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¿Libertad? ¿Abundancia? ¿Justicia?
Frankie, perdón, F. Jasmine Addams, quería volar como un gorrión, y con sus alas siempre abiertas, ansiaba salir del ‘estrecho’ rincón donde vivía e irse a recorrer el mundo, conocer otras ciudades y otras culturas, tener muchos amigos y poder, así, disfrutar de la vida como lo hacen los privilegiados. La gran oportunidad para F. Jasmine, cree tenerla cuando se anuncia la boda de su hermano Jarvis con su novia Janis, pues, a sabiendas de que él la ama como ella a él, está segura de que la llevarán con ellos, y así comenzará su libre vuelo fuera de la jaula que ahora la aprisiona.

Carson McCullers, sabía harto de la tristeza que embargaba el alma de gran parte de su gente y aún la suya propia. Sabía de las carencias económicas, afectivas y culturales que padecían los habitantes del profundo sur. Sabía de las muchas oportunidades que se les denegaban a muchos seres humanos sólo por haber tenido en suerte el nacer con una piel oscura… y todo esto, lo refleja en unas novelas que la convirtieron en una de las ‘desobedientes’ escritoras de la sociedad estadounidense. Con ella, ya no iba más la América de ensueño promovida por los gobernantes con la ayuda de los más lacayos medios de comunicación. La verdad era su meta y la justicia su esperanza… y en cada novela (El corazón es un cazador solitario, Reflejos en un ojo dorado, Frankie y la boda y La balada del café triste), como en cada cuento u obra de teatro que salió de su mente, se desgarra su alma con esos personajes a quienes quisiera salvar de la derrota, de la carencia y de la muerte… aunque algunos es lo único que encuentran.

En ese largo diálogo entre F. Jasmin, su hermanito John Henry y la empleada afrodescendiente Berenice Sadie Brown, estará puesta el alma y, entre ellos se abrirá un cúmulo de esperanzas y ensueños que, para ellos, como para tanta otra gente, tienen casi marcada su propia suerte. Porque se habla de la libertad, pero, lo que no se dice, es que es una libertad sin posibilidad para la mayoría. Se habla de la abundancia, pero se calla que, la mayor parte del pueblo, nunca la conocerá Y se habla de la justicia para todos, pero, de hecho, está reservada esencialmente para las clases privilegiadas.

“THE MEMBER OF THE WEDDING” no es un filme para divertirse. Es un espejo ensamblado para rasgar lo establecido y para mostrarnos la suerte de jaula en la que, quizás, también tú y yo hemos vivido, pero guarda la esperanza de invitarnos a volar como cualquier gorrión de los que vemos entre los árboles, y al desnudar el ser de la mujer, padecido por muchos años en nuestra sociedad, alienta en ellas un ímpetu como el que promulgara, Mary Shelley, con sus memorables palabras: "No les deseo que tengan poder sobre los hombres sino sobre sí mismas".

El director, Fred Zinnemann, partiendo del guion que, sobre la obra de McCullers, escribieran Edna y Edward Anhalt, ha hecho con ésta, la primera película estadounidense protagonizada por una mujer negra, Ethel Waters, quien, junto a sus debutantes compañeros Julie Harris y Brandon de Wilde, ya había triunfado en Broadway al representar, “The Member of the wedding”, en 492 ocasiones sucesivas, y necesario es decir que, su actuación, es memorable.

Con esta película que, evidentemente, contiene elementos de las vidas de la escritora como de la celebrada actriz y cantante de blues, Fred Zinnemann consolida una notable creación cinematográfica.

Título para Latinoamérica: “CRUEL DESENGAÑO”
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