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Shin heike monogatari (The Taira Clan Saga) (1955)

7,3
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Sinopsis
En el Japón feudal del siglo XII, los Taira y los Fujiwara son clanes que luchan por la supremacía. Mientras tanto, en el palacio imperial hay dos cortes: la del emperador en funciones y la de su predecesor. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Japón Japón
Título original:
Shin heike monogatari (The Taira Clan Saga)
Duración
108 min.
Guion
Masashige Narusawa, Kyûchi Tsuji, Yoshikata Yoda (Historia: Eiji Yoshikawa)
Música
Fumio Hayasaka, Masaru Satô
Fotografía
Kazuo Miyagawa, Kôhei Sugiyama
Productora
Daiei Studios
Género
Drama Japón feudal Siglo XII
8
La opresión como realidad social
Por vez primera en su dilatada carrera, Mizoguchi representa a la mujer como la causa de toda corrupción. La dama de Gion (Ichijirô Oya) es una madre incapaz de sentir amor, que busca con sus actos una forma de recompensa. Kiyomori Taira (Raizô Ichikawa) será el encargado de luchar contra las opresiones que condenan al pueblo a una vida de miseria revelándose contra los poderes del Estado (religiosos y políticos). De hecho, el incidente que provoca la rebelión de Kiyomori no es otro que verse desvinculado de cualquier grupo (poderes de la época) al entrar en un estado de identidad incierta (1). La familia y el grupo siguen siendo la base de la sociedad japonesa.

Como en su anterior película, los colores que usa por segunda y última vez, son de suma importancia. En esta ocasión, no llega a recrear una acuarela china como en “La emperatriz Yang Kwei-Fei”, sino que su uso es más funcional. Con los colores retrata las diferentes clases sociales del Japón. Incluso en sus aplaudidos planos generales, las castas quedan bien diferenciadas y la acción puede continuar con esa ausencia de primeros planos tan característicos del director.

El director nipón procura no remarcar como idóneo los actos que acomete el personaje a pesar de observar un paralelismo con el Japón de la época. De hecho, Mizoguchi siempre dio importancia al contexto social en sus guiones. El director siempre estuvo en el bando de los oprimidos, y sus trabajos abordaban problemáticas sociales que afectaban al Japón que le tocó vivir (aunque como en este caso, la historia se remonte a la época feudal). Tras el período de ocupación, la democracia llegó a ser considerada por los japoneses como la única solución para la nación, y el gobierno aún mantenía una política de censura y privaciones.

Los flash-backs, las elipsis de las batallas, los plano-secuencias y la perfecta puesta en escena, crean al final películas atemporales, auténticos documentos de la vida japonesa donde explorar la identidad nacional japonesa a través de la identidad histórico-real. El retrato de la sociedad japonesa que ofrece Shin Heike Monogatari esta, directamente relacionado con Japón en la década de 1950. La decisión de Kiyomori de permanecer fiel a su herencia samurai, se convierte en emblemático, para un país tratando de conservar su esencia y sentido de sí mismo en medio de imposiciones del exterior (EUA) y, al igual que Kiyomori, tratando de averiguar exactamente a quien debe su lealtad. Y el camino elegido por su madre representa además del camino superficial de la ganancia material inmediata, la pérdida espiritual.
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18 de 18 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Mizoguchi y su falta de Ambición
Film de Mizoguchi que nos traslada al Japón feudal, que en cierta forma recuerda mucho a Kurosawa, o a la inversa sí lo miramos por el tiempo, y es que este gran director nos acerca una historia de intrigas políticas y palaciegas, donde los personajes se explayan a gusto, con escenas perfectas, con recreaciones geniales y que se disfruta de principio a fin. Recurre a su tema preferido, la prostitución, cortesana en este caso, aunque no es el centro de la historia, aparece como parte importante de la trama.

Poco que objetar, lo único, la falta de ambición de Mizoguchi, algo que carece Kurosawa, porque dispone de muchos de los elementos para hacer una obra grandiosa, monumental, pero se queda en una buena película por su duración y por su final, apropiado pero alejado de lo que piden los cánones de la memoria.

Es una película que debe visualizarse, por lo menos para ver buen cine, y como con buenos guiones se pueden hacer buenas películas, sin tanta acción y explosiones.
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12 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil