga la trama. Este relato esa lleno de fallos, como la presencia del protagonista en la casa de un político sin mas defensa que su martillo y sin mas aclaración que el aparecer en la casa: “¡para que nos van a contar como ha conseguido esquivar las medidas de seguridad que suponemos tienen estos representantes politicos!”. Y este es solo un ejemplo, hay mas, como los flasback del protagonista que se suponen cuentan su historia, o
la escena de la madre y el lago, o la presencia de la niña en la escena final sin que se haya cruzado con el protagonista en la escalera y con el resto de guardaespaldas.
Todo un despropósito y un fiasco, adornado con escenas que rozan el gore, y que como película tramposa trata de desviar la atención del espectador de un guion endeble y mal construido.
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45 de 72 usuarios han encontrado esta crítica útil
5
El ocaso de los ídolos o cómo se filosofa con el martillo
Hampón atormentado y bestial, acosado compulsiva y obsesivamente por un pasado ominoso y espeluznante, desciende a los infiernos del dolor, el mal y la abyección en busca de la infancia robada, de una ninfa desgraciada.
Orfeo y Eurídice.
Phoenix (convertido en una cucaracha bella y gigante, en un pavoroso contratado, en un inmenso, autodestructivo majadero) y una niña rubia, Lolitesca y de nombre eslavo, Ekaterina Samsonov.
"Hardcore: un mundo oculto": por el ambiente de los putiferios, la hija perdida y el hombre adulto que se enfrenta a bellacos sin alma. "Taxi Driver": había politicastros, una ciudad llena de noche sifilítica y un titán cutre, simpático, inocente y muy sufrido que quería acabar con los malos a golpe de locura e idealismo. "El profesional (León)": sicario que se encuentra en su virulento camino de ascético silencio a una bella ninfa de penas y amenazas llena. Con juego de cariños y necesidades en el horizonte. Y hasta posibles pecados negados, ya que no toca ni corresponde. "Luna de papel": padre e hija. Ryan O'Neal y Tatum O' Neal durante un época turbulenta y dolorida. "La pequeña": la precoz y deslumbrante Brooke Shields encerrada en un burdel de Nueva Orleans. "Embriagado de amor": en la cabeza de un loco, ruidos extraños y toda la banda sonora que acompaña con exacta pertinencia. "El guardián entre el centeno": "... me imagino a muchos niños jugando en un gran campo de centeno y todo. Miles de niños y nadie allí para cuidarlos, nadie grande, eso es, excepto yo. Mi misión es agarrar a todo niño que vaya a caer en el precipicio... Eso es lo que haría todo el día... Sé que es una locura, pero es lo único que verdaderamente me gustaría ser."
A partir de una historia de derribo, delirante y truculenta, como recuperada del cine más cafre y lisérgico de los años ochenta, tratada con un estilo cortante, enloquecido y enrarecido, pretenciosamente impactante, se logra una película hipnótica, entretenida y jugosa, bastante tonta y ridícula, pero muy disfrutable y hermosa.
Mantiene el pulso estilístico, la belleza formal, durante el viaje completo. No teme al descalabro ni conoce la vergüenza, más bien los abraza con fruición y frenesí. El espectador, acostumbrado a megatones de mediocre banalidad o sermones de insoportable y nueva normalidad/moralidad, agradece, se rinde aunque no quiera, a un espectáculo tan rocambolesco, elegante y bellamente disparatado.
Se goza, entre la risa, el delirio y la entrega, se pasa en un segundo esta cachonda* y tremendista obra, de una escabrosidad paroxística y una violencia que llena la pantalla de ricas sugerencias y mundos chocarreros.
Mundo infernal, tierra inhóspita y gobernantes devorados por el horror. Detrás del telón se descubre el "grand guignol", lo más atroz, seres repugnantes disfrutando de su degradación hasta las últimas heces. La putrefacción moral de estos políticos como metáfora carnavalera, de barraca de feria, del mal de las sociedades modernas y sus nauseabundos representantes.
Recuerdos torturados, un padre sádico en la distancia, más progenitores horribles en el ahora y un paseo por el abismo de la corrupción y la miseria ética por parte de un antihéroe que, mientras se decide (o no) a matarse de una maldita vez, es posible que nos salve, momentáneamente, a todos de tanto espanto.
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29 de 41 usuarios han encontrado esta crítica útil
4
Harto de cine de tarados
El mundo está tan podrido que parece que para que una persona pueda dedicarse a hacer justicia, por fuerza tiene que ser un tarado. ¿Para ser original, distinto a los demás? Un tarado. ¿Para apasionarse con algún campo de estudio? Taradísimo. O peor, "friki", el concepto en el que además de tarado, eres un paria social.

