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La prière (The Prayer) (2018)

La prière (The Prayer)
Trailer
5,7
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Sinopsis
Para superar su drogodependencia, Thomas, un joven de 22 años, se une a una comunidad religiosa aislada en el monte en la que los jóvenes se rehabilitan a través del recogimiento espiritual. Thomas habrá de pelear con sus demonios interiores, con su rechazo inicial y con la presencia de Sybille, de la que comienza a enamorarse.
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Francia Francia
Título original:
La prière (The Prayer)
Duración
107 min.
Estreno
7 de junio de 2019
Guion
Cédric Kahn, Fanny Burdino, Samuel Doux, Aude Walker
Fotografía
Yves Cape
Productora
Les Films du Worso
Género
Drama Religión Drogas
6
Crítica de El creyente por Cinemagavia
Superación y trabajo

El guion se desarrolla desde un punto de vista personalizado, por lo que no se intenta hablar de la comunidad como un personaje. Thomas, poco a poco, irá realizando un cambio de gran importancia en su vida, lo que conseguirá que se pueda ver esa parte más humana en él. Los claroscuros que lo acompañan. Sin embargo, el libreto flojea en el descubrimiento hacia el resto de personajes que se encuentran en pantalla y el problema, es que su protagonista no consigue llenar siempre toda la carga emocional y dramática. Por lo tanto, hay ciertas líneas narrativas que se quedan en un plano más externo y con el que el público podría no empatizar. Las historias de vida de los otros jóvenes parecen resolverse en una secuencia, por lo que podría ser una solución a la falta de profundidad de las relaciones formadas entre Thomas y su entorno.

Al que crea, Dios le ayuda

No se puede negar que Cédric Kahn trae una planificación técnica en El creyente destacable. La imagen que envuelve a la película está desarrollada con un estilo exquisito. Una realización que bebe de la influencia del estilo documental y de una forma más sobria. Los planos son contemplativos y subrayan el espacio de reflexión en el que se desarrolla la acción. Hay una dirección de fotografía destacable, una elegancia artística que por desgracia, no se ve totalmente explotada por la historia que le acompaña. También destacar los espacios y la dirección artística, se puede ver un gran trabajo y unos escenarios que enganchan al espectador a la película. Las montañas, el prado, el pueblo… Es un escenario de los que invita a pensar y sin duda, lo hace. Se deja fuera la pomposidad y la iluminación sobre los personajes religiosos, dando voz y foco a los verdaderos protagonistas.

Anthony Bajon es Thomas. El actor consigue dar personalidad propia al personaje y se convierte en un perfecto comunicador de experiencia. Su interpretación es cruda, humana y muestra de forma soberbia, la imperfección de su personaje. El único inconveniente es no poder llevar toda la carga emocional de la película, pero su trabajo actoral es brillante. Alex Brendemühl tiene una presencia escénica envidiable. Tiene garra, personalidad y sabe dotar a sus personajes de un realismo que engatusa al público. Esta vez, consigue dar firmeza y autoridad a las escenas, pero con un toque humano en el que reside la verosimilitud interpretativa. El grupo de jóvenes que acompaña a Thomas muestra un reparto juvenil irregular, algunos dan una interpretación perfecta como ese desgarro de Damien Chappelle, pero otros se quedan a medio gas. Por último, mencionar la gran colaboración especial de Hanna Schygulla, se come la pantalla.

Luminosidad ¿excesiva?

¿Qué convierte El creyente en una película interesante, pero no brillante? El exceso de luminosidad que se da como resolución a algunas de las tramas más importantes del film. Ante un universo tan decadente como el de la droga, es cierto que es original dar una solución y no siempre posicionarse desde una perspectiva oscura y derrotista, pero no puede ser tampoco el opuesto. El equilibrio entre la humanidad que hay en sus personajes y como se resuelven sus inquietudes no se encuentra en varias ocasiones. Parecen tocados por “la gracia de Dios” y falta una mayor lucha circunstancial y una introspección que hubiera sido interesante analizar. No significa que no la haya, sino que no ha sido profundizada de una manera que se pueda sentir cómo es volver de los infiernos hacia una vida más positiva. Se cae un poco en la idealización de la reinserción social.

Esta falta de claroscuros se puede ver sobre todo en el último tramo del film, en el que hay una cierta tendencia a ensalzar la espiritualidad y el camino de la fe. Sí es cierto que se muestran las dudas, el desconcierto, pero en el intento de despistar al espectador para dar un gran giro final, termina siendo predecible. Una resolución alejada de las contradicciones personales y que podría ensordecer todo el proceso que se ha ido mostrando al público. Al intentar sorprender, tal vez más que un intercambio de ideas, se convierte en un eterno retorno. Por lo que, podría no congeniar con partes del público, que esperaban una madurez personal, ya externamente de lo espiritual, sino del avance y el camino propio. Chirría el comportamiento de ocultación y de cambio repentino, en especial, cuando hay verdad durante todo el camino hacia la libertad.

Conclusión

El creyente es una película que por lo general, parte de una idea interesante y un enfoque original, pero que termina fallando a la hora de llegar a las entrañas emocionales de algunos de sus personajes. Unas interpretaciones excelentes de Anthony Bajon, Damien Chapelle y Alex Brendemühl, que no se ve acompañada por parte del reparto coral juvenil. El protagonista realiza un camino irregular, que termina pasándole factura cuando no soporta toda la carga emotiva. Un desenlace que podría haber dado más de sí y convertir al film en un largometraje impecable, pero termina siendo agradable de ver. La Iglesia no se muestra como una gran aliada o una gran villana, lo que la hace humana, por lo que no es un film propagandístico. Y eso está muy bien. Un film que tiene la «gracia de Dios», pero que no ha sabido repartirla por todo su proceso.

Escrito por Diego Da Costa
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2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
El creyente – Desintoxicación cristiana
Del mismo modo que casi un siglo después tanto el Festival de Cannes como el de Venecia, con la compañía de la larga temporada de premios estadounidenses iniciada en Toronto, siguen marcando el menú de grandes películas que los cinéfilos seguimos y ansiamos degustar a lo largo del año, el otrora venerable Festival de Berlín está quedando relegado a un segundo plano mediático. Su historia y prestigio son intachables, pero podemos contar fácilmente una década en la que apenas ha dejado un puñado de títulos realmente relevantes. O si acaso, notable que hayan recibido difusión y hayan logrado vida más allá del festival. Situación que no es óbice para que este medio prosiga infatigable en su empeño de cubrir cada competidora de sus secciones oficiales o paralelas que vayan llegando a nuestras pantallas. Que en el caso de nuestro país, con la excepción de las películas merecedoras de los galardones más importantes, se pueden retrasar más de un año. Tal es el caso del filme analizado en esta crítica, que se presentó en la capital teutona hace dieciséis meses. Se trata de El creyente, obra de Cédric Kahn reconocida en la Berlinale con el premio a Mejor Actor. Una de las pocas películas que recibió reseñas positivas en aquella criticada edición del festival. Acudimos por tanto a cubrir el estreno con escepticismo pero también con optimismo. Y aún sin ser contrariado ni enfurecido por lo que me encontré, es arduo recomendar una película tan correcta como anodina. Una película honesta y compacta pero también simple y ajena a la sorpresa o a la indagación en sus elementos de interés. Una medianía en la que su reparto no es motivo suficiente para rescatarla.
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1 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil