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8
Mi reconocimiento al cine danés por hacer esta película
Una de las pocas películas que no presenta a los soldados alemanes deshumanizados, sino que los pone nombre y cara y lo que es más sorprendente, los presenta como víctimas de la guerra.
Como lector de libros sobre la SGM, debo decir que es muy difícil encontrar material sobre el destino que corrieron los millones de soldados alemanes presos tras la guerra. Los que quedaron en poder soviético, su destino es más conocido: Kolima y las minas de Siberia.
¿Pero, y los soldados en poder aliado? He llegado a leer que hasta 600000 murieron víctimas de abusos, desnutrición o enfermedades en medio del abandono y de la ira de los pueblos que antes sufrieron el poder nazi.

La película es terrible, presenta a los soldados adolescentes (con los que el Reich terminó la guerra) desactivando minas, sin apenas entrenamiento ni medios, teniendo que robar para comer y a la vez soñando con el futuro, o jugando, porque son sólo eso, niños a los que la guerra se llevó por delante.
Sencilla, pero conmovedora, cuando el sargento carcelero que los vigila comienza a sentir afecto por esos niños, defenderlos de la ira de otros daneses, alimentarlos y jugar con ellos.

El final es durísimo, pero con un pequeño rayo de esperanza en el futuro de Europa.
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82 de 87 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Esta película es una mina
Tantos horrores generó la Segunda Guerra Mundial en el continente europeo que muchos todavía seguimos descubriendo episodios atroces con el paso de los años. Uno de ellos tuvo lugar en Dinamarca, después de que las tropas nazis firmaran la rendición. Allí, los altos mandos militares daneses encargaron a los alemanes la tarea de desactivar todas las minas que durante la invasión de Dinamarca habían sembrado en la costa oeste del país, con la idea de frenar una posible invasión aliada. Como es lógico, no cabe interpretar este hecho sino desde una posición vengativa, entendible tras el destrozo que los súbditos de Hitler hicieron en tierras danesas pero en ningún caso justificable desde el punto de vista humano.

Martin Zandvliet elabora en Land of Mine una crónica sobre tales hechos. El danés dirige su tercer largometraje tras A Funny Man y su ópera prima Aplausos, drama sobre una alcohólica que impactaba visualmente pero que en su conjunto pecaba de ser bastante olvidable. Con su último trabajo, Zandvliet tenía un reto complicado ante sí, ya que al tratar un conflicto bélico (post-bélico, en este caso) muchos cineastas caen en posturas tendenciosas que fulminan cualquier posibilidad de impactar en el espectador. Por fortuna, el nórdico ha conseguido escapar del maniqueísmo.

De entrada, parece claro que será difícil no ser conmovidos por Land of Mine. En efecto, cuando se asegura que eran los soldados nazis quienes tenían que limpiar las playas de Dinamarca, en realidad se estaban refiriendo a niños alemanes, críos cuyo único pecado fue nacer en territorio germano. No sabían nada de Hitler, no tenían ni idea del daño que muchos de sus compatriotas causaron a Dinamarca, pero los nórdicos clamaron venganza y les daba igual quién pagara los platos rotos siempre que un apellido alemán figurase en el carnet de identidad. La primera escena de la película da buena cuenta de ello, cuando el sargento Carl propina una brutal paliza (seguramente hasta la muerte, aunque Zandvliet prefiera no desvelarlo) a un soldado nazi que marcha custodiado por las tropas danesas. Este sargento será quien posteriormente deba dirigir a un grupo de jóvenes a la tarea de barrer por completo de explosivos una determinada playa.

Zandvliet afronta su primera reválida al equilibrar el carácter de unos y otros para evitar caer en lo arquetípico. Y lo solventa con nota, puesto que la personalidad del sargento Carl está más que trabajada, quedando plenamente justificados sus cambios de humor. Además, el cineasta logra esbozar de grata manera el perfil de los niños alemanes, los cuales gozan de tanta disciplina militar como de tan poca infancia en sus recuerdos. El cineasta danés se mueve bien entre ambos lados de la balanza, repartiendo a partes iguales desgracias, minutos en pantalla, bondades y maldades. Así se genera una genial empatía, provocando que los momentos más duros que atraviesan unos y otros nos conmuevan directamente.

A este buen trabajo de guión, por cierto, se le une una aseada puesta en escena, enmarcada bajo las bondades de una fotografía que deja lucir en todo su esplendor a las bonitas playas danesas. Hace bien Zandvliet en desmarcarse de aquel estilo visual sucio y agobiante de Aplausos que tal vez hubiera funcionado en Land of Mine, pero desde luego no tan gratamente como con esta apuesta por una imagen más bella. Ello permite apreciar con mayor exactitud el horror que transmiten esos explosivos y la bajeza moral que supone encargar a terceras personas su retirada.

En definitiva, Land of Mine es una grata sorpresa para todos aquellos que nos sentimos atraídos por conocer más y más de lo que sucedió antes, durante y después de la Segunda Guerra Mundial. Por su precisión documental y su capacidad para eliminar estereotipos, la cinta de Zandvliet merece ser incluida en un grupo selecto del ya extenso catálogo de la cinematografía que documenta las consecuencias de este conflicto bélico, mientras que su tensión narrativa y lo magnético de sus personajes la confieren, además, el sello de ser una notable película.


Álvaro Casanova - @Alvcasanova
Crítica para www.cinemaldito.com (@CineMaldito)
53 Festival Internacional de Cine de Gijón
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47 de 50 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Sangre y Arena
Mi tierra. Tierra de minas. El juego de palabras del título original fija la temática de esta cinta que explora e ilustra una anécdota apenas conocida de la posguerra mundial. Niños soldados, apenas adolescentes, cuyo único crimen fue ser prisioneros de guerra en territorio liberado, carne de cañón propicia para servir de chivos expiatorios de los crímenes de sus mayores, víctimas de una venganza inhumana con el objetivo de limpiar o borrar la humillación y deshonra de una ocupación lacerante y de la ofensa insoportable de no haberse podido o sabido enfrentar con éxito a los nazis invasores. Pero como en tantísimas ocasiones, pagan justos por pecadores – y la mayor afrenta es haber caído en el olvido.

La crueldad humana no conoce de razas, fronteras o nacionalidades. Y la compasión o la empatía tampoco. Es el relato mínimo y sombrío de una tarea imposible: limpiar de minas las playas de Dinamarca. Y como era una faena no sólo difícil y peligrosa, sino suicida, se decidió utilizar a los presos como herramientas útiles para alcanzar la deseada meta. Sin ninguna consideración sobre su licitud o moralidad, sin reconocer que se estaba incurriendo en los mismos abusos y atropellos que tanto se censuraba y condenaba del nazismo. Conviene recordar unas palabras Hermann Hesse: “Lo blando es más fuerte que lo duro; el agua es más fuerte que la roca, el amor es más fuerte que la violencia.” Y un clásico como Cicerón lo resumió en que no hay “Nada más opuesto a la justicia que la violencia.”

Y violentar a unos niños – aunque hubieran sido forzados a coger las armas hacia el final de la contienda por falta de adultos – para someterlos a nuevas vejaciones y brutalidades por el mero hecho de ser alemanes, fue un episodio vergonzoso que forma parte del inagotable y penoso museo de los horrores del funesto siglo XX. Y es un acto de honestidad volver la vista atrás y rescatar su silente dolor y hacerlo presente. No aprenderemos porque el ser humano es lobo para el hombre, pero al menos aún somos capaces de conmovernos por su infortunio y su padecimiento, con la vana esperanza de que no volvamos a repetir los yerros del pasado.

Excelente muestra de cine antibelicista – o humanista – de la mejor estirpe y calidad. Sobrio, implacable, nada edulcorado y del todo pertinente. Basta con mostrar a unos niños travestidos de soldados, arrastrándose exangües sobre la arena luminosa de una playa, desenterrando minas como si fueran tesoros, malviviendo en una choza infecta, tratando de subsistir soñando con el improbable regreso para reflejar la sinrazón de la guerra. Una joya cruel y turbadora.
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39 de 39 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
La moral minada
En 1945, tras la humillación sufrida por el pueblo danés por la invasión nazi, nadie por aquellas tierras quería saber nada que tuviera que ver con alemanes. En este contexto, un grupo de adolescentes germanos fueron forzados a limpiar una playa danesa de las minas que ocultaron en ella sus padres y hermanos mayores, useáse el Ejército Nazi.

A la apuesta por contar -y muy bien- un episodio de posguerra muy interesante y poco conocido, hay que añadir a favor de esta película danesa sus estupendas realización y producción, y un guión y labor actoral que consigue interesar en todo momento.
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37 de 43 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Vuelta de tuerca al post-nazismo
Buena y, sin embargo, dura película. Visual y mentalmente.

En 1945, cuando los nazis son derrotados, las represalias aliadas no tardan en llegar. En Dinamarca, unos imberbes soldados nazis son obligados a limpiar de minas una playa danesa.

Bajo esta premisa, Martín Zandvliet da una lección de como mostrar el horror de la posguerra. A veces gráficamente y a veces apelando a la imaginación (lo cual es igual o más duro). Un sargento con mucha mala leche y odio hacia los nazis a cargo de unos críos que se vieron envueltos en una guerra que no entienden y que pagan los platos rotos del horror nazi.

Grata sorpresa en el Festival Internacional de Cine de Gijón. Recomendable, sin duda.

LAND OF MINE: 7/10
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23 de 25 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
A 0,2 metros bajo tierra.
Una película de las que me gustan, de las que con poco dicen mucho. Una película que muestra otro capítulo atroz de una Guerra que nunca nos dejará de estremecer. Esta vez a través de una historia no tan conocida.

Pero a la vez, una película anti-bélica, una película que nos muestra el tremendo sinsentido de las guerras, el sinsentido de los odios que brotan de ideales absurdos y enfrentan a gente anónima, ajena a cualquier rencor patriótico, que se ve obligada a empuñar un fusil y pelear por la idiotez y el fanatismo de otros.
Un poco al estilo de "Mandarinas", aunque sin ser tan manifiesta la reducción al absurdo, nos hace ver que por muy alemanes o daneses que sean unos u otros, al final son gente, viejos y niños con ilusiones, que piensan en cerveza, chicas y comida, y que sin embargo tienen que jugarse la vida desactivando las miles de minas que algún lumbreras decidió sembrar en una playa de la costa de Dinamarca.

La fotografía y las actuaciones son impecables.
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14 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
La playa
Cometieron tres errores, o pecados, o pecados erráticos, o errores pecaminosos, el caso es que, según parece, fueron nefandos. Además de completamente azarosos. Me refiero al de género (masculino), al de edad (poca, casi ninguna) y al de origen (alemán). Condiciones casuales, sin vicio ni virtud, pura lotería, maldita mala suerte en este caso lastimoso.
Y pagaron por ello. Y fueron condenados. A vejaciones horrorosas y sin cuento, a la amenaza constante de muerte espantosa, a la, en todo caso, posible mutilación aterradora de cuerpo presente.
Por el pequeño inconveniente de haber nacido. En mala hora. En carcasa humana. En mundo absurdo. En horror fecundo.
El contexto: el final de la segunda guerra mundial.
El lugar: la costa occidental de Dinamarca.
Los hechos: eliminar las minas que dejaron los nazis con el fin de sabotear el posible desembarco aliado en las costas danesas (idea absolutamente ridícula, eso dicen, y eso parece tal y como fueron las cosas).
La película sobrecoge, asusta y duele. Te dan una inmensa pena, sufres por ellos, te tienen en un ay, esos chicuelos, niños de teta prácticamente, que se pasan las horas entre gritos, explosiones, vómitos, hostias a puñados y miradas torvas y odiosas. Humillación cruenta y sin (casi) parangón.
Es, por lo tanto, un artefacto fílmico sumamente eficaz. Logra lo que pretende. Emocionarte por vía rápida y directa, intravenosa, entra en sangre y notas el picor de dolor y excitación, de pesadumbre y entretenimiento acojonado.
Los medios son más discutibles. Se recurren a los viejos trucos de siempre, a los más socorridos. A las trampas y melodramas, a los perros, los hermanos, las niñas y los subrayados malosos, a una narración plagada de efectos y pequeñas manipulaciones. Entramado logrado y perdonable aunque un tanto burdo y convencional. Pero tampoco se pasan (teniendo en cuenta otras obras de similares características y bastante recientes), hay cierta elegancia y sobriedad. Y el escenario y los actores están bien elegidos; la duración es la justa y el "tempo" de la acción, bien administrado.
Y el final me gustó*.
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15 de 18 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Tensión constante sobre la arena
Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, tuvo lugar un terrible episodio del que se habla poco en los libros de historia: la utilización de prisioneros de guerra alemanes para desactivar más de dos millones de minas repartidas por toda la costa danesa, sin apenas recibir preparación y sin contar con medios adecuados para ello. Esta tarea, que se convirtió en una tensa ruleta rusa, es la historia relatada en Land of Mine (Bajo la Arena) del director y guionista danés Martin Zandvliet. La película fue una de las cinco seleccionadas en la Gala de los Oscar para el Premio a la Mejor Película de Habla no Inglesa, además de conseguir el Premio del Público en el pasado Festival de Cine de Gijón. Estreno el próximo viernes 10 de Marzo.

Coproducida por dos países que estuvieron en lados opuestos durante la Segunda Guerra Mundial, centra su atención sobre las miles de minas terrestres que fueron colocadas por los alemanes entre 1942 y 1944, a lo largo de la costa oeste de Dinamarca, como parte del llamado Muro Atlántico, en previsión de una invasión aliada desde Gran Bretaña, para decidir posteriormente que los prisioneros de guerra del lado derrotado tuvieran la arriesgada y suicida tarea de retirar cada una de esas minas de manera individual (el único modo de desactivar una mina terrestre) antes de que se les permitiera regresar a su patria. Estamos ante una película que nos ofrece una visión poco habitual en el género bélico, presentarnos a los soldados alemanes como víctimas de la guerra, con sentimientos y muy humanizados.

