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La casa junto al mar (2017)

La casa junto al mar
Trailer
6,1
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Sinopsis
En una pequeña cala cerca de Marsella, en pleno invierno, Angèle, Joseph y Armand vuelven a la casa de su anciano padre. Angèle es actriz y vive en París, y Joseph acaba de enamorarse de una chica mucho más joven. Armand es el único que se quedó en Marsella para llevar el pequeño restaurante que regentaba su padre. Es el momento de descubrir qué ha quedado de los ideales que les transmitió su progenitor, del mundo fraternal que construyó en este lugar mágico en torno a un restaurante para obreros. Pero la llegada de una patera a una cala vecina cambiará sus reflexiones... (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Francia Francia
Título original:
La villa
Duración
107 min.
Estreno
23 de marzo de 2018
Guion
Robert Guédiguian, Serge Valletti
Fotografía
Pierre Milon
Productora
Agat Films / France 3 Cinéma / Canal+
Género
Drama Familia
7
Crítica de La Casa junto al Mar por Cinemagavia
Tres hermanos de mediana edad regresan a la casa de su padre, en una pintoresca villa cerca de Marsella, después de que éste sufriera un derrame cerebral. Angèle (Ariane Ascaride), Joseph (Jean-Pierre Darroussin) y Armand (Gérard Meylan) no se han visto durante años, ahora se han unido para resolver la herencia y cuidar al padre. Desde un principio queda claro, que si bien cada uno de ellos ha tenido una vida diferente, los fantasmas del recuerdo todavía persisten y no han podido ser enterrados.

En un pequeño pueblo costero del Mediterráneo que da la sensación de haber sido abandonado, ambos hermanos se enfrentarán tanto a su pasado, como también a su futuro, no solo el suyo, sino también a un estilo de vida que parece haber desaparecido. Reflexionan sobre el legado de su padre y su pasado en este otrora lugar idílico, sacudido por la crisis económica y el colapso de la clase media. Todo esto mientras los soldados franceses patrullan, buscando refugiados …

La diferencia entre lo que fuimos y lo que nos hemos convertido es el tema central de La Casa junto al Mar. Especialmente, en la brecha existente con sus ideales de juventud. Armand (Gérard Meylan) se hizo cargo del restaurante de su padre y siempre se mantuvo fiel al legado familiar, basada en la filosofía de precios bajos para ser asequible a un público mayoritario. Sin embargo, se cuestiona y se pregunta, como continuar, ya que de los tiempos pasados ya no queda nadie.

Joseph (Jean-Pierre Darroussin) ha perdido gradualmente su conexión con el mundo laboral y se ha aburguesado, algo que su pareja sentimental (Anaïs Demoustier) mucho más joven que él no deja de recordarle. Angèle (Ariane Ascaride), por su parte, rompió con su familia hace tiempo para forjarse una exitosa trayectoria como actriz de teatro y televisión.

Permaneciendo fiel a los temas que ocuparon la trama de “La Nieve del Kilimanjaro“, Robert Guédiguian quiere hablar de una sociedad que está cambiando rápidamente. El director se apresura a contrastar el pasado glorioso de la región con un presente y futuro sombrío, donde cada vez hay menos residentes, los intereses especulativos chocan y son un obstáculo para la adquisición de viviendas en la zona, vigilancia excesiva en busca de refugiados…. En este contexto de aldea casi abandonada, Guédiguian ha creado un telón de fondo melancólico y hermoso, en el que los tres hermanos están en ese momento de sus vidas que perciben el paso del tiempo y, como el mundo cambia inexorablemente.

Poco a poco, esa cuestión de la lealtad al legado comunista, transmitida por su padre, se hace patente, y la película se convierte en cierta reflexión política. Una fuerza amarga subyace en el interior de los hermanos. El mundo está cambiando, pero no necesariamente en el sentido que ellos pretendían. Ellos mismos no se han podido mantener fieles a ese ideal compartido de solidaridad y fraternidad. Y la juventud de hoy en día, aspira a otros valores, más individualistas.

