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La ardilla roja (1993)

La ardilla roja
Trailer
6,7
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Sinopsis
Una noche de verano, Jota intenta suicidarse arrojándose al mar, pero, de repente, ve caer del cielo a una joven que ha sufrido un accidente de moto. A consecuencia del golpe la joven sufre amnesia total; ni siquiera recuerda su nombre. Jota le hace creer que se llama Lisa y que ha sido su novia durante los últimos cuatro años. Juntos se van de vacaciones al camping La Ardilla Roja, donde viven una singular historia de amor y mentiras que se ve amenazada por la presencia del temerario conductor de un coche rojo. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ España España
Título original:
La ardilla roja
Duración
114 min.
Guion
Julio Medem
Música
Alberto Iglesias
Fotografía
Gonzalo F. Berridi
Productora
Sogetel
Género
Drama Romance Intriga Comedia Música Surrealismo
"Oscura y complicada, con unas interpretaciones muy trabajadas"
[Diario El País]
"Historia de amor inclasificable que puede atraer o poner de los nervios con la misma fuerza. Su film menos redondo"
[Cinemanía]
9
Medem en el semáforo
Hace años, cuando vivía en Donosti (San Sebastian, en cristiano) -esto que cuento me sucedió realmente, en el 93-, iba por la calle con mi hermano y le dije; ¿ése del semáforo no es Medem? Sí, era Medem. Justo en el momento que iba a cruzar -estaba verde para los peatones- vino un coche a toda velocidad y estuvo a punto de atropellarlo -Medem se había quedado parado en la acera en el último momento-. Medem siguió al coche con la mirada y no hizo gesto o ademán alguno; no sé, de llamar "hijo de perra" al conductor, por ejemplo. Mi hermano y yo habíamos visto muy poco antes "La ardilla roja" en el cine -fue la primera peli de este director que vi, "Vacas" la descubrí más tarde-, y los dos habíamos comentado que no parecía cine español. Su estilo cinematográfico y su universo estaba más próximo a Lynch o a Trier o a otros creadores de mundos surrealistas. Yo me quedé literalmente flipado al ver las últimas secuencias de esta película. Luego, muchísimos años después, leí que Kubrick admiraba esta obra y la encontraba fascinante. A estos detalles se añade el hecho de que Medem rodó parte de esta peli en el barrio de Gros de Donosti -donde están los "Cubos de Moneo", y ahora es sede del "Festival de Cine"- o en una gasolinera en la que yo he puesto gasolina al coche cientos de veces. Todo esto, unido al talento que se despliega a lo largo del metraje, hacen de esta película una obra de "culto" para mí.
Volviendo a la anécdota del semáforo, yo comenté; "Mira, igual que en la peli de "La ardilla roja", un conductor asesino".
Medem siguió un rato quieto, en la acera, mirando al coche que se perdía a lo lejos -parecía que estaba ya imaginando alguna idea para introducir en su próximo guión; aunque claro, yo pensé que esta escena del conductor asesino ya la había utilizado él.

En definitiva, que los amigos conocidos en el camino de mi vida saben que es un cineasta al que admiro. Y sobre todo una persona cuyas películas vi en una etapa de mi juventud en la que creo me influyeron bastante. Por su permanente busqueda de caminos interesantes y originales.
Con sus virtudes y sus posibles defectos, su cine tiene algo especial, y no lo digo yo, lo dice Kubrick. Y si Kubrick lo dijo; ¿cómo podemos contradecir la infalible sabiduría del "Gran Monolito" que todo lo ve y todo lo alcanza?

Ah, no quiero olvidarme de mencionar la música de Alberto Iglesias, y los actores que poblaron este peculiar universo; Carmelo Gómez, Nancho Novo, Karra Elejalde, María Barranco, Emma Suárez, los niños, que están muy presentes también en otras pelis de Medem...

Y coincido en que pocos directores españoles han captado la naturaleza de forma tan hermosa como este director; ya sea en ésta o en otras de sus películas. Quizás porque igual que desde el semáforo miraba al conductor loco con infinita curiosidad -más que con ira o repulsa-, así mira este autor el mundo y la naturaleza que nos rodea; con infinita curiosidad.
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57 de 72 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
El encantador de serpientes
El cine -como la literatura, el teatro o la música- contiene implícito en su propio código genético un factor de seducción, de fascinación, que muy pocos directores del panorama cinematográfico actual son capaces de transmitir.

Julio Medem es, precisamente, uno de esos privilegiados cineastas que consigue enamorar a su público y que rentabiliza a la perfección esa extraordinaria facultad para engatusarlo sin piedad y sacar petróleo de cualquier historia que se le ponga entre manos. Al menos esa es la sensación que tengo cada vez que veo una peli suya. Presiento, es más, sé que me la va a meter doblada pero siempre pico y me trago sus historias con cuchillo y tenedor. Porque, vamos, quien no se sienta como un muñeco de trapo después de ver “La ardilla roja”, que hable ahora o calle para siempre. La historia no hay por dónde cogerla, pero no sé por qué extraña razón, los sortilegios de Medem siempre surten efecto y uno termina por morder el anzuelo y quedarse con cara de tonto hasta los títulos de crédito finales.

En fin, qué queréis que os diga... Me encanta que me encandilen, que me sugestionen, que jueguen conmigo. Y Medem siempre me da cancha. Nunca se me ocurriría considerarlo como un Lynch hispano (perdón, vasco), básicamente porque las diarreas mentales del norteamericano nunca pretenden conectar con el espectador, pero sí que lo considero bastante próximo a Erice o Zulueta, encantadores de serpientes de su mismo pelaje.

Una historia de amor, en suma, insólita y cautivadora que Medem nos relata a través de bellas metáforas visuales y a través de una sugestiva banda sonora cuyo único ‘pero’ estribaría en ese final, a mi entender, algo amañado. A destacar también el incuestionable feeling entre Nancho Novo y Emma mmmmm!!! Suárez.
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36 de 41 usuarios han encontrado esta crítica útil