Después de ver la película, me he enterado por la sinopsis de que el protagonista se dedica profesionalmente a salvar a prostitutas de las redes de trata. Pensaba que era un mercenario, sinceramente.

Me aburren esos flashbacks sin nada que aportar, o peor, que estén intentando justificar por qué el tipo está sonado con el tópico más usado. Me aburre que el tipo mate la mar de fácil, como quien anda entre borregos disparándoles a la cabeza. Me aburre que sea superefectivo investigando y matando, pero para el resto de decisiones sea un negado. Me aburren que intenten colarme un refrito de cosas vistas muchas veces, intentando disfrazarlas de originalidad y añadiendo morbo.

Pero eh, es un peliculón para el público fácil.
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22 de 31 usuarios han encontrado esta crítica útil
2
Aburrida
Exagerada en el dolor. Aparte del dolor infinito del protagonista, lo demás era superfluo e indiferente para el espectador. Aburrida, aburrida, aburrida
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17 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
En realidad, nunca cerraste los ojos
Desasosegante, turbio y violento thriller de Lynne Ramsay, que indaga sobre las secuelas de los excesos y perversiones en un mundo enfangado en el caos y abocado al exterminio farragoso del prójimo. Quizás su ritmo, a ratos premioso a ratos frenético, pueda descolocar a aquellos espectadores que esperen una cascada de matanzas y un baño de sangre asfixiante, pero en realidad estamos ante un estudio psicológico de un ser trastornado por el furor de la batalla y desorientado por la sinrazón de la vida. Un ‘solucionador’ de problemas al margen de la ley, un sicario que se toma la justicia a martillazos, que acepta encargos pestilentes que amenazan con desvelar lo más oscuro y nauseabundo de la existencia humana.

Las heridas más profundas e incurables son las del alma. Cuando nos quiebran la voluntad, nos convertimos en juguetes rotos, en material de desguace, que deambula como muertos vivientes en un mundo que nos es ajeno y nos importa una higa, incapaces de conectar con nuestras emociones o con las emociones de los demás, meros autómatas comatosos que se mueven a golpe de talonario, manipulables y sin voluntad, esclavizados por la desgracia y atormentados por un sentimiento de culpa angustioso, abocados a ponerse al servicio del mejor postor, porque no hay nada mejor que hacer que sacar partido de la cochambre que todo lo impregna y destruye. Hasta la inocencia.

Estamos ante un abrumador ejercicio de estilo. Los diálogos son mínimos y, casi siempre, ininteligibles, nunca se dice nada de forma directa ni clara, sino que debemos de mantenernos alerta para reconstruir lo que bulle, agazapado, por debajo de las palabras y así poder adivinar o descubrir lo que en realidad ocurre, desbrozando y sacando a la luz todo aquello que no tiene nombre o se calla por pudor o ignorancia. La dirección es portentosa, desbocada, febril, sustentada en un montaje brillante y creativo lleno de hallazgos y rebosante de originalidad. Nos arrastra durante todo el metraje sin darnos tregua, ni siquiera en los momentos de quietud o misantropía que puntean el recorrido a ráfagas impredecibles, falsos remansos de paz que preludian un descenso aún más cruento a los infiernos. El abismo lo engulle todo, desterrando la cordura y la piedad.