Muchos de los soldados alemanes a los que se les ordenó desactivar más de dos millones de minas repartidas por toda la costa danesa eran meros muchachos entre quince y dieciocho años de edad, sin instrucción y sin equipación para esa labor, y la mayoría pertenecían a la llamada Volkssturm, una milicia nacional creada por Hitler hacia finales de la guerra para reclutar a aquellos que todavía no servían en las filas del ejército alemán. A todo esto hay que añadir la hostilidad de la población danesa hacia los prisioneros, consecuencia de los cincos años de ocupación nazi, con alojamientos que no reúnen las condiciones adecuadas para ser habitados y con escasos alimentos.

El director y guionista Martin Zandvliet muestra con Land of Mine cómo las guerras a menudo provocan odio entre la gente, además de una enemistad que continúa incluso después de que un conflicto oficialmente haya terminado. Se trata de terribles episodios acaecidos al finalizar la Segunda Guerra Mundial, olvidados y desconocidos por la mayoría de los daneses y de los que se habla poco en los libros de historia. Es una película, en palabras de su director, sobre “venganza y perdón, acerca de un grupo de muchachos obligados a pagar en nombre de toda una nación.”

Aquí seguimos a un grupo muy joven de soldados conducidos por un duro sargento danés, Carl Rasmussen (Roland Møller), mientras vigila a sus prisioneros. Como es habitual en las películas sobre explosivos (Tierra Hostil de Kathryn Bigelow o Volar por los aires de Stephen Hopkins), hay una tensión inherente a lo largo de toda la trama. A resaltar las escenas donde se desactivan las minas manualmente, que son extremadamente tensas debido al constante peligro de una explosión mortal; sin embargo, la fuerza de la historia se basa principalmente en las relaciones emocionales creadas entre los soldados y su sargento.

Rasmussen se nos presenta en un primer momento como un hombre poco compasivo y brutal, quedando claramente reflejado en una violenta escena inicial sobre un soldado alemán que desfila vigilado por el ejército danés. Este sentimiento de odio hacia los prisioneros paulatinamente se va transformando en comprensión durante la convivencia, y se da cuenta de que los soldados bajo su mando son poco más que niños, temerosos de sus vidas y sin hogar. Un guión muy bien construido, con una elaboración inteligente de los diferentes personajes, magníficamente desarrollados, los cuales tienen distintos enfoques para hacer frente a las situaciones que se presentan.

La fotografía, a cargo de Camilla Hjelm Knudsen (esposa de Martin Zandvliet), es impresionante, con preciosas vistas de la costa danesa, hermosas e idílicas playas de arena fina, pero de lo que los espectadores somos conscientes siempre, y no se nos olvida nunca, es el amenazante peligro que se encuentra debajo. Una impactante y tensa historia que seguramente al salir del cine te dejará la sensación de haber visto una magnífica película. Muy recomendable.

CINEMAGAVIA
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11 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
'Putos daneses'
No lo digo yo, lo dice un inglés canalla, 'Putos daneses, son tan nazis como los alemanes'.
De las pocas películas sobre la Segunda Mundial donde los alemanes no son los malos y donde se muestran las atrocidades a las que estos también fueron sometidos. Ya sabemos que la historia siempre la cuentan los vencedores, pero va siendo hora de que también salgan a la luz las barbaridades cometidas por los 'buenos'.
Con este pretexto se ofrece un buen relato de gran calado humano.
Por supuesto las actuaciones son muy destacables, sobre todo las de los dos protagonistas, pero también los secundarios (los gemelos y otros) son para recordar.
Supongo que el imprescindible escenario pertenece a Jutlandia y resulta sobrecogedoramente bello. Alguien se encarga de fotografiarlo con cariño y maestría.
Lo que más me gusta de la película es su realismo, humano y físico.
Perfecta muestra de cómo se puede hacer un cine digno, una buena obra cinematográfica, con cuatro euros de presupuesto.
No es una cinta que corte la respiración, pero va de menos a más y resulta finalmente interesante.
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10 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
En Dinamarca también se hace cine
Grato descubrimiento de un nuevo filme danés. Doble mérito, por un lado el tema tan desconocido y por otro la gran calidad de su planteamiento, desarrollo y desenlace. Sin caer en ningún momento en maniqueísmos ni arquetipos. Posee cualidades como mostrar los hechos sin juzgarlos. No comete el habitual error de buscar vencedores o vencidos. Ni cae en el sentimentalismo. Toda una muestra de cruda realidad donde las interpretaciones son creíbles y nada forzadas. Muy bien ambientada. La actuación del sargento sobresaliente, no lo siguiente.
Al igual que " 9 April ". También de 2015'. Donde se nos narra la invasión a Dinamarca. Muy aconsejable al igual que esta otra. Bravo por el cine Danés. Para descubrir un desconocido suceso de la historia, contada a otro ritmo mucho más veraz que el habitual, made in Usa. En definitiva muy aconsejable. A descubrir.
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10 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
LA HUMANIZACIÓN DEL SARGENTO RASMUSSEN
Gran película danesa, de aquellas que remueven conciencias, de aquellas que constatan que el ser humano es el mayor monstruo que ha habitado en este planeta, de aquellas de las que te acuerdas durante muchos años, quizás toda la vida. Pero dentro de la maldad, odio y venganza, se abre paso la sensatez, el compañerismo y sobretodo, la palabra de un hombre. El trabajo del sargento me ha parecido excepcional, los chicos a su altura.
Recomiendo a todo el mundo la película, sea o no su género preferido. No digo más, demasiado he destapado ya.
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8 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Revisando la Historia desde el otro lado
Ni La La Land, ni Moonlight, ni tan siquiera Hacksaw Ridge. Para mí, éste ha sido el gran descubrimiento cinematográfico de la temporada de premios.

Nos encontramos ante una historia sencilla, basada en hechos reales. Un guión directo, que sabe muy bien lo que quiere contar, sin florituras. Segunda Guerra Mundial. Al sargento Carl Rasmussen le asignan el cometido de supervisar las tareas de desactivación de minas enterradas en una idílica playa Danesa. Tan arriesgada labor será llevada a cabo por un grupo de jóvenes soldados Alemanes prisioneros de las tropas aliadas, con la promesa de que cuando terminen, serán enviados de vuelta a casa.

Under sandet nos envuelve en todo momento en una calma tensa. Esta sensación se logra a través de una espléndida fotografía y una banda sonora al compás de la trama. Ésto sumado a unas interpretaciones de muy alto nivel (un Roland Møller soberbio que podría haberse colado perfectamente entre los favoritos de la gran cita de Los Oscars), son los puntos álgidos del filme.
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6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Los chicos de la guerra: odio, minas y perdón
Desgarrador, realista, tenso y humano drama danés sobre el final de la guerra del ’45 y la utilización por parte de los vencedores de soldaditos alemanas para quitar las miles de minas personales incrustadas en la playa de Dinamarca. Potente interpretación de todo el elenco y muy destacada actuación de Roland Møller.
El director y guionista danés Martin Zandvliet consigue construir una muy sólida propuesta que conjuga con inteligencia lo bélico, lo humano y las consecuencias de la guerra. Tanto la trama como las actuaciones, junto a la fotografía y al realismo, son muy interesantes y evitan caer en los simplismos y los golpes bajos; inclinando con astucia el tránsito del odio al humanismo.
La historia se mete en la vida del sargento Carl Rasmussen (Roland Møller), un militar danés lleno de odio hacia las tropas alemanas que regresan a su patria luego de la derrota que marcó el final de la contienda bélica.
Rasmussen está encargado de conformar pelotones de jóvenes (muchos adolescentes) soldados alemanes para llevarlos a costa occidental a quitar las miles de minas personales que el alto mando alemán había mandado sembrar porque creía que el gran desembarco de los aliados se produciría por ese lado del mar.
Primero debe entrenarlos, a sabiendas que pueden morir en ese sólo intento, pero luego debe llevarlos a las playas minadas para que hagan su trabajo con la promesa que al finalizar regresarán a sus casas con sus familias; pero al mismo tiempo debe evitar que mueran de hambre. Violando los tratados humanitarios internacionales para los prisioneros de guerra, los soldaditos irán esquivando la explosión de las minas y de sus propias existencias.
Con el premio del público en el Festival de Gijón, la propuesta Martin Zandvliet se muestra inteligente y entretenida desde muchas aristas, tanto por su veracidad narrativa como visual, pero también por su enorme faceta humana que sabe mostrar a los odiados alemancitos como chicos obligados y queribles. Una lección de cine y de historia desconocida.

Calificación Fanaseriecine: 8 ½ sobre 10
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6 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Desenterrando el odio
Estamos ante una película impactante, que nos explica una historia poco conocida mostrándonos los horrores de la posguerra. Tratando un tema durísimo donde se humaniza a los soldados alemanes, en este caso jóvenes, casi niños, que tras la rendición de Alemania se encontraron con las represalias danesas, cuyo ejercito les obligó a localizar y desactivar las minas enterradas en las playas de la costa danesa.