En el último tercio de la película, el director Robert Guèdiguian sorprende con una historia completamente nueva: Joseph y Armand descubren a tres niños refugiados (como los tres personajes principales de la película, dos hermanos y una hermana) ocultos en el bosque entre la maleza. Los tres hermanos en plena crisis existencial tendrán que tomar una decisión que puede cambiar el resto de sus vidas para siempre.

La Casa junto al Mar, primero es una historia intimista y un drama familiar, para convertirse de repente en una película sobre un problema fruto de la globalización. Un tema interesante para reflexionar, la crisis de los refugiados, pero al que no le concede demasiado espacio para su desarrollo. Seguramente que si Robert Guèdiguian se hubiera centrado en una de las dos propuestas, drama familiar o crisis de refugiados, probablemente la experiencia cinematográfica final hubiera sido más interesante.

Hay muchos temas que preocupan al director y eso supone un gran problema para el resultado final de la película, porque ninguno de ellos termina de desarrollarse por completo, en parte porque le dedica demasiado tiempo en resolver enredos emocionales y complicaciones que no son esenciales para la trama, de esta manera, al final nos queda la sensación de haber visto un refrito de propuestas interesantes a medio cocinar. La historia sobre los tres niños refugiados se introduce demasiado tarde en la película y desequilibra el argumento justo antes del tramo final.

El tiempo pasa siempre irreparablemente con Robert Guédiguian, y La Casa junto al Mar está impregnada de nostalgia. El capitalismo y el individualismo, valores predominantes en la sociedad actual, ganan la batalla al ideal de fraternidad y solidaridad del pasado. Los personajes lo recuerdan con añoranza e intentan al menos salvar los muebles y cuidar las apariencias. Existe una cierta sensación de impotencia y resignación.

Un breve flashback para reflejar los ideales perdidos de la juventud de Angèle, Armand y Joseph, es una de las escenas más bellas de la película. El montaje muestra a los tres hermanos primeramente juntos en el interior de un automóvil, luego en el paseo costero, y finalmente todos en el agua. Todo ello acompañado musicalmente de una enternecedora “I Want You” de Bob Dylan. El flashback en realidad proviene de un extracto de otra película de Guédiguian, “Ki lo sa?” (1985), y encaja perfectamente en la trama debido a que son los mismos actores 32 años antes. Una pequeña audacia narrativa que refleja perfectamente dos épocas diferentes.

La Casa junto al Mar entre la utopía y la esperanza, es profunda, conmovedora y divertida en algunos momentos.

https://cinemagavia.es/la-casa-junto-al-mar-pelicula-critica/
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13 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Cuando se nos desmorona lo que nos rodea y nos ayudan a volver a creer en ello...
De brocha gorda vemos como perfila los ámbitos más alejados a la par que íntimos en pocas acciones y muchas palabras, que dejan poso, crean interés, buscan indagar y necesitan contar. Desde la sociedad más cercana, la familia; a la más deseada, la infancia; pasando por la soñada, la revolución; y sin dejar atrás la inalcanzable, la felicidad. El guion añade, esta vez si, con pincel fino y directo, una socarrona mirada intimista de los sentimientos de una familia, con sus penas y dolores, y sus necesidades, más compartidas de lo que dejan ver o de lo que necesitan creer. El reparto no cae en las diáfanas extentricidades de lo heterodoxo, si no que homogeniza lo ideal para unirse en una sola idea, en un personaje con sus múltiples caras. No queda sección que leer, ni tema que tratar, porque al final todos conforman la unidad en si, todo hace que seamos y evolucionemos, y en cada palabra de sus diálogos (muchas veces declaraciones de intenciones, que no intereses) se escarba y se encuentra. Joyas en forma de diálogo. Perlas en forma de secuencias. Diamantes en forma de narración.
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4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil