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Disparen sobre el pianista (1960)

Disparen sobre el pianista
Trailer
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Sinopsis
Charlie Kohler, antiguamente un gran concertista de piano, trabaja ahora como pianista en un popular cabaret de una ciudad. Charlie se las ha arreglado para ocultar a todos y mantener en secreto su misterioso pasado, pero, inesperadamente, aparece uno de sus hermanos pidiéndole ayuda. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Francia Francia
Título original:
Tirez sur le pianiste (Shoot the Pianist)
Duración
80 min.
Guion
François Truffaut, Marcel Moussy (Novela: David Goodis)
Música
Georges Delerue
Fotografía
Raoul Coutard (B&W)
Productora
Les Films de la Pléiade
Género
Drama Thriller Comedia Romance Crimen Música Mafia Melodrama Neo-noir Nouvelle vague Película de culto
8
Charlie y sus hermanos
Segundo largometraje de François Truffaut. Se basa en la novela de quiosco "Down There", del norteamericano David Godis, adaptada por Truffaut y Marcel Moussy. Se rueda en cinemascope y B/N, en escenarios de París, Levallois-Perret y montañas de Grenoble. Producida por Pierre Braunberger, se estrena el 25-XI-1960 (Francia).

La acción tiene lugar en París, Levallois-Perret y montañas de Grenoble, en 1960. El realizador dedica un homenaje al thriller americano de cine negro de serie B. Lo hace construyendo una emotiva y humorística caricatura del género. Trabaja con ansias experimentales y de diversión, movido por deseos de pasarlo bien. Le preocupa la belleza de los encuadres, las escenas y las secuencias. Trasmite a la obra el aire lúdico, arriesgado e imaginativo que rodea el proceso de filmación. De ahí que ésta encarne de manera fiel el espíritu de la "nouvelle vague". La narración presenta inchoerencias, algunos saltos y descuidos en el desarrollo de la acción. Realiza cambios de narrador, de intensidad de luz, de ambientes. No le falta, en cambio, coherencia estética.

La historia rompe estereotipos del cine negro: la prostituta es tierna y maternal; los gángsters son sociables y no hablan de drogas, apuestas, atracos y contabando; durante el secuestro tratan a la víctima con familiaridad; los hombres tienen miedo, son cobardes y más débiles que las mujeres; el protagonista es tímido y retraído. En otros puntos repite los lugares comunes del género, como el pasado oscuro y atormentado de Charlie (Charles Aznavour), la intervención de matones siniestros, muchos disparos de pistola, traiciones por dinero.

La naturalidad y espontaneidad del relato le lleva a incorporar imágenes de un beso muy prolongado, lanzamiento de un vaso de leche sobre el parabrisas de los matones, estrepitosa avería del coche, referencia al "número del esqueleto" de la cabaretera Clarise. Presta gran atención a la mujer, que considera más decidida y valiente que el hombre: ella es la que encuentra el modo de deshacerse de los secuestradores, la que se enfrenta a los matones, la que hace reproches al novio. No faltan las citas cinéfilas: películas blélicas americanas, John Wayne, los Hermanos Marx. Hacen referencia a la obra "El Dorado" (1966), "Pulp Fiction" (1994), "Ararat" (2002), "Kill Bill v. I" (2003) y otras. Citas cultas son las de Ravel, Chopin, Litz y otros.

La música, de Georges Delereue, ofrece fragmentos breves de temas jazzísticos y composiciones instrumentales, como "Charlie", "Charlie et Léna", "Rock", "Théme d'amour" y "Rencontre". Añade dos canciones: "Framboise" y "Dialogue d'amoreux". La fotografía aporta un trabajo de cámara diligente, al que añade imágenes congeladas, primeros planos psicológicos o curiosos (dedo sobre pulsador del timbre), encuadres lejanos, planos picados, giros, etc. La interpretación de Aznavour es correcta y melancólica.
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56 de 65 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Interesante Truffaut menor
Por un lado me pareció una obra menor y sin mayor trascendencia, pero por otro me resultó muy interesante ver en ella el germen de películas posteriores. En especial me recordó a “Vivamente el domingo”: el personaje que interpreta maravillosamente la bella Marie Dubois es todo un precedente de la radiante Fanny Ardant (el peinado, las gabardinas, el verse envuelta en medio de una intriga en la que tiene que ayudar a su feúcho enamorado, cosa que hace con mayor desenvoltura de la que cabría esperar dada su inexperiencia en aventuras de cine negro…)
También vemos esa fijación de Truffaut por la piernas de las mujeres que el director desarrollaría (para mí hasta el hartazgo) en “El hombre que amaba a las mujeres”.
Tiene buenos momentos de humor, como cuando el protagonista está en la cama con una protituta y le tapa los pechos con la sábanas “igual que hacen en las películas”, dice.
La estructura con saltos en el tiempo es bastante moderna para la época (1960), y emplea la técnica del Mcguffin hitchcockiano de construir una historia trepidante en base a algo mínimo (no le funciona tan bien como a Hitchcock, pero no queda nada mal)
Una película muy interesante (pero más por las comparaciones y paralelismos que permite hacer, que por su propio interés intrínseco)
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32 de 35 usuarios han encontrado esta crítica útil