La edad de los protagonistas, el odio con el que son tratados, la peligrosa tarea que les ordenan realizar sin proporcionarles prácticamente formación y mucho menos medios, hace que sea imposible no empatizar con los jóvenes protagonistas.

La película logra no caer en estereotipos, gracias principalmente a la profundidad que da al personaje del sargento danés Carl y, aunque no se explique, a que todos entendemos que los dos bandos vienen de unos años de horror, donde la guerra les ha afectado y cuyas consecuencias no acaban cuando finaliza la batalla. Una película anti-bélica, que nos recuerda el sinsentido de las guerras y el odio que genera.

Muy recomendable y bastante dura.
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5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Las víctimas de las víctimas
No todos los alemanes en la II Guerra Mundial fueron unos hijos de puta. Ese parece ser el mensaje de esta película que muestra a un grupo de soldados alemanes prisioneros en Dinamarca obligados a desarmar las minas instaladas por los nazis de las playas. Además son presentados como víctimas (seguramente lo fueron) y se evitó el clisé de los hombres perversos, humanizándolos en una perspectiva poco común en la cinematografía de los países ocupados.

Es una película muy dura de ver porque la carne de cañón utilizada para esa tarea suicida está compuesta por adolescentes casi niños. Hay un elenco de jóvenes actorazos alemanes que te dejan la piel de gallina por el dramatismo y la inocencia de sus conductas en un excelente trabajo de casting.

La obra cuenta con una fotografía bellísima que acompaña con tonalidades ocres la grisura de la historia, una banda sonora inteligente ajustada a la tensión del drama, un maravilloso trabajo de maquillaje y diálogos muy bien resueltos con precisión y frugales solo para decir lo necesario sin excesos melodramáticos. Sin embargo, no está muy bien resuelto el giro psicológico que el guión (o la dirección vaya a saberse quién es el responsable) le imprime al sargento danés en un cambio actitudinal poco creíble y muy súbito: de negro a blanco o de implacable a reblandecido; salvo este factor que le impide llegar a ser una obra notable me parece que es una muy buena película que merece verse, siempre y cuando no estés buscando un filme bélico porque aquí no se trata de eso.

El cine danés también existe.
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5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
La piedad
“¿Vencedores o vencidos?”, reflejaba el horrendo título en castellano que eligió la censura franquista para la cinta “El juicio de Nüremberg”. Hay decisiones que no hay por dónde pillarlas más allá de la obvia intención de minimizar la responsabilidad de determinados individuos en los campos de exterminio a lo largo de la II Guerra Mundial, pero algunas cosas sí que son verdad, y es que al final de una guerra no gana nadie. El fermento del odio que siembra entre los bandos en conflicto no cicatriza ni en generaciones.

Que el nacionalsocialismo no puede ponerse como ejemplo de buena conducta está fuera de toda duda, más allá de las mentiras del Holocausto o la utilización de las víctimas para determinados intereses particulares, pero el hecho de que un grupo se haya comportado como una panda de animales en un determinado contexto histórico ¿significa que todos sus miembros son unos asesinos irredentos que se merecen todo lo que les pase y no son dignos de piedad? Pues mire usted, no sé, pero yo creo que no, y que no hay nada que te quite de por vida la condición de ser humano.

Un poco de esto -y de otras cosas igual de poco dúctiles- trata “Land of mine”, el tercer largo del director y guionista danés Martin Zandvliet. Un filme que, si bien recurre en ocasiones a varios clichés del género que logra salva con nota, se alza por encima del común denominador de este tipo de cintas con algunas secuencias memorables que permanecerán por mucho tiempo en la memoria del espectador. Polo opuesto a la hollywoodiense “En tierra hostil” -película que se negaba a todo discurso-, pero también realizada con precisión milimétrica, “Land of mine” sacude las neuronas de manera inapelable, por más que Zandvliet rebaje la tensión y la intensidad dramática con varios giros en la parte central del largometraje. Quizá los únicos momentos algo adocenados a lo largo de toda la obra.

Unos chicos alemanes que vete tú a saber por qué se alistaron en la guerra, pero van a sufrir las consecuencias de haberla perdido y de ser odiados por el país que invadieron: Dinamarca. Curiosamente, un país que siempre ha servido como ejemplo de resistencia noviolenta a la ocupación nazi, pero que en este filme muestra la distancia infinita entre lo que significa la acción exterior frente a un enemigo (pacifismo) y la actitud interior con el agresor (violencia y odio).

Zandvliet ya estrena este año película producida en Estados Unidos. Ojalá no sea el típico mal de la industria. Apropiarse del talento. Al precio que sea.
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5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
El odio inacabable
Land of mine es, básicamente, la historia de una venganza. Si hay algo común en toda guerra es el odio, y ese odio no desaparece con el final de esa guerra, sino que se perpetúa en el deseo de venganza por parte del vencedor. Esta película describe el “castigo” que los daneses infringieron a unos niños alemanes que sólo querían volver a casa. Pero como decíamos, el odio no acaba con la guerra y ellos deben resistir para volver al hogar, para vivir más allá del odio. Land of mine nos recuerda que no hay nada más humano (y más vergonzoso a la vez) que el deseo de revancha sobre el enemigo vencido.
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4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Excelente film danés, sobrio en su intimísimo, sobrecogedor en sus escenas tensas
Como se lee en la publicidad del film, Martin Zandvliet, el realizador, muestra el maltrato infligido a esos prisioneros, un oscuro episodio de posguerra poco conocido.
Y, en efecto, esta historia, quizás por el deseo de ser olvidada cuanto antes por mostrar la brutalidad, no ya de la guerra, sino de la post-guerra inmediatamente posterior a su finalización, con el bando de los vencedores deshumanizándose con soldados del bando alemán (que les invadieron, sí), y que poblaron gran parte de la costa con miles de minas.
Es por ello, que el ejército danés consideró que debían ser ellos, los alemanes, quienes las pusieron allí, debían ser los que las inutilizaran y quitaran de ahí.
Lo que ocurrió, claro, es que casi la mitad de los dos mil soldados alemanes que realizaron tal labor, murieron o fueron muy gravemente heridos por realizar tal menester.
Todo ello se refleja de forma directa, siempre entretenida y muy interesante y en ciertas escenas, verdaderamente emotiva, con el suspense sobrecogedor en todo momento, dejando, felizmente, salvo en su primera víctima, fuera de campo los estragos de las explosiones.
Las interpretaciones son excelentes, y los personajes están muy bien definidos, con una cada vez más humanizada evolución de su protagonista, un durísimo sargento danés que poco a poco va considerando a los chavales alemanes como lo que son, unos críos en medio de un mundo desolado, deshumanizado, cruel y vengativo.
Soberbia fotografía de Camilla Hjelm y una banda sonora agradable aunque ciertamente repetitiva.
En definitiva, que está bastante bien y deja un muy buen sabor de boca por más dura y triste que sea (aunque también esperanzadora).

http://filmsencajatonta.blogspot.com.es
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4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Los niños bajo los uniformes
Angustioso drama bélico que aborda un tema insólito en el cine: la utilización de soldados alemanes derrotados tras la Segunda Guerra Mundial para limpiar de minas las playas danesas. El protagonista es un duro sargento (excelente Roland Moller) que tiene bajo su mando a un pequeño grupo de estos soldados, y pese a que odia a los alemanes, progresivamente va percibiendo la humanidad de los hombres (más bien niños, pues son unos adolescentes) bajo su mando. Evitando sentimentalismos pero emocionando, el director Martin Zandvielt ofrece una visión de mundo implacable, denuncia los horribles efectos de la guerra y exalta el perdón como factor imprescindible para la redención y la paz. Una película que entronca dignamente con clásicos del cine bélico de mensaje humanista y pacifista
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4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
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Tierra minada.
141/06(06/07/17) Meritorio y necesaria producción germano-danesa dirigido y guionizado por Martin Zandvliet, un incisivo drama bélico (o más bien post-bélico) inspirándose en hechos reales, cuenta la historia de los prisioneros de guerra alemanes enviados a limpiar las minas en la posguerra de Dinamarca después de la Segunda Guerra Mundial, se estima más de 2.600 soldados alemanes, incluidos numerosos adolescentes, fueron obligados a retirar minas, con casi la mitad de ellos o muriendo o perdiendo sus extremidades por explosiones, fueron 5 meses desactivando minas, y aunque hay discrepancia en los datos oficiales, se quitaron más de dos millones de minas. Muchos de estos prisioneros eran niños soldados, apenas adolescentes (entre 15 y 18 años), pertenecían a la llamada Volkssturm, milicia nacional creada por Hitler hacia el ocaso de la guerra para reclutar a aquellos que todavía no servían en las filas del ejército nazi, y su crimen una vez terminada la contienda fue ser prisioneros de guerra en territorio liberado, cabezas de turco parta la venganza de los vencedores. Es una visión valiente en la que se humaniza a los vencidos alemanes y se enfoca a los vencedores como descarnados revanchistas. Resulta un apreciable alegato antibelicista donde se radiografía como las guerras deshumanizan. Cinta con efluvios a “A diez segundos del infierno” (1959) de Robert Aldrich, a “Las tortugas también vuelan” (2004) de Bahman Ghobadi, a “En tierra hostil” (2008) de Kathryn Bigelow, en todas ellas con trabajos de desactivación de minas de por medio, o a otras en las que se da alma y personalidad propia a los alemanes que lucharon en la WWII como “El puente” (1959), “El submarino” (1981) de Wolfgang Petersen, “Stalingrado” (1993) de Joseph Vilsmaier, ello en laudable revisionismo donde los alemanes en las películas sobre la WWII eran vistos como caricaturas malignas y perversas en modo monolítico, no todos los germanos eran nazis desalmados. En su debe se nota demasiado las ganas de agradar, de ser complaciente, de ir por caminos muy seguros, de transitar por un desarrollo harto previsible, haciendo de los personajes clichés que actúan artificiosamente. Filmada en lugares históricamente auténticos, incluyendo en Oksbøllejren y áreas en Varde, el uso de las playas históricas llevó al descubrimiento de una mina real durante la producción. Fue nominada a la categoría de mejor película de lengua extranjera.