Asistimos a un rompecabezas donde las piezas parecen no querer encajar ni a porrazos. La brutalidad casa mal con la poesía y, sin embargo, no queda del todo proscrita de esta fábula manierista donde la barbarie señorea a sus anchas. Y nos desvela como el germen de la violencia, de la venganza, de la atrocidad corre el riego de mancillar cualquier esperanza de redención. El final simula optimismo, pero encubre la semilla del diablo.
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16 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil
2
Ojalá no hubiese estado
De lo peor que vi en mucho tiempo.
Lenta, pretenciosa, previsible, un horror de música...lo dicho, ojalá no hubiese estado allí
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25 de 43 usuarios han encontrado esta crítica útil
3
En realidad, nunca quise ver esto.
Tenia mis dudas al ver el tráiler sobre si la película merecía la pena o no. Al verla se confirmaron mis sospechas. Película totalmente prescindible. ¿Qué nos aporta? Violencia gratuita sin ningún sentido, el antihéroe convertido en héroe...un trauma infantil que le hace ser una maquina de matar descontrolada, pero con cierta sensibilidad para con las jóvenes adolescentes secuestradas...mata por dinero, por encargo, por placer, por que es gilipollas,¿Por qué? ¿Está traumatizado? ¿Es vengativo?...¿Qué coño es?. Yo solo veo a un Joaquin Phoenix súper pasado de kilos, que está medio sonado y atontado, y cuya interpretación deja muchísimo que desear. Está a años luz de lo que fue (si es que realmente alguna vez lo fue). Yo sólo recuerdo un papel destacable en su dudosa carrera cinematográfica. Y fue ,el del esplendido "Cómodo" en la también esplendida "Gladiador" (2000).
Me deje engañar con el tráiler al creerme que podría ser parecida a "Taxi Driver" (1976), ya que la presentan como el Taxi Driver del siglo XXI...!QUE VERGÜENZA ! compararla con la obra maestra de Scorsese y por supuesto con la magnifica interpretación de Mr. Robert de Niro...por favor, que aberración, como se atreven a establecer semejanzas entre una y otra. ¿A quién va dirigido este nuevo cine?
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20 de 33 usuarios han encontrado esta crítica útil
4
En realidad, nunca estuviste aquí
Cuando transcurre mucho tiempo entre proyecto y proyecto, sucede a menudo que en cada nueva película que levantas quieres condensar todo lo que no has podido mostrar en el tiempo que has estado parado. Pretendes plasmar todo lo que llevas dentro acumulado, todo lo nuevo que has adquirido, todo tu arte, todas tus obsesiones, como si no hubiera un mañana. En resumen, pretender es la clave. Han pasado seis años desde “Tenemos que hablar de Kevin” (2011), el anterior trabajo de Lynne Ramsay, y se nota en demasía que en su último film la escocesa ha intentado colarnos todo su saber hacer por la fuerza y sin calzador. Y le ha salido lo que le ha salido. “En realidad, nunca estuviste aquí” es una de las cintas más pretenciosas que he visto durante el último año, si no la más.
Las comparaciones son tan odiosas como inevitables, y muchos han equiparado este último film de Lynne Ramsay con “Drive” (Nicolas Winding Refn, 2011). Yo llegaré más lejos, “En realidad, nunca estuviste aquí” es la versión: maniquea, presuntuosa, decididamente trascendente, moralista, sin carisma e intensa de “Drive”. ¡Qué cantidad de adjetivos, y ninguno en el buen sentido! Y es que es evidente que la escocesa se ha sobrado en un exasperante ejercicio de demostración de fuerza. Ese abuso de planos detalle, esos personajes de continuas miradas perdidas en el horizonte, esa fastuosidad narrativa buscando hacer difícil lo fácil; en fin, demasiada constelación de excesos con un único pretexto, dar empaque a un producto que argumentalmente se tambalea continuamente por culpa de otra manía de su directora, la de cimentar más el pasado de nuestro sufrido protagonista, traumas mediante, que su descuidado presente.
“En realidad, nunca estuviste aquí” es claramente una película de festival, hecha únicamente para llamar la atención. De hecho, en la pasada edición de Cannes obtuvo el premio a mejor guion, que ¿cómo tendrían que ser las demás para que obtuviese el premio una cinta que vive, casi por entera, del silencio, y que argumentalmente no ofrece casi nada?... Joaquin Phoenix también se llevó el galardón a mejor interpretación masculina, seguramente el premio más merecido, aunque también es cierto que en el reparto no hay nadie que le tosa, podría decirse que “En realidad, nunca estuviste aquí” está hecha para el lucimiento de Phoenix.
En definitiva, “En realidad, nunca estuviste aquí” me ha mantenido atento durante sus noventa minutos, pero más por ver como terminaba Lynne Ramsay su exhibición de pecados que porque la historia ofreciese algo realmente nuevo o interesante.
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14 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil
2
Ojala nunca la hubiese visto
Esta película es una de las mas aburridas que he visto en mi vida, su ritmo extremadamente lento y los sinsentidos que abundan a lo largo de la trama convierten esta cinta en un auténtico bodrio.

Nunca entenderé a la crítica especializada que encumbra películas como esta y se ceba con otras infinitamente mejores del mismo estilo como por ejemplo las "Venganzas" de Liam Neeson. Es necesario leer la sinopsis si quieres enterarte de que va la cosa, es demasiado confusa en todos los sentidos.

Lo único bueno es su duración, se agradece encarecidamente que esté por debajo de los noventa minutos, aguantar mas hubiese sido realmente soporífero.
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8 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
3
EL COLOR DE LA SANGRE.
Pertenezco al grupo de los que no le gustó. Aunque debemos respetar a quien ha encontrado en ella, cualidades ocultas que a mi no se me presentaron.

Sé que es una película, y que todas las muertes que aquí suceden son pura fantasía, teñidas del colorante más adecuado. Pero cuando te encuentras inmerso en la trama, la violencia que desata, se arrastra impactante para invadirte con repulsión.

Puedes llegar a empatizar con el protagonista, si te introduces en la trama, pero cuesta encontrar una justificación, a algo que se ofrece injustificable.
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8 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
2
En realidad, nunca estuviste aquí
Tomas sin diálogos de los muros interiores del puente al pasar con el coche, del sol en lo alto con sus rayos entre los árboles sin nada que aportar salvo una banda sonora de violines a lo Psicosis que hace chirriar los dientes. Mezclado como quien escupe con escenas violentas que, cuanto menos, te sacuden el sopor...

Para violencia ya tengo la de Brawl o a Kitano.

Esto es una mundanal y monumental mierda. Eso es lo que es, una mierda como un campano.
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12 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Uno de los ejercicios cinematográficos mas valientes, diferentes y originales de todo el año.
Películas distinta, original y anticomercial que demuestra mucha valentía y seguridad en lo que cuenta y lo que cuenta lo hace bien y con unos planos y escenas para quitarse uno el sombrero. Posiblemente uno de los ejercicios cinematográficos mas valientes y originales de lo que llevamos de año.

Joaquien Phoenix directamente se come la pantalla. Su personajes es complejo, atormentado, repleto de matices y con un pasado turbio y desgarrador y nos muestra una actuación físicamente muy potente complementada con grandes dosis de la psicología del personaje. Brutal, resumiendo en una sola palabra.

El argumento es sencillo pero impactante, sobre todo por la forma en como se nos cuenta y en como esta rodado. Los planos que emplea la películas son simplemente perfectos rozando algunas escenas lo onírico y trasladando una gran cantidad de sensaciones al espectador. A pesar de ser una película de acción toca muchos géneros, encontraremos pasajes puramente dramáticos (hay uno en un lago realmente sobrecogedor), también un poco de Thiller y algo de suspense. Impresionante como la cámara juega con reflejos en espejos, con las luces y las sombras, reinventándose en cada una de las escenas para ofrecer siempre algo novedoso y distinto.

Impresionante también algunas escenas por lo que sucede en ellas, en particular hay un par de ellas que yo creo que nunca antes jamás en el cine había visto algo parecido por el impacto que provocan (Esas dos manos juntándose mientras ambos personajes cantan, puffff. O la ya citada escena del lago. Tremendo)

La música juega otro papel fundamental, es otro personaje mas, sirve para mostrar perfectamente los sentimientos del protagonista así como sus estados de animo acompañándonos durante toda la película en un viaje de descenso a los infiernos.

Y el final señores, menudo final, inesperado y crudo a partes iguales.

Mi consejo si tenéis la oportunidad de ir a verla al cine no os la perdáis, es uno de los ejercicios cinematográficos mas redondos, valientes, impactantes y diferentes de todo lo que llevamos de año. Mi nota final de un 9.5/10
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8 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
A martillazos
En una época en la que los thrillers causan furor, llega En realidad nunca estuviste aquí (Lynne Ramsay, 2017), una historia centrada en Joe (Joaquin Phoenix) un ser solitario y torturado que se dedica a rescatar a mujeres, al tiempo que descarga toda su tremenda violencia. Joe es el típico antihéroe de la posmodernidad, que lleva una existencia plana y que malvive en un estado de letargo, en el que, siguiendo el título que da nombre a la película, está y al mismo tiempo no está. Un hombre de vida gris y metódica, que se arrastra por la vida, sin temor al final y sabiendo que éste le espera pronto, pero que tras el encargo de un senador, verá como su vida da un vuelco. Joe es un tipo aplicado y con muchos encargos, por ello un importante senador le encarga la tarea de rescatar a su hija pequeña que ha sido secuestrada. Joe hace el trabajo sin inmutarse, pero cuando la niña y él mismo parecen a salvo, todo se retuerce y estalla, literalmente sobre su cabeza, iniciándose un viaje hacia los infiernos. Viaje que Ramsey trasmitirá desde un formalismo que, para bien o para mal, tiene un carácter muy personal y original. Una estética de lo feo (que queda muy bien reflejada en el arma que utiliza Joe, un simple martillo de dieciocho dólares y no una refinada arma de fuego), depurada con una música electrónica desasosegante, que inunda al personaje cada vez que se encara con el exterior, con el mundo al fin y al cabo, y que nos hace pensar si el mundo cada vez se está convirtiendo en un lugar menos amable y más amenazante (por lo menos para Joe lo es). Además destacan la abundancia de primeros planos, para lucimiento de Phoenix y disfrute del espectador, los flashaback, que seguramente sean su punto flaco ya que no contribuyen a aclarar las cosas y una puesta en escena basada en dos vertientes muy claras. Por un lado, la muestra de la violencia explícita y directa y por el otro, la abundancia de planos con una violencia en fuera de plano (están muy bien utilizados los planos de las cámaras de vigilancia por ejemplo).
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6 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
4
Postureo y blasfemia
Atención, nuevo engaño a la vista. Esta película no es ni por asomo nada de lo que su promoción pretende sugerir. La invocación de figuras casi sagradas como “Taxi Driver” (Martin Scorsese, 1976) podría ser calificada directamente de blasfemia.

No es tanto un problema de planteamiento como de resolución. Con los ingredientes de esta historia es imposible no acordarse de “Taxi Driver”, o de “Drive” (Nicolas Winding Refn, 2011), o aun de “Leon” (Luc Besson, 1994), pero todo se queda en un parecido efímero y superficial.

Como “Drive”, comienza demasiado ceñuda y afectada, y uno espera que, llegado cierto punto de la trama, la cosa se anime. Da la impresión de que así era sobre el papel en el que se escribió el guion, pero nada de eso se transmite a la pantalla.

Es sobre todo una película lastrada por el tratamiento erróneo de la violencia. No es que yo quiera que los directores sean todos unos carniceros (que nadie se espante). La violencia fuera de plano puede ser un recurso muy eficaz, siempre y cuando sepamos trasladar la tensión al lado visible de la película (Haneke y Tarantino lo hacen muy bien, por ejemplo).

Aquí la directora parece esforzarse tanto en no mostrarnos la violencia que al final el empeño resulta impostado en vez de “artístico”. A veces recurre al fuera de plano, otras a elipsis abruptas, y otras a eufemismos técnicos como distorsionar la imagen o suprimir el sonido (o ambos a la vez). Insisto: si el referente pretendido es “Taxi Driver”, mejor haber optado por un tratamiento a los Scorsese, digo yo.

La pena es que podría haber sido un buen thriller, y acaba siendo una decepción por el hecho de querer abarcar más, de pretender no sé qué lectura filosófica o espiritual o lo que sea, que da igual porque sobra y satura y aburre.

Solo en la secuencia final parece revivir el espíritu de Travis Bickle, pero enseguida lo estropea con una coda innecesaria y producto, supongo, de sus anhelos líricos (que manía le está dando a todo el mundo con ser poeta cuando no toca).
Más información en ambigugarcia.blogspot.com.es/
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15 de 27 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
Perfecta.
Dura, desgarradora, cruel, oscura, tensa, cruda, asfixiante, hipnótica, diferente,
violenta, inteligente, impactante, conmovedora…perfecta.
Son algunos de los términos entre muchos más que definen esta película que viene de la mano de Lynne Ramsay. No apta para todos los paladares. Aquí tenemos un film que me ha dejado conmovido en el asiento durante los 95 minutos de su duración.

Ramsay nos cuenta una historia que fácilmente se puede contar sin diálogos, nos sumerge en esas calles oscuras y tétricas de la ciudad donde vemos al protagonista hastiado deambulando y sin rumbo. Un personaje digno para el recuerdo(deprimido, salvaje, trastornado…). La directora nos invita a reflexionar sobre lo que estamos viendo ya que la narración no se explica de forma detallada, y deja que el espectador interprete alucinaciones, flashbacks, pesadillas o incluso interpretaciones alternativas.
Es una película que juega mucho con las elípsis y con la psique del protagonista y que si entras en ella no te va a dejar respiro, por lo que si esperáis un thriller convencional con su introducción nudo y desenlace estáis equivocados.

Una película que te deja sin aliento. Un Joaquin Phoenix que está apoteósico con esa caracterización tan buena y tan sórdida del personaje consiguiendo una de las mejores interpretaciones del año, un apartado técnico perfecto, una narrativa lenta(el guión se recrea mucho en su estilismo), oscura y elíptica,
con una complejidad psicológica y subjetiva, llena de metáforas y simbolismo, reflexiva en sus silencios, una puesta en escena excelente, con un estilo muy propio en lo que se refiere a momentos de violencia(la mayoría no explícita)y psicología del personaje. Bebe de películas como Taxi Driver, Drive, Nightcrawler en lo que se refiere a estética,pero que tiene identidad propia y tiene le sobra ingenio para arreglárselas a su manera.

Tengo que decir también que tiene una puesta en escena bárbara y una fotografía cuidada al más mínimo detalle con un uso de colores cálidos(en especial el rojo y el verde), esos planos que enfocan determinadas cosas y desenfocan otras, la composición de cada encuadre tiene su propio fin,
una atmósfera agobiante, oscura y muy tensa, excelente montaje, sonido y una música electrónica esquizofrénica que acompaña al protagonista que te hiela la sangre.