Tras el final de la WWII en Europa y la liberación de Dinamarca de la ocupación alemana en mayo de 1945, a un sargento danés, Carl Leopold Rasmussen (Roland Møller), le es asignado un grupo de soldados presos germanos para les adiestra para desactivar minas colocadas por los propios nazis ante el temor que el desembarco del Día D fuera por allí, su misión será inhabilitar una playa en la costa occidental danesa, son un grupo de adolescentes atemorizados los que se jugaran la vida con sus manos desnudas cada segunda que intentan desactivar una de las bombas. Su guardián Rasmussen es un anti-alemán violento que no tiene la menor simpatía por la vida de los jóvenes.

Es un film con un potente arranque, con lo que es la presentación del protagonista, el sargento Rasmussen, del que se convertirá en nuestra brújula moral durante este metraje, mostrado al inicio como un tipo sediento de venganza y odio contra los alemanes que ocuparon su nación durante cinco años, esto lo refleja con la brutal paliza que le da a un soldado preso germano que porta una bandera danesa, vuelca toda su ira en un pobre tipo, como si el rostro que destroza con sus puños de ese derrotado militar fuera la Alemania nazi. De este modo queda expuesta en gran síntesis la adusta personalidad del rol, para después lo veamos frente a un grupo de imberbes presos teutones descargando su bilis, haciéndoles la vida imposible, esto en lo micro, en lo macro esto queda expuesto en que los altos mandos vencedores han enviado a estos chicos a una misión cuasi-suicida, desactivadores de minas. El hábil guión sabe humanizar a los personajes, intenta no caer en lo sensiblero, pero no siempre lo consigue, los jóvenes presos son reflejados como sufrientes dóciles y estoicos de las humillaciones a los que son sometidos, que anhelan con nostalgia acabar allí para volver a sus hogares con sus padres, son mostrados como chicos inocentes, sin maldad ninguna, con sus dudas, ilusiones, que disfrutan cándidamente en sus momentos de descanso, con lo que es sencillo empatizar con ellos cuando son vejados por unos y por otros, por los oficiales, por el sargento o por la mirada aviesa de la granjera (alegoría de la población civil que nunca veremos), por cierto, la hija de esta es la verdadera hija del director. Siendo víctimas dobles, por un lado de habérseles hurtado su juventud por los el reclutamiento nazi, y por otro del afán vengativo de los vencedores. En su debe es que se pasan de rosca, manipulan al espectador al hacer un grupo de alemanes demasiado pétreo pensante, plano, por mucho que este el verso suelto Helmut, pero nunca hablan de la guerra, de sus ideas, el pasado parece no existir, de si alguno era partidario de Hitler, de si odiaban al jerarca nazi, de si desean hacer daño al sargento que los somete, esto es tratado con una asepsia chirriante, lo cual resta dimensión y complejidad dramática a la historia; Por otro lado está Rasmussen, el epíteto del vencedor revanchista, mostrando en gradualidad su comportamiento, lo vemos poco a poco modular sus formas hacia los chicos. Esto aunque se siente paulatino, no deja de ser muy previsible desde que al rudo sargento lo vemos frente a estos asustadizos chavales, lo que va a suceder no contiene la más mínima sorpresa, siendo Rasmussen un estereotipo que se ve de lejos; Así que el núcleo del relato, la relación entre Rasmussen y los presos alemanes, evolucionando suavemente con picos emocionales fuertes (las explosiones letales, el partido de futbol [poco rebuscado], la vejación perruna,…).
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