Es una película que se debe visionar varias veces porque tiene mucha historia que contar aunque a simple vista parezca que no.Ha sido un regalo haberla visto en la gran pantalla. 5 estrellas.
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13 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Un héroe de nuestro tiempo
A simple vista no lo aparenta, sin embargo el vínculo entre los tres largometrajes de Ramsay es en realidad muy estrecho. Si nos fijamos, en mayor o menor medida, la directora representa infancias difíciles, incluso tortuosas, que son el abono incuestionable de una vida violenta. En las dos primeras el reloj se detenía en la juventud y "En realidad nunca..." avanza hasta la vida adulta para que conozcamos a un personaje cuya mente al borde del colapso es el resultado de la fricción con los grandes problemas de su época. El itinerario seguido hasta ese punto es primero una infancia (indirectamente) protagonizada por un padre violento que fabrica un individuo cuya personalidad ve en los conflictos armados el lugar dónde camuflar los conflictos internos. Quizá después de Afganistán, o quizá antes, un flash-back nos da a entender que también trabajó como guardia en una frontera, etapa en la que descubre un camión repleto de cadáveres (posiblemente de inmigrantes o trabajadoras ilegales) que se suma a su larga lista de traumas. El nombre del protagonista es muy corriente sin duda de forma intencionada. La narración se centra en cierta red oscura y abyecta de prostitución manejada y utilizada por políticos de alto nivel, idealmente corruptos. Si hacemos la suma obtenemos una radiografía hábilmente disfrazada de thriller acerca de la sociedad: violencia de género, políticas internacionales invasivas, políticos viciosos, fronteras violentas... son el efecto causado por una sociedad atomizada que fabrica individuos que protagonizan titulares brutales. Las escenas de exterior captan con mucha naturalidad un ambiente callejero perfectamente cotidiano, despreocupado, inofensivo, que sin embargo está atravesado por corrientes verdaderamente oscuras que o se ignoran o se tratan de ignorar. Y que sin embargo están ahí. Casas que albergan prostíbulos de menores, asesinatos disfrazados de suicidios, luchas que conviven en armonía con canciones de pop melódico. Es una nación dónde el enemigo es interno antes que externo.

De no ser por la desconfianza que me genera el término, explotado hasta el cansancio, diría que en un nivel profundo la película es una crítica al patriarcado. En todo caso, Joe es un hombre que lamenta profundamente esa pérdida de la inocencia, por eso, en la escena más extraña que haya visto en mucho tiempo, en el clímax que sucede en un lujoso dormitorio, presenciamos unas lágrimas amargas de un ser colapsado ante tanta brutalidad acumulada, por tanta maldad presenciada. No se trata que nos hermanemos con un sicario que parece sacado de una novela de William Vollmann, si no que comprendamos que su mente es como la nuestra. Las cuentas atrás mentales que hacen tanto Joe como la muchacha, nos equiparan a ambos personajes. Joe se identifica con ella, se implica a fondo en la situación de ella porque desea preservar su inocencia, quizá para palpar algún tipo de esperanza. ¿Es eso posible? La escena final, tras mucha crudeza, así parece apuntarlo.

Entiendo que el subtexto está hábilmente disimulado y que la narración es poderosa, pero lo que de verdad me parece que la hacen saltar a un nivel superior son los medios cinematográficos con los que se plasma y se expresa el argumento. Cuando salgo de una película con la percepción sensorial afectada, mirando minutos después el mundo como en el cine, sé que estamos frente a un artista que no se ha acogido a tópicos y fórmulas y que ha acertado a equiparar el funcionamiento de la narración visual con el de mente del espectador. Por unos minutos hemos estado en la mente de Joe y tiempo después permanece en la nuestra. Las escenas que vemos en segundo término, las elipsis bruscas, los detalles en apariencia triviales y que sin embargo colman la atención, la música sincopada que se adapta a estados mentales alterados, los cortes bruscos del plano, los encuadres imperfectos que representan visiones parciales... la galería de recursos me parece rica y hábilmente meditada y puesta en escena. Además, para otorgarle la consideración de obra culminante, exijo que la película regale algún tipo de imagen que perdure en la mente. Días después de verla, la escena del doloroso entierro acuático me sigue removiendo el interior.

En suma, estamos ante un largometraje que habla con autenticidad de nuestra época, con rigor dramático, sin miedo a correr riesgos y con unas formas hábiles y nada socorridas. Sólo una mente muy embotada e imberbe puede ver en ello una muestra de autocomplacencia. No es desde luego accesible, pero modestamente opino que cualquier cinéfilo hallará en "En realidad, nunca estuviste aquí " un ejercicio de excelencia.
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